Política y superioridad moral

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Por Prudenci Vidal Marcos

La casta política nos ha sumergido en tal maremágnum de problemas que la repetición de elecciones, por segunda vez, nos hace dudar de si la verdad democrática reside en los expertos políticos, eso que de profesión se auto-titulan como tales, o la verdad democrática reside en la “gente corriente”.

Distribuir el poder entre los habitantes de una sociedad produce mejores legislaciones y políticas públicas de mayor alcance social, que es, en definitiva, el objetivo primero de la acción política. Referenciarse a las capacidades personales de los políticos [por ejemplo, la independencia de Cataluña es un asunto tan importante que el pueblo no puede votarla…] es faltar al principio democrático. Una democracia desarrollada, consolidada, como dicen que es la española, debe aprovechar el saber colectivo de la sociedad y este se expresa en las urnas. Invalidar unos resultados electorales, por la incapacidad del pacto, es volver a un caudillismo que cree en su supremacía intelectual y moral sobre el saber distribuido de la población.

El caudillismo se basa en un utilitarismo personal para alcanzar el poder mediante todo lo que sea útil para su objetivo; evidentemente, contrapuesto al utilitarismo colectivo que pone el ojo en la diana de lo que favorece al mayor número de ciudadanos, y sobre todo, a los más desfavorecidos. No es el político quien interpreta las necesidades sociales con la acción política; es la ciudadanía quien, mediante la distribución del poder, establece las prioridades de la sociedad. Evidentemente, la lucha del poder en la interpretación electoral se fundamenta en la contraposición de objetivos; de un lado las clases populares, y del otro las oligarquías, las dictaduras y las aristocracias que pugnan entre sus representantes a quién favorece la acción política a desarrollar. Por eso la interpretación de los resultados de las elecciones nunca deben ser cuestionados. Nuestra sociedad ya no es aquella masa ignorante y analfabeta que apoyaba, a ojos cerrados, el sistema de la Restauración (bipartidismo pactado entre moderados y liberales..). “Las democracias son los sistemas políticos más inteligentes, pero son también los que requieren desarrollar más inteligencia colectiva si quieren mantener sus estándares de legitimidad”. [Daniel Innerarity. “El País” 30/09/19] Recurrir a las repeticiones es faltar a inteligencia colectiva en aras a una supremacía, supuestamente ideológica y moral, que los propios agentes políticos se atribuyen por encima de la moralidad y racionalidad colectiva.

Ahora el calendario nos sitúa en una larguísima pre-campaña electoral en que los contendientes se miran con desprecio acentuando sus defectos y olvidándose de que los electores vamos a decidir cuál es la racionalidad y moralidad colectiva que queremos que desarrollen en favor del bien común. Utilizarán el sistema público de pensiones para continuar con la manipulación de los votos de los pensionistas, alegando que la verdad democrática de los “ilustrados” está por encima de la verdad social de los mismos que, desde ya hace más de un lustro, se vuelcan en afirmar que las razones sociales están muy encima de las razones políticas; que la interpretación de la “verdad política» les corresponde como representantes de la sociedad y que, de acuerdo con la verdad política, deben hallar el camino de la sociabilidad. Si un sistema no desarrolla garantías en la educación, en la sanidad, en la dependencia, en pensiones y en justicia social públicas y de calidad, no es justo que se llame democrático.

No corresponde hallar la verdad política a los “profesionales” ocasionales de la política, sino que ellos deben interpretar la verdad política de la población, puesto que si un sistema democrático monopoliza la objetividad produce grandes distorsiones en la vida social, como ya hemos visto en la gestión de la crisis del 2008, cuya visión unidimensional de las políticas puso en precario a un gran número de nuestros ciudadanos.

Alerta, por tanto ante los mesianismos y ante las propagandas que no pongan el ojo del huracán político en la voluntad expresada por los ciudadanos. Nada hay más legítimo y más democrático que las urnas.

Prudenci Vidal Marcos

Miembro de la Marea Pensionista

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