Paraguay: “Sin reforma agraria no habrá paz”

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Sin reforma agraria no habrá paz. Así lo sostiene la Federación Nacional Campesina en su XXIV marcha. Y tiene toda la razón del mundo.

Lo repitieron anoche, en el cierre de la marcha, frente a un Parlamento rodeado por policías y cascos azules.

Un Parlamento que ora está de tembiguai de un grupo económico y ora está de otro, lejos de esos rostros que portan la miseria y la esperanza, en un puño cerrado y la rabia acumulada.

Cuánta verdad en esa frase: “sin reforma agraria no habrá paz”. La tierra es el centro de acumulación del poder infame en el país. 3.500.000 hectáreas de las mejores tierras de la Región Oriental son utilizadas para la soja, el maíz y el girasol transgénicos. Son páramo verde, intensamente verde, sin posibilidad de que una hormiga sobreviva. En 500 hectáreas trabajan dos personas, entre el veneno que contamina el agua y la tierra, contamina la placenta de las mujeres, incuba criaturas deformes.

Ganan mucha plata la Monsanto, Cargill, ADM y el resto se reparte en la infantería de ocupación brasileña, encabezada por Tranquilo Favero, y el sistema financiero.

Le compiten a la soja, con extensiones incomensurables, enormes campos utilizados para la genadería y la narcoganadería, aunque la ganadería clásica, salvo la del Sur, Misiones y Paraguari, se ha mudado, en masa, al Chaco, provocando la mayor deforestación del planeta en los últimos tiempos.

La narcoganadería es un cuento de Tarantino: grotesco, tragicómico. Son enormes extensiones en cuyos fondos se trafican, en improvisadas pistas que pueden soportar avionetas monotores y bimotores, drogas y otros productos, incluidos los cigarrillos “paraguayos” que “se fabrican” en el Este.

En números absolutos, el 90 por ciento de las tierras está en manos de 3 por ciento de la población. En las rendijas de ese escenario sobrevive nuestra gente, en precarios ranchos, entre zanjones, barrancos, colectivos y caminos maltrechos. Cultiva con tecnología medioeval: azadas, machetes, arados estirados con bueyes o caballos.

Esa gente produce la mandioca que comemos, el maíz, el poroto y una variedad todavía muy aprecida de productos orgánicos. El 30 por ciento de nuestra población vive en el campo.

El resto malvivimos en ciudades de hollín, tráfico, estrés.

La FNC tiene toda la razón del mundo: si no resolvemos la posesión y la producción de la tierra a partir de la agricultura familiar, procesando los productos primarios, generando renta distributiva y alimentos sanos, no habrá paz.

Fuente: http://www.resumenlatinoamericano.org/2017/03/30/paraguay-sin-reforma-agraria-no-habra-paz/

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