Panamá: Fallece Marco Gandásegui

Una perdida irreparable

Publicidad

Este viernes 24 de abril hemos recibido la triste noticia del fallecimiento del sociólogo, escritor, periodista, Director del Centro de Estudios Latinoamericanos (CELA) «Justo Arosemena» y de la Revista Tareas, Marco Gandásegui.

En sus últimos días participó del Foro Pro Asamblea Constituyente Originaria y colaboró con el Frente Amplio por la Democracia (FAD), específicamente como miembro de la estructura 8-7 y junto a otros sectores en la Coordinadora de Organización Populares, colaboró con la Dirección Ejecutiva Nacional (DEN).

Se pierde una figura que siempre aportó en las distintintas coyunturas nacionales, siempre al lado del pueblo trabajador.

Compartimos dos de sus últimos escritos. El primero publicado ayer, 23 de abril, en La Estrella de Panamá, del que era uno de sus columnistas históricos y el otro hace una semana en ALAINET.

La pandemia no es el fin del capitalismo

“Si los trabajadores desempleados, […], son nuevamente reclutados, se reagruparán para exigir los salarios que los capitalistas no pueden pagar.[…], surgirá China como potencia hegemónica”

La pandemia del coronavirus no es el fin del mundo. Tampoco es el fin de la historia. No podemos decir que la pandemia liquidará el capitalismo. Hay muchos pensadores que postulan estos desenlaces, pensando en los terribles sufrimientos que el coronavirus le está causando a la humanidad. A pesar de ello, el mundo seguirá su camino, sacudido y golpeado por la pandemia. Las clases dominantes seguirán escribiendo su historia. El capitalismo aprovechará esta crisis para reforzar sus puntos débiles y continuará haciendo estragos de la naturaleza, así como de las mujeres y hombres que somete a su explotación.

El capitalismo, al igual que el capital, es una relación social. Es una relación que siempre ha existido desde los tiempos en que se escribía sobre piedra. Es a partir del siglo XVI (los viajes de Colón), sin embargo, que comienza a consolidarse en algunas ciudades europeas. Los metales preciosos que los españoles le extraen a las minas de América aceleran el comercio europeo con el Oriente. El creciente intercambio les permite a los capitalistas de las ciudades del occidente europeo acumular riquezas e invertir en nuevas empresas en el siglo XVII. Surgen los reinos “absolutos” que concentran enormes riquezas (para la época) y desatan guerras interminables para ampliar su poder sobre el viejo continente. Al mismo tiempo compiten por materias primas y mercados en todos los continentes, incluyendo América. Este crecimiento combinado es lo que caracteriza el capitalismo.

De una decena de ciudades, distribuidas, sobre todo, en el norte de la península italiana, se extiende el capital sin cesar para construir una red que cubre la totalidad de la Tierra en el siglo XXI. El capitalismo tiene una característica muy peculiar que define su crecimiento. Es un crecimiento desigual, dialéctico, y que crea relaciones de dependencia. La desigualdad consiste en la distribución de las áreas productivas. El crecimiento capitalista es impulsado por su capacidad de acumular riquezas. El sistema tiene un polo dinámico capaz de generar nuevas áreas de producción (tecnología) que subordina su periferia y le permite acumular más rápido. Arrighi sostenía que ese polo dinámico (centro) fueron Holanda, Inglaterra y EE. UU., sucesivamente, en los últimos cuatro siglos. En el siglo XXI el enorme poderío productivo y militar de EE. UU. se ha debilitado y en su lugar emerge China, como nueva locomotora industrial y financiera.

La aparición de EE. UU. como potencia hegemónica en el siglo XX transformó el mundo, cambió las reglas, pero no acabó con el capitalismo. Todo lo contrario, consolidó las relaciones sociales que le dan sustento al capitalismo. Introdujo un cambio que incrementó exponencialmente la productividad del trabajo humano (social) y les permitió a los capitalistas acumular nuevas riquezas antes inimaginables. Al igual que en el siglo XVII y los subsiguientes, este “progreso” capitalista se dio en el marco de guerras interminables. ¿A qué se debe la declinación de una potencia hegemónica en el sistema mundo capitalista? No son las pandemias. La historia registra todo tipo de epidemias horribles en el transcurso del último medio milenio. No causaron cambios de época ni el derrumbe del capitalismo.

El capitalismo solo desaparecerá cuando las relaciones sociales que lo sustentan se disuelvan. Es decir, cuando las luchas de los trabajadores y sus salarios no les permitan a los capitalistas acumular. Por ejemplo, en EE. UU. se le paga a un obrero no calificado US$15 la hora. Según los capitalistas norteamericanos esa remuneración no les permite apropiarse de un excedente. Dejaron de pelear con las organizaciones laborales para bajar los salarios y optaron por trasladar (“externalizar”) las enormes plantas industriales a China. Las industrias norteamericanas de acero, farmacéuticas, automovilísticas, químicas y muchas otras reaparecieron por toda la geografía oriental de China. El salario de los trabajadores chinos es una fracción de lo que se paga en EE. UU. Con el cambio los capitalistas norteamericanos volvieron a captar enormes excedentes.

La pandemia ha golpeado muy fuerte a EE. UU. Sus gobernantes (con el magnate y presidente Trump a la cabeza) dicen que tienen que reconstruir su industria que fue “externalizada”. Aparentemente, se percataron de cuan vulnerables son sin una base material. Pero no será una tarea fácil. Si los trabajadores desempleados, cuyos sindicatos fueron destruidos, son nuevamente reclutados, se reagruparán para exigir los salarios que los capitalistas no pueden pagar. En esa contradicción insalvable, surgirá China como potencia hegemónica. No es el fin del capitalismo. Los líderes en Pekín lo llaman “socialismo de mercado”.


Hay que masificar las pruebas contra un virus clasista

El coronavirus ha alterado todos los parámetros sobre los cuales descansan los supuestos de la vida que conocemos. Especialmente en lo que se refiere al trabajo, al estudio o al ocio. Cada clase social tiene sus propias particularidades. Los dueños del país (uno por ciento de los panameños) siguen recibiendo informes sobre como suben y bajan sus inversiones. A la vez, presionan a los gobiernos para que aumenten sus subvenciones. Por otro lado, muchos empresarios, profesionales y afines (15 por ciento) siguen trabajando, pero desde el encierro de sus casas. No tienen mucha suerte los trabajadores asalariados (35 por ciento) que perdieron sus pagos semanales o quincenales. En algunos casos – muy pocos – reciben un bono u otros pagos en especie. El 50 por ciento de los trabajadores, que son informales, se encuentran en la calle (correteados por la Policía), en cuartos hacinados o en chozas insalubres. El panorama se ve cada vez peor para ese 85 por ciento de la población que se encuentra en la ‘base de la pirámide’ social.

A escala mundial, el país más golpeado es EEUU, especialmente sus áreas metropolitanas. La mayoría de los muertos son trabajadores (informales) de las etnias reprimidas (negros y ‘latinos’). Sigue en importancia Europa occidental, cuyas grandes capitales han sucumbido al virus como fichas de dominó.

En el caso de América latina y Panamá, en particular, no se tiene muy claro cuál ha sido la evolución del coronavirus o cual será su futuro. Para medir el lugar que ocupa un país con relación a la epidemia se utilizan varios indicadores. El más terrible es el número de muertos que ha causado el virus. Otro indicador son los casos de pruebas positivas. También se puede medir el número de hospitalizaciones y la cantidad de casos que son dados de alta. La mortalidad es el indicador más contundente pero no es necesariamente el mejor para saber cómo avanza o retrocede la epidemia en un momento dado. El número de hospitalizaciones es muy importante porque indica como la epidemia hace presión sobre los recursos que tiene un país – o los hospitales – para atender a los enfermos.

El mundo está centrado en la política de contención. Algunos países dicen que han alcanzado la etapa de mitigación. La pregunta que todos se hacen es ¿cuándo terminarán las medidas que incluyen el uso de mascarillas, lavados de manos y cuarentena que ya parecen eternas? La respuesta es sencilla: Cuando aparezca la vacuna y se pueda aislar el ‘nuevo’ coronavirus. Según los especialistas, la vacuna estará disponible a partir de principios de 2021 (entre enero y junio). ¿Quiénes serán los primeros en ser vacunados? La pregunta ya tiene su respuesta.

Los infectólogos dicen, sin embargo, que la humanidad puede avanzar este año poco a poco hacia la normalización de la vida. En la actualidad, todos los países o ciudades en el mundo están organizados para permitir que se realicen lo que llaman actividades esenciales. En el caso de Panamá, se incluye el Canal de Panamá y los puertos. La Minera Panamá (que extrae principalmente cobre para la exportación) fue cerrada por el Ministerio de Salud por no cumplir con las medidas de seguridad.

Panamá centra sus esfuerzos en la contención de la epidemia. Cuenta con los hospitales, las camas, equipos y, lo más importante, los trabajadores de la salud que han dado muestras heroicas de entrega. Cuando se dieron los primeros casos, hace poco más de un mes, eran personas provenientes del extranjero. El Centro Conmemorativo Gorgas identificó los primeros 8 enfermos y sus países de procedencia. De EEUU venían 4, de Europa 3 y de China venía una persona. Estas personas contagiaron a otras que vivían o trabajaban con ellas. A pesar de las medidas de contención, el virus se extendió y los casos positivos superan, actualmente, los 3,500 casos y las muertes se están acercando al centenar.

El Ministerio de Salud aún no da información socio-económica de las personas que dan positivo, que son hospitalizados o que fallecen. Por la distribución geográfica de los casos todo indica que la gran mayoría son de sectores humildes de la capital y que provienen de barrios con densidades altas de población.

El doctor Jorge Prosperi, salubrista, asegura que la única manera de “mitigar efectivamente el virus es mediante la masificación de las pruebas de laboratorio para identificar a las personas positivas y el rastreo de los contactos”.

18 de abril de 2020.

– Marco A. Gandásegui, hijo, es profesor de Sociología de la Universidad de Panamá e investigador asociado del Centro de Estudios Latinoamericanos Justo Arosemena (CELA)

https://marcogandasegui19.blogspot.com/

www.salacela.net

También podría gustarte

Los comentarios están cerrados.

This website uses cookies to improve your experience. We'll assume you're ok with this, but you can opt-out if you wish. Accept Read More