Percepcion distorsionada del Socialismo – Segunda parte

PERCEPCIÓN DISTORSIONADA DEL SOCIALISMO.

SEGUNDA PARTE

Existen organismos de "cooperación" internacional, como la OMC (Organización Mundial de Comercio), la OCDE (Organización para la cooperación y el desarrollo económico), el FMI (Fondo monetaria Internacional), al Banco Mundial, etc., que poco han aportado al bienestar de la raza humana, pero mucho han contribuido a banalizar la palabra cooperación, que es la base conceptual del único sistema de organización económica y social que podría impedir el colapso completo e irreversible de nuestra civilización: el Socialismo cooperativista.

Pero mientras que la banalización del concepto de cooperación tiene un efecto desorientador entre la población en general, la distorsión del concepto de Socialismo ha tenido un efecto verdaderamente devastador entre la clase trabajadora, pues ha provocado la pérdida de la fe en el en este sistema económico. Actualmente en algunos países, como Estados Unidos, la palabra "socialismo" incluso ha adquirido una connotación peyorativa, especialmente entre la clase media. Así pues, la labor del intelectual de izquierda del siglo XXI será verdaderamente titánica, pues consistirá nada menos que en convencer al proletariado mundial de que la única alternativa para el Capitalismo es el Socialismo, pero que éste no es la religión secular que impusieron los sacerdotes laicos del bolcheviquismo, ni el espantajo inventado por las plutocracias del mundo.

Durante el siglo XX comprobamos la ineficacia y el horror del Socialismo burocrático. De Camus a Castoriadis, los intelectuales más lúcidos se encargaron de desenmascarar el "socialismo" soviético, denunciándolo como lo que realmente era: un Capitalismo de Estado al servicio de una clase privilegiada: la Nomenklatura. Desde que estalló la Revolución de Octubre hubo muchas voces que alertaron al proletariado mundial sobre la posibilidad de que el bolcheviquismo desembocara en una tiranía. Todavía resuenan las palabras de Rosa Luxemburgo: "… el remedio que encontraron Lenin y Trotsky, la eliminación de la democracia como tal, es peor que la enfermedad que se supone va a curar; pues detiene la única fuente viva de la cual puede surgir el correctivo a todos los males innatos de las instituciones sociales". Pero de nada sirvieron las advertencias, y durante la era staliniana la izquierda mundial estaba dominada por intelectuales que aseguraban que la pavorosa dictadura soviética era sólo un periodo de ajuste en el camino hacia la instauración del paraíso en la Tierra.

Por lo que respecta Socialismo "light", o sea la Socialdemocracia, aunque más respetuoso de la libertad y de los derechos individuales, jamás podrá lograr la necesaria transición al Socialismo por la sencilla razón de que desde sus inicios nunca tuvo la intención de eliminar de raíz la explotación capitalista. Su finalidad siempre consistió en "moderar" las injusticias del capitalismo a través de un régimen fiscal redistributivo que financiara un Estado benefactor. La relativa prosperidad que han alcanzado los asalariados de países paradigmáticos como Suecia, Noruega y Dinamarca se debe más al bajo nivel de corrupción de sus gobiernos que a la ideología socialdemócrata. Las buenas prácticas gubernamentales que se observan en los países escandinavos no son inherentes a la Socialdemocracia, sino el resultado de vetustas tradiciones democráticas maduradas a lo largo de siglos.

Por su parte, el carácter subordinado del Anarcosindicalismo tampoco nos ayudará a superar el Capitalismo, ya que la propia palabra "sindicalismo" implica la existencia de una organización dedicada a la defensa de los asalariados de las acometidas de los capitalistas. ¿Acaso los señores anarcosindicalistas nunca se han puesto a pensar para qué serviría un movimiento sindical en una sociedad formada exclusivamente por empresas cooperativas?

Otra cosa muy diferente es el Socialismo anarquista, que busca la eliminación no sólo de la explotación capitalista, sino también del Estado opresor. No obstante, con todo el entusiasmo que pudiera generar esta ideología, considero que por el momento todavía no estamos socialmente preparados para dar un salto de tal magnitud, especialmente en el Tercer Mundo, en donde, además, las expectativas del proletariado son mucho son mucho más modestas. Por otra parte, la falta de apego a la legalidad y la ausencia de tradiciones democráticas en nuestras sociedades harían muy difícil la transición directa desde un voraz Capitalismo criollo y un Estado autoritario a un régimen económico y social de naturaleza anarquista.

Como puede verse, la única alternativa viable es el Socialismo cooperativista. Se me dirá que es una puerilidad pensar que las plutocracias nacionales e internacionales permitirán que ocurra esto, especialmente si observamos el actual contubernio que existe entre las élites políticas y económicas. No obstante, si aceptamos por el momento las reglas de la democracia burguesa, los Estados no tendrán justificación para iniciar la represión. Esto, sin embargo, no significa que ya no recurramos a la utilización de organizaciones políticas celulares, operadas desde fuera de los partidos políticos tradicionales.

¿Cómo será un mundo en donde las corporaciones capitalistas sean substituidas por empresas cooperativas? Por supuesto que no será el paraíso, pues éste sólo existe en el imaginario de algunas religiones. Sin embargo, sí ocurrirían algunos cambios notables que, por sí mismos justificarían el esfuerzo. En mi próximo artículo presentaré un panorama mundial de lo que podría lograrse en un mundo verdaderamente cooperativo.

Esteban Torres

abril de 2009

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