Politécnicos. Dale taller

El año que viene se graduarán en la especialidad de Construc-ción Civil, en el politécnico José Martí, de Boyeros, pero toda-vía no han tocado un bloque; sus manos jamás se han salpicado de mezcla. Lo harán por primera vez en las prácticas estudianti-les a pie de obra del próximo semestre.
En el rostro de José Luis Lombillo, el director, no asoma un solo indicio de tranquilidad o satisfacción. Con el ceño fruncido y palabras cortantes, comenta sobre la escasa atención recibida de la Empresa Constructora de Obras de Arquitectura 41 que debía juntar hombros con ellos en la formación de los futuros técnicos, posibles candidatos a engrosar sus nóminas.
“En los laboratorios y las aulas-talleres nosotros no disponemos de los recursos, y las entidades de la construcción con las que tenemos convenio tampoco nos han ayudado. Para preparar a un constructor, son imprescindibles en primero y segundo años los talleres básicos. Es un problema llevar un muchacho de tercer año a la práctica si no ha podido apropiarse de las habili-dades elementales. ¿Cómo ubicarlos, por ejemplo, en una bri-gada de enchape si ignoran cómo se pica un azulejo?”, re-flexiona Lombillo.
La situación de este politécnico no es excepción dentro de los 314 institutos que conforman la enseñaza técnico-profesional en el país, aunque con matices y especificidades por lo regular menos críticos. Desde 1978, vienen emitiéndose disposiciones gubernamentales a los Organismos de la Administración Cen-tral del Estado, que orientan la colaboración con estas escuelas; la más reciente regulación, del Comité Ejecutivo del Consejo de Ministros, data de 2006.
Sin embargo, hasta ahora su cumplimiento ha sido insuficiente, a pesar de que lo indicado constituye “la única vía capaz de garantizar el nivel que se requiere en los actuales graduados de técnico medio”, al decir de Alexander Manso, director de la Enseñanza Técnico Profesional en el Ministerio de Educación (MINED).
En el Antonio Guiteras, el politécnico de mayor matrícula de la capital -con cinco especialidades-, el profesor Roberto Antú-nez, quien imparte clases de Servicios Gastronómicos y lleva 14 años en esa escuela, informó que los organismos no les su-ministran los utensilios necesitados por los alumnos para des-arrollar las habilidades de la profesión. “Nos falta loza, cristale-ría, cubertería, mobiliario, bibliografía actualizada… Para aprender a elaborar cocteles lo hacen con agua coloreada y todo el estudiantado dispone de una sola coctelera.”
En el politécnico industrial Primero de Mayo, de Pinar del Río, el único que prepara al personal técnico para la producción y los servicios en toda la provincia, comentaban sobre la obsoles-cencia de algunos de sus equipos. Si marchara sobre ruedas la contribución de los organismos, eso no sería problema, porque a estos últimos corresponde cerrar la brecha tecnología-educación.
La escuela, como tienen claro en el Primero de Mayo, prepara al alumno en las técnicas fundamentales para que luego, duran-te su vínculo con la práctica, pueda apropiarse de lo novedoso. Cuba sigue esta tendencia que prima a nivel mundial en la en-señanza técnica.
El Gobierno establece la contribución empresarial con la base material de estudio especializada, y además la colaboración de expertos de la producción o los servicios, que aporten mediante conferencias su saber a los muchachos, en tanto los docentes de los politécnicos deberían insertarse en las empresas para actua-lizarse y seguir aprendiendo. Pero hasta ahora, eso ha ocurrido poco.
El propio Antúnez refirió que “en los 14 años que yo llevo aquí, los profesores nunca hemos reciclado. Al contrario, la empresa Restaurantes de Lujo nos solicita a nosotros para im-partirles clases. Cubalse, con el que tenemos convenio, aunque da muy buenos cursos, no acepta matricular en estos a ningún profesor nuestro porque dicen que es una escapada para emi-grar hacia el turismo.”
Y no es que el claustro de este politécnico tenga una “desgra-cia” particular. De los 960 especialistas solicitados a las empre-sas, para la docencia, por la totalidad de la enseñanza politécni-ca durante el curso pasado, solo respondieron 510. A eso se añadió falta de cobertura y de idoneidad de personal docente y directores, bajo índice de retención escolar y en los resultados del aprendizaje, según el balance del pasado año académico, que reconoció una situación mucho más favorable en la espe-cialidad de Informática. Aunque en general pudo garantizarse la inserción de los estudiantes en las prácticas, hubo deficien-cias en la preparación de los tutores.
Los 27 politécnicos de Informática diseminados por todo el país, son hoy una buena referencia. La capacidad tecnológica instalada allí le pisa los talones a la de empresas de la produc-ción o los servicios bien equipadas. Esos alumnos no necesitan hacer sus prácticas profesionales fuera de la escuela y su plan de estudios, por intenso, dura solo tres años. Graduados en este campo siempre resultarán necesarios, pero también lo son los de las otras ramas, que no siempre cuentan con las mejores po-sibilidades de aprendizaje.
Aunque, sin tener un equipamiento moderno, en el politécnico Hermanos Gómez, por ejemplo, disponen de un buen taller de refrigeración para preparar a sus muchachos en esa rama, y en el Primero de Mayo, de Pinar del Río, las condiciones del aprendizaje en agronomía son casi inmejorables, gracias al apoyo de entidades de la Agricultura del territorio.
Ayúdame, que yo te ayudaré
Los vacíos en la formación de los técnicos no pasan inadverti-dos cuando empiezan la vida laboral. El Ministerio del Trabajo y Seguridad Social (MTSS) recoge anualmente los criterios de los empleadores de esta fuerza calificada para saber cómo se adecua su preparación a las exigencias de los puestos de traba-jo. Según Mario Miranda, director de formación y desarrollo en ese organismo, “hay insatisfacciones, sobre todo en cuanto a las habilidades y conocimientos prácticos que traen”.
Es una gran paradoja que quienes no ayudaron a los muchachos durante su formación en la escuela, ahora señalen con dedo crítico sus carencias. ¿Estarán realmente conscientes de que son también resultado de lo que ellos dejaron de cultivar?
Solo alguien con los pies en las nubes podría ignorar que los golpes recibidos por la economía cubana durante el período especial alcanzaron a la educación politécnica en su mismo centro. A las empresas les ha costado recuperarse para poder ayudar materialmente a esos institutos, como ha empezado a ocurrir sobre todo a partir de 2004. Pero lo cortés no quita lo valiente, y junto a las limitaciones objetivas existió también, según coincidieron en apuntar muchos entrevistados, “un pro-blema de mentalidad” a la hora de priorizar la atención a esas escuelas.
No siempre se ha tenido la luz larga para comprender que, en definitiva, quienes están hoy en esas aulas serán el relevo de la fuerza técnica en este país. Y son muchos: casi la mitad de los que terminan secundaria, el 40 por ciento, escoge ese camino. Hoy están sentados en aulas de los politécnicos alrededor de 60 mil adolescentes.
Al margen de limitaciones materiales, las empresas se quejan del insuficiente respaldo legal para asignar materiales y herra-mientas a los politécnicos. Pero atender al muchacho que llega de práctica, situarle un buen tutor, enviar especialistas al poli-técnico para impartir conferencias, facilitar que los docentes de esos institutos reciclen por la producción, no parece tener una relación muy directa con los registros contables.
El director nacional de esta enseñanza apuntó que en las recien-tes evaluaciones que ha hecho el MINED con los organismos, ellos mismos han reconocido no explotar todas sus potenciali-dades en ese sentido.
Reflexionando acerca del socialismo, el Che jerarquizaba de-ntro del desarrollo de las fuerzas productivas la necesidad de un cambio en la proyección de quienes actúan. “Pero hay una cier-ta pereza mental para entrarle en el fondo al problema y para saber qué es lo que estamos haciendo y por qué. Hay excesiva disciplina en seguir la línea y falta de una disciplina consciente de buscar los porqués…”. Así escribía en 1964, pero parecería que acabara de asomarse a situaciones como esta, donde toda-vía no se sabe qué cantidad de técnicos de nivel medio necesita el país.
Ver la botella medio llena y no medio vacía fue el enfoque pro-puesto por la doctora Olga Otero, directora de Ciencia y Técni-ca en el Ministerio de la Agricultura, al preguntarle por qué justo ahora ellos, junto a otros ministerios, concentran esfuer-zos en los politécnicos:
“Sacar este tema del contexto más amplio en que se inscribe es muy difícil. Quizás debíamos haber ido más rápido, pero se está retomando un rumbo, y ese es el enfoque con que debe verse. En nuestro caso, ocurre ahora porque en otro momento la agri-cultura no hubiera podido, faltaba financiamiento; ¿o alguien piensa que no producimos los alimentos necesarios porque nos gusta estar emplazados y cuestionados en asambleas, en las placitas…?”
Un clavo que no saca otro
Más de la mitad de quienes hoy están sentados en los politécni-cos escogieron esa alternativa sin estar guiados por la vocación. Ese es el estimado que hace Zoraya Paneque Crespo, subdirec-tora municipal de Educación en Plaza, y números más o menos, con ella coincidió la totalidad de los profesores, directivos edu-cacionales y también de otras instancias entrevistados para este trabajo.
Los alumnos lo ratificaron con respuestas como estas, obteni-das en una conversación informal con un grupo de estudiantes de tercer año de Bibliotecología:
-Entré aquí porque donde yo quería estudiar, que era en Infor-mática, en Criminalística o en Electrónica, no cogí plaza; y a un Pre en el campo no quería ir.
-En cuanto termine mi servicio social entro en Periodismo, que es mi verdadera vocación. Bibliotecología no me gusta.
-Lo que de verdad siempre ha sido mi sueño es trabajar en una tienda, en cosas finas; o si no, enseñar a bailar; no estar aquí entre libros, ¡si a mí no me gusta ni leer!
Ninguno de los que intervinieron en este diálogo colectivo pi-dió en primera opción dicha especialidad.
Por suerte, el tema de la vocación no se comporta igual en to-dos los territorios ni en todas las especialidades. En el caso de Mecánica Automotriz, el profesor Miguel González, jefe de departamento de la práctica preprofesional en el politécnico capitalino José Ramón Rodríguez, aseguró con tranquilidad que “la mayoría de los que entran aquí sí están interesados, porque al que no le guste embarrarse de grasa, no viene, esto es muy específico”. Vale apuntar que casi la totalidad de los alumnos de Miguel provienen de familias obreras, directamente vincula-das a la producción.
La enseñanza politécnica ha echado sobre sus hombros la mi-sión de acoger a los que no quieren ir becados y terminan no-veno grado: “Durante los últimos 10 ó 15 años, la educación técnica ha respetado el principio inviolable de que ningún mu-chacho se quede en la calle. Hemos ofrecido esa continuidad de estudios en función de las capacidades con que contábamos, sin tener en cuenta si en las empresas del territorio había plazas para ubicarlos. Nadie nos dijo nunca cuáles eran las necesida-des reales de fuerza de trabajo calificada”, declara Manso.
Mario Miranda, del MTSS, aun cuando reconoce que no ha sido la solución perfecta, la suscribe.
-Pero formar un técnico medio resulta más caro que a un bachi-ller -le provoca BOHEMIA-, y en esos casos están invirtiéndo-se recursos en la preparación de alguien sin tener todo el interés por lo que estudia o que no se sabe si responde a necesidades reales del país en esa especialidad.
-Hay que ponerse el zapato del otro, ¿qué es preferible -responde Mario con otra interrogante-, que esté en un politécni-co o suelto por las calles? ¿Usted qué haría?
-Rectificaría desde el primer error.

El ojo del amo

Es probable que este estudiante de un instituto politécnico agropecuario pinareño siga los pasos de otros tantos, cuyas as-piraciones andaban lejos del surco: el 38,8 por ciento de los seis mil 734 graduados este año en esa especialidad, en la provincia, no se presentó a los organismos de la agricultura donde fueron destinados. Mientras, los campos cubanos siguen penando por fuerza de trabajo calificada y mano de obra en general.
Junto a la falta de vocación, y al recurso de muchos de matricu-lar en el politécnico solo como una vía para alcanzar el grado doce, la falta de información también condiciona esas decisio-nes equivocadas.
“Los muchachos no están claros del compromiso que contraje-ron con la sociedad, del deber de cumplir con el servicio social. No lo están esos jóvenes y tampoco sus familias, donde suele haber una gran dosis de paternalismo”, afirma Mario Miranda, director de formación y desarrollo en el MTSS.
“A veces en la casa parten del criterio de que el muchacho estudió gastronomía, por ejemplo, no para ir a trabajar a la ca-fetería de una funeraria, sino a un Rápido, a un Ditú, al turismo –agrega-. Estoy de acuerdo con que quizás esa cafetería debiera mejorar sus condiciones, pero es ahí donde hace falta. Ah, a los tres años, cuando cumple el deber con el país, ya tiene derecho a buscar una ubicación más acorde con sus aspiraciones. Pero la premisa familiar no puede ser ‘le voy a resolver’, incluso en detrimento de su desarrollo profesional, solo pensando en lo inmediato.”
A renglón seguido, Miranda aclara: “Yo vivo con los pies en la tierra, compro en el mercado, pago la luz, estoy en la calle; pero si todo el mundo actúa así, ¿quién va a solucionar los pro-blemas de este país?”
Resulta difícil desarticular las expectativas personales de los muchachos del actual contexto socioeconómico. Investigacio-nes del Centro de Estudio de la Juventud referidas al empleo y la política laboral para jóvenes confirman que entre las mayores afectaciones a este sector poblacional están los niveles salaria-les, la falta de estimulación material y las condiciones de traba-jo.
Cual serpiente que se muerde la cola, tales razones contribuyen a no brindar siempre la mejor atención al recién graduado por quienes llevan más tiempo en sus puestos de trabajo. Y no es un favor personal. Además de estar refrendado por la legisla-ción laboral, es en definitiva un bien para la empresa.
Los sentimientos de pertenencia con escasas raíces conducen a extremos como los relatados por Manso: “Llegan incluso a co-gerlos de mandaderos, de recaderos, los dejan sin nada que hacer y se van a una reunión…” Hasta en entidades con las que ya se había pactado la entrada del egresado, al llegar el novato, temeroso e inseguro, sencillamente no lo aceptan alegando falta de condiciones para su adiestramiento o de presupuesto.
Pero no todos se llevan chascos así al dar sus primeros pasos como trabajadores. En Tecnomática, de la industria básica, re-cibieron con los brazos abiertos a los cinco graduados de Elec-trónica del politécnico Osvaldo Herrera. Ya tenían un trecho andado por haber realizado en ese lugar sus prácticas preprofe-sionales.
Carmen Cerralvo Basterrechea, la directora de recursos huma-nos en esa empresa, siguió sin titubear la indicación de cierto agente con su apellido: ¡lo que te den, cógelo! No solo acogió a los nuevos, sino les situó un tutor para adiestrarlos “porque por lo general esos muchachos vienen con muchos baches, tenemos que darles un fuerte apoyo”, dijo la especialista.
Zapatero, a tus zapatos
El tema politécnicos ha empezado a ocupar hoy un espacio priorizado en la agenda de muchos ministerios y directivos. BOHEMIA en su andar por ese mundo de talleres, herramientas y servicios, escuchó más de una vez afirmar con satisfacción cuán importante era que al menos estén identificándose ya los problemas y se perfilen soluciones. Pero hasta hace solo unos meses los organismos desconocían todavía cuántos técnicos necesitaban.
Esa falta de previsión y perspectivas se mantuvo cerca de 15 años y, período especial mediante, ha dejado y dejará sus cica-trices en la economía cubana.
“Nos hemos dado cuenta de que para dar el salto que necesi-ta la agricultura en función de garantizar la alimentación del pueblo, no podemos seguir trabajando con la fuerza técnica del modo en que lo hacíamos. Estamos profundizando ahora para que la demanda de ese personal sea más objetiva y responda realmente al cumplimiento de nuestra misión”. A esa conclu-sión llegó Alberto Naranjo Paz, viceministro de la Agricultura.
Desde diferentes sectores y responsabilidades muchos han de-cidido ponerse igual traje, quizás considerando también crite-rios como el de la doctora Olga Otero Rodríguez, directora de Ciencia y Técnica en ese ministerio: “Esto pasa también por falta de capacitación de los cuadros, porque dirigir incluye gestionar los recursos humanos, y para eso tengo que saber hacerlo y a dónde quiero llegar.”
Hay quienes han sabido moverse bien en este mundo de la for-mación técnica, donde además, el éxito o el fracaso se concreta en la base, como ocurre para casi todos los asuntos. El pinareño José Abreu, director de formación de personal de transporte provincial, enfatiza convencido: “Lo que hagas por el politéc-nico no es gasto, sino inversión para el futuro de tu propia em-presa.”
Transporte en Pinar del Río ha sido consecuente con ese credo, al punto de exigir que cuando sus entidades no tengan solicita-dos técnicos a cuatro años vista, no pueden acogerlos y aprove-charlos en la práctica preprofesional. Habían detectado lugares –reconoce Abreu- donde “los utilizaban durante el período en que estaban insertados, por su buena preparación, pero una vez graduados, no los querían emplear diciendo que ya estaba la plantilla cubierta”.
El director de la enseñanza politécnica en esa occidental pro-vincia, Jesús David López Hernández, sabe que, entre otros motivos, “cuando se vacían las plazas en algunas empresas, las vacantes quedan por debajo del telón, no llegan al órgano del trabajo y se las dan al vecino, al pariente…”
A escasa distancia del funcionario de Educación, en la direc-ción provincial de Trabajo, Alina Hernández Martín, subdirec-tora de capacitación, considera injustificada la resistencia de empresas a asimilar técnicos de nivel medio, entre otras cosas porque evalúa “lo preocupante del envejecimiento poblacional, y ese personal será una parte importante en el relevo de las fuerzas productivas. A los graduados de la educación superior todo el mundo los recibe ávidos; pero se gradúan menos uni-versitarios que técnicos medios”.
A la joven funcionaria le es complicado entender que en su territorio el Ministerio de la Construcción, con la cantidad de obras sociales que se levantan, no demande la totalidad de téc-nicos que se forman en esta especialidad. Según la dirección provincial de Educación, para este curso la solicitud del MICONS fue de solo 80 muchachos, y hay dos politécnicos con ese perfil.
Duplicando innecesariamente esfuerzos, ese organismo -refiere Alina- hace captaciones dentro de su propio personal y en un instituto que tienen les da cursos de habilitación para técnicos de nivel medio.
Entre los tantos cambios de mentalidad proyectados en torno a esa enseñanza se anota también lograr que la sede fundamental de capacitación de cada organismo sea el propio politécnico, al que concurran sus especialistas y puedan a la vez preparar a los profesores de la escuela en las técnicas más novedosas. Ello se revertiría finalmente en los estudiantes que, a dónde van sino a esas mismas empresas.

Nunca llueve que no escampe

La aspiración es que a partir del curso venidero la enseñanza técnica y profesional comience de verdad a responder a las ne-cesidades de cada territorio.
Luego de unos 15 años formando técnicos a ciegas -“porque las solicitudes de los organismos no eran objetivas y a nosotros no nos toca determinar eso”-, Educación está enfrascada desde septiembre en análisis territoriales y con todos los organismos para evaluar las necesidades y potencialidades de cada lugar, reveló el director de esta enseñanza a nivel nacional, Alexander Manso.
“Por estas reuniones se conocerá si incluso tenemos que re-orientar alumnos a otra especialidad dentro del mismo perfil que estudian. Estamos en la mejor disposición de reorganizar la matrícula en cada territorio. Nosotros respondemos por la orga-nización escolar y su preparación como bachilleres, pero los que saben qué hace falta para la parte técnica y profesional y cuántos requieren, son sus futuros empleadores.
“Pensamos –precisó- que reorganizando la red de centros y las especialidades, podríamos incluso mantener los mismos niveles de ingreso a esta enseñanza, pero en cosas que hagan falta.”
Una de las novedades en este ajuste es conocer no solo la de-manda de técnicos cuya especialidad se vincula específicamen-te al quehacer de la empresa, sino también cuántos de otros perfiles como contadores, informáticos, gastronómicos, pudiera requerir.
En septiembre último se creó un grupo nacional presidido por el Ministerio de Trabajo, e integrado por los ministerios de Economía, de Educación y otros organismos, con miras a que la planificación tenga un control también centralizado, refirió Ma-rio Miranda, director de formación y desarrollo en el MTSS.

Una escalera grande y otra chiquita

Para ubicar al técnico de nivel medio en el mundo del trabajo, el camino había sido el escalafón integral.
Desde el pasado curso escolar el director de cada escuela presi-de la comisión de ubicación. Además del lugar ocupado por el muchacho y de su evaluación, también tienen en cuenta las prioridades del país al decidir cuál será cada futuro laboral.
“Otro elemento novedoso es que si el muchacho hizo la prácti-ca laboral en una empresa, y esta lo pide, si tiene buen escala-fón y reúne los requisitos, la escuela pueda situarlo allí”, infor-ma Miranda. Pero, ojo, aclara que es también la escuela la que debe ubicar al estudiante para esas prácticas, componentes del plan de estudio, no por gestión familiar.
Una noticia importante llega en boca de Manso, del MINED: A partir del próximo curso todas las graduaciones ocurrirán en abril (antes se hacían en dos partes) y el título de cada estudian-te será de Bachiller Técnico.
Es el resultado de los nuevos planes de estudio puestos en mar-cha en el año académico 2004-2005 con las mismas asignaturas generales del preuniversitario y por tanto, les da también el nivel de un grado 12, con vistas a que este tipo de estudios arti-culen con la Educación Superior, aunque no como tránsito di-recto al curso regular diurno universitario. La politécnica es una enseñanza terminal, que, como norma, debe tributar directo al mundo del trabajo.
No siempre el estudiante y su familia disponen de la informa-ción acerca de tales asuntos, y tampoco de la asamblea de ubi-cación, el servicio social, el período de adiestramiento… En verdad, no tienen claridad sobre casi nada de las perspectivas en esta enseñanza. Por eso los ministerios del Trabajo y de Educación preparan un video divulgativo. Se analizará en todos los politécnicos, con muchachos y padres antes del próximo abril, previo a la graduación. Empezarán con los que ahora egresan y se irá extendiendo a la totalidad. Lástima que la ini-ciativa no haya surgido antes, pero más vale tarde que nunca.
“Habremos ganado mucho -proyecta Manso-, si logramos tener un módulo mínimo para que el estudiante pueda adquirir duran-te los primeros dos años las habilidades básicas, se incorpore a la empresa en la mitad de tercer año, se le asigne un tutor bien preparado, y pueda rotar por cada uno de los puestos de trabajo.
“Si además conseguimos que el estudiante haga la práctica del cuarto año en el lugar donde se ubicará al final, indudablemente la calidad del egresado será muy superior a la actual. La estra-tegia existe –concluye-, depende ahora de la eficiencia de quie-nes tenemos la responsabilidad de ejecutarla.”

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