Pataletas y sinrazones

Los asuntos internos del Perú, son eso: patrimonio de los que aquí hemos nacido, de quienes decidimos sobre nuestro presente y futuro y soberano designio sobre el cual nadie, ningún país, tenga las armas que tenga o que muestre la matonería a flor de piel para enviar misiones internacionales, tiene derecho a opinar. Por tanto, ha hecho muy bien la Cancillería peruana al puntualizar al Estado chileno que rechaza enérgicamente todas las expresiones en torno a un asunto del Perú. Nuestro país tiene a bien señalar las líneas de base para el establecimiento de su juriscción y soberanía de 200 millas en el Mar de Grau. Y el Congreso respaldará dicha circunstancia.

 

Debe notarse que Chile ha abierto puertas a un arbitraje o a la Corte de La Haya que antes daba por cerradas o clausuradas por supuestos limítes que ningún convenio pesquero, como los de 1952 y 1954, puede establecer. Los acuerdos de límites tienen su proceso en el derecho internacional y los contrabandos, aquí o allá, no son sino estafas a los pueblos que quieren vivir en paz, labrando su futuro y evitando que corsarios o piratas de toda laya, en el sur o en nuestros pagos, pretendan erigir sus oficinas burocráticas, sus negocios armamentistas o sus marañas pseudo-intelectuales para cohonestar sus rapiñas con el dinero del pueblo.

 

Sin embargo de lo dicho, no dejan de ser inquietantes hechos producidos en los últimos días. ¿Qué alcance tienen las declaraciones del parlamentario Gustavo Pacheco en el sentido de promover un rearme peruano? Un país desarmado no es una garantía de paz, un país desarmado es una presa apetecible recordó el ilustre patriota Alfonso Benavides Correa, pocos meses atrás, en uno de sus memorables artículos en defensa de las 200 millas del Mar de Grau. Pero, ¿no fue el FIM, el partido de Pacheco, uno de los gonfaloneros de esa dudosa política de desarme bilateral con Chile? Aquí hay un mar de fondo que necesita, como asunto interno y gravísimo peruano, ser investigado exhaustivamente.

 

Cuando hay rearmes o refacciones de armamento quienes se benefician son los mercaderes especialistas en esa clase de tráficos. ¿No se está asustando innecesariamente a la opinión pública peruana para que se fleten, vía decretos de urgencia, partidas rapidísimas y sin licitación, y entregar repotenciaciones pendientes (armamento ruso) a ciertos fenicios que están desesperados porque este régimen acaba en más o menos medio año? ¿De quién o quiénes son estos entripados dinerarios que han aprendido bien cómo se manejan los psico-sociales del fujimorismo en pleno toledismo?

 

Mientras que en Chile el barullo ha promovido actitudes de todo calibre, unas más agresivas y hasta ignorantes que otras (caso de la “analista” televisiva de apellido Barrios), en Perú hay que guardar una serena y vigilante expectativa de respaldo a los procedimientos internacionales en un asunto bilateral que tiene un camino a respetar y de irrenunciable recorrido. Por lo pronto, la pataleta chilena se basa en sus afirmaciones rimbombantes y hasta fuera de lugar. Ellos interpretan las decisiones peruanas que sólo están a nivel de una Comisión del Congreso y que mañana, sin duda alguna, este Parlamento hará suya en el soberano ejercicio de dictar líneas cardinales en los asuntos peruanos. ¡Y de nadie más! ¡No podemos ser, los peruanos, responsables de temáticas o rabietas ajenas que han empezado a cosechar, en Bolivia y Ecuador, respuestas más bien negativas!

 

Sin embargo hay que estar muy alertas con cuánto ocurre en nuestro país. A los testarudos que proclaman que la Convención del Mar sirve para resolver el asunto de la delimitación marítima con Chile, hay que recordarles que el país del sur, cuando adhirió a ese instrumento internacional, expresó su negativa a cualquier uso de su articulado en cuanto se refiere a contenciosos limítrofes con países con costas y mar adyacentes (léase Perú). De modo que estamos avisados y pecar de bobos y estúpidos contumaces frente a la guerra avisada es caminar directo a la traición sin atenuantes.

 

Hurguemos bien en las trapisondas que suelen usar los comerciantes criminales a quienes sólo importa vender armas y ganar dinero y para nada el bienestar y la paz de los pueblos. Auscultemos al milímetro a esos políticos que hoy dicen lo que hasta ayer negaban. Y seamos celosos custodios del Mar de Grau que no puede, ni ahora ni nunca, admitir lo que la Convemar sostiene en su artículo 3ero.: “Todo Estado tiene derecho a establecer la anchura de su mar territorial hasta un límite que no exceda de las 12 millas marinas…” en antinómico y frontal choque con el Artículo 54 de la Constitución que habla de 200 millas sobre las cuales el Estado debe ejercer soberanía y jurisdicción.

 

¡Atentos a la historia; las tribunas aplauden lo que suena bien!

 

¡Ataquemos al poder; el gobierno lo tiene cualquiera!

 

¡Hay que romper el pacto infame y tácito de hablar a media voz!

 

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