Panamá: Democracia y crisis municipal

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DEMOCRACIA Y CRISIS MUNICIPAL

Por Olmedo Beluche

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La reciente separación del alcalde de Colón por orden del gobernador; la petición de un grupo de representantes del municipio capitalino para que el alcalde Vallarino siga la misma suerte; los conflictos en Arraiján y Penonomé; así como el transfuguismo de un grupo de representantes y alcaldes del PRD hacia Cambio Democrático; todos estos hechos constituyen síntomas de un “malestar” en la institucionalidad municipal que inciden en la crisis del sistema democrático panameño.

No nos equivocamos quienes denunciamos, hace un año, que todos los defectos del sistema político panameño habían eclosionado en las elecciones de 2009. Los comicios a alcalde de la ciudad de Panamá constituyeron la madre de todas las violaciones legales y constitucionales que podían darse en un proceso electoral. Cuando lo único coherente que se podía hacer era anularlos y convocar nuevas elecciones, los políticos de gobierno y “oposición” prefirieron mirar para otro lado. Un año después, la debacle salta a la vista.

El descrédito es tal que, en una fiesta en la que los asistentes trataban de degustar unas hamburguesas, en el patio, aprovechando los estertores del verano, fuimos atacados por un enjambre considerable de insectos y, mientras peleaban por su pedazo de carne, alguien dictaminó: “las moscas son cortesía del alcalde”. Todos se miraron con ceño fruncido, escrutando a ver quiénes de los presentes le habían dado el voto, pero todos negaron haberlo hecho.

La situación habla mal de la baja calidad de la oferta política, para usar un eufemismo; como de la baja cultura electoral de la ciudadanía, que no sabe escoger a sus autoridades, porque se guía por impresiones superficiales, frases altisonantes, gestos afectados, eslóganes vacíos, prejuicios inveterados, atávicos caciquismos, relaciones familísticas.

Pero la solución que el gobierno pone a prueba en Colón es peor. Porque, hago de abogado del diablo: ¿Quién tiene más legitimidad, un alcalde electo por la comunidad, o un gobernador nombrado de a dedo?¿Tienen que someterse a la voluntad del Presidente alcaldes y representantes para que sus comunidades reciban el presupuesto que ameritan? ¿Necesitamos un régimen presidencialista extremo, que parece casi una monarquía por sus prerrogativas? ¿La soberanía de los ciudadanos de un municipio carece de valor?

En un seminario organizado en el Departamento de Sociología nos enteramos que, debido al congelamiento de la Ley de Descentralización, los municipios están completamente sometidos a la voluntad del órgano Ejecutivo, careciendo de autonomía presupuestaria y libertad para tomar decisiones propias. Esto contradice el principio democrático más elemental.

Rechazamos que se pretenda sacar arbitrariamente a los alcaldes incómodos al Gobierno de turno. El único camino correcto es la revocatoria de mandato popular, en la que los habitantes del municipio se pronuncien si su máxima autoridad se ha mostrado o no incapaz de ejercer el cargo. Pero este gobierno acaba de imponer una ley que anula en la práctica la revocatoria de mandato.

Esta situación, como tantas otras, muestra que el sistema político electoral panameño requiere una reforma total, mediante la convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente, representativa, soberana e independiente, que delimite las competencias de los municipios y la real democracia participativa de la ciudadanía en ellos.

(El autor es secretario general del Partido Alternativa Popular)