Panamá: En un país que se hunde en la corrupción, el Día de la Independencia se transforma en el “Black Friday”

Este año, el viernes 28 de noviembre, Día de nuestra Independencia de España, se ha declarado día puente, es decir se laborará normalmente y el asueto se trasladará para el lunes 1º de diciembre.

La razón de esta medida es afianzar en Panamá una tradición de Estados Unidos cuando el viernes después del Día de Acción de Gracias, se da inicio en el comercio a las ofertas navideñas, el “Black Friday”.

Aquí, en el Día de Acción de Gracias, la Embajada de Estados Unidos reúne en su sede, para devorar pavos, a los empresarios, autoridades y políticos corruptos de todos los partidos y las figuras de “sociedad civil” financiadas con sus programas.

Con el “Black Friday” lo que se pretende es que panameños y turistas abarroten los mall y centros comerciales como parte de ese consumismo desenfrenado que se fomenta a través de los medios de comunicación social.

Pero, lo más grave de todo, es que esta decisión del Gobierno elitista de Varela, controlado por los Motta, González Revilla, Eisenmann, Galindo, Arias y el resto de los 105 ultra millonarios, es seguir debilitando los sentimientos patrióticos de nuestro pueblo y vulnerando nuestra identidad nacional.

No hay duda que la corrupción se ha extendido por toda la sociedad y la verdad es que esta tiene sus raíces desde el origen mismo de la separación de Panamá de Colombia y antes.

Son muchos los hechos, desde los sobornos de las Compañías del Canal y del Ferrocarril de Panamá al hijo del Presidente colombiano José Manuel Marroquín para nombrar como Gobernador en el Istmo a José Domingo de Obaldía al que se le atribuye la siguiente frase: «No me importa ser súbdito de Colombia, de los Estados Unidos, de China, con tal de que mis novillos se vendan bien»; pasando por el tratado firmado en el buque de guerra norteamericano Winsconsin, en el cual se puso fin a la Guerra de los Mil Días, pero donde también la oligarquía selló la traición y fusilamiento posterior del líder de la cholada coclesana, Victoriano Lorenzo.

El sentimiento emancipador panameño, fue aprovechado por los empleados de la Compañía de Ferrocarril, entre ellos, Manuel Amador Guerrero y José Agustín Arango, cuando luego de la negativa de Colombia de aprobar el Tratado Herrán-Hay, recibieron de los franceses 100 mil dólares para financiar la separación con el compromiso de nombrar a Phillipe Bunau-Varilla, ministro plenipotenciario ante Washington.

Lo que siguió fue humillante.  No hubo ningún acto de heroicidad.  “En Nueva York, en octubre de 1903, Bunau-Varilla entregó a Amador Guerrero, 1) un Código para asegurar nuestras comunicaciones secretas; 2) una proclamación de Independencia; 3) un proyecto de Constitución; 4) un plan de operaciones militares, y 5) en fin, una bandera. No faltaba a la verdad Bunau-Varilla cuando afirmó que el Room 1162 del Waldorf Astoria fue la cuna de la nueva República.” (Informe al País, Grupo Illueca)

“El 3 de noviembre de 1903 fue conformada la Junta de Gobierno de la República de Panamá, entre cuyos miembros estaba Manuel Amador Guerrero (un colombiano que luego fue el primer presidente de la República). Al día siguiente Amador Guerrero arengaba a los soldados del batallón Colombia en la entrega del precio de su venta: «Soldados, hemos llevado al cabo por fin nuestra espléndida obra. Nuestro heroísmo es el asombro del mundo. Ayer no éramos más que esclavos de Colombia. Hoy somos libres (…) El Presidente Roosevelt merece bien de nosotros, pues ¿no están allí, como sabéis, los cruceros que nos defienden e impiden toda acción por parte de Colombia? Hombres libres de Panamá, yo os saludo. ¡Viva la nueva República! ¡Viva el Presidente Roosevelt! ¡Viva el Gobierno de los Estados Unidos!» En seguida, el general Huertas dirigió una proclama a sus soldados en respuesta al futuro presidente: «Soldados, gracias a los esfuerzos del Sr. Amador y míos se ha obtenido que los Estados Unidos recompensasen vuestros afanes. El dinero que nos negó el Gobierno de Bogotá, hélo allí en la Tesorería (…) Tenemos dinero. Somos libres. Los cruceros que hay aquí disipan todo temor. Colombia puede pelear con los débiles, pero en presencia de los Estados Unidos se mete el rabo entre las piernas (…) No temáis. Somos libres. Colombia está muerta. ¡Viva Panamá independiente! ¡Viva el Dr. Amador! ¡Viva el Gobierno americano!» Veinte años después, el general Huertas se lamenta en sus memorias de aquellos acontecimientos con estas dramáticas palabras: «De dueños, pasamos a arrendatarios; de libres, al servilismo, y después de deshacernos de Colombia, llegamos a ser los siervos de los sajones y seremos parias en nuestra propia tierra». (José Fernando Ocampo)

El 6 de noviembre, en Colón, se proclamó formalmente la República de Panamá.  Le correspondió el honor de izar la bandera al Mayor del Ejército de Estados Unidos, William Murray Black, a los gritos de “¡Viva la República!, ¡Vivan los americanos!”

Las familias de los integrantes de la Junta Provisional de Gobierno y sus socios (empresarios, comerciantes y usureros), a los que llaman “próceres”, fundaron posteriormente en 1909 el Club Unión, hoy el bastión de los 105 ultramillonarios de Panamá.

Por eso decimos que la corrupción es un mal endémico de esa clase dominante y a través de los partidos, instituciones y medios de comunicación se ha diseminado en amplios sectores de la sociedad.

Para ellos es más importante el “Blak Friday” que el 193 aniversario de Día nuestra Independencia de España.  Y los medios cínicamente se asombran que muchos panameños se olviden de las notas de nuestro himno o del significado de las fechas, en ese periodismo amarillista y chabacano que nos presentan.

Para ellos el 10 de noviembre (Primer Grito de Independencia, que intentaron también convertir en día puente) y el 28 de noviembre no tienen mayor significado.  A pesar de que, como relató Federico Britton, en el Prólogo a la obra del historiador panameño, Hebert George Nelson Austin, “Victoriano Lorenzo en la Historia de Panamá”:

“Al ir recuperando la memoria histórica de nuestro pueblo descubrimos la mentira -mil veces repetida por las plumas al servicio de la oligarquía- de que Panamá logró su independencia de España sin derramamiento de sangre.  No solo es un intento por fragmentar la historia, es un irrespeto a los istmeños que formaron parte de los Batallones Voltíjeros, Pichincha y Vencedores del Ejército Libertador, que combatieron y derramaron su sangre por la independencia de América guiados por la espada de Bolívar y Sucre en las batallas de Pichincha (mayo de 1822), Junin (agosto de 1824), Matará (diciembre de 1824) y de Ayacucho (diciembre de 1824) con la cual se sella definitivamente el ciclo de dominación de España en el “Nuevo Mundo”.  Es en batallas como estas que el coronel panameño José Antonio Miró y los generales Tomás Herrera y José Domingo Espinar, ganan sus grados militares.”

Esa es la historia que nos quieren ocultar, esta es la historia de heroísmo que esconden quienes en su interés de mantener su dominio político, económico e ideológico, presentan al pueblo panameño como “un pueblo afable y sumiso que no lucha contra quienes nos explotan y nos expolian ni contra quienes mancillan nuestro profundo sentimiento de patria.” (Federico Britton)

Ante esta corrupción y esta institucionalidad podrida le corresponderá al pueblo barrer con esta podredumbre moral y sobre sus escombros lograr una República verdaderamente libre e independiente, un nuevo ordenamiento jurídico, mediante una Asamblea Constituyente Originaria con plenos poderes que haga valer la voluntad soberana del pueblo.

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