Poesía y anarquía

Frente a una sociedad hiperestetizada como la nuestra, sólo podemos aspirar a crear una obra antiartística en un ambiente de absoluta invisibilidad; sólo nos cabe reconocer que no existe ni el artista, ni el arte, ni medio alguno de poder transmitir una enseñanza que tampoco existe ni sabemos con exactitud qué es o cómo se hace manifiesta.

Con este firme convencimiento podremos convocaros a todas y todos los otros, con la excusa de nuestras obras y en la certeza de que sólo así podrán ponerse en marcha los mecanismos de una vida colectiva alternativa que parta del compromiso básico de querer estar juntas y juntos, de generar ambientes sinérgicos, de ponernos en lugar del otro, de aprender, de ajustarnos y armonizarnos con lo que nos rodea y modificar también nuestros propios esquemas, de colaborar en la creación de nuevas realidades que quiebren la dictadura mercantil de la distribución y la reproducción. Por muy efímeras que sean, ellas encarnarán un fin en sí mismas.

Hace algún tiempo escribí que la gente tiene que seguir creyendo que somos poetas, que somos artistas, porque en el fondo nosotros no estamos aquí para engalanar nada, para crear obras bellas o llenar de contenidos los espacios de la museificación fúnebre y la especulación mercantil. No olvidéis que la distancia que separa al artista del delincuente puede ser muy corta; así que partamos de la idea de que estamos trabajando en algo que, para que funcione, tenemos que decir que no existe.

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