Paremos la ofensiva sexista

 

El Gobierno del PP está tratando de maquillar su ataque a los derechos de las mujeres y las personas LGTBI —una ofensiva sin precedentes desde el franquismo— como una vía para paliar la crisis. Dicen priorizar y aprovechan para discriminar. La opresión se está afilando con el cuchillo del conservadurismo más rancio y el gobierno de la austeridad hiere con sus políticas a las clases populares que más sufren la crisis.

Este mes pasado ha sido especialmente duro con el anuncio de tres medidas que muestran la apuesta de este gobierno por la violencia contra la mujer y la imposición de un patrón familiar cortado por las tijeras del conservadurismo retrógrado. Y es que los ataques vienen de muchos frentes y de lejos. Los recortes en el plano laboral (desde la primera reforma hasta la caducidad de los convenios, que albergaban cláusulas de igualdad) y la contracción y privatización de los servicios públicos suponen poner sobre las espaldas de las mujeres el peso de los cuidados. Para ello, reafirmar la ideología conservadora de mujer madre sacrificada y heterosexual es clave. De este modo, la situación impuesta por los recortes intenta ser justificada por valores retrógrados y discrimitarios defendidos desde las instituciones. La cuadratura del círculo que nos intenta ahorcar.

La ofensiva específica del gobierno del PP contra los derechos de la mujer se está mostrando con una claridad cegadora. El plano reproductivo, la otra cara de la moneda que apuesta por la resituación de la mujer en la esfera de cuidados (y que refuerza además la profundización de la precariedad laboral), está ocupando la agenda del gobierno a marchas forzadas. La restricción de la interrupción voluntaria del embarazo anunciada por Gallardón, la exclusión de mujeres lesbianas y solteras de los tratamientos de reproducción asistida de la sanidad pública y el nuevo y terrible registro de mujeres víctimas de violencia de género (que sólo contabilizará como tal a las mujeres heridas que permanezcan un mínimo de 24 horas en el hospital) dejan claro que el PP gobierna masacrando. Mientras nos obligan a las mujeres a parir y a ser cuidadoras, nos dicen con quién lo debemos hacer (como si lo tuviéramos que hacer con alguien) y, además, nos abocan a relaciones de violencia protegidas por el Estado. Es una situación gravísima a la que tenemos que responder con movimientos masivos y unidad desde los movimientos sociales, los centros de trabajo y las calles.

De hecho, la respuesta en la calle, con movimientos de mujeres y hombres para defender el derecho a la reproducción asistida o al aborto, están emergiendo como hace décadas que no aparecían. La amplitud del Movimiento 15M, el nuevo feminismo anticapitalista y la unidad que se viene forjando en los últimos años están creando un escenario en que se construye, poco a poco, un movimiento feminista más arraigado en las luchas y más combativo. El sexismo, la crisis de cuidados y el control reproductivo son temas claves para combatir la austeridad.

Hay que tumbar al gobierno de la opresión. Para muchas mujeres, será pronto una cuestión de vida o muerte.

En lucha / En lluita

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