Peter Handke, la religión de la fatiga profunda

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Por Iñaki Urdanibia

Tomo el título de una etiqueta que leí en su ensayo Sobre el poder de Byung Chul Han. El nombre suyo había sonado con frecuencia como candidato seguro al Nobel, allá por los años ochenta, hasta que fue desplazado al limbo – que ahora ya no existe- o tal vez al purgatorio , del que ahora sale, debido a su declaraciones sobre el conflicto en la ex-Yugoslavia ( Un viaje de invierno a los ríos Danubio, Save, Moravia y Drina o justicia para Serbia) y su posterior asistencia, en 2006, al funeral de Slobodan Milosevic que sentaron a cuerno quemado por sus tonalidades pro-serbias; ya en sus inicios había levantado alguna sonada polémica con motivo de la representación de una obra teatral suya: Ultraje al público, que como tal fue tomada en 1966, y en la que interpelaba al público metiendo el dedo en la llaga. Las tan celebradas novelas cortas iniciales con el pavor del portero ante el penalti, carta breve para un largo adiós, la tarde de un escritor, la mujer zurda, su ensayo sobre el cansancio, sus lápices, o el jukebox… moviéndose en un terreno cercano al minimalismo detallista más depurado, que le habían encumbrado parecieron ser borradas de la historia de la literatura.

Nacido en Griffe, Austria, en 1942, donde curso estudios de derecho, en Graz en los años sesenta, profesión que nunca practicó ya que desde entonces se dedicó la escritura, compartiéndola con pequeños trabajos manuales, recibiendo en 1973 el Premio Büchner el más prestigioso galardón de lengua alemana, ya a comienzo de los noventa se había instalado en Francia ( por cierto escribió un vivido y amplio retrato de la periferia de París: El año que pasé en la bahía de nadie, zona con la que se sentía más identificado), anteriormente ya había vivido allá en los setenta , en donde en un ambiente más tranquilo escribió alguna de sus más singulares obras, posteriormente volvió a Austria en donde destacó en su denuncias con respecto al pasado nazi del presidente del país,; autor de una extensa obra que abarca todos los géneros, destacando especialmente en las nouvelles que como deslumbrantes flashes en su brevedad y concisión , han tratado , no los grandes hechos de la historia y sus célebres protagonistas, sino asuntos nimios – no para quien los padeciese, claro- con tintes de rumia reflexiva, por su presencia habitual en vidas cotidianas, que reflejan pequeños asuntos de nuestro tiempos, dramas que algunos podrían calificar de presque rien [ a fuer de sincero diré que es la época en la que le leí con gusto algunas de las nombradas con anterioridad a las que dediqué algunos artículos, que hoy debido a estar lejos de mi domicilio habitual…entonces se escribía, al menos servidor, con olivetti]. No faltan en su prosa, ni en su vida de homo viator, los viajes, y su conversión en un verdadero fläneur por las calles y pasajes urbanos de la Ville-lumière, paseos en los que no cesa de tomar notas en cuadernos que le sirven de materia para sus obras o que las publica tal cual; esta nueva ubicación geográfica no ha impedido que siga perteneciendo a su país y a su lengua. Ya desde la versión cinematográfica de, realizada en 1991 por él mismo, de La mujer zurda su contacto con la gran pantalla no ha cesado acompañando a Wim Wenders; este infatigable creador: autor de una veintena de obras de teatro, y más de cincuenta obras contando diarios, novelas, cuentos.poemas y guiones. Mas no acaba ahí su laboriosidad ya que ha traducido a lo más granado del panorama de las letras: desde René Char o Jean Genet, a Patrick Modiano, Francis Ponge, Adonis, sin obviar los clásicos ( Esquilo, Shakespeare o Sófocles).

La vida como experiencia y aventura, afrontando pruebas siempre con el elogio del la materialidad del lápiz en la mano, moviéndolo en los dispares diálogos, en medio de una acción en la que nada pasa, ya que ésta está ausente, dejándose guiar por los demonios que los hay de diferentes tipos: benévolos y malévolos, que todos llevamos dentro, lo que hace que en su interior -según propia confesión- habiten varias voces que las más de las veces se antojan contradictorias y, qu desde luego no pretenden modificar el mundo, sino a lo más hallar la luz de sí mismos, partiendo de la constatación de que las ideas van y vuelven, intentado, eso sí, alejar los aspectos malos que acechan a los humanos, balanceo que tiende a frenar por medio de la escritura, el medio más limpio del que hablase Gilles Deleuze.

Tratando de plasmar la épica de las historias sencillas, en las que los protagonistas avanzan tratando de hallar aquello que ya anidaba en el principio pero que no se desvela más que con el paso del tiempo, de los años y las experiencias vividas…en historias en las que los que las viven y narran se sientes solos ( asunto que queda presentado de manera explícita en la soledad de las mujeres en La mujer zurda); cobra la soledad cuerpo en la pagina, soledad que persiste aun estando en compañías, aspecto que él basa en l zanja existente entre hombres y mujeres… incidiendo en el papel educador de la infancia y citando aquello que dijese Wordsworth: el niño es el padre del hombre, en cierta semejanza a lo que decía el otro de que el educador es educado por el educando. Y sin dejar de desvelar el acto colectivo, que ha desparecido como desaparecieron los juke-box que situados en lugares públicos convertían la audición de los tubes en compañía, lo que incitaba a cantar y a contar con los demás. Del mismo modo que las diferencias existentes y palpables entre el agotamiento y el cansancio y la fatiga son abordadas por este escrutador de la vida en común…en busca de la felicidad.

Siempre avanzando por una senda que lleva de lo pequeño a lo grande, de las cosas sin importancia aparente a las cuestiones globales, ya que la pretensión de abarcar el todo es además de imposible un intento vano; y en los pequeños detalles residen algunas de las cuestiones esenciales de la vida…como si se partiese en busca del kairós, que resulta como una iluminación, para lo que es imprescindible alejarse de las pantallas que engullen la capacidad de pensar que se logra en movimiento como el hábito de los peripatéticos o de los paseantes solitarios de los que hablase el otro: mecanismo en el que confluyen el pasar y el pensar, la literatura y la filosofía, siguiendo el caminos propuesto por Wittgenstein: de lo que no se puede hablar es mejor callar., ya que hay cosas de las que se puede hablar y de otras se puede parlotear, para acabar diciendo n´impote quoi.

Peter Handke o el deseo de dar cuenta de la realidad, siendo auténtico y así realizar la verdad…siempre manteniéndose alerta e infatigable en ese viaje y exploración permanentes que es la vida, al menos para este escritor al que se acaba de conceder el Nobel de literatura 2019.

N.B.: Con absoluta sinceridad si no hablo de la mujer galardonada con el Nobel 2018, es debido a que desconozco su obra.

Vieux-Boucau, 10 de octubre

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