Por el Moscú de Putin

Garbeo por el paisaje urbano y humando de Moscú de un ruso afincado en USA

Publicidad

No pocas veces en literatura se cruzan los avatares personales, reales, con la ficción; o los primeros abren las puertas a que un escritor ensaye en el terreno literario tomando inspiración en sus vivencias. Es el caso que se da en « Un país terrible», editado por Galaxia Gutenberg, cuyo autor, Keith Gessen, profesor universitario, traductor y dedicado también al periodismo en Estados Unidos, hubo de volver, en 2008, a la capital de Rusia, a cuidar a su abuela enferma, ya de paso fue pertrechado con las herramientas propias de un enayista pensando que la visita al país de sus antepasados pudiera darle materia para escribir algún trabajo sobre la realidad post-soviética…al final, su propósito se concretó en una novela que lleva el nombre explícito de la impresión que sacó de su estancia, que quedá negro sobre blanco en las casi cuatrocientas páginas del libro.

Todo comienza en el momento en que el hermano mayor de Andréi Kaplan, Dima, insta a éste a que viaje a Moscú para hacerse cargo de la abuela enferma. Andréi no duda mucho ya que la situación que atraviesa no es que sea boyante que se diga: su novia no contesta a sus mensajes, su director de tesis no ve con claridad la consistencia del proyecto que le presenta su doctorando, coincidiendo todo ello para más inri, con que su cuenta corriente está a punto de agotarse. Aprovechando la ocasión para tratar de que el cambio de aires pueda servirle para reorientar su desbrujulada existencia, toma sus bártulos y se va al apartamento que fue asignado por Stalin a su abuela, que había sobrevivido, de manera casi milagrosa, a la muerte que le rondaba con cercanía y que no respetó ni a su marido ni a no pocos de sus amigos en los tiempos oscuros de la paranoia represiva, quedándole, no obstante, la amistad de Serafima Mijailovna. La señora también conoció la transformación de Rusia en un país capitalista sui generis, ya que en los momentos del derrumbe del Estado dicho soviético sus jerifaltes vendieron los bienes colectivos al mejor postor; fue en ese tiempo en el que perdió su dacha; así en los supuestos tiempos de cambio y de pretendida libertad le birlaron a la anciana todo lo que poseía.

La anciana sin recordar quién es el que llama a su puerta, acoge a Andréi, que va a ir moviéndose por la capital, a la vez que va aprendiendo los valores y las normas que allá imperan, en la ciudad en la que había nacido. Su afición al hockey sobre hielo, cuyo equipo había incluido en su equipaje, se ve satisfecha cuando descubre un lugar, un tanto desangelado, en la que desarrollar su juego, coincidiendo que allá el café es realmente caro. Además de cuidar a su abuela, y asistir a alguna fiesta que la señora se empeña en organizar, se dedica a su afición y al envío de mensajes electrónicos desde una cafetería que cubre sus necesidades de comunicación , estableciendo entretanto algunas amistades, y de manera destacada con una joven militante izquierdista, Yulia; las disensiones entre el grupo Octubre y otro grupúsculo anarquista, Caos, son presentadas, en sus encendidas diferencias, y vemos el empeño de unos militantes que no evitando reivindicar el socialismo, mas un socialismo que nada que tenga que ver con el pasado; André , desconocedor absoluto de la obra de Marx, lo que sus colegas lo achacaban a la desinformación reinante en la sociedad norteamericana, y discrepando de su hermano Dima, que en alguna visita muestra ciertas simpatías con el viejo régimen que no son del gusto, obviamente de los ambientes que frecuenta su hermano. Andréi aprende el arte de la esquiva al huir de algunas fiestas a las que es invitado por algunos amigos de Dima, ya que teme que si asiste habrá de acabar apoquinando dinero, cuya falta es clamorosa. No esquiva sin embargo el poner freno a algunos profesores de Princnenton que tratan de servirse de él; en otras fiestas se codea con algunos camaradas algunos de los cuales fueron alcanzados por las garras de la represión ( Shipalkin, Serguéi, Misha…) y asistimos a algunas manifestaciones de protesta y a sus contra-manifestantes que defienden a Putin; en paralelo al empeoramiento de la salud de su abuela, a la que sus capacidades cognitivas se le deterioran de manera galopante y su hospitalización debido a una caída, toma conciencia de que ha de dedicar tiempo y pensamiento a su propio destino y a su vida futura. Su contacto con el grupo izquierdista de su amiga va a suponerle un torbellino que hace que sus valores titubeen y varíen, conduciéndole a un balanceo entre el amor a sus país en el que disfrutó en su niñez, allá había nacido el escritor en 1975, y el país de acogida en que había vivido placenteramente desde los seis años; de este último nos narra la vida con su madre, ya que su padre les abandonó para casarse con otra mujer . Se nos presenta las obras que componen el programa universitario que imparte: Tolstói, Turguéniev, etc. Y ya valorando la situación rusa se sitúa más del lado de Shalamov que en sus obras da pruebas de medida ambigüedad, mientras que lo compara con el Nobel Soljenitsin quien por cierto en sus últimos años confraternizaba con Vladimir Putin.

Acompañamos al protagonista que conduce a su abuela por las aceras heladas, y se nos entregan , en un proceso de marcha atrás y su contraria, de las vivencias americanas y las rusas… y en estas últimas vemos los rasgos de la sociedad post-soviética, y los crujidos que sufrió el tejido social en los años noventa; y en el retrato podemos ver cómo algunos de sus camaradas en militancia acaban siendo condenados a prisión y a campos de trabajo, que queda claro que no son monopolio de los tiempos pasados, del mismo modo que la permanente vigilancia policial tampoco.

Con finas puntadas de humor el escritor va tejiendo un cuadro, tanto en lo que hace a paisajes urbanos como humanos, de los duros tiempos que imperaron en los tiempos de dominio del régimen soviético y la posterior deriva del burocratismo al capitalismo salvaje en el que las mafias no juegan un desdeñable papel, en una atmósfera en la que el nacionalismo rampante avanza a velocidad de crucero, quedando reflejado en este país terrible, denominación en la que coincidían la abuela, el nieto y su alter-ego , el escritor, lo que no impide que el país en el que está ahora asentado escape mucho de la misma denominación.

También podría gustarte

Los comentarios están cerrados.

This website uses cookies to improve your experience. We'll assume you're ok with this, but you can opt-out if you wish. Accept Read More