PANAMÁ= MAFIOCRACIA. “Se está tratando de politizar algo muy bonito”

“»What miserable drones and traitors have I nourished and brought up in my household,

who let their lord be treated with such shameful contempt by a low-born cleric?”

¿Qué zánganos miserables y traidores he alimentado y criado en mi casa,

que dejó a su señor tratarse con desprecio vergonzoso tal por un clérigo de bajo nacimiento? » 

— Henry II, en Montmirail (Francia), el 26 de diciembre 1170

Tras estas palabras, cuatro de dichos “zánganos y traidores” cruzaron el Canal de La Mancha hacia Inglaterra, para asesinar en su propia catedral en Canterbury, a su arzobispo, Thomas á Becket, el 29 de diciembre 1170. Ultimaron así a quien había sido muy parsero del rey, hasta que éste lo recomendó para Primado de Inglaterra – y quien luego se tomó muy en serio su papel de profeta Bíblico, cantándole las verdades al rey.

Aunque primero alegó que sus matones habían “malinterpretado” sus palabras, finalmente, el terco Henry FitzEmpress hizo penitencia, frente a una sublevación armada de su esposa, sus hijos, y la mitad del reino.

El 12 de julio 1174 “se vistió con arpillera y se cubrió con cenizas”, arrastrándose de rodillas (estilo Portobelo…) desde la parroquia de St. Dunstan en las afueras de Canterbury, hasta su céntrica Catedral. Allí, ante el sepulcro del Mártir milagroso, el monarca más rico de Europa se dejó golpear con 5 cachiporrazos por cada obispo presente con 3 palazos más, por cada 1 de los 80 monjes del Capítulo de la Catedral. Aquel hito transformó el ideario británico, de que hasta el monarca está sujeto a la Ley y Canterbury sigue siendo destino de peregrinajes (tipo Santiago de Compostela, Portobelo, y Atalaya).

Esta historia ilustra cómo la relación de todo mandatario con su Fuerza Pública siempre resulta delicada. Entre nosotros, esa relación suele instrumentar un instinto, casi atávico, de imponer criterios, a la fuerza y no por convencimiento. Tras 100 años de tener a la vista mejores ejemplos, tanto en la Zona del Canal, como en Costa Rica, demasiados panameños todavía prefieren perpetuar aquel “obedezco, pero no cumplo” de los Conquistadores, que desoían ordenes de Madrid.

Hoy no hay posibilidad ninguna que el presidente Ricardo Martinelli reconozca su responsabilidad por la obediencia-debida de sus militares. Y menos que atienda a fray José Domingo Ulloa sobre la generalizada pérdida de confianza, que denunciara en el Te Déum de éste año.

Aunque su lectura errónea del numeral 13 del Artículo 184 de la Constitución constituye la mejor muestra de su incapacidad para administrar una verdadera democracia, tampoco resulta ejemplo de la auto-disciplina que es el sello distintivo de todo cuerpo armado.

En Fiestas Patrias, con tantas y tan hermosas melodías patrióticas panameñas (Bejarano, Blades, Galimani, Maduro, Valdés), entre diversos despliegues meramente hormonales, las bandas militares repetían marchas extranjeras : “Radetzky”, “Esprit du Corps”, “King Cotton” y hasta la tonada irlandesa “Johnny, I Hardly Knew Ye”, interrumpidas por uniformados coreando nuevos himnos regimentales desconocidos, preparando una escena excesivamente marcial, para enviarnos un mensaje.

El guion tuvo como estrella al Comisionado Frank Abrego, un coronel con charretera de 4 estrellas – quien se auto-autorizó esa cantidad de estrellas – número internacionalmente reservado sólo para generales. Dicho Comisionado viene apareciendo más y más en la televisión, desde que en Washington se criticó a su Servicio Nacional de Fronteras, porque, si bien se televisan las capturas de ingentes cantidades de drogas, aparecen pocos narcotraficantes, ni vivos, ni muertos. 

El mes pasado, Abrego anunció la vergüenza del sargento panameño de SENAFRONT encausado (y finalmente condenado) en Costa Rica, por abusar sexualmente de un adolescente varón. Palabras más, palabras menos, se le entendió que dicho oficial disfrutaba de su día libre, y que, además, ya habría sido destituido. Si dicha destitución fuera cierta en el momento mismo en que Abrego la anunció, entonces no habría habido suficiente tiempo para su debido proceso legal. Éste es indispensable, para la seguridad jurídica de todas nuestras clases y tropas.

Todo ello sin decir una sola palabra sobre lo medular: la efectividad de las políticas de reclutamiento y de las pruebas sicológicas a que se debiera someter a quienes pagamos por “cumplir y hacer cumplir” la Ley, pero que avasallan a los panameños más pobres -en Bocas del Toro, Colón y Chiriquí– sin que se hubiera declarado un estado de excepción.

¿Cuántas otras unidades, potencialmente peligrosas, pasarán igualmente sobrados tales “filtros”…?

La semana pasada, Abrego confesó ante las cámaras, el haber deportado hacia Colombia a varios delincuentes armados ingresados ilegalmente a Panamá, como si no hubiese aquí una separación de poderes, ni tuviéramos un Servicio Nacional de Migración, ni Procuraduría, ni Órgano Judicial, ni, muchísimo menos, las garantías constitucionales al debido proceso. “Y nadie dijo nada.”

Pero el copón fue durante el desfile del 3 de noviembre. En un aparte televisado (que por cierto resultó muy poco comentado por nuestros periodistas), Abrego le obsequió al Señor Presidente, en aterciopelada caja de caoba, un elegante batón de Mariscal de Campo.

Esté o no en Italia, Martinelli está presto siempre a aceptar cualquier cosa regalada. Con ese gesto, el Comisionado significaba su subordinación al Presidente ¡como si eso no estuviera claro en la Constitución! Un presidente no requiere de ninguna confirmación, salvo que sus subalternos se consideren un gobierno por encima de otro gobierno, como cuando ocurrió el golpe militar de 1968…

En agradecimiento, el Mariscal-designado anunció una equiparación salarial de 250 Comisionados y Sub-comisionados, a los emolumentos de sus 12 Ministros y 16 Viceministros – ¡cuando 30% del funcionariado aún gana menos que salario-mínimo!.

Las implicaciones de éste “Disparate del Día”, al que se nos viene acostumbrando, se analizará en un artículo subsiguiente. Ante una repulsa generalizada, el Presidente explicó a La Estrella: “Aquí se está tratando de politizar algo que es muy bonito…”

El señor Martinelli está tan obsesionado sólo con desplumar la gallina que pone los huevos de oro, aún a costa de (mayores) revueltas populares, que simplemente no le interesa el futuro de nuestras instituciones democráticas. Pero quienes comemos 3 veces al día sí estamos en la obligación de velar por quienes no comen. Y la mejor forma de hacerlo es promoviendo un estado de derecho que funcione como debe para que, habiendo pagado caro por salir de una dictadura militar mediante la Invasión de 1989, no regresemos a ese sangriento sendero.

El autor ejerce como traductor oficial e intérprete simultáneo. Se permite su reproducción en cualquier idioma en todo medio de todo país (salvo el Reino Unido), a condición de que previamente se solicite autorización escrita del autor solo para cualquier modificación de éste texto original a descriptoriummeum@gmail.com.

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