Panamá: Los medios de comunicación en el ojo de la tormenta

Es un secreto a voces cómo los medios de comunicación, que utilizan frecuencias del Estado, es decir, de todos los panameños, responden a los intereses propios de sus dueños, todos vinculados de una u otra manera a los partidos tradicionales y sus Gobiernos.

Algunos de estos medios se han dedicado por décadas a chantajear a grupos y personas en aras de sacar posteriormente grandes dividendos. Crean crisis, imponen la matriz ideológica, revuelven la opinión pública en función de intereses concretos.

Establecen tarifas publicitarias a su antojo. Censuran y cobran lo que les da su soberana gana. Despiden a trabajadores y periodistas, desconociendo derechos laborales y fueros sindicales y de maternidad. Contratan personal extranjero, esta vez colombianos y venezolanos, para desplazar al periodista panameño.

Manipulan la opinión pública y la saturan con basura, con enlatados de Miami, CNN, Televisa y, ahora, con las novelas turcas.

Se jactan del poder alcanzado en los últimos tiempos. Se farolean de quitar y poner presidentes y de definir elecciones. Manipulan encuestas. Ocultan en sus noticieros huelgas y luchas de sectores populares y, cuando les es imposible hacerlo, entonces montan campañas de desinformación y de ataques para desprestigiar. Es la norma.

Hoy los medios de comunicación, afectados porque la verdad corre vertiginosamente por los medios alternativos, la calle, el internet, los teléfonos móviles y las redes sociales, como nunca antes, se encuentran en el ojo de la tormenta.

Muchas de sus principales figuras, que responden a los intereses de los propietarios de los medios y no de los gremios periodísticos, han sido duramente cuestionados por su participación o vinculación en actos de corrupción en los sucesivos Gobiernos.

Ahora, además, se suman las revelaciones acerca de despidos masivos en los medios (más de 150 trabajadores), vulnerándose sus derechos fundamentales.

Como si fuera poco, ha quedado al descubierto que algunos presentadores de TV, al parecer a través de oficinas de relaciones públicas y comunicación, algunas veces conformadas por testaferros o por ellos mismos, ofrecen a su clientela espacios “prime time”, entrevistas exclusivas, comentarios favorables en programas y campañas contra sus trabajadores para desacreditarlos, o simplemente para hacer frente a determinadas luchas.

En ocasiones, proceden por cuenta propia, es decir, al margen del medio donde laboran, para robarle el mandado a los dueños, que quieren todo para ellos. Eso es lo que supuestamente explica algunos cambios que se han suscitado en los últimos días, especialmente en la TV, y los rumores que circulan de manera intensa sobre situaciones en MEDCOM.

Siendo así, quiere decir que los análisis de “expertos” y comentarios de ciertos personajes que se presentan como serios y objetivos, en verdad responden a los intereses de sus clientes. No hemos descubierto el agua tibia, así ha sido siempre. En esta sociedad, la información es una mercancía, pero aún así muchos panameños se dejan llevar por esos análisis y comentarios, idolatran a figuras de la TV y luego son sorprendidos en su buena fe.

Algunos de estos personajes se hacen ahora las víctimas, incluso aquellos que poseen escoltas del SPI pagados con los impuestos del pueblo y que son custodiados junto a sus familias hasta en compras de los malls de la localidad o centros de recreación y cuidado que hasta les pasean las mascotas, como a la viceministra aquella. La dolce vita.

Ahora, por conflictos políticos, estos mismos personajes, son defendidos por los medios de comunicación propiedad de aquellos que (según decían) los amenazaron de muerte.

Dirán que lo que hacen es legal, pero…

¿Es ético?

¿No hay conflictos de intereses?

¿No es corrupción?

¿No es inmoral?

¿No es burlarse de la opinión pública?

Como movimiento social vilipendiado, invisibilizado, censurado, proscrito y cercado muchas veces por los medios de comunicación y sectores de poder, esperamos que todo esto sea aclarado. Los implicados no resuelven esto haciéndose las víctimas ni diciendo que «me tienen envidia»

Escribimos estas notas en nombre de todos aquellos que han sufrido tantos ataques, condenados al olvido, la marginación y el desprecio por campañas sucias de calumnias y difamación.

Lo hacemos por los patriotas, por los trabajadores, por los educadores, por los estudiantes y padres, por los precaristas atacados, por los periodistas maltratados, por los activistas de derechos humanos perseguidos, por los que cierran calles como último recurso para que se les atiendan sus justas demandas y son duramente injuriados, por los humillados y ofendidos tantas veces por estos medios y personajes al servicio de las clases dominantes y el establishment que además justifican las medidas represivas y antipopulares como la privatización del agua, el aumento de la edad de jubilación y la cuota obrera, que fomentan los desalojos de comunidades, que sustentan los despidos masivos, que respaldan a las grandes transnacionales en contra de los intereses nacionales, que piden a gritos la agresión contra el pueblo que lucha, que defienden los desmadres de la ACP, etc.

El periodismo serio tiene la palabra.

Volvemos a preguntar: ¿cuánto cuesta la libertad de expresión y el derecho a la información en Panamá?

NOTICIAS ANTICAPITALISTAS