Persigamos sólo logros adecuados a nuestra naturaleza inherente. Aristóteles.

Política y ética aristotélica: El logro del fin adecuado a nuestra naturaleza inherente.
 
Aristóteles erigió su ética directamente sobre los cimientos de su psicología. Igual que existe un fin natural para el crecimiento de una bellota -ha de convertirse en un roble grande y fuerte- existe un fin natural y adecuado a la vida humana, es decir, su realización o cumplimiento. Con ello Aristóteles aportó una base filosófica a la idea de los griegos de que sólo hay un modo de vida mejor, que sólo existe un camino hacia la eudaimonía (felicidad).
 
Igual que los robles tienen una naturaleza inherente que tienden a cumplir si las condiciones son favorables, los seres humanos tienden a realizar su naturaleza cuando las condiciones son favorables. Debido a que le alma humana es, en esencia, racional, y por lo tanto está capacitada para ser virtuosa, «el bien humano resulta ser la actividad del alma acorde con la virtud» (Ética a Nicómaco).
Entiéndase esto último, y en concreto los conceptos de alma, virtud y razón, en sentido aristotélico; O sea, alma como desarrollo de las capacidades de un cuerpo vivo, virtud como logro del fin adecuado a su naturaleza inherente, y razón como facultad para adquirir el conocimiento de conceptos abstractos universales. Concretando, que dado que el desarrollo de las capacidades del cuerpo humano es, en esencia, racional, están facultadas estas capacidades, en su desarrollo, para alcanzar el fin adecuado a su naturaleza inherente.
 
Debido a que las condiciones en que viven el árbol o el ser humano son tan importantes para la realización humana, la ética de Aristóteles es, al mismo tiempo, ciencia política. La ética-ciencia política de Aristóteles pretende eliminar la diferencia entre fýsis y nómos (entre leyes naturales y leyes sociales) introducida por los sofistas, para recuperar así la idea griega de que ambas cosas son idealmente lo mismo. Es bien sabido que Aristóteles afirmaba que el hombre es por naturaleza (fýsis) un animal social (nómos) o, más exactamente, un animal político. La vida natural del hombre es la vida en sociedad y la felicidad humana -o eudaimonía- depende, por lo tanto, de que el hombre viva en el tipo correcto de sociedad ordenada (nómos).
 
Aristóteles, en base a todo lo dicho, defendía como mejor un estado regido por leyes que otro regido por las virtudes temporales de los gobernantes. Pues el estado regido por leyes demuestra mejor, en la práctica, su ajuste al logro del fin adecuado a su naturaleza inherente, que no es otro que el de servir al bien general.

La filosofía aristotélica como guía para la vida y estímulo para la acción.
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