¿Políticamente, qué significa ser “de centro”?

Ni tan frío que te hieles, ni tan caliente que te quemes. Algo así como acercarse lo necesario, pero lo más lejos posible. O tal vez ducharse con impermeable puesto, o comerse un buey a la parrilla pero exigir sacarina para el cafecito. En fin, así y más.

Ello es muy parecido a “ser políticamente de centro”, cuestión que en buen romance no puede significar sino la figura exacta que dibujó Víctor Jara en su canción “Usted no es ná, ni chicha ni limoná”. Claro que no es nada usted, si ya sabemos que se ha declarado “de centro”. OK, pero, ¿podría definirme lo que ello significa en términos reales, en manzanitas, dibujándolo, cantándolo como cuando en el colegio repetíamos a coro la regla de siete, la del ocho y la del nueve?

Una persona amante del fútbol puede entender con cierto grado de certeza la labor de un mediocampista, especialmente la estrategia que apunta a “tomarse el centro del campo” o la mediacancha. Quite o contención, y apoyo o creación. He ahí las dos principales acciones de un futbolista cuya posición es el centro del campo.

¿Y políticamente, como podríamos definir ‘centro’? Para ello, coincidamos primero en algo que es esencial; la existencia y permanencia del ‘centro’ es apoyada y propugnada con voluntariosa pasión por las cofradías empresariales y su representante política, la derecha dura, ya que se trata de una especie de ‘voto de reserva”, el cual consiguen mediante el uso de una prensa canalla donde la televisión lleva las banderas. Les es imperioso contar siempre con ese “voto de reserva”, tanto o más que con “mano de obra de reserva”, vale decir, con un centro político de indecisión perenne y con un significativo número de cesantes.

En términos simples, casi iletrados (por lo mismo, asertivos), el ’centro’ vendría a significar algo así como “más o menos”, “miti-miti”, “maoma no más”. Veamos el por qué de mi duda (o de mi ignorancia).

Ser de “centro izquierda” o de “centro derecha”, ¿querrá decir que uno se autodefine como ‘más o menos’ de izquierda o de derecha? Lo pregunto porque recuerdo a algunos amigos que aseguran ser “más o menos católicos”, o “más o menos pacientes”, lo que me lleva a concluir que ese “más o menos” sale sobrando, ya que se es católico o no se es. Entonces, ¿el “miti-miti resulta ser sólo el nombre de pila del apellido verdadero? ¿O el asunto es al revés, según usted cree, y lo que está demás es el apellido?

Me huele a una búsqueda de escondrijo de la real ideología que profesa mucha gente que se declara “centrista” en política. Para otras personas –generalmente, las vivarachas, frescas de cutis y corruptas- se trata de una tapadera bajo la cual disfrazar sus verdaderas posturas en materias económicas y sociales. Es que ser de ‘centro’ suena a “ser buenito”, pacífico, honesto, e incluso desinteresado en los asuntos públicos, con la preocupación casi exclusiva de trabajar “honradamente”, cuestión esta última que ya es una cantinela sin huesos que apunta a cuán sucia es la actividad política, verso que bien sabemos la derecha lo ha inscrito como propiedad intelectual, inteligente forma de colgar a otros su propia indignidad.

Cristián Werncken escribió un artículo reflexionando sobre estas materias, y respecto a lo anotado en las líneas anteriores me permito recoger la calificación que él hizo de la Democracia Cristian, del partido político, mencionando que se trataba de un OPNIS: “objetos políticos no identificados”, vale decir, ni chicha ni limonada, o mejor aún, dispuestos a servir a quien les dé un puesto en la mesa, sin interesarles que para ello deben convertir en harina al resto de los habitantes.

Allá por la década de 1960, un connotado dirigente del Partido Radical (que terminó abrazado con amor a la derecha más dura y sediciosa de la que yo tengo memoria), llamado Julio Durán Neumann, aseguraba que en política se desarrollaba a plenitud la “teoría del péndulo” (una vez a la izquierda, otra vez a la derecha, y así ad eternum), gracias a la existencia de un voluminoso porcentaje de electores de ‘centro’.

Por estos rumbos campesinos hay un buen amigo, el huaso “Merucho”, famoso por su lengua venenosa y mente perspicaz. Sobre el accionar de la democracia cristiana, asegura que en ese partido consideran al pueblo como si fuera un par de nalgas, porque los dirigentes DC procuran que la gente tire bien a la derecha la nalga derecha, bien a la izquierda la nalga izquierda, dejando libre y a la vista lo que resta, para que por ese ‘intersticio’ el empresariado, los predadores y politicastros vendepatria penetren a voluntad. Feroz y sucia explicación, pero imposible no entenderla.

Ah, por cierto, para Merucho, y para todos quienes le escuchan, la DC resulta ser el “centro”. Nada que ver con el fútbol y su “mediocampo”. Aquí no se trata ya de contención o apoyo, sino de mentiras, traiciones y violación de sus propios principios. En ese embrollo, algunos sectores políticos meten a cuero desnudo a millones de electores diciéndoles que deben sentirse orgullosos porque se les considere “de centro”. Válgame Dios.

Pero, como en todo orden de cosas, hay una contraparte, otra cara de la moneda. Muchas personas –millones tal vez- consideran que el ‘centro’ es quien da estabilidad, raciocinio y paz al accionar político del país. Le llaman “la mayoría silenciosa”, debido a que no reclama, no participa, no exige… sólo sufraga cada cuatro años y con su voto decidirá cuál de los dos apellidos del centro -derecha o izquierda- gobernará y/o legislará en un nuevo período de la administración gubernativa y parlamentaria. Yendo más lejos, hace ya un buen tiempo, hubo quienes quisieron diferenciarse de aquello de ‘zurdos y momios’, auto bautizándose como “centro-centro”, una burla completa que fue rápidamente descubierta por el respetable debido a que sus dirigentes eran reconocidos miembros de la derecha dura, esa bolichera dirigida por especuladores financieros, cuyo jefe expoliaba seres humanos esclavizando trabajadores paraguayos en uno de sus fundos. ¿Lo recuerda?

La verdad es que el centro está pa’la patá y el combo’, asegura mi buen Merucho, lo dice con gracia provocando las mofas de todos quienes le escuchamos, ya que él también se define como ‘centrista’, aunque de inmediato aclara que en su caso existe una diferencia que va en su total beneficio: tiene muy clara la utilidad que pertenecer al centro aporta a quienes apuestan sus cartas al statu quo, al inmovilismo en lo económico, laboral y social.

¿Le temes al cambio, Merucho?, le preguntan. “No le temía, pero hace pocos años me vendieron la pomada del ‘cambio’, voté por él, y ya ven en qué terminó esa cuestión”, responde desde el centro de la cancha.

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