¿Planeación para la libertad o para el sojuzgamiento?

¿PLANEACIÓN PARA LA LIBERTAD O PARA EL SOJUZGAMIENTO?

Durante la guerra fría la Unión Soviética era denunciada por los intelectuales de derecha como una sociedad asfixiada por una inmensa burocracia (la Nomenklatura) encargada de administrar los programas de planificación central elaborados por los jerarcas del Kremlin. Por el contrario, estos mismos ideológos consideraban a Estados Unidos como la nación paradigma de la democracia y la pluralidad, la nación promotora de la desregulación gubernamental y de la libre empresa. Por su parte, los intelectuales alineados con los regímenes comunistas (recibieran o no recibieran oro de Moscú) se la pasaban ensalzando las bondades de la planificación centralizada y abominaban la libre empresa capitalista ("libre para explotar asalariados", decían)

Con el colapso de la Unión Soviética parecía que había triunfado el modelo norteamericano y que la planificación económica había sido eliminada para siempre. Ahora, por fin, las fuerzas libres del mercado regularían la economía planetaria y todos los ciudadanos emprendedores del mundo que se lo propusieran podrían hacerse ricos sin la molesta intervención del Estado.

Desgraciadamente, el abandono del socialismo burocrático no produjo el paraíso en la Tierra, y la Historia no se detuvo, como lo previó el inefable Francis Fukuyama. Con la debacle financiera de Wall Street, que arrastró a todo el mundo en su caída, se vio claramente que la libre empresa capitalista estaba muy lejos de ser la fórmula mágica para la liberación de las sociedades y la prosperidad de todos los habitantes de nuestro planeta.

Así pues, otra vez se ha abierto al debate la cuestión de la regulación gubernamental de las actividades económicas. Y nuevamente los intelectuales orgánicos al servicio de las plutocracias mundiales se aprovechan del desconocimiento generalizado de la Economía y de la Historia que padece la mayoría de la población para llevar la discusión a aguas superficiales, evitando con esto la discusión profunda del problema. La discusión únicamente se circunscribe al grado de regulación al que deben someterse las instituciones financieras en particular y las corporaciones en general, así como a las normas éticas que deben seguir los dueños del capital. En pocas palabras, proponen que los explotadores estén mejor regulados por el Estado y que sean sean más humanitarios y respetuosos de la legalidad.

Sin embargo, son pocos los economistas que van al fondo del problema y se plantean la cuestión fundamental: ¿Por qué deben existir las corporaciones (reguladas o no reguladas, humanitarias o depredadoras). Pocos analistas económicos se han molestado en analizar si las empresas cooperativas pueden producir todos los bienes y servicios que requieren nuestras sociedades de manera más eficiente que las corporaciones. Tampoco se polemiza sobre el derecho de los rentistas a llevar una vida de ocio y dispendio a costa de la plusvalía generada por los asalariados.

Considero inútil, e incluso enajenante, todo este debate que se ha soltado sobre la regulación, los rescates y la reorganización de la economía capitalista. Sólo cuando toda la actividad económica del mundo esté en manos de sociedades cooperativas y de empresas unipersonales o familiares podremos sentarnos tranquilamente a discutir el grado de regulación al que deberán estar sometidas las entidades económicas por parte de los gobiernos, e incluso podríamos empezar a discutir si realmente necesitarnos preservar la existencia de los gobiernos nacionales y de las gravosas burocracias que los acompañan. Nuevamente recomiendo la lectura de mi artículo El cooperativismo como base de la felicidad social, publicado en este mismo sitio.

Esteban Torres

Enero de 2009

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