Palestina: ¿Donde estás humanidad?

Por momentos me resulta difícil entender al ser humano. En ocasiones siento un profundo cabreo por los silencios, las connivencias o nuestras derrotas, cuando se trata de defender el sentido común.

Desde la culminación de la Segunda Guerra Mundial, la humanidad está convocada a cientos de batallas que son necesarias dar para dignificar nuestra propia existencia. Nuestro real sentido de ser y estar en este planeta. Si no le damos una urgente sutura caerá de muerte súbita.

Hablo de esas rutas en las que debemos de estar todos por encima de las ideologías, las religiones, las costumbres, las tradiciones y las culturas, que -lejos de separarnos- nos ha de unir cada vez más.

Sin embargo veo ausencias, retractos, deslices o miradas que buscan el otro ángulo. La otra perspectiva de la no realidad para evitar adentrarnos en esas crudas profundidades que nos impulsarían –si fuéramos honestos con nuestras verdades-, a la toma impostergable de posiciones claramente humanistas. Al duro trazo de enfrentar con entereza y dignidad, los “equívocos humanos”.

Nuevamente el gobierno del Primer Ministro Benjamin Netanyahu ataca sin piedad al pueblo palestino. Las hordas de la soldadesca israelí han asesinado según varias fuentes -con cierre en la mañana de este martes-, a más de cien personas incluidos niños.

En Gaza, la aviación embistió las oficinas de los medios de comunicación locales e internacionales. Estos causaron heridas a 8 periodistas que expresan una clara intención del gobierno israelí de anular la verdad ante hechos condenables por la humanidad. El cinismo del ejecutivo israelí no tiene límites. Esta operación militar la autodenominan “Pilar Defensivo”.

Ante estos bárbaros hechos es hora de definir el cacareado termino de: “Comunidad Internacional”. Esta sustantiva conjugación ha sido usurpada por la diplomacia occidental y los grandes medios de comunicación al servicio de la mentira, la manipulación y la desinformación que financian las transnacionales en esta era global sin precedentes en la historia.

La “horonda” Comunidad Internacional son -en definitiva- la Unión Europea, la OTAN, el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, entre otras tantas organizaciones de disímiles calibres y vestiduras, junto a otras de acento ONG, capaces de vender este eslogan para justificar las atrocidades de estos bárbaros de alcance global en pleno siglo XXI.

No he de olvidar a la desprestigiada Organización de las Naciones Unidas, cuyos preceptos fundacionales fue la materialización de la paz desde el dialogo como única vía posible para resolver los crecientes problemas del mundo.

El otorgamiento por parte de la capital de Suecia del Premio Nobel de la Paz al presidente de los Estados Unidos Barack Obama en el año 2009, que puede presumir de una notable hoja de servicios a favor del terror y el asesinato extrajudicial. Y más recientemente a la Unión Europea, que ha secundado muchas de las cruzadas militares que hoy sufrimos en el mundo, son una clara señal de lo equivocado del término.

Otros personajes de catadura moral apestada con clara vocación guerrerista, han liderado guerras con el sello “Comunidad Internacional”. Nombres como José María Aznar, Tony Blair o Javier Solanas, forman parte de algunas de las “figuras” de mayor protagonismo imperial en los últimos veinte años. No se me puede olvidar el alcohólico George W. Bush que impulsó una guerra contra el gobierno y el pueblo iraquí, con estadísticas que superan más de un millón de muertos.

Ninguna de estas organizaciones y “personalidades” son la Comunidad Internacional. Nadie en su sano juicio ha de convocar a la guerra bajo su estela. La única voluntad posible y urgente hoy –reitero-, es la paz.

Desde mi perspectiva este sello está desprestigiado. Tras bambalinas se solapan cientos de miles de hombres y mujeres asesinados, torturados,  masacrados y humillados por las fuerzas guerreristas de la OTAN y los mercenarios internacionales, que se siguen sumando a las causas del dinero en nombre de la Comunidad que no les ha convocado.

Al final convido a replantear el término y a convocar a otra de mayor estatura. La frase “Comunidad Internacional” debería de caer en un claro desuso. Tras esas dos palabras se vislumbras negras historias con acento de guerra.

El protagonismo de este sello esconde un asunto de mayor importancia: la ausencia de la humanidad en los cruciales asuntos que son responsabilidad de todos.

La lista de urgencias a resolver es interminable. Poblaría estas dos cuartillas y no alcanzaría a cubrir en ella las más urgentes. Sin embargo se impone recordar unas pocas.

La hambruna, la desertificación de los suelos, el cambio climático, la muerte por enfermedades curables, el analfabetismo. El creciente desempleo, los flujos migratorios ante las crisis sistémicas que se acrecienta en el planeta. El aumento de los precios de los alimentos, la disminución gradual de las reservas de agua potable. El expolio y saqueo de los recursos naturales de manera indiscriminada. La violencia infantil y de género. Estas y muchas otras, suman un prisma de realidades que exige la voluntad, el talento y la solidaridad de todos.

Nos debemos de sumar todos a los actos que la propia tierra nos exige. Estamos pilotados por unos criminales con claros delitos de lesa humanidad. La obra que nos apremia ha de partir de uno de los principios básicos del ser humano: la solidaridad.

Debemos de exigir –de una vez y por todas-, la refundación de nuestro futuro desde los anales de la historia. Hemos de revisitar cada uno de los pasajes que nos hicieron llegar hasta hoy, para no seguir cometiendo los mismos errores que hoy se exhiben en el planeta con absoluta impunidad e indecencia.

El hecho de que estos “lideres” estén haciendo sus tareas imperiales sin ningún reparo, responde a nuestra ausencia y a nuestra falta de responsabilidad, ante los hechos de la historia.

La humanidad está convocada -una vez más- para hacer obra por todos.

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