Para proteger al proceso revolucionario hay que luchar por el socialismo

La propaganda oficial pronosticaba que, una vez aprobada la Enmienda Constitucional, el gobierno aprovecharía su posición de fuerza para profundizar el proceso revolucionario, tomando medidas en favor del bienestar social y económico de las grandes mayorías explotadas de nuestro país. No importaba que el precio del barril de petróleo bajara a 0 dólares, porque nuestra economía estaba blindada, gracias a la política económica del presidente Chávez y sus ministros.

Apenas 5 semanas después de la victoria electoral del gobierno, el blindaje económico del país demostró ser insuficiente ante la caída de los precios del petróleo, y la respuesta del gobierno fue la de resolver los desequilibrios fiscales aumentando en un tercio el Impuesto al Valor Agregado, debilitando el salario real, al aumentarlo muy por de bajo del índice inflacionario; además de reducir el gasto estatal, y casi triplicar el endeudamiento público presupuestado inicialmente para el 2009.

El gobierno que tomó estas medidas, todas ellas dentro de la ortodoxia capitalista, es el mismo que se presentaba antes de la enmienda como el operador de un milagro económico: supuestamente habría logrado que un país dependiente, monoproductor, siguiera siéndolo, pero resultara invulnerable ante la crisis económica mundial. La Asamblea Nacional aprobó un presupuesto con fines publicitarios en los últimos meses de 2008, sobre la base de un barril de petróleo cuyo precio era calculado a 60$. Una vez aprobada la enmienda, se adoptaron los ajustes necesarios para bajar el presupuesto a la realidad. Lo mismo ocurrió con el discurso, que pasó de las promesas sobre la realización del cambio social tantas veces postergado a lo largo de esta década, a limitarse a una política económica conservadora y la retórica del "mal menor".

No cabía esperar que una victoria electoral en el referendo, luego de una campaña personalista, y en la que tuvo especial protagonismo el "Frente Social Empresarial" que agrupa a los capitalistas del PSUV, iba a desembocar en una profundización del proceso revolucionario. Tampoco se podía esperar que un país altamente dependiente como Venezuela saliera ileso de la crisis financiera mundial. Sin embargo, una parte de la izquierda se jugó a vender estas ofertas engañosas. Pero todavía hay algo peor que pronosticar lo imposible, como que la burguesía y los nuevos ricos se van a autoexpropiar para avanzar al socialismo. Y es que cuando esa clase política reformista, que ha amasado capital en la administración del Estado burgués, dicta medidas para preservar la salud de sus negocios y los del resto de la burguesía, todavía hay quien presenta esas medidas como "socialistas".

En vez de pechar a los ricos y a las transnacionales (muchas de las cuales evaden impuestos a través de los Tratados contra la Doble Tributación), el gobierno aumenta un impuesto regresivo y brutal como el IVA, para que la mayoría empobrecida rellene el hueco fiscal. En vez de auditar la deuda externa y declarar una moratoria en su pago, o nacionalizar la banca, se aumenta el endeudamiento. Pero el pueblo trabajador no sólo pagará la crisis a través del IVA, también pagaremos a través de la desvalorización del salario real, pues el salario mínimo perderá en el 2009 entre un 15% y un 20% de su valor frente a la inflación, esto según los estimados más optimistas. También pagamos la crisis cuando el Estado y las empresas privadas se alían para tercerizar el empleo impunemente; o cuando las instituciones públicas y los cuerpos represivos criminalizan y atacan las huelgas y las movilizaciones por mejoras laborales. Un triste ejemplo de esto es la arremetida represiva contra los trabajadores de la Mitsubishi, en Anzoátegui.

Hay que recordar que el año pasado, el gobierno anunciaba en un rimbombante acto el 11 de junio, que entregaba un millardo de dólares a los empresarios, millardo que ahora parece faltarle al Estado; y que se liberaban los precios de la mayoría de los alimentos, todo esto a nombre de una "alianza estratégica con la burguesía". Las medidas "anticrisis" nos muestran que el discurso hacia el pueblo antes de la enmienda era un asunto táctico, mientras que la alianza con la burguesía es lo verdaderamente estratégico.

El viraje a la derecha del gobierno ha creado distorsiones tremendas. La burguesía y sus partidos tradicionales ahora juegan a colocarse "a la izquierda", y hasta Fedecámaras dice que el aumento al salario mínimo es insuficiente (aunque cínicamente añaden que muchas de sus empresas tendrán dificultades para pagar el aumento oficial). Pese a que las medidas benefician a la burguesía, así paga el diablo a quien bien le sirve. Hay sectores burgueses interesados en aprovechar cualquier oportunidad para golpear al gobierno e intentar recuperar el poder. Por eso es que Antonio Ledezma hace llamados patéticos a los trabajadores, tratando de sumarlos a su agenda, pero casi nadie le escucha. Y es que ese sector burgués tiene un plomo en el ala, por su historia de crímenes contra el pueblo, por su vocación pro imperialista y golpista.

Frente al gobierno y la derecha pro fascista, hoy es posible y necesario construir una opción política del pueblo trabajador, que luche contra estas medidas económicas del gobierno, pero no para restaurar el antiguo régimen neoliberal, sino para avanzar hacia la verdadera superación de la crisis recurrente del capitalismo, para construir una sociedad socialista, sin explotación. Esa es la única manera de preservar el proceso revolucionario venezolano.

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