Panamá: El 2016 cierra con situación difícil para los panameños

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Articulo de Genaro López

La situación de vida de la mayoría de los panameños se ve deteriorada. El 2016 cerrará con un incremento en la tasa de desempleo y la informalidad laboral; con la amenaza de despidos en varias actividades económicas. El poder de compra de los salarios se ve contraído, ante el aumento de los precios de los alimentos y el aumento del precio del combustible.

El sector agropecuario continúa en franco deterioro ante la ausencia de políticas públicas que promuevan la producción agropecuaria. Productores han denunciado el favoritismo a la importación de alimentos por parte del sector gubernamental.

No hay intenciones de parte del gobierno de Varela en garantizar ‘el derecho del pueblo a alimentos nutritivos y culturalmente adecuados, accesibles, producidos de forma sostenible y ecológica, y su derecho a decidir su propio sistema alimentario y productivo’.

El problema del acceso al agua potable y la disposición de la basura, son problemas donde el gobierno ha demostrado franca incapacidad para atenderlos.

Cada vez son mayores las reclamaciones de los pobladores para que se atienda eficazmente este problema. Ahora, no se puede dejar de lado que la ineficiencia e ineficacia de las autoridades del IDAAN, Municipio y Autoridad de Aseo es intencional, en la medida que buscan crear las condiciones que justifiquen su privatización.

La salud sigue librada al mercado. Las carencias de instrumental quirúrgico, la falta de medicamentos, el deterioro de la infraestructura hospitalaria, la larga mora en atención especializada es el estado de situación que revelan tanto la CSS como el MINSA.

No obstante, el gobierno se preparan para trasladar los fondos del Programa de Enfermedad y Maternidad a manos privadas (seguro de los pobres: ‘paquetitos’ médicos y copagos). En materia de seguridad social, los grupos privatizadores se preparan para imponer las recomendaciones del FMI, medidas paramétricas (aumento de edad, densidad, cuota).

En educación, el caos ha sido profundo: deterioro de la infraestructura de los planteles educativos, fracaso de la llamada ‘jornada extendida’ (proceso sin planificación y sin consulta), deuda de salarios (año escolar) a más de mil educadores.

Las casas condenadas siguen siendo un detonante de inseguridad de los pobladores.

Las llamadas soluciones de vivienda por parte del Estado, han estado más dirigidas a desocupar espacios de intereses de los grupos empresariales (Caso Colón) que a otorgar soluciones de vivienda digna.

Cientos de pobladores aspiran que se les atienda sus problemas habitacionales, que se les legalice su estatus, sin embargo las respuestas son prácticamente nulas. Sectores empresariales amenazan con aumentar los precios de las viviendas ante incremento de tasas municipales, los cuales como siempre serán trasladados a los consumidores.

En materia del trasporte pública, los panameños tiene que levantarse más temprano para poder abordar el transporte y llegan más tarde a sus casas, ello debido al recorte drástico de la oferta del servicio, el tiempo de frecuencia del servicio sigue siendo ineficiente, el precio por el servicio (pasaje) no solo aumentó sino que pagamos por adelantado. Lo cotidiano son las largas filas para abordar un Metro Bus.

Aunado a ello, los tranques son insoportables, ante la falta de medidas planificadas que permitan una mejor circulación vial.

Por otro lado, es innegable el aumento de la delincuencia común y la creciente presencia del narcotráfico en el país (incluso de estamentos de la Policía Nacional).

Los robos, asaltos, en general la inseguridad ciudadana persisten, lo que evidencia el fracaso de la política represiva para enfrentar el problema.

En Panamá a diferencia de lo que aspira las grandes mayorías de la población, es decir, por encima de los requerimientos que apunten a una vida digna de los panameños, el modelo económico que nos han impuestos los gobiernos neoliberales, en ellos Varela, ha privilegiado la obtención de máximas ganancias para unos pocos, lo que conduce a una alta concentración de la riqueza. Las necesidades básicas insatisfechas de más el 50% de la población dan muestra de la profunda inequidad social que reina en el país.

SECRETARIO GENERAL, CONUSI/FRENADESO

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