Panamá: Mitos y realidades sobre la teoría de género

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Teoría de género, mitos y realidades

“No quiero que a mi hijo ningún maestro lo obligue a elegir su identidad de género”, temor expresado por un joven padre de familia con estudios universitarios. “Por mi casa dijeron que en Colombia, donde se practica la ideología de género, los maestros sacan los genitales de los niños para enseñarles educación sexual”, contado en un barrio popular. “Yo vi las muñequitas que el Despacho de la Primera Dama mandó a las escuelas, y una con cuerpo de mujer tenía pene”, leído en un chat.

Esta es la índole de algunas de las falacias con que el fundamentalismo cristiano panameño llenó la manifestación del 14 de julio. Uno no puede dejar de preguntarse: ¿A qué mente enferma se le puede ocurrir que el Meduca y los educadores van a poner a los niños a mostrar sus genitales, a hacer sexo en las aulas o a motivarlos a optar por la homosexualidad? ¿Y qué mente tan débil es capaz de creerlo?

Es evidente que esas depravaciones solo pueden provenir de mentes malsanas, para las que el cuerpo humano es la evidencia misma del “pecado original”; esos que condenan el sexo, pero practican y fomentan formas desviadas de sexualidad.

Los gremios docentes, además de pedir justos reclamos salariales, deberían exigirle respeto a esos que insultan la profesión. No son los maestros los que van a fomentar la homosexualidad de nadie. La identidad sexual la eligen las personas, atendiendo a complejas experiencias en sus vidas. Después de todo, la homosexualidad es tan vieja como la humanidad. Lo enseña la Biblia. En mis tiempos escolares, quien nos habló sobre homosexuales fue el profesor de religión, cuando contó la historia de Sodoma. No le echen la culpa a la teoría de género.

Dejemos las mentiras de lado y hablemos de realidades: las cifras indican que 28 mujeres fueron asesinadas por hombres que eran o habían sido sus parejas en 2015, y en lo que va de este año se han registrado 12 feminicidios y 7 tentativas (La Prensa, 18/7/2016).

No hace falta describir el horror de estos crímenes, muchas veces cometidos delante de los hijos. “La maté porque era mía”, esa pretendida justificación para los feminicidios evidencia una mentalidad masculina que no considera a la mujer como persona, sino como objeto.

Se produjeron 23 mil 516 denuncias de violencia “doméstica” en el año 2015, y 8 mil 809 en lo que va de este año, sin contar las que no se presentaron, por lo que la cifra real podría ser el doble.

En la aplastante mayoría de estos casos, las mujeres son las víctimas de violencia. Una encuesta del Instituto Gorgas, entre casi 600 menores del distrito capital, no solo demostró que el 96% había tenido parejas sexuales antes de los 16 años, sino que el 80% de las jóvenes tuvieron relaciones con hombres mayores de edad, y que en esas relaciones el 68.4% de las chicas afirmó haber sufrido algún tipo de violencia, mientras que el 31.5% dijo haber sido víctima de abusos físicos y sexuales.

La teoría de género sirve para evidenciar la violencia que sufre la mitad de la población mundial, además de denunciar otras formas de discriminación que sufren por su condición de ser mujeres. También nos dice que la violencia y discriminación contra ellas obedece a conductas aprendidas socialmente, que pueden ser modificadas mediante la educación, para que algún día las relaciones entre los sexos se basen en el respeto y el amor, no en la opresión de uno sobre otro.

¿Quién le teme a la teoría de género y a estas tristes verdades que evidencia? Solo aquellos que se creen patriarcas de tiempos bíblicos, para quienes su mujer y sus hijos son una especie de esclavos domésticos que le deben obediencia.

Olmedo Beluche 

La Prensa 21 jul 2016

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