Pandemia, crisis y restructuración ultra-neoliberal del gran capital

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“Esta pandemia se presta  para justificar una nueva restructuración del sistema imperialista en procura de la hegemonía absoluta del capitalismo supranacional del capitalismo y la supremacía del patrón de acumulación micro-electrónico-informático-cibernético.”

El impacto de la pandemia del COVID 19 ha desnudado, acelerado y agravado la profunda crisis de decadencia del capitalismo mundial.

Ha operado como un detonante de los ya desacreditados modelos neoliberales, provocando  crisis de salud y deterioro económico-social en mayor escala.

Los sistemas públicos de salud  y seguridad social, ya degradados por las privatizaciones y el ejercicio de la salud como negocio capitalista, han sido desbordados por el enorme número de personas infectadas.

La incertidumbre, el sufrimiento, la perspectiva de  hambruna y la amenaza de muerte se apoderan de los pueblos maltratados por sistemas excluyentes e ineficaces frente a ésta y otras epidemias, incluido el nuestro.

 La voracidad capitalista y la corrupción agregada, han provocado una crisis de existencia de la humanidad y una fragilidad de la vida en sociedad de tal profundidad, que cualquier aguacero, huracán, terremoto, tornado, epidemia y pandemia, pueden generar tragedias humanas y sociales tan dramáticas como la actual.

Las causas ya no se pueden ocultar.

El capitalismo crea riquezas generando pobreza social y ecológica.

Su razón de ser no son las necesidades humanas, si no las ganancias.

El GRAN CAPITAL es como una especie de Rey Midas, que en vez de convertir todas las cosas en oro, tiene el maleficio de convertirlas en mercancías, para ser ofertada en el altar del Dios Mercado y ser transmutada en lucro y ganancias privadas colosales de unos pocos.

Bajo esta racionalidad y esta lógica capitalista el neoliberalismo considera mercancías  incluso a los seres humanos y sus derechos esenciales, a la Madre Tierra o Casa Común, a todo lo que se llame salud humana y ambiental, educación, alimentación, seguridad social, seguridad ciudadana, igualdad de género y ejercicio político.

Pervierte todo.

Convierte todo en negocio y fuente de lucro.

Exalta el yo y procura matar el nosotros/as.

Ataca a muerte la solidaridad humana.

 El imperialismo ejecuta todo tipo de guerra sucia: económica, militar, cibernética, química, bacteriológica, viral, mediática… Pentagoniza y gansteriza la política exterior.

  • ¿Una pandemia inducida para facilitar una cruel restructuración del gran capital?

En ese contexto brotan justificadas sospechas de que esta pandemia pudo ser inducida para crear una situación en la que las cúpulas gobernantes de las superpotencias imperialistas occidentales y los magnates del gran capital privado transnacional no aparecieran como responsable del desplome económico que se estaba gestando mucho antes de que se presentara la epidemia del COVID 19 en China.

La pandemia del nuevo Coronas Virus, inducida o no, se presta para atribuirle a ella las causas de otras manifestaciones de la prolongada crisis de decadencia del sistema capitalista mundial, cada vez más agravadas.

Esta pandemia se presta también para justificar una nueva restructuración del sistema imperialista destinada a potenciar la hegemonía de los componentes supranacionales del capitalismo, a  terminar de liquidar los Estado-Nación y a ampliar la supremacía del patrón de acumulación micro-electrónico-informático-cibernético en las cadena y sistemas de producción y distribución a nivel global.

Una nueva restructuración que persigue imponer -bajo la sombrilla de una tenebrosa crisis de salud- un reordenamiento de las relaciones capital-trabajo, que vuelque el costo de la virosis que precipita la gran depresión que venía gestándose, sobre la fuerzas mundiales del trabajo asalariado, la economía informal y las empresas medianas, pequeñas y micro.

 Está en marcha nuevas modalidades de organización empresarial y contratación de la fuerza de trabajo, incluso tele-trabajo, que descargan sobre ellas elevados costos de infraestructuras físicas, seguridad, servicios de electricidad, agua, alimentación e internet.

También procesos tecnológicos que reducirán más aun el tiempo de trabajo necesario e incrementarán la “masa laboral sobrante”; implantando también esquemas militaristas en la producción y los servicios (salud y educación incluidas), amalgamados con la expansión y renovación digital-cibernéticas.

Como las crisis de salud se combinan con todas las demás y las parálisis y semiparalisis económica que ellas provocan detiene o reduce la  obtención de ganancias en diversas redes empresariales privadas, además de practicarse una alta especulación en los negocios vinculados a ese sector, en los últimos años a nivel mundial se ha puesto en marcha una alianza de los Bill Gates con los grandes laboratorios farmacéuticos, previo control financiero privado de la OMS en procura de manipilarla para suplantarla y posteriormente dar paso a un sistema mundial de salud militarizado y tutelado por el capital privado transnacional.

Esa racionalidad globalizadora es trasladada también a la esfera de control militar de las sociedades auxiliado por tecnologías de última generación en materia de espionaje, acopio de data, vigilancia electrónica y sistemas satelitales.

En ese contexto las intensas resistencias de facciones capitalistas tipo Donald Trump y los llamados nacionalistas, son engendros neofascistas que operan a  contracorriente del globalismo dominante, fracturando el imperio decadente.

  • Aquellos vientos trajeron estos huracanes a nuestra isla caribeña.

En ese  contexto mundial, la República Dominicana -subordinada a EE.UU- no solo no podía ser excepción, sino que se ha constituido en una muestra de altísima de degradación de la clase dominante-gobernante y un país con condiciones estructurales de  altos riesgos y enorme vulnerabilidad frente a fenómenos naturales, epidemias y a  pandemias como la del COVID 19 en expansión.

Pasa en superlativo también en la hermana República de Haití, con quien compartimos esta hermosa isla caribeña.

Las  recetas neoliberales dejaron la economía y los servicios sociales a la deriva de un supuesto libre mercado controlado por las transnacionales y las grandes empresas capitalistas locales.

Durante decadas los diferentes gobiernos dominicanos han aplicado las políticas neoliberales privatizando servicios y empresas estatales.

 Este accionar y pensamiento ideológico dio un importante salto institucional con la Constitución del 2010 y de esa manera el capitalismo neoliberal adquirió rango constitucional e infectó todo el marco jurídico, económico y legislativo que rige el funcionamiento del Estado y la sociedad.

Todo esto se ha traducido en las siguientes  realidades:

  • Las leyes de salud y seguridad social, junto a todas las políticas públicas correspondientes, fomentan el lucro privado en lugar del bienestar colectivo.
  • El sistema educativo, público y privado, fue Impregnado de una visión mercantilista, que en vez de formar seres humanos libres y solidarios, solo busca transmitir conocimientos técnicos y productivos que permitan engordar el Capital, a la vez que mercantiliza progresivamente la enseñanza.
  • Las leyes electorales y el ejercicio de la política fueron contaminadas en alto grado por el mercantilismo político.
  • El consumismo superfluo ha alcanzado niveles alarmantes.
  • Los hábitos de consumo cambiaron para peor.
  • La estructura social quedó disgregada y trituraron la cultura de solidaridad.
  • El egoísmo ha sido inyectado en grandes dosis a la sociedad junto a la ambición por el dinero.

Todas las opresiones y discriminaciones: patriarcado machista, racismo, menosprecio por los niños/as, adolecentes y jóvenes… han sido usadas para el crecimiento de las fortunas y el poder a cargo del gran capital privado y la partidocracia. Y todas las crisis capitalistas son usadas para potenciar esas opresiones

El afán de lucro por vías legales e ilegales se disparó.

La corrupción se expandió en partidos, Estado, gobierno y en no pocas empresas privadas; siempre protegida por un régimen de impunidad.

Las desigualdades crecieron y los de arriba se tornan cada vez más autoritarios, insensibles y deshumanizados; más propensos a considerar los cargos públicos, las finanzas del Estado, el patrimonio natural del país y los partidos políticos como patrimonio propio o de sus empresas y negocios.

Así se ha creado una asociación mafiosa entre la partidocracia, altos funcionarios, representantes del gran capital privado y políticos enriquecidos al vapor.

Esa asociación mafiosa está dividida entre la facción preeminente en el Estado y la que aspira ocuparlo por la vía de unos comicios presidenciales y congresuales, que pospuestos por la pandemia, lucen cada vez más inciertos e inútiles para salir de este empantanamiento en el marco de una crisis político-institucional no resuelta.

  • Señales de la restructuración global en tierra dominicana.

Esto, más que detener,  ha acelerado el impacto local de la restructuración capitalista-imperialista.

La incapacidad y decadencia de los grupos subalternos, intensifica y sobredimensiona el intervencionismo de EEUU.

El anuncio de la instalación bajo el mando militar-policial dominicano del denominado 5C-I / BIG DATA SANITARIA, léase  Comando, Control, Comunicaciones, Computadoras, Cibernética e Inteligencia, amerita colocarse bajo fundadas sospechas de militarización dependiente para un mayor control del país; extendida a un tema, que como el de la salubridad, compete a toda la sociedad, y muy especialmente al pueblo de a pié.

Pero no solo.

 La presentación de esa iniciativa tecnológica ultramoderna -con total ausencia de la transferencia debida para asuntos tan delicados como este- parece encubrir su estrecha vinculación con la presencia de asesores extranjeros y con los imperiosos designios imperialistas.

 En estos días abundan en Nuestra América expresiones similares de lo que parece ser la determinación de EEUU de imponer una mayor centralización y subordinación de los sistemas de control, información e inteligencia de  países dependientes como el nuestro; vía fuerzas armadas y policías altamente represivas, sumamente dóciles a sus planes re-colonizadores.

 Ese programa de readecuación tecnológica incluye temas tan sensibles como la video-vigilancia total (espionaje con cámaras); controles de comunicaciones radiales, digitales y telefónicas; espionaje aéreo (drones); y cerebro informático, analítico y cibernético.

Su implementación bajo un alto mando militar-policial comprometido con la estrategia militar del Pentágono, comprometido además con el sistema de corrupción e impunidad imperante en el país, fue confesada cuando  recientemente se anunció  la instalación de ese Comando dentro de un plan de “integración y articulación de todas las dependencias territoriales de los cuerpos castrenses dominicanos” para el control total de la sociedad; sin contrapeso civil y sin trasparencia hacia el resto de la población; en nombre de la defensa de una soberanía nacional inexistente.

El modelo del 5C-I/Big Data Sanitaria no es exclusivo del país, si no copia  de otros recientemente diseminados por todo el Continente, re-proyectados en el contexto de la pandemia del Covid 19; coincidiendo en casi todos los casos su asignación a ejércitos, policías y servicios de inteligencia previamente tutelados por el Pentágono, la OTAN, la CÍA y el Mosaad israelí. Todos lucen tener la misma matriz.

Curiosamente ese paso coincide con las ideas y acciones del magnate Bill Gates y los llamados globalistas estadounidenses, empeñados en crear sistemas de salubridad  bajo un esquema militar y mecanismos de seguridad nacional globalmente articulados y tutelados.

Sistemas, además, apoyados en componentes “micro-electrónicos, medios digitales, celulares, cadenas  satelitales y registros informáticos” de sus propias cadenas productivas; operados por fuerzas armadas y policías locales bajo asesoría transnacional y articulados a diversos negocios de corporaciones privadas de ese sector y de los grandes laboratorios farmacéuticos, los cuales sirven para otras iniciativas empresariales con respaldo de gobiernos dóciles.

Y como los avances tecnológicos y científicos no son buenos o malos en sí mismos, si no que dependen de quienes los aplican o manipulan, y sobre todo de los propósitos que se persigan e intereses a que respondan…es válido  pensar que bajo el manto de la ultramodernidad ya comenzaron los aprestos del poder supranacional para enfrentar a futuro inmediato la  contrapartida popular-nacional, que precedida de grandes movilizaciones previas al COVID, habrá de convertirse en lo adelante, en tanto el empobrecimiento se torna brutal y las penurias se multiplican, en la gran adversaria de la re-estructuración ultra neoliberal potenciada por la nueva ola tecnológica.

Estamos, por tanto, a la puerta de una nueva fase, más convulsionada, de la decadencia del imperialismo estadounidense, en la que ciertamente sus mandamases parecen optar por morir matando en escala mayor, algo a tono con las agonías de las bestias, que en su desesperación, se resisten a morir tranquilas.

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