Panamá: Negocio o usura

Falsa moratoria

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Desde que el Consejo de Gabinete declaró el “Estado de Emergencia” el 13 de marzo, y sobre todo cuando se declara la cuarentena el 25 de marzo de 2020, la población trabajadora, formal e informal, quedó desprotegida El anuncio de un apoyo económico cuya cifra fue variando hasta quedar en un bono de 80 balboas y bolsas de comida de un costo supuesto de 20 balboas, fue llegando lentamente, de manera desordenada, y su entrega fue controlada por los políticos del área. Otros recibieron algo solo un mes después del inicio de la cuarentena. Para cuando se escribían estas notas todavía había quienes nada habían recibido. Las protestas se generalizaron, porque una parte importante de la población no recibe apoyo alguno o es insuficiente lo que reciben para atender sus necesidades esenciales. Tales protestas han sido ignoradas por los medios de comunicación, claramente alineados con el gobierno y el sector empresarial. La situación fue motivando demandas adicionales, por la preocupación de quienes no podían trabajar, habían perdido su ingreso, por suspensión de contratos que permitió el gobierno, o porque no podían salir a trabajar para ganarse la vida.

Entre las preocupaciones que surgieron estaban los pagos a servicios básicos (agua, luz, telefonía móvil y fija e internet), el temor al desalojo de las viviendas y los compromisos con los bancos y financieras.   La reacción de los sectores empresariales fue inmediata, oponiéndose a moratorias de pago. Mercedes Eleta, Presidente de la Asociación de Ejecutivos de Empresas (APEDE) dijo, “en la medida que nadie pague, las empresas tampoco van a poder afrontar sus obligaciones con trabajadores y proveedores”. Su planteamiento es que se tenía que seguir haciendo negocios como siempre se había hecho, antes del Coronavirus, porque, todo negocio paga sus costos de operación con los ingresos que tiene. Es lo usual. Pero no estamos frente a una situación “usual”, y tal argumento carece de sentido cuando se evalúa la condición económica de las empresas que se dedican a brindar estos servicios en relación a la capacidad de los trabajadores, y de pequeños y medianos negocios, que sin duda son los más afectados, pero sobre todo, los trabajadores que han perdido todo su ingreso con el que viven día a día. Este argumento expresa una total insensibilidad humana, igual a cuando dijo que se fuera a buscar agua al río. Su esposo, Roberto Brenes, quien se identifica como “Banquero y Economista”, y añade la auto denominación de “libertario”, se pronunció en igual alusión. Se suscribe a esa corriente de pensamiento que identifica la libertad del ser humano con la libertad del mercado, lo cual, a su vez, entienden como la no intervención del Estado. Sin embargo, son como Kenneth Rogoff, que no creen en que el Estado deba intervenir las sacrosantas “leyes del mercado”, a menos que sea para rescatar a la empresa privada de situaciones críticas, pero, por supuesto, él tiene su corazoncito adherido a las “empresas Bancos”. Brenes es un funcionario y asesor de los propietarios de los bancos. Es posible que tenga alguna inversión en algún banco, pero quien, con mayor probabilidad, si tiene inversiones en algún banco, y no poca, es su esposa, heredera de la fortuna de su padre.

Los gremios empresariales cerraron filas sobre el tema. Felipe Chapman, miembro de la Consultora INDESA, y muy vinculado al Grupo del Banco General, se pronunció haciendo uso de los mismos argumentos falaces:   “Si yo no le pago al plomero, él no puede pagar a la abarrotería a la que le compró a crédito. Se trata de una cadena que se afectaría hasta provocar más desempleo y el cierre de empresas”, sentenció. Pero cuando despiden a un trabajador, como ha sido en estos momentos de la Pandemia, no piensan en la cadena que interrumpen. Estos trabajadores tampoco podrán pagarle al plomero, a la abarrotería, el gas, la luz, etc. Está cadena que se interrumpe no les importa. Solo la de ellos. Esto desnuda su hipocresía. Chapman añadió; “Si me logran explicar cómo el hecho de hacer de obligatorio cumplimiento la suspensión de los pagos protege empleos, y provoca la permanencia de operaciones, me sumó al esfuerzo”, pero esto no es lo que indican los análisis que se han realizado”. Por supuesto se refería a “los análisis” que él, INDESA y otros como él, habrían hecho. Si le explicamos que lo fundamental en el período de Pandemia es que la gente se quede en casa y para ello se requiere que no estar presionado económicamente para salir de la vivienda, para lo cual no debe preocuparse de pagar deudas, que lo desalojen de la vivienda, y por alimentación esencial (lo cual implica, por supuesto, un bono muy superior de 80 balboas), tampoco lo entendería porque Chapman prioriza “el negocio”, “las empresas”, y comulga con la afirmación del Presidente del CONEP, Julio de la Lastra quien dijo: “de qué servía una población sana si tendríamos los negocios quebrados”. El dinero por encima de la vida. Chapman lo dijo de otra forma, pero el razonamiento es el mismo. Y expresa la misma insensibilidad humana que Eleta. No importa que estemos en Pandemia, hay que seguir haciendo negocio como siempre; “business as usual”.

En cuanto a la moratoria de los compromisos financieros, hubo la misma oposición de los empresarios, aunque aquí la reacción fue inflexible. La Superintendencia de Bancos que vela por los intereses de los Bancos y no del país, aunque ellos dirían que es lo mismo porque los Bancos (y sus accionistas) son el país, se adelantó a modificar el Artículo 30 del Acuerdo 4-2013, que norma la “Suspensión del Reconocimiento de Ingresos por Intereses”, y que establecía las condiciones en que no se cobrarían los intereses bancarios, las cuales, perfectamente describían la situación creada por la Pandemia. Para evitar tener que dejar de cobrar intereses, modificaron el Acuerto 4-2013, inventando los denominados “Préstamos Modificados”. Aquí estuvo la trampa, en la que fue cómplice el Presidente Cortizo y toda la bancada de su Partido. Incluso, Zulay Rodriguez, que se ha dado golpes de pecho de ser la “paladina” que lucha contra los bancos, no ha mencionado este complot Gobierno-Bancos, siendo ella abogada y supuestamente conocedora de la materia. Todos han evitado, a conveniencia, mencionar siquiera esta modificación.

Las voces cacareando que “tenemos que cobrar los intereses”, no se hicieron esperar: El denominador común: todos representan intereses de dueños de bancos o se vinculan al núcleo del poder económico. Aimeé Sentmat, funcionaria de Banistmo y Presidente de la Asociación Bancaria de Panamá, fue una de ellas. Roberto Brenes, funcionario de Canal Bank, señaló que la moratoria contenía una idea “diabólica”, que supone que los bancos son “enemigos de sus clientes”, lo cual rechazó, y por el contrario, quiso presentar una imagen de santidad: “los bancos son amigos de sus clientes”, porque quieren que sus clientes estén bien para que les paguen. Al parecer Brenes no se dio cuenta, o fue cinismo, que estaba reconociendo que los bancos “son amigos” por conveniencia. Pero, lo que no dijo es que en esa supuesta amistad hay alguien que tiene la sartén por el mango, y son los bancos. El poder que mostraron al imponer que se continuara cobrando los intereses y que el Presidente vetara ese aspecto de uno de los proyecto y dos en su totalidad, porque según Brenes, “son un disparate”, nos dice quién tiene la sartén por el mango. “Los clientes”, sus supuestos “amigos, tienen que arrodillarse ante ese poder.

También utilizaron el argumento, Guilermo Chapman, padre de Felipe y fundador de la firma INDESA, contratada por el gobierno de Nito Cortizo en medio de la Pandemia, y Carlos Berguido, de la Asociación Bancaria; que había que continuar haciendo negocios como siempre. El negocio se financia (y tiene ganancias) con sus ingresos por lo que no se pueden cortar los ingresos; es el principio. Los medios televisivos se desplegaron entrevistándolos para pedir opinión sobre el tema sabiendo cuáles serían sus respuestas. Una vez más observamos un periodismo carente de objetividad. Brenes afirmó: “este tipo de moratorias son absurdas porque olvidan un hecho económico fundamental: los bancos son parte de una cadena en la que también hay que considerar que deben pagar intereses a todos los ahorristas”. Congelar los intereses es atentar contra los ahorristas, dijo. Argumentos falsos, como veremos. Pero, con todo, algo cierto dijo. Que se trataba de un Acuerdo que no tenía fuerza de Ley, que se basaba en la “buena voluntad”, sobre todo, de los bancos, adicionamos nosotros. También añadió que los bancos funcionan con el dinero de otros y que “si acaso, 10 centavos de cada dólar son de los accionistas”, es decir, reconoció que los accionistas-banqueros son parásitos (y su funcionariado Ejecutivo), que hacen ganancias con el dinero de otros. Se sabe que ésta es la funcionalidad de los bancos; colectar excedentes globalmente para ponerlos a disposición de inversionistas y consumidores, con lo cual, en el proceso, se apropian de una parte del excedente. Se puede considerar legítimo que tengan una participación por el servicio que prestan, pero no al punto que descarnen a los clientes, con ganancias exorbitantes, y terminen controlando las decisiones del poder económico y político. Un grupo económico que solo arriesga 10 centavos de cada dólar que maneja el sector financiero, termina decidiendo la vida de todo un país, con el dinero de los ahorristas.

Hasta revivieron al ex presidente Pérez Balladares, quien, como era de esperarse, se sumó a estas voces contrarias a la moratoria, incluyendo el congelamiento de los intereses, pese a que después de su último revés político en el partido dijo que no hablaría más a los medios. Repitió lo de Brenes y lo de los funcionarios de los bancos (“banqueros”), que no se podía dejar de cobrar los intereses. Viniendo de él es de absoluto cinismo, porque durante su administración aceptó convertir en deuda 1,570 millones de intereses, en una negociación con la banca internacional, en la que participaron Guillermo Chapman y Ricaurte Vásquez, ahora Administrador del Canal de Panamá, y ambos miembros del Consejo Consultivo nombrado por el Presidente Cortizo, y que de ello solo nos enteramos al calor de la Pandemia. La deuda nos aumentó a todos los panameños en ese monto sin que hubiera ingresado dinero alguno, porque no tuvieron una posición patriótica de negarse a este reconocimiento, considerando la crisis de 1987-1989, las sanciones impuestas por los Estados Unidos y la devastación que provocó la invasión de éste país a Panamá. Doblaron sus rodillas ante el capital financiero transnacional, por conveniencia y por convencimiento que la usura es un negocio legítimo, como ahora lo dice sin sonrojo alguno. Para él, lo que ocurre ahora es lo mismo. Recordemos que Balladares nombró a Brenes, Comisionado de la Bolsa de Valores justo antes de dejar su mandato. Su relación con el Partido de los militares es histórica, como también lo ha sido la de los Eleta.

Detrás de todo este funcionariado de la Asociación Bancaria, está el capital financiero internacional. Brenes lo dijo al advertir de un supuesto riesgo de una “moratoria obligada” por ley, que tendría implicaciones internacionales, considerando los depósitos externos de más de 40 mil millones de dólares. Son defensores de los intereses del capital financiero internacional, porque también lucran, en una condición de subordinación. Es práctica de conveniencia.

Centremos ahora el tema en el argumento: “los bancos no pueden dejar de cobrar intereses, porque si no lo hacen no pueden pagar los intereses a los ahorristas.”

La afirmación es falsa. Aun cuando los bancos pagan los intereses de los depósitos que reciben con los intereses que cobran por los préstamos que otorgan, de allí no se deriva que no pueden dejar de cobrar los intereses por un determinado tiempo. Su ganancia está en la diferencia de la tasa de interés a la que ellos prestan y la tasa de interés que ellos pagan a los “ahorristas” y a quienes les contratan préstamos para aumentar su capacidad de prestar dinero. A nivel internacional ha estado bajando la tasa de interés, lo cual se ha verificado hace bastante tiempo, pero las tasas de interés que pagamos por nuestros préstamos y tarjetas de crédito, son altísimas. Y qué decir de las tasas de interés que nos pagan por nuestros ahorros?, tasas pírricas. Es decir, este diferencial es grande para los bancos y por eso han estado teniendo grandes ganancias. Pero ahora, en un momento de contracción económica, no pueden dejar de cobrar los intereses, sino que deben seguir cobrándolos como siempre lo han hecho. Decir esto es tan cínico como lo de Balladares.

Cuál era la situación del Centro Bancario Internacional (CBI) para febrero de 2020?

El Informe de la Superintendencia de Bancos de Panamá decía:

“Durante el segundo mes del año el desempeño del Centro Bancario sigue mostrando un sistema con sus fundamentos financieros estables. En febrero de 2020 la liquidez legal del CBI se situó en un 55.4% para el Sistema Bancario Nacional. Con esto el rubro se mantiene de forma sostenida en torno al doble del mínimo que requiere el marco legal bancario (…) Lo anterior indica que los bancos cumplen en casi el doble los requerimientos regulatorios en materia de liquidez. Esta fuerte posición de liquidez le permitiría a los bancos afrontar con comodidad los vencimientos a corto y mediano plazo.”

Añadió: “Las utilidades del Centro Bancario Internacional reflejan un nivel de 377 millones de dólares al segundo mes del año 2020. Ello representa un incremento de 9.5%.”

“La evolución (…) de la rentabilidad (…) de los accionistas por cada dólar invertido, registró 14.4% para el CBI, y para el SBN el indicador registra un 11.6%.”

Todo marchaba muy bien para los bancos. Veamos otros datos.

Las ganancias no distribuidas a los accionistas sumaban 5,146 millones de dólares a diciembre de 2019. Ninguna empresa distribuye todas las ganancias. Retiene una parte para afrontar circunstancias inesperadas (como el Coronavirus) y para ampliar operaciones. Las ganancias de 2019 del Centro Bancario Internacional fueron de 1,340 millones y las acumuladas durante 2010-2019 sumaron 15,415 millones. Brenes aceptó públicamente que los propietarios de los bancos, tienen acaso 10% del dinero que mueven, porque funcionan con el dinero de depositantes. Ganan grandes sumas de dinero, pero en una situación financiera crítica para los ahorristas, quienes ven sus fuentes de ingresos truncadas, dicen: “no podemos dejar de cobrar intereses”, porque “no podríamos pagar los intereses a los ahorristas”. Analicemos esta afirmación.

La mayoría del ahorro de una economía proviene de los accionistas y no de los trabajadores. Algo ahorran pero la mayor parte es de los accionistas. Cuando se afirma que hay que pagarles intereses a los “ahorristas”, por supuesto que incluye a los trabajadores que algo ahorran, hasta con libreta navideña, pero realmente a quienes se está salvaguardando es a los “ahorristas” accionistas. Esto no lo dice Brenes ni quienes han utilizado semejante argumento. Se escudan en una falsa “preocupación” por los ahorristas cuando lo que realmente defienden son las ganancias de los dueños de los bancos y de paso, sus intereses.

Pero hay más. Ya se sabe que la ganancia de los bancos está en la diferencia de las tasas de interés que reciben y la que pagan. Sabemos que nos pagan un porcentaje pequeño por nuestros ahorros y nos cobran altos porcentajes en los préstamos y las tarjetas de crédito, y que nos cargan los gastos de las transacciones y hasta Seguro. Todo lo pagamos. Ellos protegen sus ganancias. En 2019 el CBI cobró intereses por 6,030 millones y pago intereses por 3,014 millones de dólares. Los intereses cobrados fueron el doble de los intereses pagados. Quiere decir que pueden no cobrar la mitad de los intereses y aun así pagar los intereses de los depósitos. Pero sería el peor de los casos, que no es la situación actual porque una parte de los clientes sigue pagando. Se trata de un sector cuya suspensión del cobro de los intereses por 4, 5 o 6 meses no hará que el banco quiebre o que el “Sistema Financiero” colapse, como sugieren los que defienden los intereses del capital financiero. Tienen 5,146 millones de ganancias no distribuidas, buena rentabilidad, acumulación de ganancias de los accionistas en los últimos 10 años de 15,000 millones, muy buena liquidez, reservas para riesgos y cobran el doble de intereses que pagan. No es que no pueden dejar de cobrar los intereses, es que la avaricia no se los permite. Como diría el escorpión: es su naturaleza. Para colmo, el FMI otorga un préstamo al gobierno por 515 millones, condicionado a que se lo entregue a los bancos. Tienen suficiente respaldo para soportar una suspensión temporal de los intereses. Entonces, quiénes tienen un pensamiento diabólico y usurero, aunque se presenten como mansas palomas?

10 de mayo de 2020

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