Podemos: una rápida evolución a la derecha

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Por Felipe Alegría y Juan P.

En su empeño por presentarse como un actor político «confiable», capaz de formar un gobierno que no desate los nervios de los poderes económicos, la dirección de Podemos no cesa de aguar y transformar sus propuestas originales, al mismo tiempo que burocratiza el funcionamiento del partido.

 

Mientras se celebraba (con presencia de Miguel Urbán, de Podemos)un acto republicano en el Parlamento Europeo con diputados que se habían negado a recibir al rey, Pablo Iglesias acudía sonriente a saludar al monarca e incluso le hacía un regalo. La recepción real se celebró el 15 de abril, justo después de las manifestaciones y actos republicanos que recorrieron ciudades y pueblos del Estado y en las que Podemos no participó.

 

En Madrid, el candidato de Podemos a la Comunidad ha declarado no oponerse a la educación concertada. Podemos apareció en la vida política como la fuerza que iba a llevar a las instituciones las reivindicaciones que los movimientos sociales habían levantado durante estos años de movilizaciones. Ahora da la espalda a los miles y miles  de estudiantes, profesores y padres que han gritado en maniestaciones y huelgas: “¡Nada, nada, nada/para la privada!”.

 

También en estas últimas semanas, los principales dirigentes económicos de Podemos se han reunido con fondos de inversión y banqueros internacionales como el “Bank of America–Merril Lynch”, un gigante financiero norteamericano. Según recoge la prensa, la reunión fue para explicarles directamente las propuestas económicas de Podemos y para “escuchar sus preocupaciones”. Unas semanas antes, a finales de enero, el secretario general de Podemos-Madrid, Jesús Montero, declaraba: «Hay dos culturas empresariales. Una es casta; la otra quiere contribuir al bienestar social, como la familia Botín en el banco Santander.»

 

Esta deriva de Podemos es justo lo que no puede hacer una opción política de ruptura que  aspire a representar a los movimientos sociales y al “sentido común” de las luchas de estos años. Si Podemos se presenta como una opción de ruptura democrática con el “régimen del 78”, no puede hacerle regalitos al rey y dar la espalda a la lucha por la república. Ni negarse a la convocatoria de un referéndum de autodeterminación para que Cataluña decida su futuro nacional. Si Podemos quiere ser la voz de las mareas, no puede defender la educación concertada. Si Podemos quiere estar con las familias desahuciadas, no puede congraciarse con los banqueros de la  familia Botín, ni «escuchar las preocupaciones» de los fondos de inversión.

 

Mucha gente de Podemos no comparte esta deriva y exige una rectificación del rumbo. El mejor ejemplo es “Andalucía desde Abajo”, la corriente que se ha levantado sobre un claro programa de ruptura y reivindica la vuelta al programa fundacional del manifiesto «Mover Ficha» y que las decisiones y el control de Podemos se ejerzan democráticamente desde sus propias bases.

 

De no revertir este curso, la dirección de Podemos llevará al desengaño a todos aquellos que lo veían como una herramienta para terminar con el bipartidismo y abrir paso al cambio social; transformará a Podemos en un PSOE bis y ayudará a la recomposición de la derecha. La gran tarea es echar al PP y ganar a la mayoría para acometer,  apoyados en la movilización social, un programa de cambio profundo que dé solución a los principales problemas de los trabajadores y el pueblo. No valen las consideraciones y componendas  electorales

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