Podemos, por fin, se decanta: «Maduro es un dictador como Hitler»

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Según nuestro colaborador Aday Quesada, la organización socialdemócrata Podemos ha entrado en una fase terminal , en la que la pérdida de centenares de miles de votos la ha arrastrado a la escenificación de furibundas luchas cainitas en las que no se debaten posiciones ideológicas sino las poltronas a repartir. En esa fatídica fase las contradicciones y los desatinos afloran como setas. Una de ellos no son lo ha brindado el hombre de Pablo Iglesias en Valencia, cuando en un brindis al aparato mediático del régimen del 78 proclamó: «el presidente Maduro es tan dictador como Adolfo Hitler».

    En el seno de la formación socialdemócrata «Podemos» se comienzan a apreciar signos de profundos cuarteamientos. Los frecuentes enfrentamientos y querellas internas han  alcanzado tal punto, que en la actualidad difícilmente se podría reconocer a ese Partido  como una única organización articulada alrededor de algún eje, sea ideológico o de otro tipo.

      En rigor, habría que referirse a esta formación como una confusa galaxia de múltiples confederaciones, con intereses variopintos y posicionamientos ideológicos  en buena parte antagónicos. Esta aseveración no es una mera hipótesis para poder caracterizar este fenómeno social. Ni tampoco, una suerte de bulo construido por quienes ellos denominaban ambiguamente  como miembros de «la casta», sino de algo que está formando parte  del día a día  del universo podemita.

     La verdad es que difícilmente podía haber sucedido de manera diferente  en un Partido que se creó a partir de un aluvión de voluntades contradictorias . Unas honestas, creadas alrededor de las multitudinarias manifestaciones de hace cinco años. Y otras, simplemente, resultado del arribismo político oportunista.

Justamente por esta razones, no resulta extraño que los fraccionamientos dentro de Podemos se empezaran a producir coincidiendo con sus primeros resultados electorales adversos. La débil argamasa que los unía comenzó a diluirse de manera  vertiginosa desde el mismo momento en el que por centenares de miles de votos comenzaron a perder apoyos electorales. Cuando un movimiento o partido tiene como objetivo exclusivo el juego electoral desaparece al esfumarse de su horizonte la posibilidad del triunfo en ese terreno y, con él, lo hace el propio movimiento.

       Históricamente, fenómenos como el de Podemos no sólo han sido frecuentes en España en el curso del último siglo, sino que todos ellos han tenido igualmente sus fechas contadas. Suelen durar lo que duran los éxitos, las canonjías y las poltronas. A partir de ese fatídico instante, lo que se produce es el fratricidio cainita del todos contra todos.

      En nuestros días, las enconadas diferencias en Podemos suelen estar marcadas por las frenéticas carreras por alcanzar un puesto de salida en las  listas  para  los próximos eventos electorales. Y los campos de batalla en los que se desarrollan van desde Madrid a Andalucía, pasando por Valencia, Galicia y Catalunya.

    Si en Canarias apenas sucede nada se debe a que la estructura orgánica podemita se limita estrictamente a los grupos institucionales que se reparten el Parlamento de Canarias y la presencia en losAyuntamientos. Más allá de esos límites, lo que hay es el desierto. Pero ello no será obstáculo, naturalmente, para que en el curso de los próximos meses  el previsible revuelo electoral provoque que algunos de sus «inscritos durmientes» retomen sus cabalgaduras y comiencen a mover nerviosamente sus respectivos traseros, a la búsqueda desesperada de una nueva oportunidad.

«MADURO, UN DICTADOR  COMO HITLER»

    En todo ese decadente fragor que caracteriza esta etapa terminalpor la que está atravesando la formación podemita,  el último de los abracadabrantes desatinos lo acaba de protagonizar Rubén Martínez Dalmau, el hombre de  Pablo Iglesias en Valencia, y candidato en las primarias de  Podemos  para la presidencia de la Generalitat valenciana.

    Martínez Dalmau es un profesor de Derecho Constitucional que no pudo  resistir la pulsión de intentar fortalecer su candidatura en las primarias, denostando violentamente al presidente venezolano Nicolás Maduro. La verdad es que ni el mismísimo Eduardo Inda  hubiera procedido de forma tan descalificadora en relación con la revolución política bolivariana, como se atrevió a hacerlo este hombre de Pablo Iglesias en Valencia.

     El profesor Martínez declaró al periódico valenciano «Las Provincias», que el Gobierno bolivariano de Venezuela es, simplemente, «una dictadura».  La verdad es que no se puede decir que el tal Martínez Dalmau,  se atreviera expresarse de esa forma por cuenta propia y sin contar con las «señales» de nadie para realizar este tipo de  truculentas declaraciones. La cuestión es que fue  el mismísimoPablo Iglesias el que se encargó de prestarle una «ayudita» durante su comparecencia ante el Senado la pasada semana, cuando ante los recalcitrantes senadores derechistas del Partido Popular abrió la vedaen contra de Venezuela. Bajo las cúpulas del antro institucional que  controlan los ultraconservadores españoles, Iglesias mantuvo que «se arrepentía de muchas cosas que había dicho en el pasado» y que Venezuela era, efectivamente, «un desastre».

     De manera que el «constitucionalista» Martínez Dalmau con esos avales políticos vio los cielos abiertos y  atrapó al vuelo la oportunidad de quedar como un «caballero» ante los medios de prensa españoles,  lanzando toda una violenta filípica en contra del gobierno bolivariano .

 

   En declaraciones al diario «Las Provincias», Martínez manifestó que

     «Venezuela es una dictadura y Maduro ha terminado haciendo lo mismo que Hitler...Venezuela es una dictadura que tiene un presidente que fue elegido gracias a una Constitución y cuando ha alcanzado el poder ha terminado haciendo lo mismo que Hitler.   La ha destruido”.

Por si fuera poco, el aspirante que  avala Pablo Iglesias intentó redondear su perorata agregando además que:

   «Maduro  viola permanentemente la carta magna del país y define a Venezuela como  una autocracia, asegurando que el mandatario venezolano desea acabar con la Constitución «crear una nueva carta magna no democrática y oligárquica”.

   Le apuesto al lector un doble contra sencillo a que el flamante candidato de Pablo Iglesias Turrión recibirá en el curso de los próximos días y meses  los premios  que corresponden a su felonía, en forma de elogiosos titulares en todos los medios de comunicación del Estado.

    Una merecida condecoración, sin duda, a la estulticia de un miserable.

http://canarias-semanal.org/art/24158/podemos-por-fin-se-decanta-maduro-es-un-dictador-como-hitler

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