Palestina es una cuestión de justicia climática

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El viernes 29 de noviembre coincidieron dos acontecimientos mundiales fundamentales y que para mí tienen gran importancia, la cuarta huelga climática mundial y el Día Internacional de Solidaridad con el Pueblo Palestino que cada año celebra la ONU. Esta coincidencia también representa simbólicamente una realidad importante, que la lucha por la justicia climática tiene relación directa con la lucha palestina. Palestina es una cuestión de justicia climática.

En mi trabajo como coordinadora de organizaciones medioambientales palestinas soy testigo a diario de que para el pueblo palestino el cambio climático no es solo un fenómeno natural, sino también uno político. El régimen de ocupación y apartheid de Israel, que nos niega el derecho a gestionar nuestra tierra y nuestros recursos, exacerba la crisis climática a la que se enfrenta el pueblo palestino y nos hace más vulnerables a acontecimientos que tienen relación con el clima.

El ejemplo más extremo de ello es la Franja de Gaza, en la que dos millones de personas palestinas viven en una prisión al aire libre bajo la ocupación y el bloqueo israelí. La ONU predijo que Gaza sería inhabitable para 2020. Muchas personas afirman que ya lo es.

La grave falta de agua potable que padece Gaza ha empeorado no solo debido al cambio climático sino también debido a las restricciones que Israel impone a la entrada de los materiales y el carburante que necesita la planta de tratamiento de aguas residuales. A consecuencia de ello las aguas residuales se han infiltrado en el acuífero de Gaza y fluyen sin ser tratadas hasta el mar que baña las costas de Gaza, lo que perjudica a la vida marina y la salud de la población. El 97 % de la escasa agua que hay en Gaza no es actualmente apta para consumo humano y el agua contaminada provoca el 26 % de las enfermedades de Gaza y es la principal causa de mortandad infantil.

Uno de los muchos ejemplos trágicos del impacto que esto tiene es un niño de cinco años, Mohammed al-Sayis, que había ido a la playa en Gaza con su familia para huir del calor, murió en 2017 tras nadar en el agua del mar contaminada por las aguas residuales.

Israel también ha dañado la tierra y la agricultura de Gaza. El ejército israelí impide a la población palestina utilizar el 20 % de la tierra cultivable de Gaza situada cerca del muro militarizado que ha levantado Israel y ataca a las tierras agrícolas de la Franja con peligrosos pesticidas. Un estudio realizado por nuestra organización, Palestinian Environmental NGOs Network – FoE Palestine [Red Palestina de ONG Ambientalistas – Amigos de la Tierra Palestina] concluyó que la guerra que emprendió Israel contra Gaza en 2014, durante la cual Israel arrojó 21.000 toneladas de explosivos sobre la Franja, puede haber provocado importantes daños al suelo que han reducido la productividad de la agricultura.

En la Cisjordania ocupada Israel roba sistemáticamente la tierra y el agua palestinas. Israel controla más del 60 % del territorio de Cisjordania, donde actualmente viven 640.000 israelíes en colonias ilegales. Las y los colonos israelíes consumen seis veces más agua que los 2.9 millones de residentes palestinos de Cisjordania. Además, desde 1967 Israel ha arrancado 800.000 olivos.

Los medios de vida de las comunidades agrícolas palestinas se han transformado tanto por el robo de tierra y agua como por los cambios climáticos. En el valle del Jordán, una zona agrícola que comprende el 30 % de Cisjordania, es donde las y los agricultores palestinos se enfrentan a algunos de sus problemas más graves.

El pueblo de al-Auja en el valle del Jordán es un caso ilustrativo. Parte de la tierra de al-Auja fue confiscada para cuatro colonias israelíes. Por si fuera poco, el principal manantial de al-Auja, que solía proporcionar un flujo continuo de agua para la agricultura, ahora sólo tiene agua unas pocas semanas o unos pocos meses al año. El flujo de agua se redujo después de que la empresa nacional del agua de Israel, Mekorot, excavara pozos aguas arriba en el mismo acuífero. La sequía del manantial de al-Auja ha reducido en gran medida la producción agrícola.

Y mientras que los pueblos como al-Auja luchan para adaptase a la escasez de agua, las ilegales colonias israelíes situadas en las proximidades gozan de abundante agua para beber, para regar los cultivos y el césped y para las piscinas. A esta grave discriminación la denominamos apartheid del agua, un componente fundamental del más amplio régimen de apartheid climático que Israel impone al pueblo palestino.

Israel cultiva en todo el mundo una imagen «ecológica», pero la realidad es radicalmente diferente. Israel depende de unas prácticas agrícolas y de un uso del agua insostenibles que dependen de la explotación de la tierra y el agua de la población palestina. Además, el 97.7 % de la producción eléctrica de Israel proviene de combustibles fósiles e Israel trata de exportar a Europa gas natural y electricidad generados por combustibles fósiles.

En el Día Internacional de Solidaridad con el Pueblo Palestino nuestras organizaciones medioambientales palestinas hacen un llamamiento mundial a presionar a Israel mediante boicots al gobierno, a las instituciones y las empresas israelíes que son cómplices de la destrucción del medio ambiente, de violar nuestros derechos y de aprovecharse de nuestros recursos para que acabe con el apartheid climático.

Esto incluye boicotear los proyectos internacionales de Mekorot, una empresa que apoya el apartheid de agua al privar a la población palestina del acceso al agua y suministrar [agua] a las ilegales colonias de Israel; boicotear todos los dátiles mejdoul israelíes, que se cultivan en el valle del Jordán utilizando tierra y agua robadas a la población palestina, y oponerse a la exportación por parte de Israel de gas natural y electricidad a Europa.

Mientras en todo el mundo la gente se manifiesta este viernes [29 de noviembre de 2019] para acabar con el uso de combustibles fósiles y reivindicar justicia climática para todas las personas, quienes organizan estas manifestaciones deberían incluir estos boicots entre sus estrategias y reivindicaciones en apoyo de la libertad, la justicia y la igualdad palestinas.

Sobre el autor: Abeer Butmeh es una activista medioambiental palestina y coordinadora desde 2008 de la Red Palestina de ONG Ambientalistas – Amigos de la Tierra Palestina

Fuente Original: Palestine is a climate justice issue

Fuente: Abeer Butmehby, Al jazeera / Rebelión (Traducido del inglés para Rebelión por Beatriz Morales)

Fuente: Palestina Libre

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