¿ Podemos reinventarnos?

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Por vez primera  en la historia de esta Humanidad estamos inmersos colectivamente en una crisis de la que solo está a nuestra vista la punta del iceberg. Por vez primera en  la Historia nos encontramos como especie ante una dramática disyuntiva: regenerarnos o desaparecer de este Planeta. Y mucho es lo que regenerar y  cada vez con  menos tiempo para ello,  a la vista de las alarmas que nos muestran tanto este mundo que hemos construido, como la propia madre Tierra. Mucho es lo errado que nos ha llevado a sumergirnos en una crisis global, profunda y multifacética con diversas variantes:

  1. A) Una crisis económica, porque el neocapitalismo se ha convertido en especulador y rentista y ha enterrado bajo sus fondos buitres al viejo capitalismo burgués. Ahora importa menos producir que  recoger beneficios inmediatos del juego financiero. Y esto ni lo hemos sabido ni lo hemos podido evitar los pueblos del mundo.
  1. B) Una crisis social,  a causa de las asfixiantes  medidas neoliberales. Los recortes y privatizaciones de sectores claves como el agua, la energía, la sanidad, la educación, las pensiones públicas   y las comunicaciones,  se acompañan de corrupción política, paro sin futuro, salarios decrecientes, trabajos precarios, pérdidas de derechos sociales y laborales, pensiones miserables que aún así actúan como servicios sociales familiares, y no por último de impuestos increíblemente bajos para los ricos y grandes empresas, y extremadamente  gravosos para trabajadores, clases medias y pequeñas empresas.
  1. C) Una crisis política, porque los viejos parlamentos han perdido su capacidad de decidir y la democracia tal como la conocíamos hasta  el desembarco neoliberal en Inglaterra y más tarde en el resto de Europa y en el resto del mudo, ya no existe más. Solo queda el cascarón vacío de los parlamentos. Un teatro de actores donde el guión lo escriben otros. Otros son los que deciden entre bastidores: las grandes empresas y entidades financieras, entre ellas la Banca Vaticana.
  1. D) Una crisis climática. La Tierra está siendo envenenada a gran velocidad, y finalmente  se  ha rebelado. Sequías, inundaciones, terremotos, tsunamis, corrimientos de tierras, erupciones volcánicas, migraciones dramáticas, vertiginosa desaparición de  especies animales, resultan  de la agresión a que está sometido el Planeta mediante la contaminación industrial y la sobreexplotación de sus recursos minerales y animales.
  1. E) Una crisis de valores, porque los relacionados con el egocentrismo, la violencia y la competitividad descarnada por tener un lugar en el mundo, por ser “alguien” no importa a qué precio,  han conseguido dominar al resto y enterrarlos bajo una capa de frivolidades del corazón, hipocresía de tertulianos de corte clerical, botellones, cocineros, juguetes electrónicos, deportes de masas y concursos televisivos. Competir, consumir, aparentar y evadirse son las claves por las que se suelen regir las masas actuales que pretenden imitar a quienes admiran por ricos y famosos.
  1. F) Una crisis de civilización

Visto lo anterior solo podemos concluir que no nos hallamos ante una de esas crisis cíclicas a las que nos tenía acostumbrados el viejo capitalismo; que no estamos ante uno u otro aspecto fallido  del mundo en que vivimos. Se trata de una crisis total, de  una crisis de civilización; se trata de que nos hallamos ante un modelo de civilización basada en principios que no funcionan y que nos llevan al abismo. A esto  tenemos  que dar respuesta urgente como humanidad, porque el tiempo va en contra nuestra y  para ello necesitamos reinterpretar este mundo y nuestro papel en él.

                                  ¿Reinterpretar el mundo?

Lo hemos intentado. A lo largo de la Historia, hemos reinterpretado el mundo varias veces en la creencia de que cada una de ellas suponía un avance con respecto a la anterior, y hasta parecía que así era, que avanzábamos. Que avanzábamos cuando abandonamos   el modo de producción esclavista y elegimos el trabajo asalariado. Que avanzábamos cuando elegimos la democracia a la tiranía;  cuando al trabajo manual lo sustituimos con máquinas y al oscurantismo de la iglesia por la evidencia científica. Creímos avanzar  hipnotizados con la idea del Progreso y los avances de la tecnología..

Pero ¿y si no avanzábamos tanto como parecía?  ¿Y si nosotros, los que parecíamos avanzar, los sujetos históricos de esos movimientos estábamos engañados?… ¿Y si lo que creímos avance no tuviese aspectos muy negativos y pudiera desaparecer por esencialmente inconsistente aunque su fachada exterior, su ropaje lo pareciera?

Para  medir si avanzamos o retrocedemos como especie no bastan los logros exteriores, donde  los  haya, sino el principio que los motiva, el motor que los dinamiza y elige un camino u otro en función de esa motivación. En nuestra historia común, ha prevalecido la filosofía del YOISMO,  contrapuesta a la filosofía del ALTRUISMO.

Con  la primera –  basada en el ego, en el mío, mí y para mí– hemos construido este mundo tan imperfecto y hostil como imperfecto y hostil es el ego con sus semejantes. El Yoismo  es la filosofía que nos ha traído el individualismo, la competencia, el deseo de estar por encima de los demás, la codicia, la corrupción, las dictaduras, las religiones institucionales y todas las formas de violencia, incluida la violencia contra la mujer. Su programa es lo más simple que se pueda concebir: “Primero YO y luego YO. En el cristianismo originario se denuncia como: “YO soy mi prójimo”.

                                       ¿ Nos reinventamos?

El culto al YO egoico  es la filosofía de la muerte. Por eso este mundo rebosa de noticias de muertes de todo tipo,  y anda  abocado  al fracaso mientras no cambie la defensa del Yo por la del  Nosotros; la competencia individualista por la cooperación altruista; el odio y el desprecio, por el amor; y hacer  desaparecer la injusticia entre nosotros.

Entre tanto, la humanidad  se halla en la más determinante de las encrucijadas de toda su historia, y tiene que elegir entre dos caminos: el drama de ver cómo se derrumba esta miserable civilización construida desde el ego, o combatirlo cada uno  espiritualmente hasta expulsarlo de nuestras vidas y comenzar a construir ese nuevo mundo que tantos deseamos y que hasta ahora no hemos  podido conseguir; el mundo de la paz, de la justicia y la hermandad entre personas y naciones.

En conclusión, no se trata de un problema filosófico, sino de una actitud ética, vital, pues  con el añadido del  cambio climático como consecuencia del Yoismo, nos hallamos ante un final precipitado de esto que hemos dado en llamar civilización  confundiendo este término-que debería significar algo hermoso-  con otros que son inseparables a esta su versión negativa: Confrontación, explotación, malversación, militarización, contaminación, extorsión. Este enjambre de avispas venenosas tiene en jaque a todas las formas de vida en el Planeta, incluida la nuestra. Tenemos el antídoto. ¿Lo usaremos?

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