Plusvalía y ganancia. Revisión urgente de una teoría necesaria

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La plusvalía es la sangre, el oxígeno, que permite que este sistema económico-social-político (capitalista y su Estado burgués) tenga vida, pues su motor es la ganancia monetaria, y ésta (productiva, comercial, bancaria, especulativa) no tiene otro origen, a fin de cuentas, que la plusvalía apropiada por la burguesía para la acumulación del capital.

Nada hay más trascendental en esta civilización que esto, y sin embargo, nada es objeto de mayor desdén y desconocimiento, por eso se puede decir que es el mayor tabú social.

Las secciones de este documento son: 0 Introducción. I Sin una teoría correcta de la plusvalía, estaremos mucho peor. II Problemas con la plusvalía extraordinaria y con la tasa de ganancia media. III Se vende el trabajo y no la fuerza de trabajo. Revisando a Marx y Engels por la izquierda. IV Contra las concepciones cosificadoras del trabajador/a especialmente peligrosas en los tiempos de la robótica. V Marx, pese a él mismo, dando pie a lo opuesto e indeseable, y en el peor momento. VI Llamamiento a organizar un debate internacional para resolver el problema. Despedida. Notas. Recomendados.

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0.- INTRODUCCIÓN

La plusvalía es la parte del trabajo del trabajador/a asalariado que no se paga incluso aunque se cumpla escrupulosamente con todas las condiciones del contrato y de la mejor legislación laboral imaginable, se abonen todas las primas, todas las horas extraordinarias, las cotizaciones a la Seguridad Social, se aumenten los salarios como mínimo según la subida de los precios al consumo, etc. Es un valor que permanece invisible durante el proceso de trabajo, pero que se hace visible al final en la forma de ganancia para el capitalista. Existe aunque el capitalista sea el más honrado del mundo, buena persona, esté cargado de buenas intenciones y sea un filántropo. Por tanto, no se trata de una cuestión de picaresca patronal, sino que es estructural, consubstancial, al funcionamiento del capitalismo, incluso respetando las mejores relaciones laborales. Así como unas reglas de juego perversas provocarán un juego perverso incluso entre los jugadores más honestos, y promocionará a aquellos que lo sean menos, siempre que no se salten las reglas.

Se puede hablar mucho de la precariedad en el empleo o del beneficio, pero si no se pone el foco en la condición asalariada del trabajo y en el consiguiente trabajo no pagado o plusvalía, se oculta su naturaleza y el origen último de la ganancia.

Las crisis económicas importantes son crisis, en última instancia, de la extracción (en el trabajo) y realización (en la venta) de la plusvalía. Y esto es así, por mucho que se manifiesten de una u otra manera, el detonante sea tal o cual factor, y se disfrace con los análisis superficiales al uso (que si la subida del petróleo, que si las tecnológicas, que si las hipotecas subprime, que si la burbuja inmobiliaria, etc.) (NOTA 1).

Sin plusvalía ¡adiós a la civilización capitalista! pues es el pilar fundamental que sostiene todo el sistema. Por tanto, la plusvalía no es una cuestión económica más, como la inflación, la deuda privada o pública… Por eso no se puede abordar como una cuestión sectorial o corporativa, sólo como un problema sindical, de los obreros, pues es la matriz de este sistema social y de todo lo que determina y lleva aparejado en multitud de facetas, como los derechos laborales y políticos, la democracia o dictaduras, la existencia y naturaleza del Estado, el gasto público, las guerras, los desastres ecológicos por el expolio capitalista e irresponsabilidad de la burguesía, y un larguísimo etc. Se podría decir que es “la madre del cordero”.

Para acabar con el capitalismo hace falta el protagonismo y liderazgo de la clase trabajadora (o proletariado) por ser la clase que ocupa un lugar fundamental en las relaciones sociales de producción capitalistas (es la productora de la plusvalía) y que objetivamente tiene unos intereses antagónicos con el capitalismo. Por tanto es la que podría ser el sujeto revolucionario que superase el capitalismo y crease otra civilización mejor. Ningún sector social puede sustituirla en esta tarea, pues la creación de la plusvalía depende de ella.

Aunque esto ya debiera formar parte del sentido común y del conocimiento de la clase trabajadora desde hace más de un siglo, no lo es. Y no se debe sólo a las variadas circunstancias históricas, al peso de las derrotas, las contrarrevoluciones, las tendencias sindicalistas y reformistas espontaneas en la clase, la perversión del marxismo a manos del estalinismo, y todo el etcétera que queramos añadir. Hoy, lo que más dificulta la superación de todo lo anterior son las debilidades importantes que tiene la teoría de la plusvalía.

Unas especialmente destacas son las relativas a la plusvalía extraordinaria y la tasa de ganancia media, que expondré más adelante y que son reconocidas por muchos marxistas.

Pero por mi parte también defiendo lo que puede parecer una “herejía”, o una regresión teórica, pero no lo es, como demostraré si se me presta atención hasta el final. Esto es, que la creación del trabajo pagado y no pagado o plusvalía se debe a que el trabajador/a vende al capitalista, una actividad-mercancía que es su trabajo, y no (como viene manteniendo el marxismo) su capacidad o fuerza de trabajo (ft). Que por tanto no se da un intercambio de valores iguales (ft a cambio de salario, como mantienen los marxistas), sino directamente un intercambio desigual de valores (trabajo total por salario) que genera plusvalía a través de la producción. Que entre la clase trabajadora y la capitalista (o burguesía) no media pago justo en ningún sentido, por supuesto, no por el trabajo total, pero tampoco por la ft (cuyo valor vendría representado por el salario, según el marxismo), pues no se vende la ft.

Y no puede venderse la ft : Primero, porque la capacidad de trabajar o ft no puede separarse así y menos para la venta, del resto de sus capacidades, como demostraré. Segundo, porque la práctica demuestra que el capitalista no obtiene el dominio de la ft (cabría esperarlo si la hubiese comprado o siquiera alquilado), sino un control precario a expensas de que el trabajador/a no paralice la labor una vez iniciada, y sólo tiene verdadero dominio sobre el trabajo una vez terminado. La segunda razón se deriva de la primera: el trabajador/a no puede diferenciar su capacidad de trabajo al punto de poder desprenderse de ella y venderla (siquiera temporalmente) como si fuese el aceite que vende el aceitero (símil puesto por Marx enfáticamente, que citaré). Puede vender una actividad o algo externo a él, como el trabajo ya realizado (como el aceite). Quien entra por la puerta de la fábrica es el trabajador completo (con todo su organismo, capacidades, personalidad), y en el caso del aceitero, sólo su mercancía, el aceite. Tercero, porque el salario (directo, indirecto y diferido) puede pagar mucho más que la producción-reproducción de la fuerza de trabajo, la utilidad que ésta tiene para la producción capitalista. La evidencia mayor la tenemos en la pensión de jubilación que puede durar hoy día dos décadas aproximadamente. Cuarto, porque el cálculo del valor de la ft es demasiado impreciso, y para explicarlo se le haría depender también de factores extraeconómicos con demasiado peso (como la correlación de fuerzas entre las clases).

Volveré sobre estos puntos. Sin embargo, la teoría de la venta del trabajo con intercambio desigual con respecto al salario, permite salvar problemas que no puede la teoría de la ft, resistir a las objeciones de los teóricos burgueses y explicar el proceso de un modo mucho más sencillo y comprensible, lo que tiene su importancia a la hora de la asunción por millones de trabajadores/as de la teoría de la plusvalía.

Habrá quien piense que se me pueden aplicar las respuestas dada por los marxistas a Proudhon, Dühring o Heinz Dieterich. Creo que no. Tampoco he llegado a mis conclusiones a través de ellos, y me parece que respondo sobradamente a las objeciones que Marx y Engels podrían ponerme, es más, me apoyo en lo que ellos mismos dicen. Al menos, antes de prejuzgarme condenatoriamente, concededme la oportunidad de atenderme. Sería muy irresponsable que, cuando una marxista, con la mejor de las voluntades, cree que ha encontrado una solución que supone un avance, ni se la atienda porque es heterodoxa. Sería propio de una secta religiosa.

Mi criterio no es menos, sino más revolucionario incluso, más cuestionador de la legitimidad del capitalismo (ni siquiera hay intercambio de valores iguales entre ft y salario), y de las ilusiones sindicalistas (un salario justo por el trabajo, o al menos pagar el precio justo por la ft) o reformistas (participar en los beneficios, distribuir hacia abajo –vía impuestos- parte de la ganancia obtenida –justa y legalmente- por la empresa capitalista y la burguesía). Y al negar que el trabajador/a venda ni su persona (esclavo), ni siquiera temporalmente su capacidad ft (indiferenciable e inseparable de su persona, y sin pérdida del dominio de su capacidad de trabajo), y que por consiguiente tampoco se le pueda comparar con los robots con alta inteligencia artificial especializada, no le estoy restando dignidad, sino todo lo contrario, en los próximos tiempos en los que habrá que luchar más por su reconocimiento.

Aunque en este texto sólo apuntaré brevemente a esta última cuestión de la robótica, es muy importante que conozcáis el problema de la Inteligencia Artificial General (IAG) y su muy probable amenaza para la Humanidad (no es ninguna frikada ni película de c-f-terrorífica) en mi estudio «“Ética para máquinas” de Latorre. La I.A. psicópata. Llamamiento» (19-11-2019) — https://kaosenlared.net/etica-para-maquinas-de-latorre-la-i-a-psicopata-llamamiento/

Además, a efectos divulgativos (tan importantes para que una teoría eche sus raíces en millones de personas), la teoría de la plusvalía mediante la venta de la actividad laboral es mucho más sencilla de exponer y comprender que la de la venta de la ft (capacidad laboral) justamente pagada con el salario y habiendo a la vez explotación del trabajo realizado, y no se le pueden presentar las objeciones que a la de la ft, sí.

Aunque la afrontaré en muchos detalles, como me llevaría mucho hacer una exposición detallada de la teoría del valor-trabajo y la plusvalía, para quienes todavía no la conozcan o quieran repasarla sin tener que recurrir a El Capital o los materiales de Teorías sobre la plusvalía, remito al libro divulgativo de Marx “Salario, precio y ganancia” (1865) que podéis encontrar en estas direcciones https://www.marxists.org/espanol/m-e/1860s/65-salar.htm —— https://webs.ucm.es/info/bas/es/marx-eng/65spg/index.htm —- http://archivo.juventudes.org/textos/Karl%20Marx/Salario,%20Precio%20y%20Ganancia.pdf

También Marx “Salario, precio y ganancia” (1865) y “Trabajo asalariado y capital” (1849 y posteriormente modificado) https://centromarx.org/images/stories/PDF/salario.pdf

También se pueden encontrar videos preguntando por el título. Marx: Salario, precio y ganancia (primera parte) – https://www.youtube.com/watch?v=gLo7s4OnFSc —– Marx: Salario, precio y ganancia (segunda parte) — https://www.youtube.com/watch?v=W1s_Fo7NYxw —– Los dos videos juntos en http://www.laizquierdadiario.com/ideasdeizquierda/salario-precio-y-ganancia-una-introduccion-audiovisual/

Con una teoría tan fundamental en este estado de contradicción y falta de acabado, es muy difícil vencer la influencia de las teorías económicas de la burguesía (aunque sean peores), y sobre todo no se puede infundir en la clase trabajadora la certeza de que la teoría de la plusvalía es incuestionable, que la verdad científica está de su lado, que el futuro le pertenece en la superación de su propia condición de clase, y por consiguiente alcanzar la convicción necesaria para asumir los enormes retos de la revolución anticapitalista socialista-comunista. Semejante lucha, los peligros y sacrificios que supone, exige una convicción y compromiso enormes. Y el estado actual de la teoría de la plusvalía, no lo permite, sobre todo, a partir de nuestra enorme debilidad actual.

Dada la transcendencia de la implantación de la teoría de la plusvalía en las amplias masas trabajadoras, hago al final un LLAMAMIENTO, en particular a los/as marxistas más preparados y los economistas marxistas, para crear los medios que permitan y fomenten un debate internacional URGENTE sobre esta cuestión y resolverla. Por eso, si conoces a alguno, sea o no español, HAZLE LLEGAR ESTO.

I.- SIN una TEORÍA CORRECTA de la PLUSVALÍA, ESTAREMOS MUCHO PEOR

Sin la asunción de la teoría marxista de la plusvalía, del origen de la ganancia empresarial en la explotación del trabajo asalariado, tenemos garantizada la lucha permanente a la defensiva de la clase trabajadora (o clase obrera o proletariado, esté más o menos precarizado), que impide su autoliberación y la llevará hasta el aplastamiento definitivo y su ruina cuando el capitalismo no pueda continuar más y se colapse por sus contradicciones internas agravadas por los condicionantes externos, y nos conduzca a una regresión histórica extraordinaria, si no es la desaparición de nuestra especie.

Esta falta de asunción, en condiciones de ofensiva generalizada y mundializada del capitalismo (globalización, neoliberalismo, confrontación proteccionista…), nos ha conducido hasta nuestro actual estado de postración, y puede llevarnos a un estado todavía peor. Esto es, la impotencia creciente, la pérdida de conciencia de clase más elemental (“todos somos clase media precarizada”, o simplemente “pobres”), la derrota histórica que ya dura más de 35 años (desde finales de las décadas de los 70, acusada a finales de los 80, descrédito de toda perspectiva de alternativa al capitalismo -mejor haberlo llamado salarismo, como más adelante expondré- con el hundimiento del falso comunismo del Capitalismo de Estado del Este “socialista”). La persistencia y profundización en esta derrota nos arroja, dado el futuro que nos deparará el capitalismo decadente y en crisis de civilización (disminución cuota o tasa de ganancia, agravada por la automatización 4.0, crisis energética, climática, alimentaria, de la biodiversidad…), a la aniquilación del movimiento obrero y la autodestrucción, quizás, de nuestra especie (colapso del capitalismo y de la sociedad industrial, caos económico, hambrunas, guerras hasta nucleares, químicas y biológicas…) (véase mi texto “Horizonte 2020, superando el capitalismo o condenados” (20-12-2019), con enlace al final).

Aunque no puedo desarrollarlo aquí (espero hacerlo en otra ocasión), la teoría de la plusvalía es fundamental para la existencia de una conciencia de clase entre los trabajadores/as, no una conciencia gremial, sindical, sino de clase contra el capitalismo. Y el capitalismo no es un sistema limitado nacionalmente, sino mundial. Por ello, la teoría de la plusvalía es clave para su comprensión de que, pese a las peculiaridades nacionales, lingüistícas, étnicas, religiosas, etc., todos los trabajadores/as del mundo comparten una misma naturaleza de clase, y por consiguiente, unos mismos intereses de clase, unos mismos objetivos estratégicos de clase. Que por debajo de las diferencia superficiales, en el fondo, tienen muchísimo más en común con sus compañero de clase de cualquier parte del mundo, que con la burguesía de su propio país. Que por tanto, aun estando en contra de cualquier opresión nacional, no pueden guiarse por la ideología nacionalista que pone por delante la unidad con la propia burguesía, sino por el internacionalismo proletario que pone por delante la comunidad de intereses de nuestra clase mundial, la unidad y la solidaridad en la lucha.

Está en la naturaleza humana admitir (a un alto coste) en su pensamiento y comportamiento las mayores incongruencias, irracionalidades, crímenes. Por eso es posible “asumir” la teoría de la plusvalía y a la vez caer en el nacionalismo. Se vio con la II Internacional y su complicidad con la matanza de la I Guerra Mundial imperialista; o con el estalinismo y cómo sacrificó los intereses de la clase trabajadora mundial a la política exterior de la URSS de colaboración con estados burgueses y el dominio de la nueva burguesía tecno-burocrática “soviética”. Por eso mismo, por la falta de congruencia, por la superficial “asunción” de la teoría de la plusvalía y su relación (como uña y carne) con el internacionalismo proletario, se les pudo denunciar ya en su tiempo como falsificadores y traidores. Pero no se puede superar el nacionalismo y ser congruentemente internacionalista (no mero cosmopolita o pacifista), sin la teoría de la plusvalía y de la clase trabajadora mundial.

Esto se ha mostrado y se mostrará vital para nuestra clase y la Humanidad, en cuanto los problemas del capitalismo decadente, senil, vuelvan a aumentar las tensiones inter-capitalistas y entre sus Estados, expresadas en guerras comerciales, presiones militares, y guerras que, en las actuales y futuras condiciones cada vez más graves, podrían llevarnos a la autodestrucción de la Humanidad.

Nunca se insistirá demasiado en la transcendencia para nuestra especie de esta cuestión. Sin la teoría de la plusvalía y el internacionalismo proletario, estamos poniendo en riesgo la existencia misma de la Humanidad (bis). En el momento en que se comprenda y asuma de verdad esto, ya tendremos recorrido una gran parte del camino, pues habremos arrancado con un impulso enorme.

Cuando más necesitamos de esta teoría para deslegitimar totalmente el capitalismo, más huérfanas están las amplísimas masas trabajadoras de ella, mucho más que en otros momentos de la historia en los que estaba más popularizada, al menos entre un sector de trabajadores/as avanzados. Esto, de por sí sólo, ya es un indicador de la desastrosa situación en la que nos encontramos, de lo desarmados teórico-ideológicamente que nos hallamos para abordar las gigantescas tareas que se nos echarán encima y que si no resolvemos nos arrastrarán a la autodestrucción. Como pronto, desde los comienzos de la década de los 80 no tiene ningún sentido hablar de acumulación de fuerzas anticapitalistas-comunistas, pues las pocas que previamente se había acumulado, se han perdido. En tanto, la burguesía con sus estados, no hace sino acumular experiencia, conocimientos, organización, para dominar, manipular cada vez mejor las conciencias, controlar a las masas y desactivar los riegos “subversivos”. La burguesía está permanentemente organizada a través de su Estado burgués (gobierno, parlamento, hacienda, fuerzas armadas y policiales, judicatura, cárceles, aparatos educativos y de control de la “opinión pública”…), secundariamente a través de los partidos políticos, fundaciones, grupos de presión, “tanques de pensamiento”, organizaciones patronales… Y esto, frente a una clase trabajadora (proletariado) muy atomizada, falta de recursos y tiempo para organizarse, que no puede mantener a todo un ejército de profesionales muy especializados para representarla, y que sólo cuenta con sindicatos y partidos, con sus limitaciones, propios intereses, que velan poco por los intereses de la clase, sobre todo estratégicos. Y sin embargo, todo el poder, legitimidad de la clase capitalista, se asienta sobre la Gran Mentira que oculta la existencia de la plusvalía y su origen. Y todavía no hemos querido escuchar y hacer caso al niño que grita que “el capital está desnudo”.

Porque ¿alguien puede creer que las amplias masas trabajadoras, si ni siquiera conocen y asumen lo básico de la teoría de la plusvalía, puedan llegar a convertirse algún día en las protagonistas y dueñas de su existencia, en lugar de vivir sometidas a una clase propietaria o tecno-burocracia; creer que pueden evitar las trampas de la mera estatalización de las empresas o de la creación de cooperativas y la “autogestión” en el mercado; creer que ellas puedan abordar con algo de conocimiento de causa muchos grandes problemas sin limitarse a delegar en los que supuestamente saben, los expertos; creer que es superable la división social clasista del trabajo? Si la clase trabajadora fuese incapaz de comprender y asumir lo más básico de la teoría de la plusvalía, estaría social y políticamente incapacitada para acabar con la valorización del capital (convertir el valor-trabajo en ganancia y capital) y transformar el mundo. Si la clase trabajadora no comprende que el origen de la riqueza social está, por la parte humana, sólo en el trabajo y no en la “productividad del capital” o cualquier otra historieta, y no comprende este pilar básico de una economía demasiado compleja como para entenderla a fondo fácilmente ¿qué confianza en sí misma puede tener para abordar las tareas revolucionarias y de transformación social hasta las raíces? No hay empoderamiento revolucionario posible de la clase trabajadora, sin ni siquiera la asunción básica de la teoría de la plusvalía; será la masa seguidora de las habilidades estratégicas y tácticas de otros, y aunque estos incorporen a su sector más consciente, será vulnerable también a su degeneración y traición. Es pura ilusión soñar en la espontaneidad revolucionaria sin ni siquiera haber asumido eso y cuando partimos del fondo del pozo en el que nos hallamos ahora.

Si se quiere contribuir de verdad al empoderamiento de la clase trabajadora, que ella pueda asumir el mundo en sus manos, dominar sus condiciones de trabajo y de existencia, debemos ayudarla empezando por la teoría de la plusvalía, aportarla eso y que ella la convierta en la herramienta para desarrollar su conciencia y combate internacionalistas, en vez de preocuparnos por dirigirla y manejarla (con el sindicalismo, el parlamentarismo, etc.) como si fuese la eterna menor de edad, para finalmente acabar traicionándola del todo. Esta es la mejor manera de llevar a buen fin el hecho de que “la liberación de los trabajadores/as será obra de ellos mismos o no será”.

Esto no quiere decir que deba esperarse a que todos y cada uno de los trabajadores/as se lean un folleto divulgativo sobre la plusvalía y en tanto esto no ocurra no podrá haber un proceso revolucionario inicialmente exitoso, sino que al menos debería haber una parte muy importante de la clase que sí la conozca y que su convicción por ella, combatividad y ejemplo, se contagie al resto de la clase que se moviliza en la lucha por sus necesidades sin más teorizaciones, la inspire a confiar en la certeza de los que más se han formado y a acompañarles en la lucha común. Pero finalmente, disponiendo de todos los medios de comunicación, no debería quedar ni un sólo trabajador/a que ignorase esa teoría, y las líneas básicas para la superación del reino de la plusvalía.

El propio Marx ya en una fecha tan temprana como 1849, comprendiendo esto, publicó sus primeras reflexiones sobre el tema en una serie de artículos que darían lugar al breve folleto divulgativo titulado “Trabajo asalariado y capital”. Y lo primero que los comunistas, en el terreno de la teoría, han tratado de dar a conocer a los trabajadores/as, es precisamente ésta de la plusvalía, elemental para adquirir una básica conciencia de clase internacionalista y comprensión de las limitaciones del sindicalismo y del reformismo, la necesidad de superarlos, imprescindible primer paso para aspirar a ser militante en una organización comunista.

Pero con la teoría de la plusvalía supeditada a la concepción de la venta de la fuerza de trabajo como mercancía real (ftmr) se entra en una complicación teórica (precio justo por la fuerza de trabajo, y a la vez explotación del trabajo) y una serie de problemas (como los que ya he apuntado) que dificultan precisamente su asunción en su faceta más radical, y el empoderamiento que pretende de la clase trabajadora, dando pie (a su pesar) a la perpetuación del sindicalismo y del reformismo, como mostraré.

La única manera de devolver a la centralidad social y política (no al centro político) lo que ya es central en la vida real (pese a que todos se empeñen en ocultarlo), es poner en primer plano la existencia de la plusvalía, del trabajo siempre explotado incluso en las mejores condiciones del asalariado, del capitalismo. Es la única manera de contrarrestar de verdad, poner un cortafuegos, a todas las derivas populistas, neofascistas, xenófobas, racistas, etc., que pretenden distraer de las verdaderas causas de nuestros problemas y aportar falsas soluciones, a cual más injusta, inhumana, destructiva; de acabar también con todas las ilusiones reformistas de que la solución vendrá por más “democracia real”, más “regulación del mercado”, o estatalización de la economía, etc., que en su impotencia o fracaso, no hacen sino abrir las puertas a las derivas anteriores. La avalancha de “información”-ruido, las maniobras de distracción y de intoxicación, podrían resistirse mejor desde la conciencia de la existencia de la plusvalía, pues esto nos da la seguridad de que en lo fundamental la verdad y la justicia están de nuestro lado y así no podrán confundirnos tan fácilmente con las cuestiones secundarias, y nos permite identificar mejor a los enemigos y falsos amigos. No se puede llevar una lucha eficaz contra esos enemigos cayendo en la trampa de pelear reactivamente limitándonos a los terrenos de lucha pantanosos que a ellos les viene mejor; hay que llevar la lucha al núcleo del sistema, a la plusvalía.

Frente a la demagogia, los diagnósticos y mensajes simplistas pero fácilmente asumibles, tampoco esta vez podrá vencer una teoría de la plusvalía con algunos errores, con una complicación superflua y efectos indeseados, por lo que es necesaria su revisión que la llevará todavía más a la izquierda (por decirlo así), no hacia la derecha, sino más radical. Sin la teoría de la plusvalía no podremos salir de la agenda política y del campo de juego que ellos nos impongan y que les resulta más favorable. El conocimiento y asunción de la teoría de la plusvalía (sobre todo en su versión marxista tradicional), no inmuniza contra el sindicalismo y el reformismo, pero sin ella es imposible superarlos, ayuda a contrarrestarlos, y con mi versión todavía más.

Desde esta raíz de la plusvalía dispondremos de la llave para todo, pues podremos plantear muchas otras cuestiones con más facilidad, empezando por la naturaleza de la democracia burguesa y su Estado; ofreceremos otro punto de vista general, otra concepción del mundo alternativa a la imperante. Si no ponemos el foco en la plusvalía, como el borracho del chiste, la llave de la solución la buscaremos donde ilumine cualquier farola (feminismo, ecologismo, independentismo, anti-racismo, antifascismo, antiglobalización, decrecimiento…), aunque ahí no esté o peor, no haya más que la entrada a una de las muchas alcantarillas políticas, sociales y económicas que nos propondrán como solución a un presente y futuro cada vez peor (populismos, ultraderecha…).

Sin una teoría correcta de la explotación, de la plusvalía, sin una pedagogía efectiva, careceremos del eje fundamental para establecer una estrategia y programa realmente transformador, habremos perdido la batalla principal y la guerra, no sólo en sentido metafórico, sino real, pues con la derrota, la represión se cebará con cualquiera que se atreva a levantar cabeza. Nos limitaremos a una serie de escaramuzas en la defensa de la retaguardia, y a un reformismo y posibilismo de cada vez más corto vuelo y alcance, y finalmente utópico. Pues lo utópico, en el sentido de ilusorio, acabará siendo el sindicalismo y reformismo, y lo único realista, lo ahora considerado imposible, utópico, la revolución. Pero la revolución anticapitalista sería aun muchísimo más difícil de justificar y alcanzar sin el cuestionamiento de la plusvalía; y caso de darse alguna revolución en ese sentido -empujados por la miseria y la crisis ecológica-, al no haber asumido las amplias masas la crítica al capital hasta su raíz, hasta la ley del valor y el sistema asalariado del trabajo (la plusvalía, la división clasista del trabajo…) y el Estado burgués, la revolución estará abocada a su regresión. En un caso u otro, nos habremos condenado a lo que nos depare la descomposición y colapso de esta civilización capitalista, probablemente, el peor de los escenarios imaginables, con despliegues de la maldad humana y cotas de horror nunca vistas.

La comprensión de la plusvalía y, por consiguiente, de los límites de la lucha de resistencia y del sindicalismo, no quiere decir que se deba menospreciar la lucha defensiva de los trabajadores/as en el terreno económico o toda lucha sindical, cuando esa lucha sea necesaria para no empeorar las condiciones de trabajo y vida, y mejorarlas en alguna medida. Si se renunciase a esa escuela y el empoderamiento que en ella se puede lograr, sería imposible que el proletariado se autoafirme en una dirección revolucionaria asumiendo objetivos y tareas muchísimo más elevadas.

Por tanto, ya podemos dedicar nuestros esfuerzos como activistas y militantes a cualesquiera campos que podáis imaginar (feminismo, ecologismo, contra la opresión nacional, etc.) y por importantes que sean que, si no se va a la raíz del sistema (la plusvalía), no podremos con él y nos acabará arrollando, como ya viene haciendo, pero completa y definitivamente, y todos los demás problemas planteados no podrán tener una feliz solución en la medida en que estén determinados o condicionados por el capitalismo vencedor. Ya podemos desarrollar sofisticadas teorías sobre tales o cuales temas más o menos novedosos, que nos habremos olvidado del más tradicional, elemental, determinante y decisivo, el de la plusvalía y su imprescindible asunción por las más amplias masas trabajadoras, si queremos liberarnos de este sistema y todas sus lacras. Todo el activismo y conocimiento del mundo, a la larga serán inútiles si no hemos resuelto este problema de la plusvalía y su asunción por nuestra clase. Nos habremos agitado como “pollos sin cabeza”. Podéis creerlo o no, pero así será.

La burguesía (clase capitalista) y sus estados, vienen llevando la iniciativa estratégica desde casi siempre, y en los tiempos relativamente más recientes, abrumadoramente desde finales de la década de los 70 del siglo pasado. Tras la Segunda Guerra Mundial, sólo en algunos momentos (como el mayo del 68 francés y el 69 italiano) amagó la clase trabajadora (proletariado) con la ofensiva en Occidente. Desde entonces, en general, vamos corriendo hacia atrás y hasta en desbandada. Aunque durante un tiempo será inevitable la lucha defensiva, sólo tendremos opción de pasar algún día a la ofensiva y tomar la iniciativa estratégica (es decir, que vayamos siempre un paso por delante y la burguesía y su Estado actúen reactivamente procurando adaptarse, seguir nuestros pasos, y divididos sobre las medidas a tomar) si previamente hemos tomado la ofensiva teórico-ideológica de deslegitimación del sistema (en suma y explícitamente, del sistema asalariado del trabajo, de la plusvalía) de modo que el horizonte del cuestionamiento se vaya ensanchando para las amplias masas trabajadoras. Es decir, que, como buenamente alcancemos, deberemos combinar la lucha económica-social-política con la crítica más profunda del sistema, de modo que el horizonte se expanda más allá de un posibilismo cada vez más estrecho.

Sin embargo, el abandono completo por las masas de la teoría de la plusvalía, nos muestra la bancarrota más absoluta en el terrero teórico-ideológico. ¿Cómo es posible que a estas alturas de la decadencia del capitalismo y después de tantas batallas ideológicas y políticas, esta teoría no se haya implantado, al menos, en sectores amplios de la clase trabajadora, cuando debiera ser del máximo interés para ella y, al contrario, sea prácticamente la gran desconocida? Si no se comprende la plusvalía, es más fácil entender que ni de los acontecimientos más dramáticos y destructivos del capitalismo se saquen las oportunas lecciones, saliendo una vez más impune hasta de sus mayores crímenes, incluso moralmente, como si no hubiese ya responsabilidad alguna que reclamarle, cuando los crímenes contra la Humanidad no prescriben (no caducan). Así, cien años desde el final de la Primera Guerra Mundial y las masas trabajadoras siguen sin comprender que su causa está en el capitalismo imperialista, en la persecución de la plusvalía por todos los medios, incluidos los militares; por no hablar de la II GM y el mito de liberación anti-nazifascista para encubrir un conflicto inter-imperialista, por la plusvalía. Lo que un día pudo saberse, hace mucho tiempo que ya se olvidó. Esto denota también la nula comprensión de la relación entre plusvalía y Estado, la naturaleza burguesa del Estado y sus aparatos, tanto ejecutivos, parlamentarios, burocráticos, judiciales, como armados, e incluso de los sindicales que colaboran en esos crímenes y se convierten en un apéndice estatal más. En suma, no existe una cultura proletaria en las masas, el dominio de la ideología burguesa es abrumador. ¡Estamos en mínimos!

Si ni siquiera algo tan básico como la teoría de la plusvalía es capaz de hacerse uña y carne con la clase trabajadora ¿qué se puede esperar del abordaje de cuestiones muchísimo más complejas imprescindibles para superar el capitalismo, y de que las amplias masas trabajadoras puedan hacerse realmente dueñas de su destino? En este sentido, la superación de la división de la sociedad en clases, de la división social (no sólo técnica) del trabajo, empieza por el conocimiento de la plusvalía. Sólo comienzo pues, si bien asumir esa teoría es imprescindible, no es suficiente, pues hay un montón de requisitos no sólo teóricos (comprensión de capitalismo actual y hacia dónde se puede dirigir, qué tipo de sociedad necesitamos, etc.), sino directamente relacionados con la práctica de masas, con la autoorganización, la determinación y tenacidad en la lucha, su avance en la dirección correcta, como el desarrollo de la táctica, la estrategia, y el programa de transformaciones inmediatas a la revolución… Y en todo esto estamos ¡en mínimos! Y todavía no habremos tocado fondo. Sobre estas cuestiones os invito a leer mi libro “Capitalismo: modo de vida decadente. Notas sobre estrategia y táctica” (20-10-2016), con enlace al final.

Visto desde otro ángulo. ¿Es concebible que la clase trabajadora sea consciente de que le interesa acabar con el capitalismo y su sistema asalariado del trabajo y que, sin embargo, no manifieste el menor interés por la teoría de la plusvalía, que lo explica y legitima esa pretensión?. No estoy hablando de un estallido revolucionario semi-consciente que no aguanta una ofensiva represiva antes de volver a un nivel de conciencia con pocas aspiraciones, sino de un proceso revolucionario consciente, imprescindible para llegar hasta el final en este tiempo que no ofrecerá muchas oportunidades para remediar nuestros errores y derrotas. Por tanto, el interés y conocimiento –por básico que sea- de la teoría de la plusvalía es un indicador importante (no la medida exacta) de su nivel de conciencia y combatividad.

Pero no basta con recuperar tal cual la teoría de Marx. Necesita unos cambios de detalle, pero muy importantes, que la permitirán salir más fácilmente de su marginación, e impactar en la vida social con eficacia. Y lo planteo en este texto, justificándolos teóricamente, pues la teoría marxista de la venta de la fuerza de trabajo como mercancía real, presenta demasiadas deficiencias en el plano teórico y sobre todo tiene consecuencias políticas imprevistas y negativas.

La imprescindible ofensiva en el terreno teórico-ideológico (lo más fácil) para poder pasar a la ofensiva social y política (lo más difícil), sólo será posible si nos libramos –entre otros muchos factores- del lastre que supone para la teoría de la plusvalía, la teoría de la fuerza de trabajo como mercancía real, en lugar del trabajo efectivo como actividad-mercancía.

Hace falta un cambio en los planteamientos y en los términos si queremos tener alguna oportunidad de remontarnos desde este pozo tan profundo de derrota y de regresión ideológico-teórica en la clase trabajadora. Si queremos tener a estas alturas del partido (casi en el final y perdiendo) alguna posibilidad de ganar la batalla ideológica, la batalla de la propaganda y la agitación, también hay que empezar a llamar al capitalismo, salarismo.

Cierto que desde un punto de vista teórico, mejor que salarismo sería llamarlo plusvalismo pues dejaría clara la cuestión de la explotación en el trabajo. Podría haber estado bien que en el siglo XIX Marx se lo hubiese planteado así, y en vez de titular su gran obra “El Capital”, hubiese sido “La plusvalía” y lo mismo que manejó entonces conceptos más o menos nuevos, imponer el más próximo a eso para caracterizar el sistema social. Pero a estas alturas resulta un término tan raro que, en las actuales circunstancias, más que ayudar a avanzar, contribuiría a la confusión. Y no estamos para experimentos que no sirvan para dar saltos adelante, ni tampoco ortodoxias teóricas y rutinas que sean contraproducentes con las necesidades hoy imperiosas de la propaganda y agitación anticapitalistas. Pues no tenemos por delante todo el tiempo del mundo; el tiempo no corre a nuestro favor, sino en nuestra contra, y lo seguimos perdiendo de la forma más tonta posible, unos por ignorancia, otros por rutina, otros por ortodoxia académica pedante so pretexto de “rigor teórico” (rigor mortis, o cadavérico, más bien).

No pretendo competir con Marx ni dar pie a la creación de ninguna secta. Mi planteamiento parte de la teoría de la plusvalía de Marx, no rompe con ella sino que la necesita y la perfecciona. Si avanzo es sobre los hombros de un gigante (Marx), con la ventaja que da ver con un poco más de altura. Si el planteamiento de Marx de la fuerza de trabajo como mercancía real resultase más fácil de entender y de asimilar por amplios sectores de la clase trabajadora, aunque no fuese científicamente exacto, lo preferiría a una teorización mejor pero más complicada y difícil, pues lo mejor a veces puede ser enemigo de lo bueno, y lo principal es que ayude a la transformación positiva del mundo, no a ganar un debate teórico o académico. Pero creo que no es el caso, sino al contrario, pues la teoría de la plusvalía con la ftmr ha demostrado su debilidad para empoderar a la clase trabajadora.

Por otra parte, los trabajadores/as, al menos los de los países ricos, tienen hoy en día un nivel de formación cultural incomparablemente mayor al de otras generaciones, ya desapareció el analfabetismo y están mucho más acostumbrados a leer y estudiar. Por tanto, la comprensión de la teoría de la plusvalía, bien explicada, no supondría ningún problema para ellos, y podrían recuperar en poco tiempo mucho del perdido, a condición de que asumiesen su responsabilidad.

Absorbidos por la tarea de estudiar, trabajar, atender a la familia, el tiempo disponible se dedica a “disfrutar de la vida”. Si bien hay que procurar vivir y gozar de la vida lo más posible (sólo tenemos una), se hace demasiado a costa de evadirse de una parte fundamental de nuestra realidad, tanto más cuanto más cuesta identificarla, comprenderla, más difícil afrontarla y más peligroso asumir los riesgos y sus consecuencias. Porque si “la carne es débil”, el espíritu lo es más y por eso resulta más fácil y agradable dejarse llevar por la tentación de la multitud de evasiones que nos ofrece la industria capitalista del ocio y entretenimiento (aunque sólo sea viendo la televisión) que dedicarse siquiera un poco a hacerse preguntas incómodas y profundizar en las causas de nuestras penalidades, acabando así por no dedicarle a esto ¡ni un minuto! de nuestra larga existencia, aunque alguien nos esté llamando la atención sobre ello. Y no vivimos tiempos en los que la evasión no tenga mayores consecuencias, sino en una época crucial para la especie humana, en la que esa actitud nos lleva directamente al suicidio colectivo, pues además de los peligros permanentes intrínsecos al capitalismo, entre sus consecuencias perdura el riesgo de autodestrucción por la vía militar, y cada día se descubren nuevas vías por degradación del medio natural, como por ejemplo, la extinción acelerada de insectos, claves en el ecosistema mundial, y en particular de los polinizadores, como las abejas, sin las cuales se acabaría nuestro mundo, gracias en gran parte al uso de pesticidas en la agricultura. Esta actitud evasora es irresponsable, poniendo por delante un sentido individualista de cortas miras de lo conveniente, y echando a perder grandes oportunidades para el empoderamiento colectivo a cambio de una inversión de recursos proporcionalmente baja. Muchísimos no se atreven ni a pensar en cuestionar el capitalismo ni su Estado, pero su frustración y resentimiento les acaba llevando, no ya a abstenerse en las elecciones, facilitando quizás así la sobrerrepresentación de los sectores más reaccionarios, sino directamente a darles su apoyo, votando por el Frente Nacional de Le Pen, Trump, Ciudadanos, etc., tirando las piedras más pesadas contra su propio tejado, incluso cuando claramente había una alternativa mejor (o menos mala) para ellos, por deficiente que fuese. La agenda política y sus prioridades, tiene algunas características que la hacen más propia de las problemáticas del final del siglo XIX que de este siglo y lo que ya sabemos que se nos viene encima pronto. El desajuste es asombroso, terrible, aterrador. Se ha bautizado con mucho acierto a esta época como la de la estupidez generalizada, y de la ignorancia voluntaria añadiría, pues los medios de conocimiento (pese al ruido y despiste generado por las fuentes interesadas) son mayores que nunca en la historia; pero demasiado entra por un oído y sale por el otro.

La economía capitalista es complicada de entender, y más si tenemos en cuenta su proceso de financiarización y la generación de la “economía de casino”, o los beneficios a través de los datos de internet, etc. Pero la riqueza, aparte de la naturaleza, siempre viene a fin de cuentas del trabajo (los datos de internet que se venden para orientar a los publicitarios sirven para vendernos mercancías y así realizar la plusvalía del trabajo no pagado en ellas), así que todo remite, en última instancia, a la explotación del trabajador/a, sea vía directa del trabajo, o indirecta de los impuestos al consumo, o exprimiéndolo como consumidor (o deudor). Y la raíz que hace posible que se levante todo el árbol capitalista con sus ramas captadoras de beneficio, es el sistema asalariado del trabajo, así que la denuncia de la plusvalía permite arrancar ese árbol y expulsar a todos los pajarracos que anidan en él y lo parasitan. Y esto es muy fácil de entender, en lugar de andar perdiéndose por las ramas e intentar comprender los entresijos del “casino” capitalista. Pero al menos esa teoría de la plusvalía debe ser correcta.

La teoría de la plusvalía de Marx ayudó a los movimientos revolucionarios de la clase trabajadora, pero su punto débil (la fuerza de trabajo como mercancía real, y el salario como precio justo por ella) fue un lastre al rebajar la contundencia y radicalidad de la denuncia y servir de justificación secundaria al sindicalismo y al reformismo, al mantener que, en cierta manera al menos (pago de la ftmr), cabe la existencia de un salario justo. Esa deficiencia teórica, durante el ascenso de la lucha, dificulta el tirón de los sectores más revolucionarios sobre los sectores más conservadores de la clase, para profundizar en la ofensiva contra el capital y su Estado, y facilita que se enrede en prácticas sindicalistas; y cuando la lucha está en declive, esa deficiencia, por su peso, facilita el descenso impulsado por los sectores más atrasados en conciencia y combatividad, y la regresión sindicalista de los más avanzados. Cuando la clase trabajadora ya hace mucho tiempo que no genera movimientos revolucionarios, esa deficiencia teórica se ha convertido ya en un obstáculo intelectual a su recuperación, pues debe ponerse en primer plano el intercambio desigual de trabajo (partes pagada y no pagada) por salario (parte pagada), en lugar de seguir pretendiendo que puede existir un intercambio igual o justo en alguna manera (ftmr por salario)

Podemos hacer dos cosas: bien seguir hasta la derrota final con formulaciones que ya se han mostrado sobradamente perdedoras en lo que más importa, la batalla de masas contra la ideología dominante, o bien apostar por un cambio más clarificador en la teoría y sobre todo para las amplias masas, las únicas protagonistas posibles de la revolución pendiente. Pero los partidarios de la ortodoxia académica (so capa de un falso rigor teórico) seguramente seguirán negándose, aunque por ello todos acabemos rigurosamente muertos.

II.- PROBLEMAS con la PLUSVALÍA EXTRAORDINARIA y con la TASA de GANANCIA MEDIA

No hay como adoptar el método de los niños que tantas veces nos interrogan con porqués a los que en ocasiones no sabemos bien qué responder. Así, revisar lo que parecían verdades consolidadas y hacer el recorrido del razonamiento paso a paso, me ha permitido ver que había cosas que fallaban, y comprobado que otros también lo habían detectado (o no), a su manera.

Aunque son muchos los aspectos debatibles, hay dos casos especialmente perjudiciales para la credibilidad de la consistencia de la teoría del valor-trabajo en la que se basa la de la plusvalía, que vienen causando muchas polémicas y más de un dolor de cabeza, y que procuraré exponer escuetamente sin detenerme en detalles más de lo suficiente para que me entiendan al menos los que ya conocen algo del tema.

a) La explicación del origen de la plusvalía extraordinaria por innovación tecnológica antes de su generalización a toda la rama productiva. Suponemos que permite un incremento su productividad, sin necesidad de aumentar la cualificación profesional, ni intensificación del esfuerzo de trabajo – eso equivaldría a una prolongación de su tiempo-, sin variación en el salario, ni en la jornada laboral. La empresa, con más productividad, reduciría coste unitario, lo que le permitiría, incluso llevando el precio por unidad de mercancía a uno inferior al promedio de la rama, conseguir una ganancia total mayor. Si ello se debe –como sostiene Marx, y le sigue por ejemplo Rolando Astarita– al “trabajo potenciado”, explotación extraordinaria (económica, no física) de los trabajadores/as de esa empresa, que sin embargo desaparece en cuanto esa innovación se generaliza a la rama. Esto es, una mayor tasa de plusvalía (relación entre trabajo no pagado y pagado) que pasaría, por ejemplo, de 4/4 horas de las 8 (4 no pagadas y 4 sí pagadas) antes de la innovación, a 5/3 horas de las 8 en tanto no se generalice la innovación, para volver a 4/4 una vez adoptada por la rama. Pues estamos en el caso de una innovación muy particular que no supone una reducción del valor de la ft (del trabajo necesario para producir sus bienes de consumo) que se mantiene en 4 horas, pues ese aumento limitado de la productividad no ha llegado a afectar sensiblemente a la productividad de los alimentos, vestidos, calzado, vivienda…, cuyas horas de trabajo necesarias para producirse, distribuidas proporcionalmente, sumarían 4 horas diarias, y se seguiría manteniendo ahí. De modo que el tiempo de trabajo necesario (ttn) para equiparar el tiempo de trabajo al equivalente al salario se quedaría en 4 horas. Sin embargo, hemos visto que con esa teorización, en la empresa innovadora el ttn habría descendido temporalmente a 3 horas, modificando la tasa de plusvalía (pasando de 4/4 o 100% a 5/3 o 166%). Pero esto querría decir que a la tasa de plusvalía se la estaría haciendo depender, no de la relación entre tiempo adicional o no pagado y ttn, sino de la ganancia (ganancia y plusvalía de la empresa no son siempre coinciden) a través del precio voluntario al que vendiese que, según la estrategia de mercado, podría ser igual, un poco o muy inferior al de la competencia, y por tanto llegaríamos a un ttn y una tasa de plusvalía variables ¡¿?! (El Capital, Libro I, Sección cuarta. La producción del plusvalor relativo. Capítulo X. Concepto del plusvalor relativo).

Jacques Gouverneur, señala muy bien que Marx implícitamente cambia de criterio en la determinación de la tasa de plusvalía “De acuerdo con la definición inicial, el trabajo necesario [para igualar el valor de la ft] es el tiempo de trabajo durante el cual el asalariado crea una cantidad de valor igual al valor de sus medios de consumo. En la nueva definición, el trabajo necesario pasa a ser el tiempo de trabajo durante el cual el asalariado crea una cantidad de productos que rinde un ingreso neto igual al salario del trabajador.” “En realidad, estas distintas “tasa de plustrabajo” o “tasas de plusvalía” que varían de acuerdo con la productividad del trabajo y el precio de venta, no son otra cosa que las relaciones ganancias/salarios” y no la tasa de plusvalía en sentido estricto que es la relación entre plusvalía/salarios, o bien, tiempo de trabajo adicional no pagado/ttn. (Los fundamentos de la economía capitalista. Una introducción al análisis económico marxista del capitalismo contemporáneo. Apéndice 7).

Entonces hay que ver si, como dicen Ernest Mandel y Jacques Gouverneur, por el contrario, la ganancia extraordinaria se debe a una transferencia de plusvalía desde las empresas con menor productividad en la rama, que pierden así parte de su plusvalía y beneficio. La productividad inferior quiere decir que para producir la mercancía en cuestión necesitan un tiempo de trabajo mayor que el promedio de la rama (o tiempo de trabajo socialmente necesario –ttsn-). No habría ningún aumento de la tasa de plusvalía pues esa innovación en ningún momento (ni antes de generalizarse ni después) ha comportado una reducción del tiempo de trabajo necesario (no confundir con ttsn para el resultado del trabajo) que supone el valor de la ft o salario, por tanto, ni siquiera en la empresa innovadora se ha subido (ni temporalmente) la tasa de plusvalía de 4/4 a 5/3. Lo que tendríamos para justificar el beneficio extra es que las empresas que ahora han quedado tecnológicamente más atrasadas se verían penalizadas por el mercado y toda o parte de su plusvalía iría a parar a la innovadora.

Es el mercado el que lleva a cabo automáticamente la distribución de la plusvalía total entre las empresas: la existencia de un precio uniforme, aplicable a las mercancías de todas las empresas, penaliza a las empresas menos eficientes (en las cuales los altos valores unitarios reflejan un desperdicio relativo de trabajo humano) y beneficia a las más avanzadas (en las cuales los bajos valores unitarios reflejan un uso relativamente económico de trabajo humano)” Jacques Gouverneur “Valor y trabajo productivo. Un enfoque puramente social de conceptos económicos marxistas básicos” [el subrayando es mío, enlace al documento al final]

Este razonamiento es idéntico al de Mandel en lo referente –veremos luego- a una situación diferente, de cómo aparece la tasa de ganancia media entre las diversas ramas de la producción (con desigual desarrollo tecnológico y composición orgánica del capital –coc-), a partir de la transferencia de plusvalía de las más atrasadas a las más avanzadas.

Cito: “Desde el punto de vista social [la rama de menor composición tecnológica, de menor coc, aunque consiga la tasa de ganancia media, expone Mandel en su ejemplo numérico de tres ramas] despilfarra trabajo (exactamente de la misma manera que un tejedor demasiado lento despilfarra trabajo en la producción simple de mercancías).” [subrayado mío, cursivas de Mandel] Pensemos en el tejedor: que consiga vender su mercancía porque sea necesaria y la absorba la demanda, no quiere decir que sea necesario todo el tiempo de trabajo invertido en ella y que por tanto se pague más que el precio común. ¿Pero se puede decir que despilfarra trabajo una rama productiva porque su coc es menor que el promedio? Sigo con la cita “Una parte del trabajo humano que allí se ha consumido ha sido inútilmente consumida desde el punto de vista social, y, por lo tanto, no será recompensada por un equivalente en el cambio” (ambas citas del “Tratado de economía marxista” Mandel, Ediciones ERA –México- 1962, Capítulo V Las contradicciones del capitalismo. Precio de producción y valor de las mercancías; enlace al documento, al final).

Curiosamente, Mandel no abordó el problema de la plusvalía extraordinaria en su famoso Tratado. Lo hizo de pasada y sin mencionarla expresamente (haciendo referencia al texto de Marx donde la trata, por ejemplo) en El capitalismo tardío (1972) Ediciones Era: “dentro de una misma rama industrial […] Las ganancias extraordinarias de las empresas que operan con una productividad del trabajo superior a la media sólo se pueden explicar entonces por una transferencia de valor a expensas de las empresas que operan con una productividad del trabajo inferior a la media.” subrayados míos, es decir, gastan un tiempo de trabajo por encima del tiempo de trabajo socialmente necesario o medio, página 99-100 (en el capítulo III Las tres fuentes principales de ganancias extraordinarias en el desarrollo del capitalismo moderno; enlace al documento, al final). Y por tanto, en una línea muy similar a cómo entendía el resultado de la tasa de ganancia media en todas las ramas de la producción, con su diverso desarrollo tecnológico y uso mayor o menor del trabajo vivo. Es de suponer que si lo considera para toda una rama, aquí también entendiese (como lo hace expresamente Gouverneur) que la empresa con productividad por debajo de la media, estaría, al menos en parte, despilfarrando tiempo de trabajo (considerado socialmente, pues ellos pueden no ser perezosos, sino estar haciendo su tarea a tope, sin un momento de descanso, pero con medios técnicos u organización del trabajo ya obsoletos), lo que sería cierto, pero plantearía el problema de cómo esa plusvalía sin valor real puede ser buena para otra empresa mediante una transferencia de valor, cuando acaba de citar a Marx diciendo que las empresas que dedican un tiempo excesivo a la producción de una mercancía (baja productividad) “no pueden realizar una parte de la plusvalía que en ellas se contiene”, pero ¡no que eso lo pueda aprovechar y realizar otra más productiva por transferencia!.

Ante esto, me pregunto: tratándose de la misma rama, si están penalizadas las empresas que ahora han quedado más atrasadas tecnológicamente (tiempo de trabajo por encima del promedio) y el mercado no debe reconocer esa plusvalía (total o parcialmente) como representante de un trabajo necesario (aunque las mercancías producidas se vendan todas, contienen también un tiempo de trabajo socialmente despilfarrado que no se paga) ¿puede transferirse a la empresa innovadora esa plusvalía no merecedora de reconocimiento social y que no debiera ser recompensada por un equivalente de cambio –dinero-?¿no estaría circulando esa plusvalía como una moneda falsa, que no debe servir ni al primer receptor, ni a sucesivos, a nadie, sino directamente retirarse de la circulación, y si alguien ha sido perjudicado, en todo caso poner una denuncia a la policía perdiendo toda esperanza de que nadie, ni el Estado, ni ninguna entidad bancaria le compense con moneda de curso legal –prueba a ingresar un billete falso en el banco y lo comprobarás-? ¿O por tratarse del medio con el que se ha premiado al innovador, la moneda falsa podrá “lavarse” y considerarse de curso legal? ¿No implicaría la transferencia, que una parte del trabajo social finamente sí se despilfarrará en intercambio de un trabajo innecesario, aunque la beneficiaria no sea ya la que ha caído en eso (la empresa atrasada), sino otra que lo ha hecho mejor (la innovadora)? Pues la innovadora, apoderándose de esa “plusvalía” (o el empresario para su bolsillo) podría pagar con ella a sus proveedores, con lo cual, estos estarían dando mercancías a cambio de un trabajo-“plusvalía” que no debería ser socialmente reconocido. Pensemos en una empresa que ha vendido a otra una mercancía averiada irremediablemente, que supone trabajo socialmente desperdiciado, y claro está no tiene la desvergüenza de reclamarle el pago y tampoco la retira porque supone más gastos y el comprador dice que la convertirá en adorno o directamente él la envía al reciclaje o lo que sea; pero el comprador es un “listo” y pretende venderla a otro, lo hace, y reclama el pago, alegando que él no ha estropeado la mercancía (cierto).

Pensemos (es sólo un símil para exponer la idea de fondo), en el tejedor artesano demasiado lento que tarda tres veces más en hacer una labor y tiene en su rama otros tres tejedores independientes que trabajan por el mismo tiempo y mismo precio ¿debería, de alguna manera, repartirse entre esos tres tejedores el valor de las tres veces que trabaja de más innecesariamente el tejedor lento, o directamente eso no merece reconocimiento ni para él ni para nadie, pues seguiría siendo un despilfarro pues para la masa de los compradores (consideramos el asunto como es, socialmente) supondría el mismo perjuicio pagar esas tres veces extras a un tejedor, que a tres tejedores? Caso de que valiese esa transferencia de “valor” ¿no sería una idea excelente que los tres tejedores se asociasen y financiasen a uno lento para que montase su negocio en su localidad y lo recomendasen a todos pues no les supondría una competencia real, sino al contrario, una fuente adicional de ingresos (por cada pieza que vendiese, esos recibirían el mismo valor que si ellos la hubiesen hecho)? Dentro de esta lógica llegaríamos a la absurda conclusión de que el desarrollo del capitalismo dependería de fomentar la creación de empresas que trabajasen con un tiempo por encima del socialmente necesario, despilfarrando trabajo, pues eso supondría una transferencia de plusvalía extra a las demás. Algo que nunca se le ocurriría plantear a Marx, pues incluso cuando trata el asunto de la tasa media de ganancia, está considerando que en todas las ramas la obtención de la tasa de ganancia media se debe a que trabajan respetando el tiempo de trabajo socialmente necesario (ttsn) de la rama (no hay uno común para todas las ramas pues producen cosas extremadamente diferentes).

El hecho de que una plusvalía no deba ser reconocida como valor intercambiable, no quiere decir que los trabajadores/as no hayan sido explotados pues han trabajado las 8 horas y cobrado por 4 (un supuesto). Es algo parecido a lo que ocurre si haces perfectamente tu trabajo pero la mercancía tiene un defecto de fábrica irremediable (de diseño, etc., no es culpa del obrero) y es devuelta por el cliente; el valor de este trabajo no es reconocible socialmente por el mercado, pero eso no quita que el obrero haya trabajado y sido explotado, y la empresa no puede negarse a abonar el salario alegando que ese trabajo no ha sido reconocido socialmente. Será un trabajo despilfarrado porque supone un gasto de medios de producción y mano de obra que habrán sido pagados por el capitalista, que cargará con la pérdida del despilfarro.

¿No será que la empresa innovadora lograría su ganancia extra de una transferencia de valor desde los compradores (empresas o particulares) que al pagar el mismo precio o incluso uno menor, no verían motivos para sentirse explotados, pues no habría subida del precio corriente, y el precio finalmente bajaría cuando se generalizase la innovación? ¿No es más fácil que ocurra esto en la práctica, pues entre las empresas que producen lo mismo no hay compra-venta que permita que, a través del pago del precio, se dé una transferencia de plusvalía como esa?

b) La transformación de los valores en precios de producción en el proceso de constitución de la tasa de ganancia media para todas las ramas productivas. Según Marx, tenemos con todas las empresas y ramas de la producción con la misma tasa de plusvalía (digamos 4/4 horas, 4 de plusvalía, 4 de trabajo pagado), independientemente de si su composición orgánica de capital (coc: relación entre trabajo acumulado –medios de producción- y vivo) es alta o baja (o sea, grandes inversiones en tecnología y poca mano de obra –alta coc-, o a la inversa –muy baja coc-). Lo que en principio provocaría esto, son tasas de ganancia desiguales (plusvalía /inversión total), pues a menor inversión en trabajo vivo, menos masa de plusvalía extraída. Esto desincentivaría invertir en empresas y ramas de alta coc.

A través del movimiento de las inversiones de una rama a otra en busca de la mayor ganancia y de la ley de la oferta y la demanda, se llegaría al equilibrio de una tasa de ganancia media para todas las ramas, gracias a una transferencia de plusvalía de las empresas de las ramas de coc por debajo del promedio (ejemplo, el textil en una fábrica de Asia con máquinas de coser, etc., atendidas por muchas trabajadoras) a las de coc mayor al promedio (fabricante de máquinas de coser y telares, con mucha inversión en tecnología y mucho menos en mano de obra). Pero entonces nos encontramos con problemas teóricos-matemáticos para demostrar que eso ocurre y cómo se llega desde los precios según el valor y con muy diferente tasa de ganancia, a los precios adaptados a la tasa de ganancia media o precios de producción (mercado). Si esto está efectivamente resuelto o no, si Marx ha sido mal interpretado o no, etc., es objeto de complejos debates, y necesitamos un consenso científico concluyente que se traduzca en manuales y folletos divulgativos que los trabajadores/as puedan entender (que no parezca física cuántica) y que les transmitan seguridad y den confianza (NOTA 2).

O por el contrario, todo se debe a que ya se parte de una diferente tasa de plusvalía (mayor en las ramas de superior coc), que acaba dando lugar a la tasa de ganancia media, como sostiene Felipe Martínez Marzoa (“La filosofía de El Capital” editorial Abada Editores, S.L. 2018), en una línea que recuerda a la de la plusvalía extraordinaria según Marx-Astarita. A esto cabría responder que el valor de la ft (lo que representa el salario corriente en bienes de consumo) es el mismo, y si representa 4 horas y la jornada es de 8, la tasa de plusvalía para todos debe ser del 100% (4/4), sea la rama de alta o baja composición orgánica de capital (coc) con respecto al promedio. Un obrero especialista (especializado en nada en realidad) como el representado por Chaplin en la cadena de producción supermecanizada del film “Tiempos modernos”, necesitaba incluso menos cualificación real que un trabajador agrícola asalariado (conocedor de plantas, animales, variada herramienta y tareas diversas), por lo que no puede atribuírsele tampoco por ahí una mayor tasa de plusvalía, que en todo caso correspondería al agricultor al ganar menos por su menor fuerza en la lucha de clases, y la transferencia de plusvalía de su rama a la industrial.

El hecho de que haya ramas con muy diferente coc, no quiere decir necesariamente que alguna de ellas esté despilfarrando trabajo y por eso no deba ser reconocida toda la plusvalía que en ella se genera (por tanto, tampoco debiera servir para otra, digo yo). El desarrollo capitalista es por naturaleza desigual entre las ramas (incluso entre las empresas de la misma rama) y la inversión en tecnología, el ritmo de avance en la mecanización, no depende tanto de la iniciativa del capitalista (aunque cuente), como de las características de la producción (tareas de tal vez más difícil mecanización), la disposición de capitales para ello, la cantidad de trabajadores/as disponibles que es mejor aprovechar tal cuál a que estén de brazos cruzados (aunque interese tener una parte en paro como reserva y presión a la baja de los salarios), la demanda solvente para las mercancías producidas, las previsiones de rentabilidad… Esto se observa tanto más en el caso de la economía de guerra o de la economía planificada de Capitalismo de Estado donde se imponen criterios por encima del mercado y del interés particular, y por consiguiente, no es de cajón la penalización, por supuestamente despilfarrar el trabajo, a sectores que queden inevitablemente menos avanzados tecnológicamente. Lo importante es que la empresa cumpla con el tiempo de trabajo socialmente necesario o promedio de su rama, pues evidentemente no hay un tiempo promedio común que compare cosas heterogéneas, como el tiempo de trabajo necesario para una silla o para un camión. La transferencia de plusvalía entre ramas no puede ser una penalización por dilapidar trabajo (al contrario de lo que dice Mandel, página 99 de “El capitalismo tardío” si no consigue la tasa de ganancia media, pero también pese a que la consiga, en la cita anterior del Tratado), sino una cesión de derechos sobre la plusvalía para que el capitalismo pueda funcionar equilibradamente y desarrollarse gracias a la existencia de la tasa de ganancia media, entiendo yo, y explicaré.

Si bien en principio el intercambio de mercancías (el dinero es la mercancía universal) debe hacerse entre valores equivalentes, iguales, eso no tiene por qué ser siempre así, ni siquiera la mayor parte del tiempo. Según Marx, Astarita, Mandel y Gouverneur, la tasa de ganancia media es el modo ordinario de funcionamiento del capitalismo de libre competencia (el modelo teórico puro) y supone una transferencia de plusvalía de las ramas de menor coc a las de mayor (con igual tasa de plusvalía). Existiendo una tasa de ganancia media no hace falta establecer ningún medio particular de transacción entre empresas para que se dé la transferencia de plusvalía (el capitalista añade a los costes la tasa de ganancia media por inversión, fija el precio, y ya está), pero a efectos de evidenciar el asunto que me interesa destacar, lo expondré como sigue, pues visibiliza lo que ocurre bajo la superficie. Esa transferencia se daría (es la vía más simple, aunque no imprescindible) en la compra-venta entre empresas de esas diferentes ramas, habiendo por tanto un intercambio desigual.

Siendo la tasa de plusvalía (relación entre trabajo no pagado y pagado) igual para todos, a las empresas de baja coc (poca inversión de capital en medios de producción en relación con mucha inversión en mano de obra), por el valor de lo producido les correspondería en principio una tasa de ganancia elevada (relación entre una gran masa de plusvalía originada en el trabajo no pagado a sus muchos empleados, y la inversión total –medios de producción más trabajo vivo-). Sin embargo venderán a precios por debajo del valor de sus mercancías, por lo que renunciarán a parte de la plusvalía incorporada en ellas, a favor del comprador (pensemos que es una empresa de alta coc) y entonces verán reducida su tasa de ganancia efectiva por culpa de un intercambio desigual de valores. Siendo la tasa de plusvalía igual para todos, las empresas de alta coc, a las que por el valor de lo producido les correspondería en principio una tasa de ganancia baja (poca masa de plusvalía por poca mano de obra y una gran inversión total, sobre todo en maquinaria, etc.), sin embargo venderán a precios por encima del valor de sus mercancías, por lo que se apropiarán de la plusvalía del comprador (pensemos que es una empresa de baja coc) y verán aumentada su tasa de ganancia gracias a un intercambio desigual de valores. Se habría llegado a una tasa de ganancia media para todos, por el movimiento de capitales entre las diversas ramas en busca de la ganancia mayor, y a ley de la oferta y la demanda.

Debido a la tasa de ganancia media nos encontramos con otra situación curiosa. En principio se supone que en equilibrio de oferta y demanda, las mercancías se venden por su valor. Esto es lo que ocurre en una economía de producción simple de mercancías (pensemos en artesanos). Pero en la producción capitalista de mercancías, con la tasa de ganancia media, se cumplirá sólo en las empresas de las ramas con una coc promedio cuyo precio de producción es igual al valor de la mercancía. Pero incluso cuando en la rama de mayor coc no haya una infraoferta de mercancías, ni tampoco una sobreoferta en la rama de menor coc, sus precios de producción estarán respectivamente por encima y por debajo del valor de sus mercancías. De modo que la ley del valor-trabajo se impone para el conjunto, pero distorsionada a través de la ley de la tasa de ganancia media o promedio.

¿Y cómo se llega a eso? Expondré cómo lo veo yo que diverge, en parte, de la explicación tradicional que he leído.

Si en una rama de producción la tasa de ganancia no fuese suficientemente atractiva (ganar al menos como ganan los demás, como la media) pues su coc sería inevitablemente elevada, no habría suficiente inversión y por consiguiente demanda a los proveedores y oferta a los compradores, se desequilibraría la relación entre las distintas ramas de la producción y bloquearía el desarrollo del capitalismo, pues las empresas con una coc más elevada suelen ser también la punta de lanza y motor de ese desarrollo y expansión, y ocupar posiciones estratégicas (energía, siderometalurgia, ferrocarril, armamento…).

Una tasa de ganancia baja en una rama de alta coc impulsaría a “compensarla” con una gran masa de plusvalía a costa de aumentar la producción, lo cual abocaría a la sobreproducción que haría bajar más los precios y causaría problemas y crisis que afectarían también a otras ramas (proveedores sin cobrar, etc.). Por ello, la inversión debe ajustar la oferta a la demanda, y con un precio que permita una tasa de ganancia similar a las demás. Si el capitalismo, aunque absorba la producción, puede negar la remuneración de la parte del tiempo de trabajo que excede a la necesaria socialmente, en una empresa con una productividad inferior a la promedio de la rama, también puede premiar por encima de su valor el tiempo de trabajo necesario, cuando lo es especialmente para el conjunto del capital, como ocurre con las empresas de alta coc que ocupan un papel estratégico y punta de lanza en el desarrollo y expansión del capitalismo.

Esta ley de la tasa de ganancia media funciona de un modo parecido al monopolio. El monopolio no hace una infraoferta de mercancías, pero aun así consigue imponer un precio superior a su valor pues no tiene competencia y se hace imprescindible; de este modo consigue un intercambio desigual. Si las ramas de menor coc quieren tener como proveedor o comprador a las de mayor coc e impulsar su desarrollo (proveerse de medios de producción más eficientes…) tendrán que transferirlas plusvalía, pues la producción en esas ramas no sería atractiva para la inversión si tuviesen que limitar su tasa de ganancia a su propia plusvalía y, por tanto, menor que el resto de las ramas. Esto no es algo plenamente consciente, pero se impone en el movimiento de los capitales: “hasta que no se me reconozca un precio que me permita una tasa de ganancia como la de los demás, no invierto más en esta rama”. Esto es acorde con cómo calcula el capitalista, pues no suma los valores (capital constante + salarios + plusvalía) y menos la transferencia que necesita, sino que a sus costes añade un porcentaje de ganancia sobre la inversión que supone le permitirá alcanzar un precio aceptable para el mercado.

Entiendo que debe diferenciarse lo que ocurre en el caso de una rama con la plusvalía extraordinaria y lo que ocurre en la relación entre todas las ramas con la tasa media de ganancia. Dentro de una rama, las empresas que necesitan un tiempo de trabajo por encima del promedio (no cumple con el tiempo de trabajo socialmente necesario –ttsn-), despilfarran trabajo y por eso, esa plusvalía de tiempo socialmente superfluo no es un valor-trabajo real que deba reconocerse ni para esa empresa ni a favor de otra con un tiempo de trabajo por debajo del promedio, luego no cabe esa transferencia de plusvalía dentro de la rama. En el caso de la relación entre todas las ramas y la tasa de ganancia media, las ramas cuya coc sea inferior a la promedio, transfieren parte de su plusvalía a las ramas de alta coc, hasta llegar todas a la tasa media de ganancia.

Así que estamos viendo que el intercambio desigual de valores no es la excepción, y si no la regla, sí la normalidad del funcionamiento del capitalismo, pues no se rige por la venta según el valor real, sino según la tasa de ganancia media. Y sin embargo, Marx quiere respetar el mito del intercambio igual de valores cuando ya desde el principio sabía de los precios de producción y la tasa de ganancia media (sus estudios y borradores para El Capital, y correspondencia con Engels). Aunque eso pueda tener una justificación metodológica (de lo más abstracto a lo más concreto, del volumen I al III de El Capital), la teoría de la fuerza de trabajo como mercancía real que se intercambia por su equivalente (el salario) se mantiene hasta el final.

La desigualdad en el intercambio de valores se dará sobre todo si hay una relación de poder desigual, como ocurre cuando existe monopolio u oligopolio en una rama (lo explica Jacques Gouverneur) con los proveedores o los compradores (empresas o particulares), y TAMBIÉN, y esto es una clara revisión de la teoría, en la relación entre capitalista (empleador) y trabajador/a (lo mantengo yo). Pues la condición del capital frente al trabajador/a es también de monopolio, pero de los medios de producción, y por eso puede imponer un intercambio desigual, entre el trabajo que aporta el productor/a y el salario, que no corresponde a todo su valor, apropiándose el capital de la diferencia en forma de plusvalía que se transformará en ganancia, para la acumulación de capital y/o su gasto personal.

III.- SE VENDE el TRABAJO y NO la FUERZA de TRABAJO. Revisando a Marx y Engels por la izquierda

Mantengo que lo que el trabajador/a vende es directamente su trabajo (bajo condiciones de intercambio desigual con el salario) y no su fuerza de trabajo (bajo condiciones de intercambio igual con el salario), siendo lo último lo que dice Marx. Si lo que vendiese no fuese su trabajo (una actividad), sino verdaderamente su fuerza de trabajo (ft o capacidad de trabajo) como mercancía real y ésta pasase durante el proceso productivo al dominio (siquiera temporal) del empresario para su uso (como dice Marx, recurriendo, para subrayar el dominio con la compra, al símil de la venta del aceite) sería imposible (salvo riesgo de accidente laboral o problema de salud) que el trabajador/a cesase, por su cuenta, su actividad durante el proceso productivo (en plena jornada laboral, mientras está en su puesto de trabajo, laborando) y las huelgas sólo podrían declararse previamente a ponerse a trabajar. Que ahora habitualmente ocurra de esta manera no es inevitable, pues se trata de la práctica sindical de las huelgas con previo aviso, etc., pero otra cosa son las huelgas “salvajes” como las conocidas durante las décadas de los 60 y 70 sobre todo, con métodos de lucha como que, sin previo aviso, un grupo de trabajadores/as dejasen de producir y pasasen de una sección a otra de la empresa llamando a la huelga y paralizando la producción ya iniciada en todo el centro de trabajo. En este caso se evidencia que el trabajador/a no pierde, ni en el momento de la producción, parte al menos del dominio sobre su ft, y el dominio es parte esencial en la venta o alquiler de una mercancía.

Y esto es factible porque, aunque sea algo identificable (cualificación profesional, habilidades…), es imposible diferenciar y separar claramente el ejercicio de la capacidad de trabajo (ft) del resto de las capacidades físicas y mentales del trabajador/a y de la totalidad de su persona, pues las mismas zonas del cerebro, los mismos circuitos neuronales, sentidos, órganos y miembros del cuerpo, sirven para trabajar o para algo muy distinto o contrario al trabajo o la preparación para él. No hay ninguna parte de nuestro cerebro, ni de nuestros sentidos, ni órganos, ni miembros, que sea específica e independiente para el trabajo, de modo que su estado o agotamiento no afecte al resto de la persona. Cuando tras una dura jornada laboral, el trabajador/a se retira, puede estar tan casando, que ya no tenga ganas de más que de meterse en la cama, y tampoco para tener sexo. Así que el consumo de su fuerza de trabajo ha afectado al resto de sus capacidades; no puede decir “he agotado mi capacidad de trabajo pero puedo hacer otro montón de cosas sin el menor problema, hasta que también se agoten las energías del día”. En caso de accidente o enfermedad laboral, puede afectar de por vida, no sólo a su capacidad de trabajar sino a su salud general e incluso provocarle la muerte.

Pero la imposibilidad de separar la capacidad de trabajo del resto de facultades no sólo tiene estas repercusiones (cansancio, enfermedad, muerte), sino que el salario también repercute en muchísimo más que la fuerza de trabajo, y en ella misma pero de un modo que puede ser contraproducente para el capitalismo.

El salario tampoco se limita a la reposición de la supuesta ft, pues el salario no sirve sólo para reproducir la ft, sino que cubre todas las necesidades del cerebro, sentidos, órganos y miembros del trabajador/a, que intervienen en muchas más facetas de la vida que las que tienen alguna relación con el trabajo o la reproducción biológica de la ft (descendencia), cubre las necesidades del trabajador/a durante períodos (vacaciones) e incluyo durante muchos años en los que ya no resulta útil como fuerza de trabajo (pensión de jubilación). Y el salario permite desarrollar capacidades que pueden volverse contra el proceso productivo mismo, cuando supuestamente el salario serviría a la ft que estaría bajo el dominio del capitalista, como cualquier medio de producción (el aceite, dice Marx). Dicho gráficamente, el salario aporta el dinero con el que el trabajador paga también la publicación que le invita a la huelga y a autoorganizarse, la cuota para la caja de resistencia sindical, o el libro que le habla del comunismo, o la cuota mensual de su organización revolucionaria, o nutre el cerebro que le permite trabajar pero también decidirse a luchar por sus objetivos opuestos radicalmente al capital, del modo más inteligente, o alimenta los brazos para producir pero también enfrentarse a los matones de la empresa y la policía, o empuñar un arma en la insurrección revolucionaria que su salario ha ayudado a financiar.

Esto demuestra que el salario, por su capacidad de compra, expresa el aumento del nivel de vida por el desarrollo de las fuerzas productivas, por tanto, lo que socialmente se considera necesario en ese momento para la reproducción de la capacidad de trabajo en particular, y también por la necesidad de vender de las empresas capitalistas para realizar la plusvalía encerrada en sus mercancías. Pero por eso mismo y sobre todo por otras cosas que permite pagar, expresa mucho más claramente la correlación de fuerzas entre las clases, de lo que es un claro reflejo los derechos y libertades (expresión, asociación…) que permite financiar el salario, aunque se opongan a la venta (o al menos las condiciones de venta) de la ft al capital. ¿Pero no dice la teoría que el salario es el pago por la reproducción de la ft y a eso inevitablemente debería estar destinado?

Si nos limitamos a decir que el salario paga parcialmente el trabajo mercancía (no la ftmr) y punto, y que el trabajador/a hace con el salario lo que puede y/o quiere, para satisfacer sus necesidades, mantener y desarrollar sus capacidades (entre ellas, las que le permiten seguir trabajando para el capital, pero también las que le permitirían dejar de trabajar para él), no nos encontraremos con las incoherencias de la teoría de la ftmr comentadas.

Por estas razones se puede concluir, en contra de lo que dicen Marx y Engels, que lo que se vende es el trabajo mismo mediante un intercambio desigual. Marx mismo dice que el trabajo vivono la ft en sí, sino su valor de uso que no es otra cosa que trabajo– crea un valor, superior al de la ft, y que la ft, a diferencia de los medios de producción, no transfiere su valor a la mercancía producida, sino que es el trabajo vivo generado por la ft, el que crea valor, superior a aquél con el que se le paga (salario). No ocurre (decimos Marx y yo) que la ft transfiera su valor (por ejemplo, en una jornada de 8 horas, 4 horas del valor de la ft, lo que costaría reproducirla, como una máquina o materia prima) y, aparte y además, el trabajo propiamente transmita el valor extra, del tiempo no pagado (plusvalía, las otras 4 horas). Lo que la máquina o materia prima pasa al producto final es valor pasado (lo que costó producirla), pero el trabajo vivo crea valor nuevo, in situ. La ft es también trabajo y valor pasado, pero no se transfiere. Su actuación (en realidad de un conjunto de capacidades de imposible reducción a una ft cuyo dominio pudiese transmitirse como mercancía separada, siquiera temporalmente) es creación de trabajo vivo nuevo, valor nuevo.

Marx dice que el valor de uso de la fuerza de trabajo (o capacidad de trabajo) no es otra cosa que el trabajo mismo. También que el tiempo de trabajo se divide en tiempo de trabajo pagado (el que corresponde al tiempo que cuesta producir sus bienes de consumo obtenidos con el salario) y el tiempo de trabajo no pagado (el que corresponde a la plusvalía, de la que se apropia el capitalista). Luego aquí está reconociendo al tiempo de trabajo un valor, evidente de uso, y también de cambio (salario y ganancia). Por tanto, el valor de cambio no se limitaría, por un lado, a la ft y, por otro, al producto final del trabajo al que se pone precio. La actividad laboral tiene valor de uso evidente y también valor de cambio, sólo que éste no es todo para el mismo vendedor, pues el trabajador/a cobra sólo una parte en forma de salario, y el capitalista al final recupera el resto (la plusvalía) en forma de beneficio para sí (aparte del capital invertido en salario). Y si hay valor de uso y de cambio, quiere decir que tenemos una mercancía, independientemente de cómo se realice su valor de cambio; luego el trabajo es la mercancía que se vende, sin necesidad de inventarse una nueva como ft.

El intercambio desigual en el terreno de la circulación significa que uno vende por encima o compra por debajo de su valor, pero entonces otro habrá perdido con esa operación, y aunque alguno consiguiese ganancia sería por la transferencia de un valor viejo, no por la creación de un valor nuevo; y si cundiese el mal ejemplo tendríamos una escalada de precios, pero la economía en general no habría ganado ninguna riqueza real nueva, pues no habría habido producción de valor nuevo, y puede que muchos perdiesen por un lado lo que habrían ganado por otro.

Pero podría encontrarse la solución al intercambio desigual, pues pudiera ser una clase que vendiese por debajo de su valor la creación de nuevo valor y la clase compradora pudiese venderlo por su verdadero valor.

Tendríamos esta clase capitalista y la clase trabajadora que, siendo a la vez vendedora y compradora de los capitalistas, no puede aplicarles a ellos también el intercambio desigual, sea a cuenta de venderles por encima o de comprarles por debajo del valor, y lo que vende es precisamente la creación de un valor nuevo. Debido a la desigualdad de fuerzas entre ambas clases, una sí puede aplicarle impunemente a otra el intercambio desigual. Lo más importante es que no se trata de una trasferencia y nueva distribución de valor ya viejo, sino de intercambio desigual de valor nuevo. Aunque el intercambio desigual se manifiesta en el terreno de la circulación (salario), se genera en el terreno de la producción de un valor nuevo.

La ft no sería más que un potencial, inseparable del resto de las capacidades humanas, por tanto, en vez de decir que es la ft la que genera el trabajo vivo, basta decir que son las capacidades del trabajador/a las que generan esa actividad que es el trabajo vivo. El trabajador/a no vendería ni la capacidad ft (vemos que el capitalista no tiene su dominio durante el contrato, sino un control frágil) ni todas sus capacidades (sería un esclavo total), sino sólo una actividad, el trabajo y sus resultados. Pues además, lo que crea el valor es la actividad, el trabajo efectivo. Es todo el tiempo de trabajo (el de las 8 horas) el que se carga de valor, su medida es el tiempo socialmente necesario y por él es comparable a otros trabajos

Así, digo yo, a la mercancía actividad trabajo (trabajo en acción, no ft) le da su valor el propio proceso productivo en el que existe (no el proceso de producción de la fuerza de trabajo), el acto de trabajar mismo. No hay ninguna dificultad insuperable para calcular su valor, pues una vez sabemos cómo será éste, se podría fijar previamente el valor de la mercancía trabajo (por el tiempo en el que está a disposición del empleador) que sin embargo sólo será pagado en parte por el capitalista, siendo la plusvalía el resto del que se apropia. El trabajo vivo es una actividad creadora de valor y la actividad misma adquiere valor. Da lo mismo que ese valor se transmita y transforme en un objeto exterior a la actividad en sí, en forma de producto, de mercancía que se venderá en el mercado (un zapato, una silla), o que no lo haga y sea la actividad misma la que se cargue de valor y constituya la mercancía definitiva (el masaje, con sus manos, de un fisioterapia cualificado en una persona con serios problemas esquelético-musculares). La prueba está en que en una relación sin explotación podría reconocerse plenamente y pagarse del todo el trabajo, tanto si se manifiesta en forma de objeto exterior como si no; el trabajo de un artesano carpintero en el que no entra en consideración su ft, sino el trabajo realizado.

Por ello es un error lo que dice Engels (El Anti-Dühring, Segunda parte, VI Trabajo simple y trabajo compuesto; Tercera parte, IV La repartición) de que el trabajo mismo no puede tener valor, pues el valor sólo sería una cualidad de las mercancías que son fruto del trabajo, y por tanto, en cuanto al valor, sólo se podría hablar, bien de la ft creada por el trabajo que hay detrás de los alimentos, ropa, vivienda, educación, etc., que es lo que le daría su valor, o bien del resultado final del proceso productivo (una silla, por ejemplo). Vuelvo contra Engels su argumentación: el trabajo en abstracto ¡claro que no tiene valor!, como la pesatez o cualidad de pesar no tiene peso específico, o como el calor no tiene una temperatura determinada, pero el trabajo concreto (8 horas…) sí lo tiene, como los 4 kilogramos son una “pesantez” concreta, y los 35 grados son una temperatura ya calurosa. Y si la medida del peso son los gramos, la de la temperatura los grados, la del trabajo es el tiempo (ahí tiene razón Engels, criticando quienes pretendan utilizar como referencia un producto en concreto, práctica del pasado), y por eso es perfectamente comparable el valor de un trabajo con el de otro, mediante el tiempo de trabajo socialmente necesario o promedio (sin necesidad de recurrir a la ft, o esperar al valor de la mercancía final terminada –incluye el trabajo pasado de los medios de producción, y tal vez tareas posteriores-). Si resulta que según el propio marxismo, la ft no transfiere su valor a la mercancía, sino que es la actividad laboral la que crea y aporta el valor (por tanto, ella misma se carga-descarga de valor en su actuar mismo), sólo genera confusión introducir ese intermediario “fuerza de trabajo mercancía” adjudicándole la capacidad extraordinaria de transmitir un valor superior al necesario para crearla (a diferencia de la amortización de una máquina, etc.), cuando además la capacidad de trabajar, aunque identificable, es inseparable del resto de capacidades a las que también sirven los alimentos, el techo, alfabetización, etc., que paga el salario, y el capitalista no tiene ni el dominio temporal de ella (huelga parando la producción…).

¿Y por qué Marx, pese a su enorme talento, se lía la manta a la cabeza de esta manera tan alambicada? Pues, entiendo yo, por empeñarse en construir su teoría queriendo conservar el principio del intercambio de valores iguales (un mito muy querido por el derecho burgués para aparentar que no hay expolio, pero constantemente violado en la relación de clases y alterado en las relaciones entre empresas –véase la plusvalía extraordinaria o la tasa de ganancia media-). Esto le lleva a inventar la mercancía fuerza de trabajo, pues el capitalismo tiende a pagar al trabajador/a lo suficiente para que le pueda seguir produciendo (lo que entiende Marx como la reproducción de la ft), y no que lleve una vida buena, aunque el capital también necesita de compradores-consumidores humanos, y por tanto de una capacidad de compra de la clase trabajadora, siempre que no ponga en peligro un beneficio que sea suficiente para motivarla a invertir su capital.

Como Marx mantenía que entre la venta de la ft y el salario había un intercambio de valores equivalentes, decía que el trabajador/a no puede quejarse de estafa en el pago del salario (más tarde cito) y entonces tenía que remitirse al valor del trabajo producido, donde sí estaría la explotación, pues no se le habría pagado por el trabajo, sino por la ft, y sin embargo cae en la contradicción al mantener –insiste Engels- que ¡el trabajo no tendría valor; sólo lo habría antes de él (en la ft) y después (en las mercancías producidas)!. No es tan difícil comprender que vende su trabajo, cuya existencia misma genera valor, que no se le paga por todo su valor, pues hay un intercambio desigual posible por la desigual posición de poder y fuerza entre comprador y vendedor del trabajo, entre clases, los primeros privados del acceso a los medios de producción, y los segundos asegurándoselo por todos los medios, violentos o no, lo que viene a ser un monopolio social.

Una complicación innecesaria cuando la convención social es que se compra el trabajo (no la ft); cuando si el trabajo es la actividad que se carga de valor y lo transmite a lo producido, se le puede otorgar un valor (medido en tiempo) por el que podría venderse (otra cosa es si se le paga con un valor equivalente o no). Y además la venta de la ft no se corresponde con la realidad pues por parte del capital no sólo debe devolver al trabajador/a la ft al final de su uso para que se recupere (sea una hora, varias o la jornada completa, o al final del contrato) pues no es su esclavo, sino que mientras está a su servicio no hay dominio (sólo control férreo por frágil) de la ft, y lo único que realmente domina el capitalista es el resultado del trabajo (lo que ya está hecho).

Supuesta mercancía comprada que pasaría a su dominio durante el tiempo de trabajo, como el aceite, según Marx. El valor de cambio es el precio, y el valor de uso, su utilidad; como una silla tiene su valor de cambio o precio y su valor de uso, que es poder sentarse en ella. Puede venderse el dominio del valor de uso (la silla misma que, si se quiere, puede revenderse a otro), o sólo el derecho de uso del valor de uso de la silla, esto es, mediante alquiler, sin vender la silla misma, que deberá devolverse al término del tiempo del contrato; pero no puede venderse el alquiler del aceite, pues su uso supone su consumo total y desaparición, así que transmitir el valor de uso del aceite es transmitir el dominio total de la cosa misma. Viene esto a cuento porque Marx nunca habla del alquiler de la ft, siempre de la venta, tal vez porque el trabajo (pero también la necesidad de dormir) agota, consume (siquiera temporalmente) la capacidad de trabajar, y necesita reponerse (aunque no totalmente pues al final de la jornada persisten los conocimientos y habilidades, incluso aunque deban actualizarse). Pero aunque dijese que se alquila la ft, estaríamos en las mismas en cuanto a transmisión del valor (no lo hace el valor de la ft; menos si ni siquiera la ha comprado, sino alquilado) o creación del valor (la actividad del trabajo mismo lo crea y transmite el resultado, no el mero potencial de la ft), y el capitalista no tendría dominio ni siquiera sobre el derecho de uso, sino control, pues lo primero puede desmentirlo la huelga, lo que no puede hacer el alquilador de la silla o el vendedor del aceite. La ft sigue formando parte del trabajador/a (inseparable de otras muchas capacidades y de la persona misma); el aceite o la silla, son algo totalmente externo y diferente de su vendedor.

El capitalista sólo tiene dominio real sobre sus medios de producción y lo que ya haya usado, del trabajo del que ya se haya aprovechado, no de lo que todavía está por realizar, pues por mucho que haya “comprado” o “alquilado” la ft, nunca tendrá la garantía al 100% de poder aprovecharla. Precisamente por eso también (no sólo por aprovecharse de una especie de crédito gratuito en forma de trabajo, al adelantarse la prestación al pago –incluso por un mes-, como dice Marx), el capitalista nunca paga en el momento del contrato, sino al final de un tiempo, después de haberse asegurado que ha exprimido al trabajador/a de cuya ft sabe que nunca tendrá el dominio real (ni siquiera temporal), sólo el control. Control frágil pues puede declararse en huelga en pleno proceso productivo. Precisamente porque no tiene asegurado el dominio de la ft ni cuando está a sus órdenes es por lo que durante doscientos años ha ido desarrollando diversos sistemas de control, disciplina, prohibiciones y castigos contra el trabajador/a. Nada de eso necesita con las otras mercancías compradas: maquinaria, energía, materias primas…, pues la compra la da su total dominio.

Si lo que se vendiese fuese la ft, lo lógico sería pagarla en el momento de firmar el contrato (al menos una parte) pues debiera pasar al dominio real del capitalista (como el aceite, dice Marx). Pero si lo que se vende es la actividad-mercancía-trabajo, tiene sentido que se pague cuando se ha terminado la actividad, el trabajo comprometido, pues el dominio de la capacidad de trabajo lo siguen teniendo el trabajador/a.

El capitalismo no se rige por el precio de la fuerza de trabajo, por la extracción de la plusvalía, sino por su realización, es decir, necesita sobre todo asegurar la venta de las mercancías para recuperar la inversión y añadir la ganancia, o de nada servirá explotar el trabajo. De ahí que incluso lo que sería el valor de la ft varía históricamente, no sólo por las condiciones naturales (es más fácil la vida humana en la zona tropical que cerca de los polos), sino dependiendo del desarrollo de las fuerzas productivas, de la necesidad de vender (con beneficio), de las costumbres sociales, de la oferta y la demanda de trabajo, y también de la lucha de clases, de la correlación de fuerzas entre las clases. Por tanto, el valor de la ft depende de demasiados factores y variables, es un tanto impreciso. Es más claro y sencillo entender el trabajo como mercancía, no pagada íntegramente por su valor, en un intercambio desigual que depende de los factores comentados, y en particular de la lucha de clases.

La supuesta reproducción de la ft no puede explicar lo que sólo puede hacerlo la lucha de clases en sentido amplio, con su influencia en los valores sociales y morales.

Basta fijarse en el número de días no laborales pagados (festivos y vacaciones), y se pueden observar diferencias muy importantes en sociedades muy similares como Japón, los EEUU y algunos países europeos, como Italia. Y no es necesariamente en los países más ricos donde los trabajadores/as tienen más días no laborales pagados. ¿Tiene esto que ver estrictamente con lo necesario para el mantenimiento y reproducción de la capacidad de trabajo, o más bien con algo más general como el conjunto de las capacidades y necesidades humanas, sus posibilidades de satisfacción por el desarrollo económico, que haya sectores del capital que obtienen su beneficio gracias al consumo en las vacaciones –turismo- y la fuerza de la lucha de la clase trabajadora? Claro que en tiempos de Marx, cuando el tiempo de “vacaciones” era el tiempo en que estabas en paro y sin cobrar el seguro de desempleo, era distinto y por tanto, encajaba más la teoría de la ftmr.

Algo mucho más importante ocurre con la pensión de jubilación cuando la esperanza de vida se ha prolongado mucho más allá de la edad de jubilarse (hasta dos décadas o algo más, o incluso tres si pensamos en las prejubilaciones de la banca, por ejemplo). Extraña mercancía ésta, la ft, que impondría un valor de mantenimiento-reproducción incluso durante muchos años después de haber dejado de ser útil para el trabajo o para reproducirse biológicamente, y además por un tiempo indeterminado, variable, aunque se pueda fijar más o menos la esperanza de vida una vez llegados a esa edad (basta mirar de vez en cuando las esquelas en la prensa). También querría decir que muchos jubilados, habiendo hecho el mismo trabajo, vendieron su ft por un precio muy diferente (a plazos, pero sin final definido), acabando por cobrar unos mucho más que otros que hubiesen fallecido al poco de jubilarse (¡dos décadas de diferencia!). No vale alegar que eso se justifica porque los abuelos siguen contribuyendo a la reproducción de la fuerza de trabajo si cuidan de los nietos (pocos o ninguno), pues a edad muy avanzada ya no se necesitan para eso o no pueden cuidar de nadie sino que son ellos los que necesitan de muchos cuidados (a veces costosos). Más barato le saldría al capital que nos muriésemos mucho antes y que los niños estuviesen en guarderías-aparcamiento.

No niega esta evidencia el hecho de que ahora la burguesía quiera cambiar la situación, reduciendo el gasto en pensiones (retraso de la edad de jubilación, recorte de la cuantía de la pensión, no actualizarla con el coste de la vida…) y también en sanidad pública, así los ancianos fallecerían antes y dejarían de cobrar la pensión; recordemos las brutales declaraciones de la señora Lagarde, presidenta del FMI, viniendo a decir que el problema es que los viejos viven demasiado. Reconozco que hace sólo 40 años no se daba esta situación, sobre todo para los trabajadores varones, pues era muy corriente que falleciesen al poco de jubilarse; y todavía menos en tiempos de Marx, por lo que el salario se ajustaba más al tiempo en que se podía trabajar. Pero entender la actual jubilación como parte del precio de la ft supone un problema teórico insalvable que se suma a los otros ya mencionados que cuestionan a la ft como la mercancía que se vendería a cambio del salario, y con un intercambio de valores iguales, pues en todo caso, el actual tiempo de pensión más bien apuntaría a lo contrario, ya que con el añadido del salario diferido (la pensión) habría un intercambio desigual a favor ¡de la ft!, o sea, que con el salario diferido el capital pagaría la ft más de lo que vale pues no la puede aprovechar durante quizás dos décadas. Un marxista aferrado a la ortodoxia tal vez podría argumentar que en este caso la ft se ha vendido por un precio superior a su valor (parecido a cuando una infraoferta o superdemanda de una mercancía permite poner su valor de cambio –precio- por encima del que correspondería a su valor-trabajo en condiciones de equilibrio de oferta y demanda), pero dos décadas de salario diferido es excesivo por demás. Y no valdría tampoco que alegase que el sobreprecio de la ft es debido a la presión de la correlación de fuerzas en la lucha de clases favorable a los trabajadores/as, pues entonces estaría integrando en el valor de la ft un factor de un peso enorme que tiene poco que ver (según la teoría de la ftmr) con el valor del trabajo que cuesta producir la ft (la explicación central que debe tener, digamos, el 90% del peso del concepto ortodoxo, o sería un concepto sin rigor). Pues no estamos hablando de que la lucha en un momento de importante crecimiento económico y con muy poco desempleo, ha conseguido presionar a una empresa y arrancar una buena subida de salarios, lo que todavía podría encajar en el 10% de peso social en el valor de la ft (si no hubiese otras objeciones a la teoría de la ftmr).

Decir que el capital paga la preparación de la ft y la ft (correcto hasta aquí) y además dos décadas de vida post-ft, echa abajo la teoría por mucho que queramos parchearla y aunque el mensaje de fondo (la explotación del trabajo) siga siendo válido. Sin embargo, sin necesidad de recurrir a ningún malabarismo teórico, ni alambicados argumentos, ni empeñarse en salvar lo que no debe salvarse por las muchas razones ya mencionadas, la pensión de jubilación encaja sencilla y perfectamente en la teoría de que lo que se vende es el trabajo en un intercambio desigual con el salario (directo, indirecto y diferido), pues en el balance final (pese a las vacaciones, las pensiones, el seguro de enfermedad y de desempleo, etc.), la burguesía sigue obteniendo su plusvalía, evidenciada en sus ganancias.

Si pensamos en la venta del trabajo, esto nos da una doble ventaja a la hora de comprender todo lo que se puede conseguir. Para su precio, no existe un límite superior que esté en el valor de la supuesta ftmr (lo que cuesta producirla); puede superarlo. El límite superior para el peso que pueda tener la lucha de la clase trabajadora en la mejora del precio del trabajo está en que permita una ganancia suficientemente atractiva como para que se invierta capital. El límite inferior está en que pueda volver a trabajar y reproducirse biológicamente, y que su bajo consumo no impida la marcha regular del capitalismo, al menos hasta su siguiente crisis.

La teoría de la venta del trabajo y no de la ft, en un intercambio desigual a favor del capital, como hemos ido viendo, permite explicar todo lo que sin embargo chirría en la teoría de la ft, y además forma parte de la tendencia del capitalismo a funcionar, al menos en parte, en base al intercambio desigual, como demuestra la tasa media de ganancia.

No hacía falta tanto respeto por parte de Marx al mito del intercambio de equivalentes (propio del mercado en la producción simple de mercancías, precapitalista), cuando el origen del capital tampoco está en la esforzada acumulación por ahorro del fruto del trabajo y en el intercambio de valores iguales (una continuidad con la ley del valor), sino en el intercambio desigual (extremo: cuentas de vidrio a cambio del oro de los nativos) y el puro expolio violento de la acumulación originaria del capital y la privación a los trabajadores/as del dominio de los medios de producción, que tan bien describió y denunció Marx en El Capital libro I, capítulo XXIV, La llamada acumulación originaria; y XXV La teoría de la moderna colonización.

Marx no tenía obligación ninguna de atenerse a que el salario debía corresponder forzosamente a la compra de una mercancía de igual valor, pues la ley del valor no es una ley natural, como en la física la gravedad, sino una convención social humana y por tanto, se la puede vulnerar, como de hecho ocurre. Pero en cuanto al trabajo se aferra a que en el mundo real se aplican “las leyes eternas del cambio de mercancías”, cuando el mercado capitalista es muy diferente del mercado ideal. Y no tenía necesidad de hacerlo, pues cuando desarrollo la teoría de la ft-mercancía, ya sabía cómo había sido la acumulación originaria (todo lo contrario al respeto de la ley del valor, intercambio de valores equivalentes y al ahorro para proceder a la acumulación), pues lo analizaba en el mismo Libro I de El Capital; también sabía del tratamiento desigual de los precios de producción con respecto al valor-trabajo de la mercancía (con el consiguiente intercambio desigual de valores), pues ya tenía elaborado el manuscrito de esa parte de los precios de su Libro III cuando publicó el I. Ver al respecto Carlos Fernández Liria y Luis Alegre Zahonero en su libro “El orden de El capital, (editorial Akal, 2010), las páginas 86 y 470-1 (10.3 El paso de los valores mercantiles a los precios de producción).

El propio Marx ya en una fecha tan temprana como 1849, publicó sus primeras reflexiones sobre el tema de la plusvalía en una serie de artículos que darían lugar al breve folleto divulgativo titulado “Trabajo asalariado y capital”. Ahí, Marx defendía que el trabajador/a vende su trabajo por un salario, pero que no se le paga por el valor de todo su trabajo. No que vende su fuerza de trabajo por un precio justo para esa mercancía (salario), pero que el valor de uso de esa mercancía ft generaba un valor superior al que le correspondía por ser producida (única mercancía con ese poder). Que yo sepa no se puede leer el texto original de 1849, pues Engels lo reeditó ya fallecido Marx con las modificaciones referentes a la ft, y por tanto no conozco exactamente como se expresó Marx. Pero me reclamo de este Marx menos sofisticado “científicamente” (apuntarse a la categorización de la ft como mercancía), pero más acertado en el fondo.

Esta concepción de la plusvalía como resultado de un intercambio desigual, al echar abajo el mito del intercambio igual de valores, hace más cruda y clara la denuncia de la explotación del trabajo que la complicada teoría del precio justo por la ft pero explotación de su valor de uso, el trabajo, y evita los numerosos problemas teóricos y prácticos que provoca, como hemos visto. Tampoco da pie a sus consecuencias sindicales y políticas. Pues no hay precio justo de ninguna de las maneras. No hay salario justo ni por el trabajo ni por la ft, pues ésta no se vende. No hay base para el sindicalismo del “salario justo” en ningún sentido, ni para el reformismo de la “redistribución solidaria de las ganancias legítimamente obtenidas”, pues estamos hablando de expolio y restauración (o expropiación de los expropiadores, como decía Marx).

Llegué a estas conclusiones por mi cuenta y me sentí reforzada por el reconocimiento, atípico, por parte de Jacques Gouverneur, de la gran presencia del intercambio desigual (“Los fundamentos de la economía capitalista”, al final aporto enlaces), y las objeciones que pone a la consideración de la fuerza de trabajo como mercancía real (“Valor y trabajo productivo. Un enfoque puramente social de conceptos económicos marxistas básicos”, pag. 33ss, al final aporto enlace).

Habiendo dejado claro todo lo anterior, para evitar posibles equívocos, debo subrayar lo que la teoría del intercambio desigual no dice: que la liberación del trabajo pase porque deba retribuirse por un equivalente igual.

Todas las sociedades humanas (incluida la capitalista) necesitan ahorrar una parte del fruto de su esfuerzo para poder volver a producir (por ejemplo, no se consume todo el grano obtenido, se guarda una parte para poder plantarlo y obtener otra cosecha) y cubrir contingencias futuras (guardar una parte de la cosecha, no sea que la próxima sea muy mala y pasemos hambre…) o destinar esfuerzo para satisfacer necesidades colectivas (canalizar el agua para el riego, levantar puentes sobre los ríos, fabricar armas y mantener soldados para defenderse de saqueadores o invasores extranjeros, levantar templos dedicados a nuestros dioses protectores…).

En la civilización de los trabajadores/as libremente asociados (socialismo-comunismo), ocurrirá algo parecido (no igual), pasando parte de la nueva riqueza producida a un fondo común, en lugar de ser consumida individualmente. Esto se traducirá, por ejemplo, en que todas las horas de trabajo no se podrán cambiar por iguales horas de bienes de consumo personal. No se producirán bienes de consumo personal por todo ese tiempo-persona. Parte del tiempo del trabajo social irá destinado a producir medios de producción, infraestructuras para la comunidad, reparar los daños producidos por el capitalismo en el medio ambiente, mantener y cuidar a los que no pueden trabajar (niños, estudiantes, enfermos, ancianos), etc. y no será retribuido en forma de bienes de consumo personales.

La cuestión es si la producción social, la cuantía y la gestión del plusproducto (lo producido más allá del consumo imprescindible para mantener a los productores/as), es fijado y está dirigido por la “mano invisible” del mercado, la búsqueda de la plusvalía-ganancia, gestionado por una clase capitalista que, según su criterio y la previsión de beneficio, invierte parte del plusproducto (en forma de la ganancia previamente obtenida) en producciones que no son necesarias para la inmensa mayoría de la gente (marcadas por la obsolescencia programada, alimentos procesados provocadores de adicciones alimentarias y problemas de salud, infraestructuras innecesarias pero que dan beneficios a los constructores contratados, carrera armamentista, despilfarro de recursos naturales…), y se apropia de una parte del plusproducto para su propio consumo privilegiado (la clase capitalista y todos los servidores –estatales, etc.- que giran en su órbita); o por el contrario, el plusproducto es establecido y gestionado por la colectividad trabajadora a través de sus decisiones conscientes, buscando siempre una vida mejor y sostenible en su relación con la Naturaleza, y no el beneficio monetario ni los privilegios para ninguna clase, a costa de las demás, su explotación, opresión y muerte (represión, guerras…). En este sentido todo trabajador/a, como miembro de una comunidad fraternal, sabrá que su trabajo sí ha sido debidamente retribuido, pues su entrega y el bienestar de otros, contribuyen también al suyo.

Cito lo que dice Marx de la ft, su venta por un valor equivalente (no hay estafa) y el caso del aceite: “Analicemos la cosa más despacio. El valor de un día de fuerza de trabajo ascendía a 3 chelines, porque en él se materializaba media jornada de trabajo; es decir, porque los medios de vida necesarios para producir la fuerza de trabajo durante un día costaban medía jornada de trabajo. Pero el trabajo pretérito encerrado en la fuerza de trabajo y el trabajo vivo que ésta puede desarrollar, su costo diario de conservación y su rendimiento diario, son dos magnitudes completamente distintas. La primera determina su valor de cambio, la segunda forma su valor de uso. El que para alimentar y mantener en pie la fuerza de trabajo durante veinticuatro horas haga falta media jornada de trabajo, no quiere decir, ni mucho menos, que el obrero no pueda trabajar durante una jornada entera. El valor de la fuerza de trabajo y su valorización en el proceso de trabajo son, por tanto, dos factores completamente distintos. Al comprar la fuerza de trabajo, el capitalista no perdía de vista esta diferencia de valor. El carácter útil de la fuerza de trabajo, en cuanto apto para fabricar hilado o botas, es conditio sine qua non, (40) toda vez que el trabajo, para poder crear valor, ha de invertirse siempre en forma útil. Pero el factor decisivo es el valor de uso específico de esta mercancía, que le permite ser fuente de valor, y de más valor que el que ella misma tiene. He aquí el servicio específico que de ella espera el capitalista. Y, al hacerlo, éste no se desvía ni un ápice de las leyes eternas del cambio de mercancías. En efecto, el vendedor de la fuerza de trabajo, al igual que el de cualquier otra mercancía, realiza su valor de cambio y enajena su valor de uso. No puede obtener el primero sin desprenderse del segundo. El valor de uso de la fuerza de trabajo, o sea, el trabajo mismo, deja de pertenecer a su vendedor, ni más ni menos que al aceitero deja de pertenecerle el valor de uso del aceite que vende. El poseedor del dinero paga el valor de un día de fuerza de trabajo: le pertenece, por tanto, el uso de esta fuerza de trabajo durante un día, el trabajo de una jornada. El hecho de que la diaria conservación de la fuerza de trabajo no suponga más costo que el de media jornada de trabajo, a pesar de poder funcionar, trabajar, durante un día entero; es decir, el hecho de que el valor creado por su uso durante un día sea el doble del valor diario que encierra, es una suerte bastante grande para el comprador, pero no supone, ni mucho menos, ningún atropello que se cometa contra el vendedor.” (El Capital, Libro I –de 3-, Sección tercera. La producción de la plusvalía absoluta. Capítulo V. Proceso de trabajo y proceso de valorización. 2. El proceso de valorización) [las cursivas son de Marx, los subrayados míos]

Cita de Marx que parece apuntar a un alquiler de la ft, aunque el titulo de la sección hable de compra y venta: “El poseedor de la fuerza de trabajo y el poseedor del dinero se enfrentan en el mercado y contratan de igual a igual como poseedores de mercancías, sin más distinción ni diferencia que la de que uno es comprador y el otro vendedor: ambos son, por tanto, personas jurídicamente iguales. Para que esta relación se mantenga a lo largo del tiempo es, pues, necesario que el dueño de la fuerza de trabajo sólo la venda por cierto tiempo, pues si la vende en bloque y para siempre, lo que hace es venderse a sí mismo, convertirse de libre en esclavo, de poseedor de una mercancía en mercancía. Es necesario que el dueño de la fuerza de trabajo, considerado como persona, se comporte constantemente respecto a su fuerza de trabajo como respecto a algo que le pertenece y que es, por tanto, su mercancía, y el único camino para conseguirlo es que sólo la ponga a disposición del comprador y sólo la ceda a éste para su consumo pasajeramente, por un determinado tiempo, sin renunciar por tanto, a su propiedad, aunque ceda a otro su disfrute.” (El Capital, libro I, Sección Segunda. La transformación del dinero en capital. Capítulo IV Cómo se convierte el dinero en capital. 3. Compra y venta de la fuerza de trabajo) [subrayado mío] En otra traducción de la que dispongo, esta idea final no queda expresada con tanta claridad y resulta más difícil percatarse de su sentido.

Vender por cierto tiempo es alquilar. Marx reconoce que vender la ft para siempre es venderse a sí mismo, pues la ft es inseparable de la persona del trabajador/a, tanto en cuanto que capacidades como por su sujeto. De esto se podría deducir que lo que realmente está vendiendo es la actividad laboral, el trabajo, pues eso es el disfrute de la fuerza de trabajo, pero la propiedad de la ft se la sigue reservando el trabajador/a. Aquí Marx estaría más acertado, pero contradiciéndose con lo que dice en tantas otras partes. Y para llegar a esta conclusión no hace falta viajar con las alforjas de la ft-mercancía (¿se vende, se alquila?) y todas las demás complicaciones vistas, sino ir directamente a la venta del trabajo con intercambio desigual.

Terminaré con otra cita de Engels para que veáis el lío en que se mete con que si el trabajo tiene valor o no y que sólo puede tenerlo las mercancías (sea en forma de ft o las producidas con el trabajo), desmintiendo otros razonamientos de Marx que ya he expuesto y comentado:

Pero el trabajo es el creador de todos los valores; sólo él da un valor, en el sentido económico de la palabra, a los productos que da la naturaleza. El valor mismo no es más que una expresión del trabajo humano socialmente necesario, objetivado en una cosa. El trabajo no puede, por tanto, tener valor. Hablar del valor del trabajo y pretender fijarlo sería tanto como hablar del valor del valor o querer determinar el peso, no de tal o cual cuerpo pesado, sino de la pesantez misma […] como si el tiempo de trabajo y, por consiguiente, el trabajo, tuviese un valor, ¡cuando precisamente Marx es el primero que ha mostrado cómo y por qué el trabajo no puede tener valor!. Para el socialismo, que quiere emancipar la fuerza de trabajo humano de su actual estado de mercancía, es una idea de la más alta importancia la de que el trabajo no tiene, no puede tener valor.” (El Anti-Dühring. Segunda parte. VI Trabajo simple y trabajo compuesto) Los subrayados son míos.

Hay otro asunto que quiero comentar siquiera brevemente. Dividir el capital productivo sólo entre capital constante (medios de producción) y capital variable (trabajo vivo asalariado creador de plusvalía) resulta demasiado simplificador, y le resta credibilidad al enfoque marxista, que en realidad es más complejo. Aquí pareciera que la figura del capitalista sólo existiese como inversor rentista. Pues existe también un trabajo vivo necesario para el proceso productivo (no sólo para su faceta de explotación) que es el trabajo de dirección del trabajo en la empresa (en la misma persona se puede reunir a un directivo con un ingeniero, etc.), creador también de valor, si bien no generaría plusvalía sino que se apropiará de ella. Precisamente habría que analizar qué parte de esas tareas son imprescindibles para llevar a buen término el trabajo y por tanto merecen retribución (sin participar de la explotación de plusvalía), cuales son necesarias por estar orientada la producción al mercado (lo mismo ocurriría en caso de cooperativas), cuáles son resultado de los intereses de explotación (tareas de control, represión…). Pero no siempre es fácil, pues en el capitalismo todo está muy embrollado, la dominación de clase determina también la evolución de la tecnología y las diversas cualificaciones profesionales, y la dominación se escusa en supuestos condicionantes inevitables de racionalidad y eficiencia científico-técnica. La simplificación no ayuda a un criterio realista que comprenda la necesidad de superar también la división clasista del trabajo, que no se impone sin más, sino que se apoya en la realidad de un desarrollo peculiar y limitado de las fuerzas productivas, de la división social y técnica (intelectual y manual, de dirección y ejecución). Había que distinguir entre división del trabajo técnica (eficiencia), social (ventajosa o no para la colectividad) y clasista (ventajosa para una clase dominante). De lo contrario, bajo otras formas jurídicas (cooperativas, estatalización y planificación), estamos condenados a reproducir más o menos lo mismo. Y si no se superan muchas limitaciones en la cualificación de los trabajadores/as, en su capacidad para decidir con conocimiento de causa sobre cuestiones económicas que van mucho más allá de su labor concreta, hasta llegar a la economía general, será inevitable que se vuelvan a reproducir, antes o después, la división clasista del trabajo.

IV.- CONTRA las concepciones COSIFICADORAS del TRABAJADOR/A especialmente peligrosas en los tiempos de la robótica

Como el mismo Marx reconoce por evidente, la fuerza de trabajo no es algo exterior y separable del trabajador/a pues reside en su propio organismo. Por eso, decir que el trabajador/a vende su ft ni más ni menos como un aceitero vende su aceite, abundaría, sin pretenderlo, en una visión cosificadora del trabajador/a como ser humano, no sólo como fuerza de trabajo, y, a la vez, no se ajusta a la verdad pues no dejaría margen para entender la resistencia en el trabajo mismo. Pues si bien el aceitero se queda a la puerta de la fábrica y pasa adentro el aceite, es no sólo su fuerza de trabajo, sino todo el trabajador/a, lo que traspasa la puerta de la empresa y en mayor o menor medida se implica en la actividad que ha vendido, su trabajo, así como puede quedar afectado por ella de por vida (accidente o enfermedad profesional…), no sólo en su capacidad para trabajar, sino en otras muchas facetas de su existencia, e incluso morir; pero también, desmintiendo la cosificación de la ft, puede cesar unilateralmente su labor contra la voluntad del comprador.

Y el error, además de venir impulsado por esa pretensión de que encaje la venta del trabajo en el intercambio de equivalentes, puede venir inspirado por la cita que, de Hegel, hace Marx en la nota 41 de El Capital, libro I, Sección Segunda. La transformación del dinero en capital. Capítulo IV Cómo se convierte el dinero en capital. 3. Compra y venta de la fuerza de trabajo.

Cita así: “De mis especiales aptitudes y posibilidades de actividad física y espiritual puedo ceder a otro un uso limitado en cuanto al tiempo, pues, así delimitadas, se destacan de mi totalidad y generalidad. Cediendo todo mi tiempo, concretado por el trabajo, y la totalidad de mi producción, convertiría en propiedad de otro lo sustancial de ella, mi actividad y realidad general, mi personalidad.” (Hegel. Philosophie des Rechts, Berlín, 1840, página 104, S 67.)

El hecho de que la cesión sea temporal, y no a tiempo completo, y que la capacidad de trabajo “destaque” de la totalidad, no quiere decir que se separe de la totalidad, que no implique de algún modo a toda la persona y que las consecuencias de esa cesión no puedan afectar a toda la persona y a tiempo completo. Por tanto, no hay una delimitación tan clara o rotunda de la “totalidad y generalidad”, de la capacidad particular y la persona en su totalidad, aunque siga habiendo evidentes diferencias con la suerte de un esclavo. Como no es lo mismo vender fotocopias por encargo, que alquilar la fotocopiadora o venderla.

Hegel habla de “actividad física y espiritual” pero como consecuencia de lo que realmente se cedería el uso, esto es, de las “especiales aptitudes y posibilidades”, es decir, el potencial, la capacidad. Ese uso de la capacidad es lo que Marx llamará valor de uso de la capacidad o fuerza de trabajado.

De hecho, la venta de la actividad-trabajo, como implica a toda la persona, también puede afectarla en su salud e integridad física y mental, o la vida misma. Esto demuestra que no se puede establecer una frontera infranqueable entre actividad, capacidad y persona total, y que lo inferior implica más a menos a lo superior y puede afectarlo. Pero la cuestión es sobre de qué se tiene dominio. Y el dominio se adquiere con la transmisión (venta). Si se vende la persona, se ve afectada en su totalidad, se tiene dominio sobre toda ella y por tanto sobre su capacidad y actividad. Si se vende la capacidad se tiene dominio también sobre la actividad y la persona puede verse afectada. Si se vende la actividad se tiene dominio exclusivamente sobre la actividad aunque se pueda ver afectada la capacidad y la persona. No es lo mismo la pérdida de dominio de la actividad-trabajo (una exteriorización de capacidades), que de la ft, que es una capacidad (potencialidad interna) e implica mucho más de la persona. La capacidad de resistencia está en relación inversa con respecto a lo que se venda y se pierda el dominio. Si vende la actividad, el trabajador/a sigue teniendo el dominio de su fuerza de trabajo y de su persona, y por eso puede cesar en un momento su actividad laboral. Si vendiese su fuerza de trabajo y cayese bajo el dominio del capitalista como el aceite, quedando la personalidad del trabajador/a “fuera” de la empresa aunque su capacidad de trabajo haya entrado dentro, habría que esperar a una amenaza a la propia fuerza de trabajo (con más motivo, si es a toda la persona) para que las personalidad del trabajador/a pudiera intervenir para preservarla, pues no la ha vendido permanentemente. Y la realidad no es así.

Para terminar, cito a Marx:

Entendemos por capacidad o fuerza de trabajo el conjunto de las condiciones físicas y espirituales que se dan en la corporeidad, en la personalidad viviente de un hombre y que éste pone en acción al producir valores de uso de cualquier clase.” (El Capital. Libro I, Sección Segunda. La transformación del dinero en capital. Capítulo IV. Cómo se convierte el capital en dinero. 3 Compra y venta de la fuerza de trabajo)

Dejando aparte que con hombre se refiere a personas de ambos sexos, vemos que en la fuerza de trabajo se incluyen tantos factores de lo que constituye la humanidad, que transformar eso en una mercancía real, es un paso importante a considerarla cosa, en cosificarla. Y por cosificarla, enajenarla (pasar, transmitir un dominio o derecho sobre algo) con la venta. Si lo que vendemos no es la ftmr, sino la actividad laboral, la enajenación se sigue dando, y esto es lo fundamental, pero al menos se trata de una exteriorización (actividad laboral), no una parte de nuestro ser (capacidades), y nos hemos librado de tener una imagen de nosotros mismos tan degradada. No debemos dejar sutiles vías abiertas a perdernos el respeto cuando verdaderas cosas, como los robots, pueden llegar a semejarse mucho a nosotros en su capacidad de trabajo, incluso superarnos en algunos aspectos. La autoliberación de la clase trabajadora también pasa por recuperar todo el sentido de su dignidad (parecido al orgullo de ser la clase que sostiene el mundo con su trabajo y que es capaz de hacer grandes cambios y revoluciones, que una vez tuvo), y a esto no ayuda si al mirarse en el espejo lo que ve es una mercancía, por muy relativa y especial que sea. Pero esto no responde simplemente a una aversión moral sino a razones científicas y de la experiencia de lucha de la clase trabajadora que vengo exponiendo.

Así que esta concepción mía del trabajo-mercancía no sólo tiene su relevancia social y política, sino también moral. Sobre todo ante el futuro de la inteligencia artificial (y posible aspecto humanoide de los robots y capacidad para entender el lenguaje humano y hablar), cuando podría ser muy difícil distinguir lo que en esa labor pueden hacer un robot o un humano, o incluso mejor el robot. ¿Acaso no se podría alegar que la ft del robot cuesta producirla mucho menos tiempo (lo que determina su valor) que el tiempo en que haciendo una tarea también cualificada, como le pasa a un humano, y también a muchas máquinas (véase mi razonamiento en el Anexo I ¿Sueñan los androides con plusvalía mecánica? de mi libro “Capitalismo: modo de vida decadente. Notas sobre estrategia y táctica” enlace al final de éste)? Lo que marca la diferencia es lo que ha costado hacerla y lo que en cambio puede hacer (tal vez mucho más, incluso lo imposible para los seres humanos), esto es su utilidad, pero no se consideran la diferencia entre el valor que encierra (lo que costó) y el que pueda crear, pues eso no es una propiedad del objeto en sí, sino una distinción y discriminación humana que no se atribuye a las máquinas. A las máquinas, por eficaces que sean, sólo les reconocemos su amortización de valor, no creación de un valor nuevo y mayor (aunque su tarea suponga más tiempo de trabajo del que costó producirlas), pues eso es lo que tiene para nosotros una ventaja económica, una racionalidad económica, porque las consideramos a nuestro servicio, no como iguales en cuanto al valor ni en ningún otro aspecto. Entendemos que la máquina, el robot y el humano tienen un estatus diferente, hacemos una discriminación antropológica. Para empezar, porque el robot se limitaría a poco más que su ft (aunque fuese muy cualificada para unas tareas), pero el ser humano no puede separar su ft del resto de sus múltiples capacidades; el robot tendría una inteligencia limitada básicamente a lo necesario para cumplir con su trabajo, y el ser humano tiene una inteligencia general, y es inteligencia, emociones, sentimientos, personalidad. Nosotros somos los creadores del robot, y no al revés, y él debe servirnos. El robot también necesitaría de algunos momentos de descanso, de reparación y afinamiento de la programación (como la actualización de los conocimientos profesionales), pero sería la fuerza de trabajo perfecta pues el capitalista sí que tendría el dominio real sobre ella pues no podría parar la producción voluntariamente, sino en todo caso por fuerza mayor, por cuestiones de seguridad. Pero por mucho que al capitalista el robot le sirviese igual (o mejor) que el humano ¿aceptaríamos que el robot crea valor y plusvalía o nos plantearíamos que sólo se amortiza durante el tiempo previsible de su funcionamiento? Si hacen lo mismo la máquina o el robot y un ser humano ¿qué diferencia hay entre una capacidad de trabajo (ft) y otra si no es un criterio exterior a eso? Si dijésemos que el robot crea valor y beneficio ¿por qué no una grúa que cuesta X horas de trabajo pero permite hacer una labor de mover y elevar pesos que equivaldría a muchísimas horas más en esfuerzo humano –si es que fuese posible hacerlo por los hombres-? ¿no podría considerarlo eso el fabricante de la grúa en su precio para elevarlo en lugar de aprovecharse de ello el comprador de la máquina? . Ni uno ni otro se aprovecha de eso, pues no confundimos entre utilidad laboral y valor económico-monetario.

En economía no nos movemos sólo con hechos físicos (productividad…), sino con convenciones sociales impuestas por nuestra especie a las cosas y otros seres vivos (como los que consumimos), y una de ellas es no reconocemos la creación de valor a las máquinas, la energía, las plantas, los animales de labor (asnos, caballos, bueyes, elefantes), y sí al trabajo vivo humano.

Por eso insistiremos en que el robot pone en funcionamiento su fuerza de trabajo que transfiere su valor (costó tanto, amortización parcial en cada mercancía producida hasta que ya no pueda funcionar o esté obsoleto), y que el ser humano, pone en marcha sus capacidades inseparables de sí mismo, aunque algunas sean específicas, realiza una actividad que llamamos trabajo y con ella crea valor, todo nuevo, sin transferencia alguna del valor de una supuesta fuerza de trabajo. Y el trabajador/a, al no ser mercancía ni como entidad personal, ni como limitada fuerza de trabajo, tiene siempre el dominio de sí y puede negarse a trabajar durante la actividad laboral misma, voluntariamente, no por una avería, sino para protestar por un accidente laboral o maltrato sufrido por otro, o en exigencia de nuevas reivindicaciones, para mejorar su situación, incluso porque está harto del régimen de trabajo y su condición de asalariado (huelga general mayo-junio en Francia en 1968), o porque hace una huelga por cuestiones claramente políticas (contra la represión, para derribar un gobierno…), o porque deja la herramienta para empuñar un arma en la insurrección contra el régimen asalariado del trabajo (capitalismo) y su Estado burgués. Nada de esto cabe esperar de la fuerza de trabajo tal cual, y bajo el dominio del capitalista, cuya expresión más acabada sería la del robot. A la espera, claro está, de que haya robots con consciencia de sí e inteligencia artificial general, y entonces se les deba considerar de otra manera (como personas o casi), o acaben por rebelarse contra los humanos, pero esa ya es otra historia, que podría ser más factible de lo que ahora creemos (ver mi estudio «“Ética para máquinas” de Latorre. La I.A. psicópata. Llamamiento» (19-11-2019) — https://kaosenlared.net/etica-para-maquinas-de-latorre-la-i-a-psicopata-llamamiento/

V.- MARX, pese a él mismo, DANDO PIE a lo OPUESTO e INDESEABLE, y en el PEOR MOMENTO

La nula implantación en las masas de la teoría marxista de la plusvalía, ha contribuido, además de las derrotas de décadas anteriores, a que la crisis económica iniciada en 2007-8, no haya supuesto ni aumento importante de las luchas, ni sobre todo de la conciencia de clase anticapitalista de la clase trabajadora, y de la crítica del capitalismo hasta su raíz (no sólo del neoliberalismo o del capitalismo financiero, los bancos, la especulación…).

El posible desarrollo de la Cuarta Revolución Industrial y sus contradicciones internas (menor trabajo humano del que extraer beneficio, necesidad de una mayor transferencia de plusvalía desde los ramas más atrasadas a los que privaría de la misma, necesidad de vender sus mercancías frente a una demanda solvente inferior por estar la gente sin trabajo), pondrá más a prueba a la clase trabajadora, y para cuestionar el capitalismo hasta su raíz, necesita de la teoría de la plusvalía.

El capitalismo en decadencia agudiza cada vez más su lado oscuro, siniestro, de amenaza mortal para la Humanidad, desde la explotación creciente, las guerras comerciales y militares, la degradación del medio ambiente natural, la crisis climática, y hasta el posible colapso de la civilización industrial. Para no extenderme en esto remito a mi llamamiento mundial “Horizonte 2020, superando el capitalismo o condenados” (20-12-2019), con enlace al final. Esa perspectiva hace todavía más necesaria la asimilación por la clase trabajadora de la teoría de la plusvalía.

La teoría de la plusvalía de Marx, incluida la de la fuerza de trabajo como mercancía, es revolucionaria. Su mensaje es claro: la explotación del trabajo asalariado es consubstancial al capitalismo, inevitable, lo que le da vida, lo que permite su crecimiento y desarrollo a través de la acumulación del capital; los trabajadores/as sólo pueden librarse de la explotación acabando con el capitalismo; la Humanidad sólo puede librarse del capitalismo si la lidera la clase trabajadora anticapitalista. Sin embargo, lo importante de un mensaje no es sólo lo que dice, sino lo que se entiende de él. Y el ser humano es especialista en entender lo que prefiere entender, aunque sea diferente de lo que realmente se le está diciendo. Tanto más si se lo ponen fácil con algunas deficiencias en el mensaje.

La clase trabajadora ya no confía en el socialismo-comunismo y encima le decimos que su sindicalismo-reformismo tiene sentido en la medida en que es posible un precio justo por lo que vende (su ft). Cuando este mensaje viene de parte de la teoría anticapitalista más subversiva y no del sindicalismo pro-patronal ¡qué mejor modo de confirmarle en su práctica y aspiraciones actuales y no estimularle a elevarse!

Por eso, hoy, cuando estamos en el fondo del pozo, la versión marxista ortodoxa de la plusvalía será incapaz de sacarnos de él, pues contribuye a anclarnos al lodo del sindicalismo-reformismo.

Porque no vivimos en el mundo de la verdad ante todo, de la honestidad intelectual y de que el pensamiento no está influenciado, incluso determinado, por los intereses más mezquinos, y que las debilidades, o sólo dificultades de comprensión de tu planteamiento, no serán explotadas al máximo para ningunear sus puntos fuertes, y desacreditarlo. Estamos en el mundo de la más cruda y despiadada lucha ideológica, por el dominio de la opinión pública, por la manipulación del conocimiento teórico, por el silencio consciente sobre cuestiones fundamentales y a la vez el ruido informativo y académico que oculta el bosque de la verdad, por la más descaradas mentiras en todos los ámbitos (ahora la llaman “postverdad”), y el desarrollo en secreto de las más sofisticadas malas artes de la manipulación psicológica (“persuasión” le llaman, sobre todo a través de internet). ¿Y se lo ponemos así, en bandeja, de la forma más tonta, por un prurito teórico de someternos a las reglas de la ley del valor con el mito del intercambio de equivalentes entre mercancías? (NOTA 3)

El caso es que, sin quererlo, ni merecerlo, Marx debilitó su propio planteamiento, pues admitió que puede ser justo el salario, si bien nunca con respecto al trabajo efectuado, sí con respecto al valor de la mercancía fuerza de trabajo, y eso ya es ¡demasiado! Cuando además es harto impreciso lo qué se entiende exactamente por ft y cómo se calcula su valor sin numerosos y variables factores extraeconómicos no naturales.

En los marxistas mismos, en quienes creen defender los objetivos del comunismo, el peso del sindicalismo y reformismo en la clase trabajadora lleva en la práctica a una táctica escorada hacia el sindicalismo y el reformismo a lo que contribuye la deficiencia de la teoría de la ft con su supuesto “precio justo”. Pues, implícitamente, sobre todo en las épocas o sectores en los que el capital paga los salarios incluso por debajo de lo que cuesta reproducir la fuerza de trabajo (manifestado por ejemplo en llegar a duras penas a fin de mes, no poder pagarse una asistencia médica..), tiende a levantarse el fantasma de conseguir algo justo, lograr una conquista, planteándose como meta el objetivo “intermedio” del justo pago de la ftmr, en vez de ver esa depauperación como lo que es, una agudización del intercambio desigual permanente que ya ni siquiera coincide con el coste de la fuerza de trabajo (reproducir las condiciones de vida), y que no hay nada justo en el salario.

Durante más de un siglo hemos visto en los marxistas de casi todas las orientaciones, arrastrarse en planteamientos sindicalistas. Esto no puede ser casual, ni responder sólo a un mayor o menor acierto en la línea de masas, en partir de las reivindicaciones y conciencia de la clase para procurar elevarla, y a una caída en el oportunismo, dejarse llevar por la ideología burguesa dominante, el peso de la práctica sindicalista en la clase, etc. Se debe también a una desviación que, al menos en parte, encuentra su coartada ideológica en la teoría de la ft como mercancía real (ftmr) Y esto pese a las serias advertencias de Marx. Pero no puedes pretender que se pise firme y sin caer, si tú mismo abres socavones en la senda. La teoría de la ftmr, queriendo ayudar a vacunar contra el sindicalismo, ha permitido que éste se adapte a ella y sobreviva. No habría ocurrido lo mismo de mantener la teoría del intercambio desigual (mayor o menor) con respecto al trabajo, dependiendo mucho de la lucha de clases, de la correlación del fuerzas, y no tanto de un mecanismo económico espontáneo como el coste de producción de la ft, y rechazar en el salario (directo, indirecto y diferido) cualquier pago justo por el trabajo o la ft. Superar el sindicalismo arrastrando la teoría de la ftmr es un tanto voluntarista, llevar una línea política esquizoide entre el objetivo revolucionario y la deriva sindicalista.

La teoría de la ftmr y su precio justo en el salario, casi estaría diciendo que la famosa “mano invisible” del mercado estaría haciendo las cosas bien y repartiendo justicia a su modo, a través de la ley del valor y del “intercambio de valores iguales”. Así se hace más difícil romper con mitos del capitalismo y poner en primer plano que el capitalismo ya de entrada es ante todo una relación de poder y dominio de clase (no un modo de gestión de los recursos económicos) y que por tanto, respira por todos los poros lucha de clases, correlación de fuerzas entre las clases, aunque no se manifieste abiertamente en forma de conflicto laboral, etc., sino de sometimiento. Lo cual sabía muy bien Marx y fue el primero en destacarlo con toda profundidad. La teoría del intercambio desigual ya pone esto en primer plano desde el primer momento.

Visto el proceso histórico, tal como tantas veces he ido explicando, desde el punto de vista de la lucha teórica, ideológica y política mucho mejor nos habría ido si al capitalismo le hubiésemos llamado como realmente se merece y mejor ayuda a esclarecer su naturaleza, dinámica y por dónde superarlo, esto es, el Salarismo; y hubiésemos dicho desde el principio y bien claro que el salario siempre será una estafa (a nuestro trabajo), en lugar de dejar pasar que puede ser el precio justo por una mercancía que seríamos nosotros en nuestra capacidad de trabajo.

Esto debiera haberse añadido desde el principio a lo que Marx decía justamente al final de su folleto “Salario, precio y ganancia” de 1865

«En vez del lema conservador de “¡Un salario justo por una jornada de trabajo justa!”, deberá inscribir en su bandera esta consigna revolucionaria: “¡Abolición del sistema del trabajo asalariado!”»

Mi planteamiento permite una mayor clarificación de la realidad, no da pie a falsas salidas del capitalismo ni a la creencia en un salario justo bajo ningún concepto, y por tanto no le pone esa ventaja en bandeja a la burguesía, al sindicalismo y la socialdemocracia.

Claro que algunos preferirán un estilo que les acerque más a la academia (dominada por los intelectuales de la burguesía y sus métodos) que aquello que siendo teóricamente justo, sirva del modo más eficiente a la lucha por nuestra autoliberación. Y esto no supone la menor pérdida del rigor teórico, de pérdida de conocimiento, sino evitar caer en planteamientos innecesariamente complejos y sofisticados, en artefactos teóricos, y seguir en todo lo posible el principio de economía o sencillez en la explicación de la llamada navaja de Ockham cuando puede explicar lo mismo.

Y por mucho que a algunos/as les escueza, lo diré. Si el capitalismo ha durado tanto, si nos ha llevado tan lejos en su decadencia y destructividad, si es capaz ya de amenazar la existencia misma de la Humanidad, si es que no se debe a que la clase trabajadora es una clase impotente para llevar hasta el final una revolución socialista-comunista, entonces se debería en parte a que no se la ha armado debidamente en lo teórico, entre otras muchísimas cosas, por esta metedura de pata de Marx (ftmr, “la bien pagá”), que debilitó lo que por lo demás es la mayor contribución hecha nunca a la liberación de nuestra especie de sus propias cadenas. Es decir, la causa de que estemos como estamos es múltiple y no es éste el “pecado original” -no se puede caer en un reduccionismo tan absurdo-, pero es cierto que, dado dónde nos encontramos, difícilmente podremos salir de este pozo y a tiempo si no disponemos de una teoría de la plusvalía mejor, más consistente, capaz de echar raíces fácilmente en amplios sectores de la clase trabajadora y que en su planteamiento no contribuya, ni sin querer e indirectamente, a dar coartadas al sindicalismo y al reformismo.

En cierto sentido limitado, la teoría revisada de la plusvalía nos da la llave con la que abrir la puerta que da acceso a la calle que toma rumbo hacia la revolución (para la que a su vez nos hará falta todo un montón de herramientas: autoorganización, formación, programa, estrategia, táctica…). Pues con ella no queda ni rastro de justificación del capitalismo ante los trabajadores/as (precio justo por la mercancía ft) y la disyuntiva es entre la resignación a la estafa (mayor o menor) o la búsqueda de la reparación que sólo puede ser la expropiación de los estafadores. Queda sin embargo otra parte fundamental, la demostración de que esa expropiación es posible y que dará excelentes resultados a los trabajadores/as y la Humanidad. Pero eso ya es asunto para otra elaboración.

VI.- LLAMAMIENTO a ORGANIZAR un DEBATE INTERNACIONAL para RESOLVER el PROBLEMA

Es urgente que los marxistas, en especial los que son economistas, se pongan a trabajar concentrando sus esfuerzos en lo que hoy es la cuestión teórica más importante para el desarrollo de la conciencia de clase en la clase trabajadora, esto es, la de la plusvalía, del valor-trabajo, y resolverla bien de una vez. No tenemos recursos como para dispersarlos en esfuerzos teóricos quizás profundos, interesantes, apasionantes, pero que son mucho menos cruciales para la evolución de la lucha de clases, para el empoderamiento de la clase trabajadora que éste tan básico e inacabado, de la plusvalía. Y esto debe acabar en la elaboración de manuales y folletos divulgativos nuevos, que a su vez den lugar a artículos y hojas de agitación. De lo contrario, la teoría de la plusvalía no volverá a implantarse en la clase trabajadora y eso será un lastre formidable para la más consecuente lucha anticapitalista, imprescindible para librarnos de un sistema que cada vez más nos amenaza con los peores horizontes, las más horribles distopías. Gracias a internet, hoy habría más facilidades que nunca para organizar el debate, congresos on line, y para hacer públicas las aportaciones, en una web o blog o lo que sea, dedicada a eso.

La siguiente cuestión en trascendencia es la de plantear cómo sería posible una sociedad, unas relaciones sociales de producción, superando el capitalismo.

Si somos conscientes de nuestra extrema debilidad como clase consciente, del futuro nefasto que el capitalismo nos echará encima en los próximos tiempos (leed “Horizonte 2020…”, enlace al final), del ascenso de los populismos de derecha y ultraderecha, debemos actuar responsablemente y tomar en serio este documento y el llamamiento.

Como otras veces en las que he hecho llamamientos públicos a numerosas organizaciones políticas y sociales por cuestiones importantes para el curso de las luchas, por ejemplo, para desarrollar una táctica correcta –española y europea- ante el austericidio desde los presupuestos del Estado y la Unión Europea, o para evitar la peor deriva en la cuestión catalana, o por la investigación sobre el tema de los fosfatos de roca y cuánto tiempo pueden durar pues son imprescindibles para la agricultura, o sobre el peligro de una Inteligencia Artificial General (IAG) enemiga de la Humanidad, o la última para un eslogan-marco de lucha, pensamiento y elaboración política para el presente período histórico trascendental (véase “Horizonte 2050…”), lo más probable es que no se me haga caso. Porque ¿quién soy yo, verdad? Allá cada cual con la suya y su conciencia. Yo siento que, en esto y por ahora, he cumplido con mi parte.

DESPEDIDA. Este documento lo he elaborado en parte de nuevas, pero también aprovechando reflexiones ya escritas pero no publicadas. Desde hace más de dos años publico muy poco, por “queme” político, y cada vez más por problemas de salud que sólo me dan alguna que otra tregua (como ésta que estoy aprovechando). Lo digo porque no debéis confiar en que yo pueda seguir “tirando del carro” de asuntos como éste o los últimos que he presentando (Inteligencia Artificial General, Horizonte 2020…) mientras los demás están de espectadores. Ya va siendo hora de que si alguien me toma en serio, haga un esfuerzo especial por tomar el relevo, o todo se olvidará en medio del “ruido” temático. Gracias.

NOTA 1.- Si hay dificultades para la plusvalía en su extracción (trabajo) o realización (venta), y el capital se orienta a la especulación, ahí acabará estallando la crisis (“riqueza” aparente no respalda por una riqueza real sólo generada por el trabajo), pero la causa no estará en la “economía de casino”, sino en las dificultades expuestas. Si hubiese una subida enorme en el precio de la energía (afectaría más o menos a todo), sin un aumento de la productividad, eso haría que seguramente la parte de la plusvalía disminuye (misma jornada laboral, más horas representan ahora el coste superior del salario, y menos horas quedan para la parte no pagada del trabajo) en tanto habría aumentado la inversión del capital, por lo que la tasa de ganancia bajaría (ganancia = plusvalía (algo menor) / energía (mucho más), maquinaria (más) + salarios (algo mayor), y si su descenso fuese muy grande conduciría tal vez a desincentivar la inversión, con pérdida de puestos de trabajo, desequilibrio entre ramas productivas, mercancías sin vender por descenso de capacidad de pago…, crisis económica.

NOTA 2.- Quien desee profundizar más en esto de la transformación de los valores en precios de producción y la tasa de ganancia media, y se atreva, puede recurrir a las siguientes fuentes, además de alguna pastilla contra el dolor de cabeza.

Accesible para una exposición primera y muy general del tema es el manual -por otras cuestiones negativo (sobre todo las relativas al “socialismo” en la URSS y cía.)-, de la Academia de Ciencias de las URSS “Manual de economía política”, capítulo XI en la primera edición (1956) que podéis descargar en https://historiaycritica.wordpress.com/tag/manual-de-economia-politica/ y el pdf directamente en https://historiaycritica.files.wordpress.com/2014/05/mep-001.pdf .

Carlos Fernández Liria y Luis Alegre Zahonero en su libro “El orden de El capital(editorial Akal, 2010), (capítulos X, XI y XII). El buen manual de economía marxista “Fundamentos y límites del capitalismo” de Louis Gill (Editorial Trotta, 2002, 775 páginas), pero lamentablemente ya es muy difícil de conseguir, y lo mismo ocurre con otros excelente libros que abordan el tema.

Para Fred Moseley no existe problema en la transformación de valores en precios de producción, y lo que tradicionalmente se viene aduciendo al respecto es fruto de una comprensión deficiente de lo que dice Marx. Sobre Moseley podéis leer “D – M – D’ y el Fin del ‘Problema de la Transformación’” https://marxismocritico.com/2015/06/22/d-m-d-y-el-fin-del-problema-de-la-transformacion/ —- https://marxismocritico.files.wordpress.com/2015/06/d-e28093-m-e28093-d_-y-el-fin-del-e28098problema-de-la-transformacic3b3n_.pdf —- https://sepla21.org/wp-content/uploads/2017/03/MOSELEY-2015-EL-fin-del-problema-de-la-transformacic3b3n_.pdf

Otro texto de polémica de Moseley https://marxismocritico.files.wordpress.com/2013/12/la-e2809cnueva-solucic3b3ne2809d-al-problema-de-la-transformacic3b3n_-una-crc3adtica-solidaria.pdf

El método lógico y el “problema de la transformación” Fred Moseley https://www.azc.uam.mx/publicaciones/etp/num7/a8.htmTambién en http://nangaramarx.blogspot.com/2015/06/el-metodo-logico-y-el-problema-de-la.html

Debate entre Fred Moseley y Andrew Kliman, con acceso a todos los documentos en https://tiemposcriticos.wordpress.com/2017/10/20/debate-entre-andrew-kliman-y-fred-moseley/

Video conferencia sobre el tema https://www.youtube.com/watch?v=rheiVanAGQA

Una aportación a la cuestión, por Alan Freeman https://tiemposcriticos.wordpress.com/2017/12/11/valor-y-precio-una-critica-de-las-pretensiones-neo-ricardianas/

También la reseña de su libro por Rolando Astarita — https://rolandoastarita.blog/2016/07/12/resena-de-money-and-totality-de-fred-moseley/

De nuevo sobre el problema de la transformación: una reseña de Money and Totality de Fred Moseley” de Michael Roberts 14/05/2016 — http://www.sinpermiso.info/textos/de-nuevo-sobre-el-problema-de-la-transformacion-una-resena-de-money-and-totality-de-fred-moseley

Reconozco que no he leído los textos de Mosley. Sencillamente no he podido, y no puedo esperar a hacerlo y arriesgarme a dejar pasar esta tregua que me da la mala salud. Prefiero adelantar ya lo más importante de hasta dónde he llegado en mis reflexiones y dar a conocer la existencia de las de Mosley para que otros/as continúen por su cuenta.

NOTA 3.- Una pista de que efectivamente Marx “se metió en un jardín” y de que eso, con la ayuda de las derrotas de nuestra clase, contribuye a abonar la mitología burguesa, nos la dan Carlos Fernández Liria y Luis Alegre Zahonero en un libro muy interesante “El orden de El capital, (editorial Akal, 2010), cuando dicen:

el propio empeño que pone Marx por deducir el concepto de plusvalor sin presuponer violación alguna de la ley del valor. En realidad es muy importante que el concepto de plusvalor se deje pensar sin presuponer una violación de la ley del valor, porque como se verá más adelante, de eso depende uno de los mitos fundamentales que la sociedad moderna se cuenta a sí misma. De ello depende, nada menos, el que la sociedad moderna pueda, tan espontáneamente, reivindicar como suyos los principios del mercado. Otra cosa muy distinta, por supuesto, es que ello sea suficiente para comprender en qué consiste el capitalismo. Eso sería tanto como dar por bueno el principal de sus mitos.” “Es vital, en efecto, que el capitalismo pueda explicarse sin presuponer ninguna violación de la ley del intercambio de equivalentes, es decir, que pueda explicarse el plusvalor sin tener que presuponer que hay algo así como una estafa o un abuso mercantil.” “Pero primero es importante explicar por qué el capitalismo parece tan compatible con las leyes del mercado, es decir, con la ley del valor. Para ello es preciso deducir la posibilidad del ciclo D- M- D´ (siendo D´> D) presuponiendo que en todo momento se intercambian cantidades de trabajo equivalentes, es decir, que en todo momento se respeta la ley del valor. […] a Marx le interesa mostrar que el plusvalor no consiste [en que] logre sistemáticamente vender las cosas “por encima de su valor”. “ (páginas 301-2, de la sección 7.3) [subrayado mío; plusvalor es lo mismo que plusvalía aunque Gouverneur prefiera el primer término para el tiempo no pagado, y el segundo para el valor monetario]

Los autores nos están diciendo que Marx quiere denunciar cómo a pesar de la ley del valor y gracias a ella, y sin necesidad de hacer ninguna trampa, es posible lo que en principio no debería serlo, esto es, la explotación del trabajo, precisamente porque lo que se paga con el salario por su IGUAL valor es una mercancía especial, la ft, que sin embargo permite a su comprador dominar un valor mayor al equivalente al salario. La ley del valor no es otra cosa que la ley del intercambio de valores equivalentes de mercancías producidas según el tiempo de trabajo socialmente necesario a cada una de ellas. Tiene su antecedente (un pariente lejano más bién) en la producción simple de mercancías (artesanos que trabajan para vender su mercancía por un dinero para comprar las mercancías que necesitan para vivir y reponer los medios de trabajo consumidos) en el ciclo M –D – M (mercancía – dinero – mercancía). Pero en el régimen de producción capitalista de mercancías (D – M – D´; dinero, mercancía, más dinero; dinero que es invertido para obtener más dinero), ya no funciona igual la ley del valor por mucho que se pretenda que hay una continuidad, pues aunque la mercancía que se produzca tenga el mismo valor que aquella por la que se intercambia (representada inicialmente por dinero; y si hacemos abstracción de la tasa media de ganancia y los precios de producción), al final resulta que hay un valor de cambio superior al inicial (D´). En la producción artesana tiene sentido terminar con el valor de uso que se busca, aunque tenga el mismo el valor de cambio que el inicial (el artesano vende una mercancía que vale X, le dan X dinero y con eso compra bienes por valor X, a no ser que decida no gastarlo todo y ahorrar, pero el ahorro no incrementa lo que le han dado que sigue siendo X). En la producción capitalista no tiene sentido invertir el valor de cambio D, si es para conseguir el mismo valor de cambio, y no uno superior (D´). Viendo lo diferente del funcionamiento, intuyo que mejor habría que hablar de la nueva ley del plusvalor que contemplase la explotación en el trabajo y el intercambio desigual tal como se da (salario, precios de producción con la tasa de ganancia media), en lugar de empeñarse en partir de la ley del valor. Pese a que el capital termina con un valor superior al inicial (D –M – D´), Marx pretende que la ley del valor consigue continuar en el capitalismo gracias a la ftmr que a partir de un intercambio igual consigue que aparezca un valor nuevo. Pero niego en este texto que sea así. Teniendo en cuenta el surgimiento real del capitalismo (acumulación originaria…) dudo que por muchas “leyes de la lógica dialéctica” que se le quiera echar, pueda decirse que la ley del plusvalor es una transformación histórico-natural de la ley del valor, o que la ley del valor sigue vigente, pero transformada (gracias a la ftmr), en el capitalismo, donde alcanzaría su expresión más acabada (no sería violada).

Marx tenía la preocupación de que no pareciese que los capitalistas venden las cosas por encima de su valor, como podría conseguirlo un comerciante hábil en el regateo o un estafador. Pero Marx no debiera haberse preocupado por eso, pues como él bien sabía, la clave no está en la venta, sino en la compra a partir de una posición de poder, la del capitalista que monopoliza los medios de producción y compra el trabajo por debajo de su valor, de modo que el plusvalor se genera en el trabajo, aunque el intercambio desigual se manifieste en la circulación (salario y ganancia).

Al contrario de los autores, que aprueban a Marx por respetar el intercambio igual (ftmr-salario), yo entiendo que es un error. Denunciar que el capitalismo no respeta el intercambio igual es precisamente demostrar la mentira sobre la que se asienta, y no implica reivindicar una sociedad que funcione en base a la ley del valor, y menos hacer creer que un capitalismo reformado no sería explotador, pues necesita del intercambio desigual con el trabajo y para la tasa de ganancia media.

Siguiendo el razonamiento respetuoso con la ley del valor, visto que el salario no sería una estafa, sino el pago justo por una mercancía (ft), que la plusvalía no se transparenta en la contabilidad burguesa, que el valor no se traduce directamente en los precios (precios de producción por la tasa media de ganancia), se comprueba que la teoría se lo pone a sí misma más difícil, pues el error de la ftmr ayuda a seguir alimentando el mito fundacional (el libre intercambio entre valores iguales), a debilitar la denuncia de la explotación basada, no en la supuesta relación entre iguales, sino en la desigualdad de poderes. Y cuando la correlación de fuerzas se hace especialmente desfavorable para nuestra clase, conduce a la teoría de la plusvalía a su completa marginación (nuestra situación actual), que a su vez retroalimenta esa debilidad. En vez de decir: la ley de valor, como el rey, está desnuda; se impone la ley del plusvalor; el salario es una estafa encubierta (intercambio desigual por el trabajo) y el capital roba el trabajo para obtener el beneficio. Marx debiera haber empezado por negar la mayor: que el capitalismo se rija por la ley del valor (el intercambio de valores equivalentes), en lugar de por algo diferente, aunque en algo se parezca, y demostrar que la ley del valor tal cuál es inviable en el capitalismo. Es así como habría lanzado un torpedo a la línea de flotación de la legitimación del capitalismo, de su mito fundacional.

RECOMIENDO:

Para encontrar los libros de Jacques Gouverneur, los libros y textos de él los he conseguido siguiendo en enlace del articulo en https://marxismocritico.com/2012/05/18/la-economia-capitalista-una-introduccion-al-analisis-economico-marxista/ ; donde están los libros — http://www.capitalism-and-crisis.info/es/Bienvenido/Nuevo — la presentación de ellos con observaciones importantes http://www.capitalism-and-crisis.info/es/Jacques_Gouverneur/Los_fundamentos_de_la_econom%C3%ADa_capitalista ; descargas — “LOS FUNDAMENTOS DE LA ECONOMÍA CAPITALISTA Una introducción al análisis económico marxista del capitalismo contemporáneo” — http://www.i6doc.com/fr/resources/download.cfm?GCOI=28001100189410&thefile=a5esp_complet_1002667.pdf —- — http://resistir.info/livros/gouverneur_esp_a5.pdf —-http://www.mediafire.com/file/oqashkseb92hkno/cuarta.sesion.fundamentos.capitalismo.gouverneur.pdf/file ; Algo menos completo “COMPRENDER LA ECONOMÍA. La cara oculta de los fenómenos económicos”; —http://www.i6doc.com/fr/resources/download.cfm?GCOI=28001100746330&thefile=a4esp_complet_1002663.pdf. Además el pequeño libro de 2019 que plantea cuestiones teóricas muy interesantes “Valor y trabajo productivo. Un enfoque puramente social de conceptos económicos marxistas básicos”http://www.capitalism-and-crisis.info/es/Jacques_Gouverneur/Valor_y_trabajo_productivo — y el documento pdf directamente en — http://www.capitalism-and-crisis.info/telechargements/pdf/ES_JG_Valor_y_Trabajo_productivo_2019_copie_OK.pdf

Rolando Astarita debatiendo con la posición defendida por el finado Ernest Mandelhttp://rolandoastarita.wordpress.com/2013/09/09/mandel-sobre-la-plusvalia-extraordinaria/

El Capital” de Marx editorial Siglo XXI, en 8 volúmenes de bolsillo, edición de Pedro Scaron. Se puede descargar como zip o sueltos en https://proletarios.org/ . Pueden leerse on line y descargar la página htm de los 8 volúmenes, excepto el 7 que no han incluido, en https://webs.ucm.es/info/bas/es/marx-eng/capital.htm

Enlaces a “Tratado de Economía Marxista” de Ernest Mandel, ediciones ERA en tapa dura, en 2 volúmenes (1962) – https://proletarios.org/books/Mandel-Tratado_de_Economia_Marxista_Tomo_I.pdfhttps://proletarios.org/books/Mandel-Tratado_de_Economia_Marxista_Tomo_II.pdf —- También en https://vdocuments.mx/search?q=Ernest+Mandel — y las descargas de los pdf desde https://vdocuments.mx/tratado-de-economia-marxista-tomo-i-ernest-mandel.html —- https://vdocuments.mx/ernest-mandel-tratado-de-economia-marxista-tomo-ii.html

Enlace a “El capitalismo tardío” de Ernest Mandel, ediciones ERA (1972) — https://proletarios.org/books/Mandel-El_capitalismo_tardio.pdf

Vuelvo a recomendar el libro de José María Chamorro “Capitalismo, izquierda y ciencia social. Hacia una renovación del marxismo” (Gavagai, España, 2019, 581 páginas, tamaño grande, letra pequeña, muy denso).

Revista Teoría y Praxis, año 1 nº 1 septiembre de 2015 — https://www.academia.edu/16511767/Revista_Teoria_y_Praxis_N1

Libro “Crítica a los Programas de Mínima y de Máxima (Sobre la problemática del programa revolucionario)de Raúl Novello y Aníbal Prado. Y el archivo pdf os lo podéis descargar en https://drive.google.com/file/d/0BydHI1oNjF0kS21yVndZdmVndkE/view

Libro: “Critica al Programa de Transición de Leon Trotsky”.- Raúl Novello y Pandy Suárez, os lo podéis descargar en http://www.rebelion.org/docs/203943.pdf

Libro “La revolución socialista y la cuestión democrática Argentina (1972). La «biblia» pro parlamentarista contra el marxismo revolucionario «El izquierdismo enfermedad infantil del comunismo»(1982)”, es decir, crítica a los planteamientos de Lenin, os lo podéis descargar en https://drive.google.com/file/d/0B7QC4UxZIVgDQ183TFVvNDBXcDA/view

Un mina donde encontrar materiales muy diversos y de gran valor, la BIBLIOTECA de INTER-COMUNISTAS de Inter-Comunistas Blog (antes Comunistas Internacionales; no es una organización, sino un grupo abierto de participación y debate) https://www.facebook.com/comunistasinternacionales

Aquí va el enlace de descarga para el archivo ZIP http://www.mediafire.com/file/bseur3id25j9loq/Intercomunistas+-+Biblioteca.zip

Y una actualización complementaria para archivos nuevos http://www.mediafire.com/file/ddfxyuc1co7d56o/Intercomunistas_actualizacion_%2824-03-17%29.zip

En la sección de Recomendados del documento pdf del libro “Capitalismo: modo de vida decadente. Notas sobre estrategia y táctica” (20-10-2016) [enlace al final], explico el contenido del primer zip y el modo de moverse en él.

Un texto poderoso, titulado “La política comunista y Podemos. Discusiones con un oportunista “de izquierda” y reflexiones adicionales” de Roi Ferreiro, publicado el 16 de octubre de 2015 en el blog de Inter-Comunistas Blog (antes Comunistas Internacionales; no es una organización, sino un grupo abierto de participación y debate) https://www.facebook.com/comunistasinternacionales y el texto os lo podéis descargar directamente en http://www.mediafire.com/download/3ptaa5gg5c5bxd2/RF_-_La_politica_comunista_y_Podemos_15-10-2015.pdf

También de Roi Ferreiro “¿Apoyar a la izquierda o romper con la izquierda? Síntesis de discusiones (2015)” en el mismo blog y acceso directo al pdf en http://www.mediafire.com/download/33ibsytnx4vt3b3/RF_-_Apoyar_o_romper_izquierda_2015.pdf

En el mismo blog, para un balance crítico imprescindible de las Marchas de la Dignidad os remito a “El 22M y más allá. Por la unidad de los trabajadores y trabajadoras europeos contra la legislación austericida”. Podéis descargaros el documento (segunda edición actualizada) http://www.mediafire.com/download/ngk12arzp1qdkdm/2CI_-_El_22M_y_mas_alla_2a_ed_%282015%29.pdf

De mis documentos:

Horizonte 2050, superando el capitalismo o condenados” (20-12-2019) – propuesta mundial de un eslogan-marco para la confluencia de las luchas y la elaboración política, sucesor del de “Otro mundo es posible” — — https://kaosenlared.net/horizonte-2050-superando-el-capitalismo-o-condenados/

«“Ética para máquinas” de Latorre. La I.A. psicópata. Llamamiento» (19-11-2019) — https://kaosenlared.net/etica-para-maquinas-de-latorre-la-i-a-psicopata-llamamiento/

Los sindicatos ocultan la raíz de nuestra situación” (22-12-2016) — leed primero la nota final de corrección errata — http://kaosenlared.net/los-sindicatos-ocultan-la-raiz-de-nuestra-situacion/

ERRATA IMPORTANTE: Cerca del comienzo digo: “pues el beneficio capitalista no su origen en la explotación del trabajo” Me quedó así tras una modificación mal acabada y revisada (siempre el poco tiempo y las prisas). La redacción correcta es la siguiente: pues el beneficio capitalista TIENE SU ORIGEN EN LA EXPLOTACIÓN DEL TRABAJO” Que es lo único congruente además con el resto del artículo, el texto de Marx, etc.

Salarismo. Para combatir el capitalismo, el mejor nombre y enfoque” (2-10-2016) —- http://kaosenlared.net/salarismo-para-combatir-el-capitalismo-el-mejor-nombre-y-enfoque/

Capitalismo: modo de vida decadente. Notas sobre estrategia y táctica” (20-10-2016) – Libro, archivo PDF de 200 páginas — http://kaosenlared.net/capitalismo-modo-de-vida-decadente-notas-sobre-estrategia-y-tactica/ —- Para descargar directamente el archivo pdf — http://kaosenlared.net/wp-content/uploads/2016/10/Decad-capit-estra-tact-EN-PDF1.pdf –. Con la relación y enlaces correctos a todos mis textos en Kaos en la red. – Corrección: a la hora del cálculo de la composición orgánica del capital, al capital variable (salarios) debe sumarse la plusvalía.

Plusvalía, trabajo asalariado y mercancía. Ir a la raíz o andarnos por las ramas hasta la pronta derrota” (10-12-2011). Incluido en la “Recopilación textos de Aurora Despierta en el viejo old.kaos” con enlace más adelante.

Capital, energía y plusvalía. Por un ecologismo proletario. Comentarios a Ramón Fernández Durán. Llamamiento” (3/09/2011). También incluido en la mencionada Recopilación.

Para ACCEDER a mis artículos, informes y libros. Los artículos del 11 de enero de 2015 hasta hoy, los podéis encontrar poniendo esta nueva dirección https://kaosenlared.net/autor/aurora-despierta/ a la que también os lleva si hacéis clic en mi nombre en el artículo. Para vuestra comodidad, tenéis la relación y enlaces correctos a los textos previos al 20-10-2016 en “Capitalismo: modo de vida decadente. Notas sobre estrategia y táctica” (20-10-2016) – Libro, archivo PDF de 200 páginas — http://kaosenlared.net/capitalismo-modo-de-vida-decadente-notas-sobre-estrategia-y-tactica/ —- Para descargar directamente el archivo pdf — http://kaosenlared.net/wp-content/uploads/2016/10/Decad-capit-estra-tact-EN-PDF1.pdf —– Ahí funcionan los enlaces de los artículos desde el día 21-12-2011 hacia hoy, y también la descarga de los archivos pdf adjuntos, aunque los artículos anteriores al día 15-1-2015 (cuando se adoptó el sistema Word Press) se hayan pasado en diciembre de 2019 al Old Kaos y pone como autor/a no su nombre sino el común a todos de “Autor de Old Kaos” (ese nombre se llega a prolongar, compartiendo con la previa denominación genérica de autor, hacia atrás hasta el 21-10-2011) y los anteriores al 17-12-2011 como común “Autor de Kaos 2014”, que corresponde al old kaos original (se prolongan hacia atrás hasta el 7-11-2003). Pero yo empecé a publicar en kaos a finales de 2007. Os recomiendo que os descarguéis los archivos pdf, no sólo por su interés, sino por si hubiese más cambios que llevasen a que se perdiesen.

Los míos previos al 11-12-2011 corresponden a lo que antes de diciembre de 2019 y durante años fue el Old Kaos en la red. En los años recientes los artículos fueron inaccesibles al estar desactivado old-kaos. Ahora se puede acceder, pero las direcciones URL se han modificado, por tanto, no sirven los enlaces que incluí en mis documentos. Tampoco figura como autor/a el real, sino uno genérico como “Autor de Kaos 2014”, y los archivos pdf adjuntos han desparecido. Pero los míos se pueden identificar porque en el texto tenía la costumbre de explicar cómo localizar fácilmente mis materiales, por lo que ponía mi nombre. Para conocer los míos más importantes tenéis la “Recopilación textos de Aurora Despierta en el viejo old.kaos” (29-5-2017) —- Recopilación selección documentos de diciembre 2007 a diciembre 2011 en el viejo Kaos en la red, en archivo PDF — http://kaosenlared.net/recopilacion-textos-aurora-despierta-viejo-old-kaos-2/ — y descarga directa del archivo PDF en http://kaosenlared.net/wp-content/uploads/2017/05/Recopilacion-textos-de-Aurora-Despierta-en-OLD-KAOS-PDF.pdf –. Los últimos cambios en la web de kaosenlared han hecho que desaparezcan los comentarios que ya había en los artículos. Eso ha supuesto una pérdida importante en aquellos en los que mediante los comentarios había profundizado o aportado datos y pruebas relevantes a cuestiones planteadas en el texto y mantenido un debate interesante con algunos de los comentaristas.

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