Paz y Violencia

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Por José Luis Merino

Coincidiendo con la concesión del premio Nobel de la Paz 2018, al congoleño Denis Mukwege y la iraquí Nadia Murad, viene al recuerdo un estremecedor contrapunto de violencia, acaecido hace varios años y que merece ser recordado.

Aterradoras-espeluznantes las imágenes de la matanza a mineros en Sudáfrica. Ocurrió en las minas de platino, a cien kilómetros de la capital Johannesburgo. El balance aterrador se cifró en 34 muertos, 70 heridos y 200 arrestados. El hecho pudo ser más sangriento, a tenor de los 300 casquillos de balas de ametralladoras encontrados en el lugar del suceso.

Los mineros sudafricanos protestaban por las precarias condiciones de trabajo y los bajos salarios recibidos. Era una ofensa a su dignidad, comparativamente con el valor incalculable que ellos extraían de las entrañas de la tierra. Por eso los mataron, como se mata a los mosquitos molestos en la sabana…

Tras los luctuosos acontecimientos, los mineros decidieron convocar una huelga. Sin dar siquiera un mínimo signo de humana piedad y consuelo por lo acontecido, la reacción de los dueños de las minas fue amenazar con despedir fulminantemente a todos los trabajadores en huelga.

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La empresa propietaria de las minas de platino es británica, con sede social en Londres. Curiosamente en Londres, donde la policía inglesa se dispone asaltar la embajada de Ecuador, para apresar a Julian Assange (el de los Wikileaks), para extraditarlo a Suecia. [Últimas noticias procedentes de la propia Suecia, aseguran que nunca extraditarán a Assange a Estados Unidos, si es para condenarlo a muerte. Queda abierta la posibilidad de la cadena perpetua, con las torturas, la “bañera”, los electrodos, el lento enloquecimiento, los palizamientos, las vejaciones, el aniquilamiento de la persona, etc.]…

Dada la criminal matanza de los mineros sudafricanos, se antoja más apremiante que la policía inglesa visite las mansiones de los magnates platínicos, y los ponga a disposición de los magistrados del tribunal internacional de La Haya, donde se les juzgará presuntamente por crímenes de lesa humanidad.

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Respecto al posible desabastecimiento de platino por efecto de la huelga, no sería extraño que la empresa decida reclutar un voluntariado de honorables socios de clubes privados de los barrios elegantes de Londres, como Mayfair, Knightsbridge, Chelsea, Belgrave y Kensington, entre otros, y algunos más procedentes de clubes de golf de la ciudad del Támesis. Una vez en Sudáfrica, se les repartirán las herramientas correspondientes, picos, palas y martillos perforadores, algunas de ellas con rastros de sangre aún caliente. Podrán comprobar in situ las casas de buena parte de los mineros masacrados y esclavizados por sus compatriotas. Verán con sus propios ojos que esas casas no son sino chabolas de hojalata, sin agua corriente y sin luz eléctrica. A través de la miseria se crean las joyas…

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Joyas en posesión de las damas pudientes del planeta rico, quienes las lucirán en un amplio mapa carnal de escotes, lóbulos auditivos, cuellos, muñecas y hasta en algún atrevido tobillo. No se sorprendan las distinguidas damas si en algún momento sienten convulsas vibraciones procedentes del interior de las joyas. Son los latidos de los mineros atrozmente matados y canallescamente tratados.

N.- Los poderosos conciben la historia como un espejo: ven en el rostro deshecho de los otros –humillados, vencidos o “convertidos”–el esplendor del suyo propio. Esto lo escribió Octavio Paz trece lustros atrás, en correspondencia con siglos anteriores y de cara a futuros siglos. Verdad desnuda y cruda como una pera de San Juan.

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