Otro mundo posible exige otra mirada

El mundo que desearon los mejores no es el nuestro.


Cada vez más seres humanos desearíamos vivir en otro mundo, en un mundo donde fuera posible la justicia, la libertad,la fraternidad, la paz, la igualdad, la unidad,esos valores por los que tantos y tantos de nosotros hemos sufrido incontable dolor a lo largo de nuestra historia personal o como humanidad y hemos dado hasta nuestra vida por creer que son tan verdaderos como la luz del Sol. Y estamos en lo cierto, porque esta clase de valores responden, uno por uno, a las leyes universales de la vida y son tan verdaderos como la luz del Sol.

Sin embargo, el heroísmo de los mejores de entre nosotros, que nos trajeron luz a nuestra alma y a nuestro entendimiento y fueron perseguidos, torturados y hasta asesinados precisamente por defender esas verdades universales, no ha sido recompensado por el éxito, lo que salta a la vista en cuanto nos detenemos a pensar por un momento en la triste realidad social y económica o en el grado de salud personal de la mayoría; los pobres, por pobres y los habitantes de los países ricos por las condiciones en que se vive y por la venenosa medicina que se practica controlada por el capitalismo.

Entre las muchas deudas históricas que tenemos con aquellos que sacrificaron su vida por mejorar la nuestra, destaca la de averiguar por qué ha podido suceder lo que está sucediendo y cómo cambiar este mundo,- si es que es posible hacerlo-, ahora que es nuestro turno. Y la duda de si es o no posible surge ante la pobreza analítica, y tanta división como impera hoy en los sectores que se consideran revolucionarios y que confunden revolución con activismo, con terrorismo o con voluntarismo, y viven anclados en las corrientes revolucionarias del siglo diecinueve. Menos mal que a Marx no le pasó lo mismo, de lo contrario nunca se habría hecho un análisis social y económico&nbsp capaz de entender las tretas de la economía capitalista y apuntar hacia la superación de tanto prejuicio ideológico del mundo burgués en todos los terrenos que pudo observar. Y si Marx viviera hoy no podría dejar de abordar los problemas de hoy con una actitud mucho más abierta que la de aquellos que se dicen o sienten marxistas ortodoxos, pero no aportan nada al proceso revolucionario. Porque revolución y marxismo no son sinónimos, a la vista está.
Cristianismo y marxismo constituyen dos ejes&nbsp fundamentales sin los que es imposible entender la historia de Europa y de medio mundo. Sin embargo, los marxistas que llegaron al poder traicionaron siempre a Marx y suplantaron el poder del proletariado por el suyo propio, mientras que la Iiglesia conocida, traicionó a Cristo y se convirtió en este monstruo totalitario de criminal historia demoniaca que ha logrado confundir a tantos convencidos de que eso es&nbsp &nbsp cristianismo. Independientemente de que uno esté a favor o en contra de cualquiera de estas opciones, es un hecho objetivo que cristianos y marxistas auténticos&nbsp han sido relegados por toda clase de oportunistas y degenerados con capacidad de liderar masas, los cuales han obstaculizado mediante la represión, la manipulación, la persecución, el miedo&nbsp y el asesinato que lo mejor de ambas corrientes triunfara en el mundo, usurpando sus nombres, vaciándolas de contenido, y rellenando los huecos a conveniencia.

El concepto “revolución” va más allá del modo en que históricamente se ha abordado y resuelto, y nos encontramos hoy que la revolución allá donde se manifieste, debe ser repensada manteniendo como válido lo que lo que siga siéndolo y desechando lo que no lo sea sin miedo a ser tildados de esto o lo otro por el atrevimiento de desmarcarse de la “oficialidad-dividida” de falsos ortodoxos a la greña.

Las secuelas del fracaso histórico del marxismo son enormes y dramáticas para los pueblos. Para los que han sufrido en sus carnes el timo revolucionario ruso o chino, por citar dos ejemplos, es imposible toda nostalgia de esa época de purgas, escasez, burocracia, militarismo, estado policial, clínicas siquiátricas, gulags, confesiones bajo tortura para justificar penas de muerte, delaciones entre ciudadanos, censura en todos los ámbitos de la expresión pública (ideología política, arte, cultura….) y nueva configuración de clases sociales con la burocracia política como nueva clase emergente y dirigente y la pobreza generalizada para los trabajadores con el fin de sostener la carrera armamentista compitiendo con Occidente. ¿Dónde queda la revolución proletaria? Una parte asesinada, otra amordazada y otra en el exilio forzoso.

Y luego quedan los otros, los que no sufrieron la revolución en su país y que han visto lo que sucede bajo el nombre “revolución”. Difícilmente unos u otros, a no ser que estén ciegos, querrían ver repetida en sus carnes tanta sangrienta intolerancia y miseria social y económica.

Algo semejante, pues es una historia paralela, ha sucedido con el cristianismo. A los conocedores de la historia criminal de las iglesias, católica y protestante, es imposible hacerles creer que eso es lo que dijo Jesús de Nazaret. Especialmente si forman parte de las decenas de miles de víctimas violadas por curas (niños, niñas y monjas) en países “de misiones”,o en los propios EEUU, Irlanda, Italia, España o Australia. Guerras, asesinatos, adulterios, violaciones, envenenamientos, persecuciones y exterminio a personas y a colectivos de verdaderos cristianos, dirección de prostíbulos, sodomías, y hasta misas negras son descritas en el libro “Historia criminal del cristianismo”, del alemán Karlheinz Deschner publicada en castellano por la editorial Roca. ¿Dónde queda la revolución espiritual proclamada por el carpintero de Nazaret, Jesús el Cristo?

Para quien crea que comunismo es lo que nos muestra la historia y cristianismo lo que muestran las iglesias, es natural que sienta un rechazo visceral hacia cualquiera de esas dos imposturas que han pretendido presentarse ante el mundo la una como la solución de los problemas sociales y la otra como dirigente espiritual de las conciencias.

Y la consecuencia dramática de todo esto es que cuesta mucho a la humanidad más despierta ser objetiva cuando se le nombra al comunismo tanto como al cristianismo. Casi nadie quiere saber nada de ninguno de los&nbsp dos hipócritas.&nbsp Las iglesias se vacían y los partidos comunistas están en las horas más bajas de su historia, a pesar de haberse descafeinado para ser parte del sistema parlamentario y&nbsp tener poder.&nbsp Y el resultado del fracaso de estas dos grandes líneas de evolución es el triunfo de un capitalismo&nbsp sin conciencia en todos los frentes.

Aunque capitalismo significa igualmente explotación salvaje de recursos y de los trabajadores, guerras, exclusión social, esclavitud encubierta, censuras encubiertas, control policial progresivo, control mental mediático y todas las lacras conocidas que vemos denunciadas a diario, ha sabido jugar con la propaganda, la creación de falsas ilusiones de progreso y bienestar obtenido a costa de la explotación de países colonizados, y con el hacer creer a la gente en el Derecho en lugar de la Justicia. Y con ello hasta ha domesticado a los sindicatos de clase.Todo esto unido a la educación escolar y a través de la tv. y de la continua acción represiva con la justificación inmoral del terrorismo que ellos mismos provocan, ha convertido a los gobiernos capitalistas en la versión B de los crímenes que denuncian cuando se presentan como defensores de los derechos humanos, la democracia y todas esas mentiras planificadas para aparentar dignidad. Dignidad de la que carecen.

Nadie duda hoy que nos hallamos al borde del caos total miremos hacia donde miremos. ¿Es esto algo real? No hay duda que lo es en cuanto nos detenemos a mirar el deterioro imparablede nuestra madre Tierra por la superexplotación de recursos, la elección de los más peligrosos para el desarrollo del Sistema, la contaminación sin precedentes y sin límite alguno y la aniquilación diaria de cientos de especies vivas. Así la Tierra entera ha entrado en una especie de caída libre hacia el deterioro , sin que ninguna ideología ni movimiento social de los pueblos pueda detener el proceso nien su origen ni mucho menos en su comportamiento geológico, climático y ecológico.

Si observamos todo esto desde la perspectiva de interdependencia entre especies y de todas ellas con la naturaleza en conjunto- vemos cómo se mina la salud colectiva y conduce a desequilibrios orgánicos y psíquicos –como el estrés-y a variadas enfermedades provocadas directamente por contaminación del suelo cultivable, del agua, aire y alimentos, y por cuya causa mueren cientos de miles de seres humanos en todo el mundo. Así que el caos progresa inexorablemente.

Cualquiera que sea el campo hacia donde dirijamos nuestras atención, parecen agotados los paradigmas que parecieron útilescomo alternativas para evolucionar, tanto personal como colectivamente, pues ni el marxismo que se practica ha redimido al obrero del poder capitalista ni de la miseria, ni el cristianismo que se practica ha servido para liberar al hombre de la ignorancia ni encaminarle hacia una revolución de conciencia para conseguir la hermandad, la justicia, la igualdad, la libertad y la unidad mostradas por Cristo como claves para la revolución espiritual. Llegados a este punto podemos preguntarnos si además de fallar los aspectos prácticos de los paradigmas revolucionarios han sido superados los paradigmas teóricos en que se apoyaron inicialmente.&nbsp &nbsp

Configuramos nuestra visión del mundo desde el Universo.

Bien sabido es que una determinada concepción del universo conduce a una determinada interpretación de la realidad. El pensamiento marxista, por ejemplo, partía de la concepción del universo desde la óptica newtoniana. Por tanto, en última instancia, la filosofía materialista es una interpretación del mundo a partir de Newton. Ahora bien, la comprensión de la realidad física como Newton la dio a conocer ha sido dada por muerta en unos aspectos y superada con creces en otros desde que se conoce más profundamente la estructura atómica de la materia. Gracias a la física cuántica se ha podido avanzar en el conocimiento más&nbsp complejo de la materia y de la relación profunda que esta tiene con la energía, ya que la materia no es otra cosa que energía que se ha condensado, energía de baja vibración, aunque se puedan establecer grados. Por ejemplo, la vibración energética de los átomos de una piedra, determinan su densidad, lo mismo que la de los fotones o átomosde la luz determina las cualidades de la luz .Y aun en la propia luz, y a consecuencia de la misma ley, existen los siete colores del arco iris y sus diferentes tonalidades, etc.

Con la inclusión de la energía como elemento causal y formador del universo, no sólo se ha profundizado en el conocimiento de la realidad física, sino que al ser la energía un elemento previo a la materia, que la trasciende y es su elemento causal y formador,&nbsp determina su existencia y su apariencia. De este modo se ha abierto la puerta a lo trascendental, a lo que está más allá de la materia que no es otra cosa que lo espiritual, desvelado así como elemento trascendente. Por tanto, se ha abierto la puerta a consideraciones sobre la realidad objetiva y la existencia de lo espiritual y trascedente que no era posible conocer en la época del apogeo del pensamiento materialista apoyado en la física de Newton y en el racionalismo cartesiano con su limitación teórica y sus prejuicios cristianoides.&nbsp Y aunque&nbsp aportaron elementos teóricos a la ciencia materialista no superaron con esa ciencia sus especulaciones -que no conocimiento- sobre&nbsp una pretendida &nbsp Gran Casualidad cósmica en el origen y existencia del Universo y sus leyes, y no pudieron acertar a plantearse lo que la ciencia contemporánea se plantea: la existencia de la Gran Causalidad que ahora aparece como la opción más sensata y que obliga a replantearse la condición espiritual del universo y por tanto la nuestra propia, pues somos “carne cósmica” y “energía universal”desde el punto de vista de la nueva ciencia.

Nos encontramos asíante paradigmas antiguos que se han quedado obsoletos ante le irrupción del pensamiento basado en las leyes de la física atómico-cuántica, a la que debemos el microchip y todo el enorme progreso tecnológico basado en su uso. Se puede hablar en este terreno de un paso de gigante revolucionario en la concepción del universo, en un salto de paradigma por el que la avanzadilla de la ciencia se mueve.

Por desgracia, este salto, que podríamos titular como “salto cuántico”, no ha calado ni en la mente colectiva ni en los grupos que pretenden cambiar la sociedad. Así como Marx, Bakunin y otros pensadores revolucionarios sociales entendieron que no era posible cambiar el mundo sin tener una imagen concreta del universo físico, no existen ahora los Marx ni los Bakunin que hayan cogido el relevo partiendo de los conocimientos científicos nuevos para aplicarlos al análisis de la realidad personal y social.

Basta leer algo de los Vedas, de Lao-Tse o del cristianismo originario antes de ser adulterado, usurpado y reprimido por la&nbsp Iglesia, para saber esto y comprobar cuán cerca se hallan los conocimientos de estas corrientes filosóficas espirituales de los que la nueva ciencia está alcanzando desde su profundización en el conocimiento del mundo subatómico y cuán lejos se halla ahora mismo el pensamiento de la izquierda de estas fuentes que permiten ampliar la mirada para analizar la realidad.

El materialismo científico se halla hoy carece de la base científica en que Marx y Engels se apoyaron , algo que sin duda tanto ellos como Bakunin, Proudhon o Kropotkin, por ejemplo, hubieran abordado, pero que no han hecho sus seguidores, dejando así sin cimientos para nuevos paradigmas transformadores al pensamiento revolucionario y convirtiéndolo en algo que todo verdadero revolucionario repudia: en ideología, en dogma, en iglesia, con todo su cortejo de oficiantes, teólogos de la revolución, inquisidores y hasta fanáticos de la violencia.

Por ello hay tantas interpretaciones como líderes. ¿Qué tienen en común Mao, Lenin, Fidel Castro, por ejemplo? Que todos ellos interpretan al marxismo según les conviene con la excusa de la particularidad nacional, pero no hacen de él más que la caricatura de algo científicamente caducado y socialmente fracasado. Incluso Rosa Luxemburgo, detractora del autoritarismo, o los movimientos de la izquierda revolucionaria igualmente anti autoritarios surgidos en los años sesenta como Socialismo o Barbarie, Lotta Continua, o Lutte Ouvriere,y otros, eran ya en esa época movimientos desprovistos de fundamento científico desde el punto de vista de la ciencia contemporánea por muy loables que fuesen sus intentos de cambiar el mundo capitalista por un comunismo democrático alejado del estalinismo y sus seguidores

Hacia el salto cuántico de la conciencia.

Parece urgente,pues, aceptar la idea de la materia como una forma de energía densa, degradada. La teoría comprobada de los “cuantos” los explica como paquetes de energía que reciben los átomos y mueven el universo. Penetran en el átomo, lo configuran y orientan para manifestar la realidad tal como la apreciamos con nuestros sentidos.

En lo que se refiere a nosotros, los hombres, la cantidad y cualidad de la energía que recibimos se hace a través del sistema nervioso, y tanto una como otra dependen de la capacidad de cada uno para vivir según las leyes cósmicas. Eso explica los diferentes grados de inteligencia y de evolución de cada persona, que se traduce en diferentes niveles de capacidad de compresión, sensibilidad y sabiduría para ver, sentir y actuar. La humanidad viene a ser, individuo por individuo, una consecuencia de su relación con la energía universal. Comprender estos conceptos es esencial para entender tanto cómo funciona el Cosmos como la vida toda, incluida la vida humana. Esta a su vez, determina la vida social del mismo modo que los ladrillos uno a uno determinan la forma de un edificio. En el libro “Origen y formación de las enfermedades” que se incluye en la bibliografía final, este asunto está magistralmente explicado.

Es así como venimos a entender que entre la vida personal, la vida social y el cosmos-energía existe un estrecho vínculo que nos hace inseparables entre nosotros y con todo ello a través del vínculo energía.

El hombre determina la historia, y no al revés, pero para cambiar el mundo uno tiene que empezar por cambiarse a sí mismo. El determinismo social es un error de gran calado en el pensamiento de la izquierda dogmática. No hay acción social sin conciencia individual que la haga posible, pero la conciencia individual no es consecuencia del contexto histórico,&nbsp aunque guarde con&nbsp él &nbsp una profunda relación dialéctica. El nivel de conciencia que permite comprender, sentir y actuar en una determinada dirección es patrimonio exclusivo y personal. De lo contrario, negaríamos la posibilidad del libre albedrío. No existe el determinismo psico-socilógico de Zola y el naturalismo literario. Existe, sí, el destino, una cuestión de la que cada uno es responsable por la ley de siembra y cosecha. Tampoco tenía razón Rousseau sobre que la sociedad corrompe al hombre, pues no existiría sociedad sin que previamente existiesen hombres con posibilidad de libertad para actuar de un modo corrupto. Para parir una mala idea y llevarla a cabo se precisa una mala persona. Y si hay muchas habrá una sociedad perversa, como, por ejemplo, la humana, independientemente del momento histórico, la geografía o la cultura. Pero nunca una sociedad determina actitudes, de lo contrario nunca habría cambios sociales ni pensamiento revolucionario, ni místicos, y ni siquiera gente de buena voluntad. La lucha por la libertad nos exige libertad de espíritu para ampliar a la par nuestra ciencia y nuestra conciencia.

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Nota bibliográfica:

A los que tengan interés por documentarse sobre algunos de los temas que se mencionan aquí les invito a aproximarse a las siguientes fuentes tan distintas entre sí, como estas:

David Bohm (premio Nobel de Física): “La totalidad y el orden implicado”. (Kairós).

Vida Universal (pedidos al 678955678): “Origen y formación de las enfermedades” (ciencia y espiritualidad cristiano- originaria perseguida por la Iglesia).

Fritjof Capra (científico y orientalista): “El tao de la física”. (Sirio)

Eckart Heimendahl y otros (físicos y filósofos): “Física y filosofía”. (Guadarrama)

Stalisnav Grof (psiquiatra investigador): “La mente holotrópica” (Kairós)

“El Kybalion”(Año Cero, colección Biblioteca Fundamental).

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