Panamá:Tronco y raíz carcomidos

Mientras siguen los escándalos de corrupción en la gestión gubernamental, Ricardo Martinelli se va del país (viaje 49), dejando en el tapete los cuestionamientos a la forma en que fueron nombrados los nuevos magistrados de la CSJ (uno es hermano de la viceministra de la Presidencia), el nombramiento en el servicio exterior del exdirector de la ANATI, el cuestionamiento por la compra de los radares, principalmente por la comisión de 10% que se obtiene de este negociado (unos $12 millones), las escuchas telefónicas, pero sobre todo, dejando a miles de panameños en la zozobra ante el problema del agua.

Lejos quedó ‘podrán meter la pata, pero no la mano’. En estos años han metido la pata y con creces la mano, sin que funcionario alguno responda por los atracos a los recursos del Estado.

Decir que solo los ministros o directores son responsables de la caótica situación, es negar que quien nombró a estos funcionarios es el propio Ricardo Martinelli. Y que, como algunos de ellos lo llaman, es el ‘jefecito’. Según normas administrativas, quien no actúa en los correctivos de los problemas es cómplice de los mismos.

Diversos sectores sociales se preguntan por qué no se ha planteado un cambio de Gabinete y directores. Si bien el cambio de Gabinete se amerita ante los crecientes escándalos e ineficiencias en la gestión pública; a nuestro entender ello no basta, pues no resuelve los problemas apremiantes de la población ni garantiza romper con la corrupción, la impunidad y el nepotismo, pues no se trata solo de colocar nuevos rostros, ya que la esencia del problema es el proyecto que impulsan los sectores en el poder.

El otro planteamiento, gestado en diversos momentos por los sectores gremiales y populares, ha sido la destitución de ministros y directores que han violentado los derechos humanos y perseguido y reprimido al movimiento social, entre ellos Alma Cortés, José R. Mulino, Gustavo Pérez, Lucy Molinar, Guillermo Sáez—Llorens y Franklin Vergara; sin embargo, lejos de ser destituidos, Martinelli ha dado su espaldarazo, los mismos se mantienen en sus puestos.

Esta realidad evidencia que no podemos separar la administración de gobierno, el presidente por un lado y Gabinete por el otro; pues, se trata de un solo tronco y raíz carcomidos, que envuelven a todo el follaje del árbol. Como se puede apreciar, la conducta de gestión del gobierno de Martinelli no dista de los que lo han antecedido.

Esta situación ha demostrado que la alternabilidad en el gobierno de la partidocracia nos lleva cada vez más al deterioro de nuestras condiciones de vida, a la concentración de la riqueza en cada vez menos manos, a la venta de la patria, a que se cercenen nuestro derecho a la vida digna.

No podemos olvidar que gobierno y oposición han impuesto a sangre y fuego proyectos lesivos a los intereses populares y nacionales, han mediatizado el sistema de justicia, han mancillado la patria. Basta de discursos, de demagogias electoreras.

Es necesario que los sectores populares continuemos con nuestras acciones y exigencias: la ética, la honestidad y solidaridad, la decencia y el trabajo, para enfrentar aquellos corruptores y corruptos que insisten en atracar el Estado. Para ello, es imperativo seguir redoblando los esfuerzos organizativos y de lucha del pueblo.

Por ello venimos insistiendo en la tarea urgente de adecentar el país, lo cual implica redoblar los esfuerzos organizativos de los diversos sectores sociales, demandar la atención y solución de las demandas sociales, enfrentar la corrupción y la impunidad, construir una real democracia y para ello levantar nuestro propio instrumento alternativo electoral (Frente Amplio por la Democracia), que impulse los cambios necesarios para una sociedad más justa y equitativa.

SECRETARIO GENERAL DE CONUSI—FRENADESO.

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