Panamá: Con la Caja no se metan

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El Sr. Martiz no salió de la dirección de la Caja de Seguro Social como el “héroe” que han querido retratar algunos medios de comunicación para los que el ha posado como si lo fuera. El exdirector es tan responsable de la crisis de la “Caja”, como el presidente Juan C. Varela, el ministro de salud y, el que pretende salir agachado de esto, el contralor de la república, Federico Humbert, que tiene a todas las instituciones penando para poder ejecutar sus presupuestos.

Por supuesto, los exdirectores y expresidentes de los último 40 años también tienen su carga de responsabilidad, así como los dueños de la industria farmacéutica, los importadores de medicinas e insumos y algunas mafias internas que viven de las coimas. Todos debería ser juzgados por este crimen contra la salud pública, el día que en verdad haya un gobierno del pueblo.

Pese a lo que han querido hacer ver: ¡No es normal que en una sala de neonatología se mueran 21 recién nacidos en un mes! Si hubieran nacido en un hospital de campaña en medio de una guerra, tal vez. Pero en la “Dubai de América Central” que eso pase debe ser responsabilidad de alguien. Esto es tan grave como el envenenamiento de los pacientes con dietilenglicol, a los cuales los gobiernos y la CSS siguen maltratando, para no decir que la corrupta justicia panameña se burló de ellos.

Si a todo esto sumamos la falta ostensible de medicamentos, especialmente para enfermedades graves, como el cáncer o la diabetes. La falta de reactivos, en particular para analizar las donaciones de sangre; las citas y operaciones postergadas por meses, la falta de especialistas y de equipos en los hospitales provinciales; el sangramiento del presupuesto en derivaciones de las cirugías a los hospitales privados, todo esto es un atentado inadmisible contra la salud pública. Debería tener la misma categoría que el terrorismo en el Código Penal.

Sin mencionar los 300 millones de dólares robados a la institución por una docena de empresas cuyos nombres se desconocen todavía en una maniobra de encubrimiento de la que Martiz también es responsable. Ni hablar de los 600 millones destinados al lucro legal de construir una “ciudad hospitalaria” por el gobierno de Martinelli y avalada por Varela.

Martiz no fue a la dirección de la CSS a salvarla. Fue a crear las condiciones para su privatización. Por eso centró su ataque en la representación obrera en la Junta Directiva, buscando debilitar la defensa que los trabajadores deben hacer de la institución. Por supuesto que esos representantes deben rendir cuentas a la clase trabajadora y debemos exigirles que se pongan a la cabeza de la defensa pública de la Caja. Pero lo de Martiz y los sectores empresariales que lo aúpan era atacar el principio de una entidad administrada por quienes la financian: los trabajadores.

No es casualidad que la Cámara de Comercio, la APEDE y otros gremios empresariales y consorcios mediáticos han salido a hacer campaña por una nueva reforma de la Ley Orgánica, para subir las cuotas, la edad de jubilación y partir en dos la institución, para que los financistas especulen con el programa de jubilaciones y los empresarios que lucran con el negocio de la salud administren el programa de salud y maternidad. Todo ello, sacando del medio el control de la clase trabajadora sobre la entidad.

Los mismos sectores empresariales que promovieron la desastrosa reforma de 2005, que limitó el sistema solidario a las generaciones precedentes, y que mandó los jóvenes menores de 35 años de edad a otro sistema “mixto”, ahora arguyen que se necesita otra reforma porque el primer sistema se queda sin cotizantes. Pero eso ya se sabía y fue denunciado por la clase trabajadora en su momento.

La tarea urgente de los asegurados, jubilados, pensionados, trabajadores, cotizantes es organizarnos en un Frente de Defensa de la Caja de Seguro Social, antes que la oligarquía le meta la mano con una nueva reforma. La salvación de la CSS está en un sistema solidario, basado en la creación de empleos estables y bien remunerados, que aseguren el flujo continuo de las cuotas.

La CSS también necesita de una administración honrada y transparente cuyo fin no se el lucro privado, sino la salud de las mayorías. Pero para lograr todo esto hay que sacar del gobierno a todos los partidos corruptos que nos han gobernado estos 30 años.

 

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