Panamá: Martinelli vive en otro país

Es comprensible que todo gobierno haga un balance positivo de su gestión; lo contrario sería iluso, pero lo que es intolerable es el cinismo, la mentira descarada. Cuando escuchamos el discurso del Presidente Ricardo Martinelli en la Asamblea Nacional, pensamos que Martinelli era Presidente de otro país.  No solo porque ha entregado el territorio a las grandes corporaciones extranjeras para saquear las riquezas del país, como los otrora conquistadores coloniales, y porque le ha entregado parte del territorio a los Estados Unidos a través de las llamadas Bases Aeronavales y otras agencias de seguridad, sino también porque el país que describió en su discurso tiene muy poco que ver con el pueblo panameño.

Nos dijo que Panamá tiene “casi pleno empleo”, la riqueza está “mejor distribuida”, en materia de educación somos lo máximo, así como en la atención de salud, los panameños no tienen mayor dificultad de vivienda, “estamos creciendo, estamos desarrollándonos”, “la pobreza ha disminuido” al punto que la FAO hizo tal reconocimiento, “la inflación está bajando”, “los ingresos de los trabajadores han mejorado de manera visible”, “somos el cuarto país más pacífico de toda América Latina”, etc, etc, etc.   En cuanto al costo de la canasta básica lo plantea como un desafío, pero que esto es un problema en todo el mundo y no exclusivamente de Panamá.  Mal de muchos consuelo de tontos.

En el verdadero Panamá, la mayoría de la población que vivimos aquí, los sectores trabajadores, estudiantes, pobladores, campesinos, indígenas, luchamos día a día por sobrevivir.  Con salarios de sobrevivencia, asediados por el alto costo de la vida, los problemas de agua, transporte, salud, vivienda, educación, la inseguridad laboral, la delincuencia y el abuso de los patronos.  Los campesinos e indígenas, a quienes ignoró por completo en su discurso, viven enfrentados a los proyectos turísticos, mineros e hidroeléctricos, debido a la actitud cómplice de los gobiernos de turno, de entregarle cuanto patrimonio del país sea posible a los inversionistas extranjeros en asocio con empresarios y políticos locales.  La Comarca Guna Yala denunció recientemente el cerco comercial a que es sometida por las fuerzas policiacas y el gobierno.  Todavía el pueblo recuerda la masacre de Bocas del Toro y la de San Felix, Viguí y Las Lomas, contra los Gnobe Buglé, cuando más de 70 personas perdieron uno o ambos ojos, además de gran cantidad de heridos, algunos de ellos incapacitados de por vida.  Hace apenas un año fueron asesinados por la policía los compañeros Jerónimo Rodriguez Tugrí y Mauricio Méndez. También recordamos la represión indiscriminada y la muerte de varias personas en las protestas colonense cuando quienes gobiernan se quisieron apropiar, junto a sus “amigos”, de las tierras de la Zona Libre de Colón.

Se necesita una gran dosis de cinismo para afirmar que “la riqueza está mejor distribuida”, cuando su gobierno le ha disminuido los impuestos a las grandes empresas, incluyendo las suyas y las de sus “amigos”, cuando los precios de los alimentos siguen subiendo indiscriminadamente, cuando los macroproyectos tienen enormes sobre costos para favorecer las coimas y las ganancias de los contratistas, cuando se ha encarecido el transporte y la energía eléctrica, los alquileres y el costo de las viviendas, para solo mencionar algunas cosas de interés de los panameños.  Si hacemos una encuesta preguntando si el panameño considera que su salario le permite comprar más bienes que antes, si las condiciones de su trabajo son saludables, si el patrono los trata como personas, si tiene estabilidad en su empleo, si recibe mejor atención médica, si la educación ha mejorado, y otras cuestiones similares, el resultado se estrellaría en el rostro del Presidente Martinelli, negando las mentiras de su discurso.

Si a esto le añadimos las leyes que le dan impunidad a la policía, que penalizan la protestas, que encarcelan a quienes luchan por tener una vivienda ocupando terrenos baldíos, así como el control del Presidente Martinelli de la Corte Suprema de Justicia, de la Procuraduría de la Nación donde nombró a la Fiscal de Hierro de Noriega Ana Belfon,  de la Asamblea Nacional, el control de la Contraloría y el Consejo de seguridad, es claro que todas estas acciones no van dirigidas a beneficiar al pueblo panameño, sino a satisfacer las ansias de poder y de enriquecimiento del grupo que encabeza el Presidente.  Esta es la forma en que este grupo de poder económico y político que encabeza Martinelli entiende el “empoderamiento del pueblo” y que mencionó en su discurso.   

Para coronar el cinismo, el Presidente Martinelli llama al “diálogo”, a “la unidad nacional”, para que los panameños nos sumemos a lo que su gobierno está haciendo. Con absoluto descaro reconoce que tuvo que “enfrentar a sectores que se oponían”, pero ya “los cambios son irreversibles”, los opositores han sido doblegados, nos quiere decir, “Por eso convoco AHORA a la Unidad Nacional porque es lo que Panamá necesita en esta nueva etapa”.  Antes la unidad nacional no era requerida, debemos interpretar, porque “lo que Panamá necesitaba” era la imposición, la unilateralidad de su gobierno.  Las experiencias de los grupos Gnobe Buglé y de los colonenses sobre los llamados al diálogo, de la junta de notables para redactar una nueva constitución, la convocatoria a sectores en la presidencia en mayo de 2010, prueban sin duda alguna que el gobierno no tiene credibilidad para hacer este llamado. Los propios grupos indígenas que firmaron el acuerdo, aún cuando no respondía plenamente a sus demandas, han denunciado el cumplimiento del gobierno.  En cuanto a Colón, el gobierno despreció a los actores e hizo todo lo necesario para destruir el diálogo,  y los “notables” y los sectores convocados en el 2010 han quedado en el olvido.  

Es vergonzoso e irrespetuoso para la humanidad que el Presidente Ricardo Martinelli trate de cubrir su absoluto irrespeto a los derechos humanos, haciendo suyas las palabras del líder mundial Nelson Mandela. Debió citar al dictador Augusto Pinochet cuando poco tiempo del golpe de estado en Chile dijo que el pueblo aún no entendía que lo que el estaba haciendo era por el bien de ellos, y por eso, como él, Pinochet, sabía lo que era lo mejor para el pueblo, lo imponía a sangre y fuego.  Esto es lo que usted y el grupo económico y político que usted representa, está haciendo, Señor Presidente.

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