Panamá: Propagandas irrespetuosas para los ciudadanos… Y sin embargo, funcionan

Si los pobres empiezan a razonar, todo estará perdido”.

                        Voltaire.

No sé nada de publicidad, pero parece que como nunca antes, las frases vacías de todo contenido se apoderaron de todas las campañas política de la Partidocracia (CD, PRD, Panameñistas…)

Uno – jarto en guaro y plata – dice que para él, muy millonario desde siempre, el pueblo es primero.

Otro quiere que bailemos en murga porque todo es pa’lante y no hay pa’tras. Y de allí no sale.

Otro, lentes, barbita de candado, hilos del titiritero a la espalda, insiste en que él es la fuerza de lo nuevo y apela a la sempiterna esperanza de que lo nuevo es mejor, que están por venir días menos duros y tristes…y que así como celebramos cada 31 de diciembre pensando – sin base real alguna – que el próximo año será mejor, debemos votar por él porque él, títere del titiritero, es “nuevo”.

Otro le resuelve a la gente. Y entrega el mensaje falso, pero eficaz, de que por lo menos una de sus necesidades – hasta físicamente visible – será satisfecha. Lo real es que ya “la gente” (todos nosotros) le “resolvimos” a él, a su hermano socio de Mulino, a su primo PRD y a toda su familia desde hace muchos años.  

Otra recuerda – como en la Biblia – que ella es la que es. (Amén).

Frases simples, pegajosas, sin contenido real, pero que sirven como gancho, acicate, puntales que logran sostener lo que razonablemente no se sostiene.

Cada lema está pensado para influir en el elector, para comunicarle una “respuesta” (¿?) a sus expectativas vivenciales concretas, a sus necesidades insatisfechas.

La capacidad de convicción de estas frases y lemas falsos y vacíos de contenido no es nada despreciable.

Todo lo contrario: cumplen el papel de abrumar, apabullar y aturdir a muchos electores que – recordando lemas y no realidades – acuden a las urnas como zombis, intoxicados por la propaganda falaz y votan por el que más dinero gastó en manipularlos, en entregarles 2 sacos de cemento, una hoja de zinc, 2 bolsas de comida, un tanque de gas, un jamón, un pavipollo… o,  peor aún, –– porque creen que es verdad lo que los candidatos de la Partidocracia han promerito: agua 24 horas todos los días de la semana, ni una letrina más, 250 nuevos mercados, 1000 jumbo ferias, 100,000 viviendas, parvularios en cada esquina, 100 kilómetros de aceras y veredas, almuerzos a un dólar por toda la ciudad,… 

¡Haría falta el presupuesto de Alemania para cumplir la mitad de lo que prometen !

Algo anda muy mal en nuestra “democracia de mentira”. No existe. No es una verdadera Democracia y está muy lejos de serlo. Es una representación teatral, un acto ritual, un sistema de legitimación política en el cual los poderes tradicionales, las tres mesas del Club Unión, los mismitos de siempre, se mantienen siempre.

Y en buena medida logran hacerlo gracias a la manipulación mediática, a la propaganda masiva y engañosa y a sus lemas vacíos de contenido.

Vienen logrando sus propósitos desde hace décadas sobre todo porque en medio de su pobreza, de su miseria y de su lucha diaria por la vida, nuestro pueblo “siente” pero quizá todavía no razona lo suficiente sobre toda la enorme injusticia y desigualdad que vivimos día a día.

Razón tenía Voltaire: el día que la mayoría de los pobres empecemos a razonar, los ricos habrán perdido lo que les mantiene arriba: nuestra débil conciencia. ¿Habrá llegado ya ese día?. ¡Dios lo quiera !

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