Politeama

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A este Buenos Aires lo inventamos cien locos, cien tipos aburridos cerquita del suicidio. Y esta tarde me puse a mirarle la entraña /boliche de mi barrio, cómo se habrán reído/.

Los sábados se instalan sobre mi lado óseo, ese costado duro donde adormece el canto. Y este sábado agosto llueve todas las lluvias y yo esperando a nadie. Lo hago de tanto en tanto.

Tuñón pasó un rato. Me regaló angelitos. Erdosain se fue lento chapoteando su angustia. Un protestón barbudo me propone revueltas y gardeles de trapo cantando letras mustias.

Un diariero aguachento bancando pulmonías. Taxi, va una pareja y amueblada furtiva. Cruza un fiolo empolvado que olvidó el almanaque: rebusque vespertino de yiranta aburrida.

/Qué sábado a la tarde de lluvia y compañía/ Ni está el loco de siempre explicando razones y este costado duro donde recuesto el canto, hoy lo mastica el solfa de antiguas frustraciones.

Me lo comen las minas que habitaron mi sábana y amasados acordes de insomnio guitarrero. Esta astucia constante de estafarme yo mismo y mi triste zoncera de creerme mosquetero.

Politeama, boliche, te inventaré otro sábado con pibes que nos suban remando la alegría, y que canten gritando su manera futura aunque la tarde escurra pañales de agonía.

Que entren sin importarle lo que dijimos antes, y si importa, que apenas nos digan buenas tardes. Que esta mufa no siga llorando letanías, Y se muera el cafiolo y el diarero se salve.

Yo te juro, me borro de escribirte palabras aunque aquella no vuelva cuando llegue ese día. Ni le diré al mozaico que manotea la guita /un feca cuatro mangos… qué cara está la vida/.

Eduardo Pérsico, escritor, nació en Banfield y vive en Lanús, Buenos Aires, Argentina.&nbsp

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