Publicado en: 31 mayo, 2015

Perú. Ollanta y la dictadura perfecta

Por LUIS RODRIGUEZ

En los últimos años al gobierno de Ollanta se le ha caído el velo democrático y hoy frente a las chillonas voces de los grupos de poder económico y la gritería de las barras bravas del congreso que en un tiempo aplaudió la traición de su programa; busca desesperadamente apagar el fuego de las justas

Por Luis Rodríguez / Redes Sociales del Perú y el Mundo

Pero se puede cambiar tan fácilmente de un pensamiento “progre” a una posición fundamentalista extremadamente neoliberal?

Que garantiza a este gobierno que está de salida, que las transnacionales que compran funcionarios y políticos, no contaminen con sus vapores ni envenenan con sus deshechos tóxicos y relaves contaminantes tierras, ríos, lagunas, aguas subterráneas y el mar?

Estas empresas han evitado que los informes y registros sobre enfermedades pulmonares –principal índice de causa de mortalidad en las zonas de explotación minera- no aparezcan por ninguna parte.

El Ministerio de Salud, que debería velar por la salud pública creando en las estas zonas aledañas a los campamentos mineros, unidades de enfermedades broncopulmonares, con especialistas en neumología, son cómplices de este homicidio intencional, que cualquier corte internacional admitiría.

Ollanta ha perdido la vergüenza –si es que un día la tuvo-, se le ha caído la careta y su régimen no muestra siquiera interés en cubrir las formas democráticas, y en forma abierta y desafiante actúa con impunidad y abusa de su poder político para reprimir.

Reprime al pueblo mientras las calles se han convertido en tierra de nadie, donde el sicariato, el narcotráfico y la corrupción campea abiertamente a plena luz del día, donde se legislan leyes contrarias a los intereses de la clase trabajadora, donde ya no se valora la vida, donde la democracia ha terminado siendo una “hermosa” mentira.

La usencia de un control político y fiscal del Gobierno, de un Poder Legislativo autónomo que regule la acción del Estado con leyes, de un Poder Judicial independiente que resuelva los conflictos entre poderes y entre los ciudadanos con el poder público, la no existencia de un control democrático al Poder Ejecutivo; se ha traducido en innumerables abusos a los derechos humanos y persecuciones políticas.

Estamos pues gobernados por una democracia dictatorial donde el monopolio del poder descansa en las manos de un presidente que adopta decisiones contrarias a la voluntad popular, una dictadura de nuevo cuño, de factura novedosa, pero cuya esencia es inalterablemente antidemocrática, porque niega en la práctica la independencia de los poderes públicos, dejando amplio margen para el abuso y la arbitrariedad y contando para este fin, con el respaldo de una prensa mediática que confunde, desinforma, engaña y miente.

Una dictadura perfecta porque puede abusar a sus anchas y defender sus abusos con el argumento de su origen democrático aunque ese origen haya sido viciado por su inconducta política; una dictadura donde las leyes han sido hechas para ayudar y defender a los políticos corruptos, narcotraficantes, asesinos y delincuentes de cuello y corbata, que saben que ante la ley son impunibles; una dictadura autoritaria y antipopular que se muestra pendenciera y prepotente, que reprime, encarcela, y vulnera los derechos civiles que ampara la constitución; que le importa poco o casi nada, lo que piensa y demanda la inmensa mayoría de ciudadanos; que rompe el principio de igualdad ante la ley, que persigue, acosa y encarcela a los dirigentes de la oposición, pero sobre todas las cosas que toma decisiones que afectan la vida y el destino del pueblo que lo eligió y al que juro defender.

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