Pablo Rivadura (Lleida, 1988), conocido artísticamente como Pablo Hásel, ingresará en prisión dentro de unos días. La Audiencia Nacional ha condenado al rapero por enaltecimiento del terrorismo e injurias a la Corona y a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. Dos casos judiciales diferentes que se traducirán en tres años de cárcel, pues a los dos años de una de las sentencias y los nueve meses de la otra se le sumarán tres meses más ya que el artista se negará a pagar la multa económica explicitada en la condena, incrementando así sus días en la cárcel. El problema: las letras de sus canciones.

Público habla con el afectado después de que diversas organizaciones denunciaran que la condena al rapero vulnera la libertad de expresión, al igual que diferentes colectivos sociales se solidarizaran con él. Según indica su abogado, Diego Catriel Herchhoren, «la Audiencia Nacional está siendo extremadamente rápida con la pieza de ejecución», el último trámite legal antes de que se materialice la entrada en prisión de Hásel. Él mismo relata cómo ha sido su vida desde que empezó el periplo de casos judiciales que le han llevado hasta aquí.

Entre unos casos judiciales y otros, ha estado casi diez años imbuido en procesos judiciales. ¿Cómo se vive todo ese proceso? ¿Cómo valora las movilizaciones en solidaridad contigo?

Claramente, forma parte de una especie de tortura psicológica que emplea el Estado para tenerte en una situación de incertidumbre y angustia constante, sin saber cuándo serás encarcelado, cuánto tiempo, ni a qué prisión te van a enviar. Te dificulta mucho el poder hacer planes a corto y medio plazo. Aunque llevo bastantes años sabiendo que cualquier día pueden decretar una fecha de ingreso en prisión, por más que uno se mentalice y sea fuerte, evidentemente te afecta y te marca.

Aun así, queda mucho por recorrer, porque ante la gravedad de los casos represivos, porque no soy el único, aún hay poca solidaridad. Para que el Estado se lo piense dos veces antes de hacer lo que hace creo que falta muchísima más movilización en las calles.

Lo que le está sucediendo, ¿afirma, en cierta forma, lo que critica del Estado español?

Sí, totalmente. Muchas personas que me llamaban exagerado por decir lo que digo al final me han acabado dando la razón. Lo único que hace el Estado con estas condenas es reafirmarnos aún más, haciendo ver que lo que decimos es cierto.

Cuando no tenemos ni la libertad de contar cosas que están sucediendo, que nos expliquen qué nombre tiene, porque lo calificaría de fascismo encubierto.

Más allá de los procesos judiciales, ¿se ha sentido perseguido en algún otro aspecto por parte de los Cuerpos de Seguridad del Estado?

En 2011, cuando empiezan los procesos y registran mi domicilio, yo aún vivía con mi familia. No solo se llevaron mis ordenadores, mis libretas, álbumes de fotografías y camisetas, sino también los ordenadores de mi familia, registraron sus habitaciones. Claramente fueron a hacer daño. Si ya es injusto que vayan a por mí, el hecho de que vayan a por mi familia es muy duro. Además, durante todos estos años, en estaciones de tren y autobuses o en la calle he tenido numerosos registros policiales. En otros momentos he visto cómo me hacían seguimientos físicos intentados intimidarme.

A parte de la censura a nivel musical, se le añade otro inconveniente: muchas salas no permiten mis conciertos por si puede tener consecuencias. La policía ha llegado a amenazar a salas para que cancelen mis conciertos, y muchas lo han hecho. Yo llevo en mi ciudad seis años sin poder hacer un concierto porque no hay ninguna sala que se atreva por todo lo que he tenido con el Ayuntamiento y demás.

He acabado teniendo trabajos esporádicos, como por ejemplo cuando tuve que ir a Francia a coger fruta en lamentables condiciones laborales porque aquí no había forma de encontrar otro empleo.

¿Qué efectos ha tenido en su día a día los procedimientos judiciales?

Lo resumiría en una enorme dificultad para sobrevivir a nivel económico y una gran presión por lo que comentaba antes, el saber que cualquier día me pueden encarcelar.

¿Y concretamente en su vida personal?

Tengo la suerte de tener un entorno que me apoya y que se involucra. Hay una plataforma que me da soporte y se solidariza con otros represaliados. De hecho, este entorno también ha sufrido la represión simplemente por mostrar su solidaridad porque la solidaridad también se persigue. Sin ir más lejos, a dos compañeras y un compañero les piden dos años de cárcel por colgar una pancarta a favor de la libertad de expresión en la sede del PSC en Lleida.

De todas formas, hay cosas positivas. Todo esto ha despertado mucha lucha, solidaridad. Yo me siento bien conmigo mismo, por no haber claudicado frente a la represión, eso es lo que me da fuerzas. No voy a ocultar las dificultades y problemas serios que me ha traído, pero también es importante recalcar los mejores aspectos.

¿De qué forma le afecta el procedimiento judicial a nivel mental?

Lo he llevado bastante bien por tener la conciencia tranquila y por quedarme con la parte positiva. He conseguido vencer el miedo y por eso sigo haciendo lo que hago pese a la tremenda represión que existe. No me ha supuesto un problema de ansiedad ni nada por el estilo.

¿En algún momento se ha planteado arrepentirse de sus letras de cara a conseguir una reducción en sus penas de prisión?

No, para nada. Eso jamás. De hecho, cuando yo empecé a escribir según qué letras pensaba que podía sufrir la represión. Igual no pensaba que llegaría tan lejos, eso también he de decirlo, pero siempre he tenido claro que asumiría las consecuencias. Lo que no imaginaba es que más de diez policías entrarían en mi domicilio a hacer un registro, que me condenarían a tantos años de prisión, que en unos años un rapero tendría que exiliarse para no entrar en la cárcel… Es decir, todo esto ha ido muy lejos.

Ahora mismo, tan solo queda la pieza de ejecución para decretar su ingreso inmediato en prisión. ¿Se ha mentalizado de lo que le espera en la cárcel?

Llevo muchísimos años con ello. Cuando sabes que en cualquier momento te pueden encarcelar te vas mentalizando y te vas fortaleciendo. Eso no significa, lógicamente, que no sea duro, pero estoy preparado.

¿Qué cree que se va a encontrar en prisión?

El trato que dan a un preso político es incluso más duro que el que reciben los presos comunes. No sé a qué cárcel me van a enviar, lo pueden hacer a la más lejana de mis seres queridos. Quizá me encierren en aislamiento, el grado más elevado de dureza dentro de la prisión. Tampoco sé qué trato voy a tener por parte de los funcionarios de prisiones, porque conozco muchos casos en los que no se les podría calificar ni siquiera de cordiales.

Respecto a la relación con otros presos, no tengo ningún tipo de temor ni nada por el estilo. Lo peligroso serán los carceleros y no los presos, con los que seguro tendré una buena relación. Eso no me preocupa para nada.

En el caso de los presos políticos no permiten tener mucho contacto con otros encarcelados, así que no sé hasta qué punto me podré acercar a ellos. Si alguien me pregunta por qué estoy encarcelado, yo creo que van a alucinar un poco cuando les cuente mi historia. Ya que la mayoría de ellos están en prisión por ser pobres, por haberse tenido que buscar la vida con pequeña delincuencia, seguro que van a entender mi lucha igual que yo entiendo que algunos de ellos, para sobrevivir, hayan tenido que hacer según qué cosas.

¿Tiene pensado qué va a hacer mientras cumple la pena?

Voy a intentar leer muchísimo. Como también escribo poesía, seguir haciéndolo, incluso quizá me anime con alguna novela; y dentro de lo posible hacer deporte, aunque veremos si me permiten acudir al gimnasio, porque a muchos presos políticos se les deniega.

Hay que intentar, dentro de lo malo, sacar algo productivo de eso: salir de prisión estando más formado y habiendo reforzado mis ideales. El objetivo del encarcelamiento es doblegarte, derrotarte, y yo quiero conseguir todo lo contrario. Muchas personas tienen la visión de que la prisión es el fin, y que desde dentro estás anulado como persona y no puedes aportar absolutamente nada.

El ejemplo que le ponía de escribir desde la cárcel es importante porque yo empecé a luchar inspirado por muchos textos de presos políticos. Hay personas que me leen y mis escritos les ha hecho pensar empujado a la lucha, y por eso viene tanta represión contra mí.

Tras su condena y persecución a otros artistas, como La Insurgencia, Valtonyc y César Strawberry, ¿cómo definiría la libertad de expresión en el Estado español?

Desde luego, para el antifascismo es inexistente. Habrá personas que me digan: «Bueno, pero si no van a por todo el mundo que critica la monarquía, ¿por qué dices que es inexistente?». Porque si existe la posibilidad de que tú por decir equis cosas sobre la monarquía te pueden condenar a prisión, significa que tú no tienes libertad de expresión. De hecho, conozco a muchísimas personas, y esto es una represión más invisible, entre las que se encuentran otros artistas, que me dicen: «Yo pienso lo mismo pero no lo digo por miedo a la represión”.
Eso significa que no hay libertad porque a esa persona le estás coartando su inspiración o su arte por el terror a la represión. A la vista está que la libertad de expresión solo existe para los fascistas y sus colaboradores.

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