Para leer « El Capital»

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Por Iñaki Urdanibia

La obra más célebre de quien no se considerase marxista, es sin lugar a dudas esta voluminosa obra que ha sido más nombrada que leída, y que hoy parece que tras pasar un largo periodo en el purgatorio , por no decir el infierno ( pero es que de este ultimo no se sale), renace con cierta fuerza desde que las zarpas de la crisis arañasen al mundo, se dio emparejada a tal situación un aumento de la gente por el libro de Karl Marx, interés que ha aumentado más si cabe en este año n que se ha cumplido el doscientos aniversario de su nacimiento, en Tréveris en 5 de mayo de 1818; en este año los editores calculan que se llegarán a vender 3000 ejemplares de la obra, cifra insólita para un libro, que se compone de tres volúmenes, y de un género que habitualmente no centra las preocupaciones del personal. Este aumento además de la crisis financiera de 2008 y los coletazos años siguientes y el aniversario mentado, puede deberse que la utilización del nombre de Marx, y sus derivados ( marxismo, etc.), ya no se utiliza al menos de manera generalizada como bandera para luchar contra los países dichos socialistas, lo que le supone que se le haya quitado el traje de diablo que se le había endosado y así hay gente entre las nuevas generaciones que no tienen recelos para acercarse a la obra capital de Marx.

También es cierto que en las propias filas de la rebelión, algunos ha solido aplicar una falaz metonimia que hace que una versión del marxismo, convertida en doctrina de estado, pase a representar todos los males habidos y por haber en los procesos de burocratización , recurriendo para ello a los tiempos de la AIT, en los que las diferencias entre federalistas / anti-autoritarios y centralistas / autoritarios estaban representadas por Bakunin la primera mientras que la segunda era personificada por Marx y epígonos; según esta simplificadora visión ya entonces en el comportamiento de Marx se veían todos los males que luego vinieron, de las obras…ni hablar ya que teniendo en cuenta lo primero se ahorra el trabajo de leerle aduciendo un tramposo silogismo que vendría a mantener que de un autor autoritario nada bueno podría salir ni esperarse, ¡vaya por dios! Se obvia con tan simplificación que marxismos , en la medida de teóricos y militantes que se han reclamado del revolucionario alemán, ha habido de muy diverso pelaje, desde luego nada tiene que ver la vulgata establecida por las luminarias del PCUS y por el mismo Stalin que las reivindicaciones de Marx por parte de Karl Korsch, Gustav Landauer, Rosa Luxemburgo, o hasta algunos anarco-marxistas como el necesario Daniel Guérin ( no se ha de olvidar , y no digo como argumento malévolo, que al ruso fue el propio Bakunin quien tradujo la obra de su adversario). Así pues, no parece el camino adecuado tirar al bebé con el agua del baño sino que es lo más probo distinguir y acercarse sin prejuicios a la obra de Marx.

Podría optarse por el camino más expeditivo y decir que si se quiere leer a un autor lo mejor es recurrir a la lectura directa de sus propias obras en vez de acudir a introducciones que en no pocas ocasiones, por no decir que prácticamente en todas, la simplificación está servida y no me detendré en los manuales de Kuusinen o los diccionarios de Rosental y Iudin ( por no referirnos a lo catecismos- con perdón de Politzer o más tarde los omnipresentes lecciones de Marta Harnecker); quizá, en este orden de cosas, allá por los sesenta cobró presencia y celebridad aquella llamada a Lire le Capital, realizada por Louis Althusser con la ayuda de algunos de sus alumnos de entonces ( Etienne Balibar, Jacques Rancière, Pierre Macherey y Robert Establet) que la verdad era una visión estrictamente epistemológico-cientista presentada por los autores que a través de la famosa coupure epistémologique dejaba fuera de combate al joven Marx y sus veleidades heredadas de Hegel y Feuerbach con sus conceptos como alienación que no hacía sino representar un bienintencionado humanismo que para nada era marxista… la invitación a leer el Capital quedaba muy bien pero la lectura del libro más que facilitar la lectura de la obra magna del alemán, desviaba las cosas a una nebulosa que en vez de favorecer la propuesta lectura la complicase o hasta la evitase, a pesar de lo cual no cabe duda de que supuso una re-lectura de Marx que sacudió las tranquilas aguas de la mirada tradicional, esquemática y mecanicista; si bien también es verdad es que la lectura iba enfocada a enfrentarse con quienes mantenían una lectura basada en los Manuscritos, sacados a la luz en los años treinta.

Pues bien, acaba de ver un libro que puede incluirse entre los catalogados como una nueva lectura de Marx de Michael Heinrich: « Crítica de la economía política. Una introducción a El Capital de Marx » ( Guillermo Escolar, 2018). Vaya por delante que aunque en muchas ocasiones las introducciones o prólogos suelen ser, o suelen ser considerados como, baladís, no es el caso de la presentación que de la obra realiza César Ruiz Sanjuán, editor de ella: La nueva lectura de Marx, que , en el orden de lectura como es obvio va al principio, y ha de ser leído pues de él se saca, sin duda, provecho; y ello porque sitúa el trajín que se ha dado con respecto a la obra de Marx estudiada y sus diferentes interpretaciones , tergiversaciones , surgidas de las simplificaciones realizadas por Engels, con el fin de hacer accesible la complejidad de la obra de su amigo a los trabajadores, esto sirvió de base a ciertas interpretaciones deterministas y dogmáticas, representadas por el marxismo tradicional, bajo la batuta de los soviéticos, que presentaban de manera mecánica el inevitable colapso al que iba a llegar el capitalismo. Se presenta también en la jugosa presentación, los desmarques del marxismo occidental , y la importancia que tuvo en el estudio de la obra marxiana la aparición de los Manuscritos y los Grundisse, que hicieron que surgieran diferentes acercamientos algunos de ellos complementarios para la lectura de El Capital; por último, se destacan los puntos esenciales de la lectura que realiza Michael Heinrich .

El acercamiento de Heinrich se lleva a cabo desde una óptica crítica que no se priva de emitir ciertos reparos a algunas de las conceptualizaciones de Marx, del mismo modo que hace hincapié en algunas ambigüedades que hacen que Marx se sitúe, en algunos momentos, en el mismo nivel que los estudiosos de la economía política clásicos. Subraya de todos modos el aspecto crítico que destacaba en el proyecto de Marx, al calificarlo como crítica de la economía política, aspecto que queda puesto de relieve desde el propio título de la obra.

Entre los indudables valores del ensayo, está su claridad que hace que los complejos aspectos planteados en la obra estudiada sean puestos al alcance lector, valor al que se han de añadir las incursiones que el ensayista realiza en las diferentes interpretaciones que de algunos conceptos se han realizado, tanto por el marxismo tradicional como por el occidental, aclaraciones que va intercalando en la exposición de los aspectos esenciales y las categorías de la obra estudiada: trabajo, valor, dinero, mercancía, capital, plusvalor y explotación, el proceso de producción capitalista, la circulación, el beneficio, la caída tendencial de la tasa de beneficio, las crisis, el fetichismo de las relaciones burguesas y algunas derivas sobre la concepción del Estado en Marx y algunos escarceos en el tema de la cuestión judía. Tras los dos primeros capítulos en los que Heinrich expone sus decisiones metodológicas, y ya desde el siguiente entramos en harina y en la visita rigurosa de los tres tomos de la obra de Marx: valor de uso / valor de cambio , trabajo abstracto/ concreto y las distintas formas del valor, traducido en el dinero. Posteriormente somos aleccionados con respecto al establecimiento del valor, no de un modo sustancialista que es el predominante en las interpretaciones al uso ( el trabajo socialmente necesario) sino en la unión del trabajo individual y el trabajo social, en el intercambio de mercancías. Desvelada la relación entre mercancía y dinero, se pone en relación a este último con el capital, y en la acumulación originada por el plusvalor, producto del pago, vía salario, que el patrón hace de la mercancía-fuerza de trabajo y no del valor del producto del trabajo llevado cabo por el trabajador.

Los pasos siguientes nos conducen a las distinciones entre capital constante y variable y a los consiguientes plusvalor absoluto y relativo, y ahí entramos en la dinámica incesante del capitalismo en busca de su propio objetivo: el beneficio y el impulso incontrolado por ampliarlo de tal modo que tanto los humanos como la propia naturaleza se vean ninguneados con tal de que el objetivo señalado se cumpla…y siga marchando hacia adelante. Ahí es cuando aparece con fuerza el auténtico espíritu del capital , que más allá de la injusticia que supone en lo que hace a la distribución de la riqueza y las consiguientes y crecientes desigualdades, lo realmente preocupante es su carácter irrefrenable y depredador que puede llevan al desastre del agotamiento de las materias de la tierra. Beneficio tasa de beneficio son analizados y la tantas veces criticada “ley de la caída tendencial del beneficio”, que es explicada por Heinrich sin considerarla unida a la teoría de la crisis , de la que es independiente, resaltando el carácter voraz e insaciable del capital. El capital financiero y la idea del fetichismo especialmente ligado con éste, y el papel clave que juegan los bancos y las entidades de crédito como base sustancial de la estructura económica del capitalismo…provocando por las ansias de ampliar los beneficios el recurso a cantidades de capital solamente existentes en los sistemas de crédito, con lo que se trata de ampliar las inversiones y el crecimiento de ganancias que estas pueden originar. El análisis de las crisis resulta revelador al suponer un desmarque a las visiones mecanicistas, tan ampliamente implantadas, de que las crisi abocan al capital al desastre seguro y al colapso final , teoría que ha solido provocar una asentamiento de las visiones de espera…ya que el derrumbe llegará solo y sólo queda esperar. El fetichismo vuelve a ser contemplado con detenimiento y este caso recurriendo a la fórmula trinitaria – que supone la ilusión de que el capital, la propiedad del suelo y en trabajo son fuentes de valor per se producidas por la sociedad, y no como simples fuentes de ingreso para quienes están en posesión de ellas…hurgando el autor en los engaños que hacen creer a los ciudadanos, en general, que las cosas funcionan de un modo que en realidad no funcionan. El siguiente paso es dado en estudiar el papel del Estado , despejando algunos lugares comunes / instrumento opresor / árbitro) y proponiendo la justa visión de la participación estatal en la regulación de los modos de la producción, también se analiza la concepción del comunismo, poniendo los puntos sobre las íes, ya que las no-lecturas o las lecturas deficientes han dado por propia de Marx una visión que no se corresponde con lo expresado por él,, quien, por otra, parte no se dedicó en ninguna de sus obras a vender ningún tipo de armoniosos paraísos.

Por medio de las diferentes clarificaciones que se van sucediendo y que van siendo unidas las unas con las otras, como acabo de señalar, van asomando algunos aspectos esenciales de cara a una interpretación no ideológica, que ha sido lo predominante, que ha presentado la obra de Marx, bajo la denominación de marxismo como un recetario que tiene ( iba a decir tenía, pero todavía hay gente que se mueve en esos parámetros, por lo que lo he puesto en presente)respuesta para todo, y que ha de ser considerada como una ciencia exacta que marca la dirección de la sociedad hacia un porvenir insoslayable como si de un artefacto mecánico se tratase. Sirve igualmente la travesía propuesta por Heinrich para despejar los aires deterministas que tantos han criticado en Marx, cuando de hecho deja aclarado que tal visión no era de él sino de sus sucesores, que defendían la teoría del colapso al que estaba abocado el capitalismo como que esto fuese una ley de la naturaleza, independiente de la acción de los humanos. La labor de desmarque contra las supuestas puestas en práctica del ideario marxista, en los países del socialismo real ( por no hablar del socialismo burocrático y autoritario, aunque suene a puro oxímoron la unión de la primera palabra con las dos siguientes), desde la revolución de 1917, encabezada por Lenin y el partido bolchevique, marcando las experiencias posteriores en las que predominó el aspecto distributivo al emancipatorio que hacía que la sociedad entre iguales, la asociación de hombres libres, de la que hablase Marx quedase absolutamente anulada, al crearse un ambiente rígido en el que las libertades brillaban por su ausencia y el dirigismo más férreo era la moneda al uso, encarnada en el omnipresente y todopoderoso partido. No se ha de obviar tampoco los tonos moralistas que algunos ha otorgado a la obra de Marx, como si casi su proyecto fuese un pariente del espíritu cristiano, cuando de hecho la pretensión de Marx era la de estudiar el funcionamiento de la sociedad capitalista y la crítica de los velos, ideológicos, que ésta producía y que ocultaban los verdaderos objetivos que guiaban al capital: el beneficio, penetrando en las mentes de los trabajadores como si de una verdad pura amén se tratase.

La obra da pistas, igualmente, para ver la actualidad y pertinencia de los planteamientos de Marx, ya que aún habiendo cambiado los modos de funcionamiento del capitalismo, éste sigue siendo capitalismo y el retrato que el de Tréveris hacía con respecto al capitalismo de su época, sirve como base estructural al de entonces como al de ahora, obviamente sin obviar los cambios en lo que respecta a las clases, a los desarrollos científico-técnicos y sus consecuencias en el proceso productivo, etc., etc., etc. , y también para desmitificar algunas de las críticas habituales que subrayan el absoluto fracaso del ideario de Marx, cuando de hecho están refiriéndose a unas políticas que aun reclamándose del autor de El Capital, no usaban de él más que como bandera de enganche.

Igual que los otros mantenían que siempre hay motivos para rebelarse, « hay razones de suficiente peso para abolir el capitalismo e intentar reemplazarlo por una asociación de hombres libres”», y en este orden de cosas se puede afirmar que tras los estudios de Marx sobre la historia y el capitalismo hay un antes y un después al igual que lo hay, en sus terrenos correspondientes, con respecto a Kant , Newton o Darwin por nombrar algunos casos, del mismo modo que se puede coincidir con las afirmaciones de César Ruiz Sanjuán: « la teoría de Marx es una de las herramientas más potentes de que disponemos para comprender la dinámica interna del sistema capitalista, y a ella tiene que remitirse cualquier análisis profundo del capitalismo y cualquier crítica que aspire a la emancipación social de las personas sometidas a su potencial destructivo», del mismo modo que se puede afirmar que el libro presentado de Michael Heinrich es una magnífica herramienta no para sustituir la lectura del original marxiano sino para acercarse él con unas sagaces orientaciones que indudablemente facilitar´na la comprensión de esta magna obra de las ciencias sociales y de la emancipación.

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