Por los campos polacos ( I)

Por Iñaki Urdanibia

Varias obras reseñables sobre el tema de los lager dan lugar a estas líneas. En esta primera entrega me detendré en una obra de ficción; en la segunda presentaré algunas obras históricas de reciente publicación.

Por Iñaki Urdanibia

« ¿ Acaso tienes una perspectiva nueva sobre el genocidio que todavía no se haya escrito en unos diez mil putos libros?»      

       No sucede en esta ocasión lo que Alfred Jarry anunciase al principio de su « Ubu rey »: la acción se desarrolla en Polonia, es decir en ninguna parte. Aquí los campos del país del este-mirado desde aquí- cobra una presencia fuerte, sangrienta y olorosa hasta la nausea, al centrarse en los años en que tal lugar estuvo invadido por los germanos; allá montaron en su campaña de dar una « solución final» ( Endlösung en alemán ) a la cuestión judía, al mismo tiempo que intentar poner fin a la experiencia soviética, pues sabio es que en su paranoica visión el enemigo era el judeo-bolchevismo. La fabricación de cadáveres al por mayor, con « locura geométrica» que diría Primo Levi, se instaló en aquella zona, convirtiéndola en una ampliada sucursal del infierno. En total los nazis crearon cincuenta campos, contando los de concentración y los de exterminio, de estos últimos seis de los siete existentes equipados con cámaras de gas y otros medios de asesinar se ubicaron en Polonia ( Auschwitz, Belzec, Chelmno- Kulmhof-, Majdanek, Sobibor y Treblinka ) …nombres que pasaron a engrosar con méritos sobrados la historia de la infamia.

Lo dicho hace que tal geografía y lo que en ella se ejecutó haya dado para mucho , deviniendo tema clave del pensar, de la historia, de la memoria, de…la escritura en sus múltiples géneros y modalidades .

Visitando Auschwitz

En el terreno de la ficción es de destacar una obra póstuma de Peter Matthiessen ( 1927-2014), « En el paraíso » ( Seix Barral). La novela tiene su cosa ya que el viaje que, acompañado de la maleta de sus padres, la que habían llevado en su huida de Cracovia al nuevo mundo,   realiza al siniestro campo Clements Olin sirve para visitar los lugares e instalaciones de la masacre. Antes de llegar al campo al que se dirige con el fin de llevar a cabo ciertas averiguaciones acerca de algún pariente superviviente tiene la ocasión de conocer la ignorancia de los jóvenes con los que se cruza al llegar a tierras polacas sobre lo allá sucedido en Oswiecim « que antes de la guerra había sido una comunidad mayoritariamente judía y renombrada por su hospitalidad; su nombre, según ha leído, podría derivar de una palabra en yiddish que quiere decir “invitados” ». Tras la guerra muchos de ellos volvieron al lugar tratando de rehacer su vida, y al reclamar sus pertenencias, fuero recibidos por los cristianos que de ellas se habían apropiado a golpes, provocando dos millones de muertos entre ellos, en aquella tierra en la que vería la luz el santo padre Juan Pablo II . También le había provocado el viaje el finalizar un trabajo que estaba realizando sobre Tareusz Borowski, víctima y escritor de « Nuestro hogar es Auschwitz».

Coincide el viajero con la llegada de una centena pasada de personas que han ido allá con el fin de rezar y meditar sobre los crímenes allá cometidos; a pesar de sus paseos solitarios, el protagonista se junta con los llegados a realizar sus « ejercicios espirituales» y conoce el tenso ambiente que se da entre los que componen el grupo.

La novela se mantiene sólida desde sus inicios, mezclando los paseos por el que fuese siniestro escenario de las bestialidades cometidas; el recuerdo viene reforzado por diferentes imágenes, objetos, lugares como los andenes de recepción y selección de quienes llegaban en los vagones de ganado, los barracones, etc., con las reuniones de las personas de las que hablamos, reuniones que crecen en tensión debido a la diversidad de los convocados ( sacerdotes, monjas, rabinos, judíos venidos de EEUU, israelitas, algún palestino, un monje budista…) diferencias que hacen que las distintas visiones choquen y se produzcan chispas , malas caras y broncas, roces que son alimentados por la singularidad ladillesca de alguno de los presentes, que no hace más que comportarse de un modo realmente descarado y provocador ( un tal Earwig se lleva la palma) originando mal ambiente. La crispación se extiende igualmente por el menor o mayor énfasis que algunos de los presentes ponen en las necesarias críticas sobre la culpa contraída por sus grupos de origen.

El escenario es propicio para la alteración de las conciencias y el propio propósito de la visita organizada no hace sino aumentar más todavía la revuelta y confusión de las sensibilizadas mentes. Los temas de la culpabilidad la complicidad y la responsabilidad en torno a la masacre allá puesta en pie son algunos de los peliagudos temas que van a alterar el ambiente entre los presentes; ya algunos de los supervivientes-tanto Primo Levi como Borowski- mostraron honda culpabilidad al señalar que si habían salido vivos de aquel infierno había sido a expensas de otros, que eran quienes habían visto realmente los ojos a la Gorgona. Los dardos apuntan igualmente a la supuesta pasividad de las víctimas judías, a los cristianos que crearon durante siglos el clima propicio para la matanza al por mayor, al catalogar de pueblo deicida a los judíos; más profundos todavía resultan los señalamientos de los polacos que no se habían enterado de nada( ni visto, ni oído, ni olido) de lo que pasaba delante de sus narices, o bien habían colaborado sin remilgos en la muerte de sus vecinos, tanto antes de la llegada de los germanos como durante y después de la derrota de estos…Estos son algunos de los temas esenciales que van a acalorar las discusiones y que van a ser objeto de enfrentamientos , puntualizaciones y debates encrespados.

Así las cosas, no parece demasiado certero, a mi modo de ver, la opinión de algún crítico “solapado” ( me refiero a las solapas del libro) que afirma que el libro es flojo y que el que quiera enterarse de lo que allá pasó ha de optar por un camino mejor que el ofrecido por este libro, por el de los testimonios de quienes vivieron en aquella sucursal del infierno…Absolutamente cierto es que quien quiera conocer las vicisitudes históricas de lo acontecido ha de recurrir a otros materiales ( testimonios, ensayos, textos históricos…), lo cual no anula de ninguna de las maneras el valor del libro de Peter Mathiessen que no ha de olvidarse que es un libro de ficción, en el que, no obstante, con puntería indudable se sacan a la palestra algunos de los temas peliagudos que provocaron, y provocan, las heridas que allá se crearon, y que ya he señalado, lo cual no es poco sea dicho al pasar.

Lo afirmado por un superviviente-escritor Aarón Appelfeld pone el dedo en una llaga que preocupó a quienes escribieron sobre el asunto, y sigue preocupando a quienes ahora lo hacen, o se niegan a hacerlo: « el Holocausto pertenece a este tipo de experiencia enorme que lo reduce a uno al silencio. Cualquier cosas que uno articule, cualquier declaración y cualquier “respuesta” será diminuta, insignificante y ocasionalmente ridícula»…Palabras que parecen abrir el camino al silencio ante la magnitud de la tragedia que hace que no haya palabras que puedan dar cuenta de lo sucedido; junto a este tema también ha estado siempre presente la búsqueda de estilo, del tono y discurso adecuados para relatar lo vivido para evitar el peligro de embellecer el desastre. Preocupaciones constantes, como digo, desde los primeros textos que dieron cuenta de la infamia: Antelme, Levi, Rousset, Borowski, …

En la presente ocasión, Peter Matthiessen se mantiene dentro de los derechos propios de la ficción con absoluta medida y elegancia, mostrando su enfoque una sagaz pertinencia al sacar a relucir algunos de los agujeros negros que siguen en pie a la hora de acercarse a los cabos sueltos que siguen rondando ante la experiencia de la que hablamos.

A tres reseñables obras dedicaré una segunda entrega:

+ Primo Levi y Leonardo De Benedetti, « Así fue Auschwitz»

+ Nikolaus Wachsmann, « KL. Historia de los campos de concentración nazis»

+ Timothy Snyder, « Tierra negra. El Holocausto como historia y advertencia»

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