Palestina / Israel. El tiempo de la impunidad está acabando

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La corta guerra contra Gaza que se ha producido  estos días evidencia la debilidad de Israel. Mientras en la Franja de Gaza, el nuevo alto el fuego y  la dimisión del ministerio de defensa Avigdor Lieberman ha sido festejada como una victoria, los colonos de los territorios ocupados quemaban neumáticos en señal de protesta: quieren una nueva guerra, anhelan más territorio y el extermino de la población palestina.

La resistencia palestina ha puesto en contradicción al propio gobierno de Netanyahu, a costa de pagar un precio enorme. Las manifestaciones de los viernes de la Ira se han cobrado centenares de muertos, miles de heridos de bala. A comienzos de noviembre, las entidades palestinas acordaron reducir el nivel de “violencia”: dejarían de acercarse a la frontera y no quemarían  neumáticos así como evitarían el lanzamiento de globos incendiarios, a cambio de la entrada de combustible en la Franja, el pago de salario a 23,000 empleados (financiado por Qatar) y la ampliación en unas millas la zona de pesca para los barcos palestinos. No se pretendía alcanzar más que acuerdos puntuales que pudieran beneficiar a los dos partes.

Pero estos acuerdos generan en el gobierno israelí una enorme tensión. Avigdor Lieberman, el más sanguinario de los ministros de Netanyahu en un gobierno al que solo se le puede calificar como  representante del “mal absoluto”, ha dimitido. Es una acción con tintes de oportunismo político: la posición de Netanyahu se debilita en la medida que los casos de corrupción que le acechan le acercan a los tribunales. Es posible que la dimisión del ministro de Defensa  implique la convocatoria de nuevas elecciones seis meses antes de lo previsto;  se verá en los próximos días. De la situación podemos sacar algunas enseñanzas importantes.

La primera y  más obvia es la fragmentación y desorientación del gobierno israelí. La segunda,  la caída de un mito. El Estado hebreo se cimentó sobre un mito que se desmorona: la invencibilidad de su ejército. En un documento clasificado como ‘secreto’ firmado por el general Yitzhak Brick  (y enviado al ya mencionado Avigdor Lieberman y al jefe del estado Mayor del ejército Gadi Eizenkot)  se leía: “el ejército israelí no está preparado para la guerra”. Este documento fue desvelado por el diario Haaretz el 14 de septiembre de este año,  revelando  que el ejército de Israel está sumergido en una grave crisis, especialmente moral. Las deserciones se han multiplicado, el ejército hebreo está recurriendo a los Consejos de guerra para detener los casos de insubordinación. El documento subraya que las encuestas realizadas tanto a oficiales de medio y alto rango como a la tropa dibujan un panorama ciertamente complejo para el ejército hebreo. Los datos que aportan los medios israelitas muestran las grandes flaquezas de unas fuerzas que,  hasta la guerra contra Hezbullah en 2006 y el intento de ocupación de Gaza en 2014, se consideraban invencibles. Las cifras son extremadamente preocupantes para un Estado cuya supervivencia es la disuasión a través de un ejército “invencible”: un 25% de los soldados padecen algún tipo de trastorno psicológico y usa los servicios psiquiátricos durante el tiempo del servicio militar; unos 7.000 soldados al año son dados de baja precisamente por esta causa (se les prohíbe taxativamente llevar armas).  Citando  fuentes militares, el diario israelí Haaretz informaba hace pocas semanas  que  el 50% de los soldados don baja en el ejército por razones psicológicas antes de que terminen su servicio militar de tres años. Tras la ofensiva en Gaza del 2014, que  duró 54 días, las tasas de suicidio de soldados israelitas se multiplicaron por 2 ese año y el siguiente. Las bajas por suicidio en la actualidad superan las muertes por combate o las debidas a accidentes durante el servicio.

Por otro lado la situación del gobierno  Israelí se debilita en la arena internacional. Sus dos grandes apuestas estratégicas se convierten en fiascos. No ha podido extenderse territorialmente a costa de Siria en la zona de los Altos del Golán. No ha podido lanzar una ofensiva militar contra Irán, como era el deseo de Netanyahu, porque su mentor, EEUU se lo impide. Trump, como Obama antes, sabe que la victoria no está asegurada. La respuesta de  Irán sería durísima (los misiles iraníes tienen a toda Israel a su alcance). Se abrirían varios frentes tanto en Siria (con las tropas iraníes en la frontera israelita) como en el Líbano (contra el poderosísimo Hezbullah). El apoyo brindado a Arabia Saudita en su guerra contra el Yemen se ha convertido en  otro fiasco militar. El “error” de enfrentarse a Rusia por el derribo del avión ruso el 18 de septiembre le dificulta enormemente las acciones de la aviación contra Damasco. Los S-300 con los que ha sido dotada la defensa antiaérea siria es un nuevo quebradero de cabeza para los estrategas militares israelitas.

En una situación tan compleja el ministro de defensa israelí, el ultra-ultra Avigdor Lieberman, decidió romper la baraja iniciando una provocación en territorio de la Gaza ocupada. El domingo  11  un comando de las fuerzas especiales israelitas penetró  en la zona controlada por Hamas rompiendo el alto el fuego. El grupo fue descubierto, se producen muertos por ambos lados. La acción queda abortada. La retirada del comando se hace bajo fuego de cobertura. En pocas horas la situación escala. Se inician los bombardeos aéreos. La fuerza aérea israelí destruye la estación de televisión Al-Aqsa en la ciudad de Gaza después de notificar a los palestinos su intención. El edificio de la televisión es destruido aunque sigue emitiendo minutos después. Parece que los tanques apostados previamente en la frontera  van a iniciar la invasión tal como pretendía Lieberman. Hamas responde con un diluvio de misiles (más de 500 en 25 horas) muchísimos más que en los 54 días de guerra en 2014) pero solo un 30% son destruidos en vuelo por las defensas antiaéreas. Israel acaba reconociendo que el rango de estos cohetes puede alcanzar Tel Aviv. Nuevamente las defensas antiaéreas denominadas “puño de hierro” son un fracaso. Son muy ineficientes y encima extraordinariamente caras, cada misil antiaéreo vale 65.000 dólares, mientras que un cohete palestino escasamente vale un centenar. Muchos cohetes alcanzan sus objetivos en los asentamientos sionistas de Ashkelon, Netivot y Sderot. Decenas de miles de personas han de refugiarse, hay muertos y heridos en la población civil. La aviación hebrea reconoce que solo ha destruido dos lanzadoras de cohetes (un nuevo fracaso). Los palestinos han aprendido a camuflar su armamento y a utilizarlo a distancia. Se filtra en diarios israelíes que la resistencia en la Franja de Gaza puede tener almacenados cerca de 20.000 cohetes. Hamas realiza una nueva demostración. El lunes día 12 destruye un autobús militar con un misil antitanque tipo Kornet (ATGM), la pesadilla de los carros blindados merkava. El tirador esperó a que el autobús quedara vacío demostrando dos cosas: la primera que Hamas no deseaba una escalada, la segunda  que tenía medios, en todo caso, para golpear duramente a Israel. El 14 de noviembre se da a conocer un nuevo golpe de la resistencia. Un grupo de soldados son sorprendidos en la propia frontera. Al descolgar una bandera-trampa palestina se produce una explosión y mueren o quedan muy mal heridos seis. Hamas se permitió grabar la escena desde diversos ángulos. Hay un hecho relevante, todas las facciones palestinas colaboraron estrechamente, se había creado un comando central conjunto que dirigió todas las operaciones. Ninguna organización en particular, como sucedía antes, reivindicó los lanzamientos ni los ataques. Un nuevo fracaso para Israel se desprende de todo esto, el terrible asedio al que se somete a la población, no ha impedido que la Jihad Islámica, Hamas y otros grupos adquirieran más armamento y más sofisticado.

Israel no ha querido subir la apuesta; no quiere otra guerra contra Gaza. Los palestinos en Gaza están unidos. La resistencia a pesar de los enormes sacrificios está viva y tiene nuevas capacidades y sorpresas para Israel. La  frontera noroccidental israelita está sellada por los sistemas de defensa sirios. Ha de pensar y mucho su intervención en el Líbano, Hezbollah es un rival a temer. Los nuevos amigos, como Arabia Saudita o los Emiratos Árabes Unidos, son muy inestables y débiles. El movimiento de boicot, desinversión y sanciones contra Tel Aviv, por practicar el apartheid está socavando su imagen internacional. Para Israel el tiempo de la Impunidad ha pasado, está quedando atrás.

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