Perspectivas 2021: entrevistas a Michael Roberts y Claudia Cinatti

Se acerca a su fin el año de la pandemia del coronavirus.

Se acerca a su fin el año de la pandemia del coronavirus. En el último programa de 2020 de Claves Internacionales, se analizan las tendencias de la economía, de la situación política y de la lucha de clases que nos deja este 2020 y cómo pueden desarrollarse esas tendencias en los tiempos que se vienen. Para desarrollar esto, son entrevistados Michael Roberts, reconocido economista marxista, autor de varios libros como Marx 200 y La Larga Depresión, y Claudia Cinatti, columnista de política internacional de La Izquierda Diario.

 

La economía mundial post pandemia

Con la depresión que generó la pandemia de COVID-19, se produjo un enorme aumento del gasto público de los principales gobiernos capitalistas para suavizar su impacto, sobre todo en las empresas y en menor medida sobre la población trabajadora. El Fondo Monetario Internacional proyecta una caída del 4,4 por ciento de la economía mundial para este año, mientras que en 2009, según el mismo organismo, cayó un 0,1 por ciento. Las estimaciones del FMI son que el estímulo fiscal y monetario en las economías avanzadas ha sido equivalente al 20 por ciento de su producto bruto interno. En los países de ingresos medios fue del 6 al 7 por ciento. Pero en los países atrasados y dependientes, la reacción ha sido mucho más modesta. Juntos inyectaron un gasto equivalente al 2 % de su PBI, quedando mucho más vulnerables a una recesión prolongada, lo que podría arrojar a millones de personas a la pobreza. El propio FMI ha otorgado 100.000 millones de dólares en préstamos de emergencia y el Banco Mundial ha reservado 160.000 millones. Según el Instituto de Finanzas Internacionales, en los mercados de los países centrales, la deuda superó más de cuatro veces el PBI mundial, en el tercer trimestre del 2020. Este fabuloso aumento de las deudas públicas y privadas no tuvo como destino la inversión sino la especulación. La compra de acciones llevó a que las bolsas de valores sean el único terreno en el que se superaron los valores previos a la pandemia. Los gobiernos y bancos centrales tienen la difícil tarea de contener el gasto y evitar que estas burbujas estallen.

Isabel Infanta: ¿En qué situación queda la economía mundial?

Michael Roberts: Para pasar esta pandemia los gobiernos y bancos centrales imprimieron enormes cantidades de dinero y los bancos y bancos centrales dieron grandes cantidades de préstamos garantizados por los Estados por lo menos en los países capitalistas avanzados, se entregaron billones de dólares ya sea para dar algunas ayudas a la gente para que subsista, pero principalmente para tratar de salvar a las pequeñas empresas y en particular a las grandes empresas de la quiebra. Una de las tesis que planteo es que esa deuda sólo puede ser financiada y mantenida si las empresas obtienen suficientes ganancias. Hay una continua contradicción entre los esfuerzos de empresas individuales para tratar de aumentar sus ganancias al mismo tiempo conduce realmente a una caída general de la rentabilidad del capital en el tiempo. Esta es una teoría que Marx presentó para explicar la crisis y el capitalismo. Hay una tendencia a la caída de la rentabilidad del capital en el tiempo y a pesar de los esfuerzos de los capitalistas individuales para aumentar sus propias ganancias, el sistema capitalista no sostiene esa rentabilidad. La rentabilidad a escala mundial y en países como Argentina, Brasil y otros está en un mínimo histórico, así que tienes grandes deudas y baja rentabilidad, lo cual es una receta para una profunda crisis crediticia, para el próximo año. Ya sabemos que hay algo así como 20% o 25% empresas promedio, que no están obteniendo suficientes beneficios para cubrir los intereses de los costes que tienen que pagar por sus deudas existentes. Las llamamos “empresas zombie”, no están muertas, no quebraron, pero tampoco están vivas, no crecen, son “no muertos” y esta es la situación de una gran parte del sector corporativo, así que vamos a entrar en un período de bajo crecimiento, una pobre recuperación, incluso si las vacunas funcionan, y con la posibilidad de algún tipo de crisis crediticia y financiera a medida que avanzamos hacia 2021.

Isabel Infanta: Frente a esta situación económica sombría, ¿cuáles son las perspectivas, sobre todo para la clase trabajadora?

Michael Roberts: Muchas compañías se irán a la quiebra. Los bancos tienen mucho dinero porque los bancos centrales han estado imprimiendo dinero para que no tengamos un colapso bancario como el de 2009, pero podríamos tener una crisis crediticia corporativa en la que muchas empresas quiebren. Tal vez [los gobiernos] dejen que suceda. Si fuera así sería desastroso para millones de personas por sus trabajos e ingresos y así sucesivamente, pero desde el punto de vista del capitalismo es una muy buena manera de salir de una crisis. Solo se debe dejar sin empleo a millones, cerrar todas las empresas “podridas”, dejar las grandes empresas eficientes y rentables para que ocupen el espacio dejado por las empresas más débiles y reemplazarlas, y se obtiene un nuevo auge de los capitales. Es una posibilidad, creo que poco probable, incluso si hay un colapso en una parte de las empresas más pequeñas, parece que los gobiernos y los bancos centrales no quieren ese tipo de solución que se barajó en la década de 1930. Lo que quieren es tratar de mantener estas empresas en marcha, mantener las empresas “zombie” más o menos en marcha, no dejarlas colapsar y esperar que la economía, la economía mundial, se recupere y eventualmente el capitalismo sobreviva a esta crisis. Lo que veremos es un crecimiento muy lento, el desempleo que ha aumentado durante la caída de este año no bajará mucho, los salarios seguirán bajos, no habrá mucho crecimiento en los salarios, la gente estará en dificultades, los gobiernos tratarán de recuperar parte de este dinero que han gastado a través de un aumento de los impuestos o haciendo más recortes en el gasto público, el tipo de cosas que hemos visto en los últimos 10 años. El capitalismo está en la posición en la que tiene tan baja rentabilidad y altas deudas que no puede salir de esta crisis, la única manera de salir sería una severa caída que alteraría completamente la proporción de buenas y malas compañías y esa situación no parece plantearse aún.

Isabel Infanta: Uno de los hechos muy relevantes de este año que termina es el cambio de signo del Gobierno estadounidense. ¿Qué se puede esperar de la presidencia del demócrata Joe Biden? Los cambios y continuidades con la era Trump, frente a los imperialismos europeos, pero también frente a Latinoamérica.

Claudia Cinatti: Hay una gran expectativa sobre todo de los aliados tradicionales de Estados Unidos en que con la llegada de Biden a la casa blanca se revierta, digamos en gran parte, lo que fueron los últimos cuatro años de la política de Trump que como sabemos fue una política guiada por el slogan de America First. Se enmarcaba en esa política hostil hacia Alemania, las potencias europeas diciéndoles que tenían que aportar más plata al presupuesto de la OTAN, que Estados Unidos no iba a ser policía de todos esos países garantizando la seguridad, etcétera. Eso tiene un aspecto de que efectivamente es otra la orientación pero también tiene un aspecto de expectativas que hay que ver hasta donde tienen base material. El mundo ese no existe más.

Puede ser que no se escuche tanto el America First, pero eso no quiere decir que estén dadas las condiciones para volver a una suerte de globalización más armónica, hay algunos nudos de la política exterior que ya se han anticipado, otros son hipótesis. Uno es el acuerdo con Irán. Por ejemplo, la declaración de Biden es volver al acuerdo nuclear, pero no levantar estas sanciones, sino utilizarlas para obtener mayores concesiones e incluso sumar al acuerdo a Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos. Con China pasa algo similar, Biden aclara que él no está por levantar las tarifas que impuso Trump sobre varios bienes que China exporta. Es decir que es una presidencia que aunque cambie la orientación se va a basar en algunos puntos en los que la política agresiva de Trump ya avanzó.

Hay un cambio también de quienes se alinean con la política norteamericana y algunos actores son muy importantes por ejemplo la Iglesia Católica, ya vimos al papa Francisco se ha alineado. Hay una comunidad de intereses con esa política más multilateral, más despolarizadora. Cambian los sistemas de alianzas en América Latina por ejemplo Bolsonaro o el propio Boris Johnson en el Reino Unido con el Brexit, todo ese sector digamos que tenía a su favor a la principal potencia imperialista y bueno ahora no lo tiene, evidentemente va a ser un cambio.

Sobre Cuba lo que se espera es que Biden retome de alguna manera la política de Obama. Una política donde a cambio de ir aflojando restricciones pero manteniendo los bloqueo, se esperaba también una colaboración del régimen cubano en encarar algunos puntos que en particular a Estados Unidos le interesaba resolver, como por ejemplo el acuerdo de paz en Colombia y también utilizar esa relación para ir manteniendo un control sobre la propia Venezuela y es probable que Biden retome parte de esta política, quizás con menos énfasis. En gran medida Biden no tiene muchas diferencias con lo que fue la política de Trump, ambos apoyan a Guaidó y el intento de golpe.

La base material ha cambiado. La emergencia de China como competidor estratégico de Estados Unidos permea toda la política exterior norteamericana. Entonces la Unión Europea tampoco es la misma: si ustedes ven las declaraciones por ejemplo de Macron, él insiste en que Europa de todas maneras tiene que avanzar en su autonomía, en su soberanía que implica por ejemplo avanzar en unas fuerzas armadas comunes de todo el bloque. Esas tendencias de mayores rivalidades entre potencias no desaparecen con Trump.

Habrá que ver hacia la política doméstica, lo más importante fue la constitución del gabinete económico, se puede esperar por ejemplo una política de estímulo fiscal para sostener la recuperación económica post recesión del Covid y un endeudamiento. Es todo un mensaje a la clase dominante de las corporaciones el nombramiento de su gabinete económico.

Isabel Infanta: Ni la pandemia ni la crisis económica golpea de la misma manera a los países imperialistas y a los países dependientes, atrasados, los mal llamados “emergentes”.

Michael Roberts: La crisis por la pandemia, que es en la que estamos ahora, ha golpeado severamente a las que los economistas burgueses llaman “economías emergentes”, aunque parece que nunca emergen. Casi 4.000 millones de personas viven en economías y países que básicamente tienen un nivel de ingresos bastante bajo comparado con no más de 20 economías principales en el mundo, que tienen un nivel de ingresos per cápita mucho más alto y, por lo tanto, los 4.000 millones están sufriendo mucho más que las personas que viven en las principales economías capitalistas. Si sacas a China de la ecuación las tasas de pobreza se han mantenido muy, muy mal durante los últimos 15 o 20 años según la propia ONU. Esas tasas de pobreza van a empeorar.

Lenin escribió un libro hace unos cien años llamado “El imperialismo, etapa superior del capitalismo”, señaló que había una concentración de todo el capital de la riqueza y el poder tecnológico en sólo unos pocos países del hemisferio norte. Mucha gente dijo desde entonces que eso está pasado de moda, ya no es relevante. Todavía hay una enorme diferencia entre los países imperialistas y el resto del mundo. Y estos países imperialistas tienen las grandes multinacionales y los grandes bancos y han estado prestando todo el dinero a países como Brasil, Argentina, Sudáfrica. Esas deudas son enormes. ¿Cuál es la respuesta frente a este pozo? El FMI y el Banco Mundial y el G20 se reunieron hace sólo dos semanas para discutir esta cuestión ¿Qué decidieron? Bueno, dijeron “No. No vamos a cancelar la deuda. Todo lo que vamos a hacer es dejar que no tengas que pagar los intereses de la deuda si eres muy, muy pobre, por un año más”.

Isabel Infanta: Este año la clase trabajadora mostró su carácter esencial, pero también sus condiciones precarias de trabajo. Fue el sector más expuesto al virus y con menos recursos para afrontarlo. ¿Cómo queda configurada y con qué fuerzas cuenta la clase trabajadora para encarar lo que se viene?

Michael Roberts: La clase trabajadora es la clase mayoritaria en el mundo ahora, creo que eso es algo importante para mencionar. La mayoría de la gente vive en pueblos y ciudades, la mayoría de la gente vende su trabajo y va a trabajar para un empleador en esos pueblos y ciudades, en oficinas, en fábricas, en las minas, etc. La visión que Marx y Engels tenían hace 170 años de que la clase obrera se convertiría en los agentes del cambio, ahora es cierto que la clase trabajadora nunca ha sido más grande en el mundo, el capitalismo ha creado una clase obrera de tres mil millones de trabajadores que es una fuerza muy poderosa, la mayoría de esos trabajadores ya no están en Europa o en América del Norte o en los países imperialistas, están en países de América Central y América del Sur, en África, en Asia, estos son los países donde la clase trabajadora está creciendo cada vez más y se está convirtiendo en una fuerza.

Isabel Infanta: Una clase trabajadora más extendida que nunca, una poderosa para cambiar las sombrías perspectivas actuales.

Michael Roberts: Lo que hemos visto recientemente, incluso durante esta pandemia son signos de lucha de esa clase, sólo en las últimas dos semanas ha habido una huelga masiva en la India, la mayoría de ellos son trabajadores rurales o agricultores, pero otros trabajadores urbanos participaron también y están tratando de bloquear el intento del gobierno de quitarles sus derechos agrícolas para privatizar su agricultura y toda una serie de otras medidas que básicamente destruirían las condiciones de vida de los trabajadores rurales en la India, que son algunos de los más pobres de la India. Es una huelga masiva organizada contra el Gobierno y hemos visto otros movimientos en otras partes del mundo en los que los gobiernos están bajo la amenaza de ser derrocados. Y esto es en lo peor de la crisis. Si hay algún resurgimiento en la economía el próximo año creo que veremos más lucha por parte de la clase [trabajadora], así que lo primero que diría es que no se rindan, la clase obrera sigue siendo una fuerza de cambio.

Isabel Infanta: La clase trabajadora india viene de protagonizar una gigantesca huelga, como cuenta Roberts. América Latina, por su parte, tuvo un año de profundos procesos de lucha. ¿Cuáles son sus perspectivas en el marco de las tendencias que se venían desarrollando?

Claudia Cinatti: Había para decirlo esquemáticamente dos tendencias: una que venía de las luchas de abajo como en Chile, como en Colombia como en el Ecuador y otra que venía de la reacción desde arriba como Bolsonaro o el propio golpe en Bolivia. La pandemia fue una especie de pausa, de paréntesis, ese respiro de sacar a la gente de la calle es lo que estamos viendo que se terminó. Arrancamos de una situación mucho más comprometida del punto de vista de la crisis económica, de la crisis social, de lo que significó ser el epicentro de la pandemia de coronavirus donde todas las condiciones que habían llevado a esos procesos de 2019 se han profundizado. Hay países donde parece que esa famosa frase de Lenin de que” los de arriba no pueden y los de abajo no quieren” se va manifestando de una manera bastante clara. Ante eso hay intentos estrictamente de desvío haciendo las menores concesiones posibles.

Podríamos decir que en países como por ejemplo Chile, Perú y en cierto sentido Colombia, pero sobre todo Chile y Perú donde el neoliberalismo está consagrado en la Constitución. Tienen una base material común que son estas condiciones de contradicciones que vienen de antes, por la pandemia, de crisis política y de la emergencia de una generación que ve que el capitalismo no tiene mucho para ofrecerle. No necesariamente llevará al triunfo revolucionario, pero puede abrir procesos mucho más agudos de la lucha de clases y sobre eso es donde nosotros como revolucionarios apostamos a intervenir.

Isabel Infanta: La economía mundial sufrió este año una dura recesión que deja una mayor desocupación, Estados y empresas mucho más endeudados, y la posibilidad de quiebras y crisis que condicionan la recuperación que venga luego de la pandemia. Se agudizará la competencia entre las empresas y las contradicciones entre los Estados, mientras asume un nuevo Gobierno en Estados Unidos que dará nuevos contornos a las disputas con China y las potencias europeas, así como las distintas zonas calientes en el globo. En este marco, es probable que se retome el ciclo de luchas y revueltas que vivimos los años previos a la pandemia. La clase trabajadora cuenta con el mayor potencial de toda su historia. Tiene la posibilidad de superar a sus direcciones sindicales y políticas conciliadoras y ofrecer otra perspectiva que la de los capitalistas. En este ciclo, el programa Claves Internacionales fuimos dando cuenta de distintos aspectos de la realidad política y social internacional, y de distintos países, buscando aportar un punto de vista internacionalista y una política y un programa alternativos a los de las clases dominantes, no para reformar el capitalismo sino para cambiar la historia y terminar con la explotación y la opresión.

 

Fuente: Izquierda Diario

 

 

 

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