Polos y petos verdes de la Obra Social Caja Madrid en la Jornada Mundial de la Juventud (católica)

El sacerdote aragonés Francisco Piquer fundó el 3 de diciembre de 1702 el Monte de Piedad de Madrid, germen de la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Madrid (Caja Madrid) —25-10-1838—, considerada la más antigua caja de ahorros de España.
La defunción de Caja Madrid fue certificada el 23 de mayo de 2011, con la cesión de todos sus activos y pasivos a Bankia SAU.
La finalidad originaria de los Montes de Piedad era atender a las clases más necesitadas.
Tarea que debería tener continuidad en las Obras Sociales, heridas de muerte con la privatización de las cajas de ahorro.
No vamos a entrar en las cifras, que dicen que los jóvenes no creyentes españoles casi doblan al de católicos practicantes: 10,3%, frente a un 19,1% de no creyentes y un 9,6% de ateos; siendo un 45% los católicos no practicantes (datos de 2010, INJUVE).
Ni en que importantes grupos de cristianos de base (además de otros muchos ciudadanos y agentes sociales) denuncien no ya el boato que rodea al acto socio-religioso, sino la línea utra-conservadora que practica la rica jerarquía católica encabezada por el Papa.
Tampoco vamos a desarrollar el que nos encontremos en un estado (teórica y nominalmente) aconfesional, jurídica y sociológicamente hablando.
Sí que debemos denunciar y denunciamos&nbsp la aportación de la Obra Social de Caja Madrid a la JMJ 2011, consistente (como mínimo) en cientos/miles de polos y petos verdes para los voluntarios.
Hay muchas, urgentes y angustiosas necesidades sociales (dentro y fuera de España) como para gastar el dinero en un acto confesional privado o, si se quiere, en unas vacaciones religiosas católicas (subvencionadas con fondos públicos).
Posiblemente el Padre Piquer encontraría un uso más cristiano del dinero entre los más pobres y necesitados terrenales. Posiblemente también predicaría con el ejemplo.
Y debería ser profeta en su casa para exigir el trato de la plantilla de Bankia como personas y no como números excedentes; y no trasladar a decenas de familias a miles de kilómetros de sus lugares de residencia. Posiblemente.
En el caso de las obras sociales no estamos hablando de caridad (cristiana), sino de una obligación: social y legal.
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