¿Otro maldito libro sobre la maldita guerra del 36?

Por Iñaki Urdanibia

Sobre la guerra civil se ha escrito mucho: libros de historia, narrativa, etc. Cualquiera que se haya interesado sobre el tema o sobre sus antecedentes se habrá topado con el nombre de Ángel Viñas que ha escrito y publicado abundantes obras sobre los tiempos de la República, sobre el oro de Moscú y otros temas afines.

Ahora acaba de publicar una obra, editada por Crítica: « ¿ Quién quiso la guerra civil? Historia de una conspiración», que resulta clarificadora donde las haya y que se centra en una óptica interpretativas poco frecuentada. Se constata en la lectura el abundante material documental consultado por el historiador en distintos archivos como los británicos, franceses y, por supuesto, hispanos, además del hallazgo de evidencias varias localizadas en Roma, y esto último es destacable ya que la tesis que se mantiene es la estrategia diseñada y llevada a la practica, de los conspiradores monárquico-fascistas contra la República, con el fin de volver a instaurar la monarquía con un sello similar al del régimen de Mussolini, en el que desde luego Franco no hubiese alcanzado ningún protagonismo.

Viñas da a conocer los pasos dados por los conspiradores nombrados con el fin de recabar fondos primeramente en Francia, entre las grandes fortunas, y muy en concreto apelando a Juan March, aspecto ya conocido anteriormente, mas lo que no lo era tanto son los acuerdos por medio de los cuales se aseguraba el suministro de moderno armamento extranjero y la programación de un sistemático e trabajo de formateo de las mentes en los cuarteles. Si lo mentado ya había sido mantenido en las filas de la izquierda desde los mismos años de la contienda, lo que hace Viñas es documentarlo señalando los acierto y los puntos débiles que se mantenían, en especial los que centraban la mirada en el peso de Hitler y epígonos, tendencia poco consistentes si en cuenta se tiene la falta de prestigio e imagen de los que adolecía el nazismo.

Como es natural las conspiraciones se hacen en la oscuridad y el secreto lo que hace que entrar en tales niveles, mas la tenacidad del investigador puede lograr la obtención de algunos, escasos, escritos hallados en diferentes archivos públicos y privados…lo que hace amén de que las investigaciones sean más costosas, que éstas siempre queden incompletas ante el posible hallazgo de nuevas fuentes; y el empeño, en busca de la verdad, conduce a Viñas a enfrentar su visión, documentada, con las afirmaciones gratuitas, guiadas por inequívoco propósitos ideológicos, que son capaces de empecinarse en falsedades, siempre que éstas vengan bien para el relato explicativo que se quiere difundir.

En este orden de cosas, en la actualidad – y la cosa viene de lejos- hay una fuerte tendencia a subrayar el carácter excluyente de la República, cuando « los realmente excluyentes fueron los monárquicos y los militares de la UME [ Unión Militar Española, asociación clandestina de jefes y oficiales del Ejército]», que se sentían molestos que iba dando el gobierno republicano con el fin de mejorar las condiciones de vida de la población, promoviendo un proceso de modernización política, social, institucional y cultural, mientras que los conspiradores monárquicos centraban sus esfuerzos en la obtención de armamento, tratando de provocar al tiempo una situación de descontento que justificara el alzamiento militar, y ahí queda desvelado el papel esencial que jugó el tándem Sanjurjo-Calvo Sotelo, seguido por Goicoechea, Sainz Rodríguez, Galarza y muchos otros militares y civiles.

Desde el mismo momento de la proclamación de la República los sectores de la extrema derecha monárquica mantuvieron un claro espíritu de revancha y sus maniobras llegaron a lograr, no que no logró la tosquedad de los carlistas: el apoyo incondicional que solamente debía esperar el momento y la hora para desencadenar la embestida, camino que ya fue expresado tiempo antes del alzamiento del 36, por el nombrado Goicoechea, que prestaba su voz a Calvo Sotelo a la UME, al haberse conseguido el apoyo de la Italia fascista en la senda de impedir que la izquierda gobernase en España o en caso de que lo hiciese fuese el menos tiempo posible.

Como ya señalaba líneas arriba Franco no tenía ni méritos, ni carisma para ocupar un papel en esta conspiración: únicamente podían atribuírsele sus andanzas en Marruecos, quiso la falta de líderes militares y políticos proclives a la sublevación que el caudillo se colase en el entramado, de forma prácticamente casual.

Las guerras no se desencadenan únicamente con fogosos discursos, sino que haciendo bueno aquello que dijese Mao Ze Dong, el poder nace del fusil, y así contra con el ejército es un factor esencial , a la vez que contar con buenos arsenales de armas que es lo que lograron los contactos de los que venimos hablando…que también se mantuvo con las huestes de Hitler, lo que hizo que los servicios de inteligencia de ambos países anduviesen por el estado español como Pedro por su casa, ampliando las estrechas relaciones hasta el final de la segunda guerra mundial. Franco tuvo a su disposición un avión alemán, lo que lanzó su figura a la palestra, mientras que el Duce le llegaban las demandas de los monárquicos hispanos, lo que condujo a que ambos países acabaran apoyando sin ambages el alzamiento de Franco y sus comilitones.

Viñas señala como los italianos no dejaron huellas de estos manejos o se esforzaron por ocultarlos, si bien las relaciones puentearon los conductos diplomáticos normales, al tiempo que se esforzaban para que no quedase al descubierto su apoyo incondicional. El apoyo de Juan Marcha merece capítulo aparte, ya que sin lugar a dudas fue el mayor mecenas del alzamiento alimentado por los monárquicos y militares…Los intentos de golpe ya se dieron tras los acontecimientos de Asturias , al pensar en el traslado de Sanjurjo al principado para hacerse cargo de las tropas…mas la cosa fracasó estrepitosamente. La marcha atrás fue dada por Franco quien se lo hizo saber a uno de los consejeros de March.

Por parte de la República, se extendió la idea inicialmente de que el alzamiento sería sofocado en un pis pas, aunque más tarde fueron comprobando que los cruzados no estaban solos, a la vez que constataban que los países democráticos miraban para otro lado…ya en setiembre de 1936 Azaña comenzó a ser consciente de que la guerra iba a perderse al ver que el enemigo no solo eran los militares rebeldes sino también Alemania e Italia. Era complicado de todos modos que tales opiniones se hicieran públicas y fuesen transmitidas al pueblo en armas, y de ahí que se empeñasen en reforzar la resistencia, encargándose de ello Juan Negrín.

Es de gran interés la desmitificación que realiza Viñas con respecto a las justificaciones urdidas por los vencedores acerca de las responsabilidades de la República en el inicio de la guerra( su ilegitimidad, su carácter revolucionario, las agresiones contra las fuerzas vivas: Iglesia, militares y propietarios, y las medidas que ponían en pleigor o favorecían la disgregación de la unidad patria, la incapacidad del gobierno salio de las urnas en mantener el orden…y el peligro de la extensión de marxismo con lo que esto podía conllevar de cara a golpear mortalmente a la civilización cristiana y occidental…en la actualidad, teniendo en cuenta las modificaciones en el contexto internacional han llevado a que se modernicen un tanto las leyendas mentadas…si bien- este añadido es mío- los viejos tiempos tiene un buen número de adoradores y defensores.

Concluye el autor subrayando el carácter abierto de la historia, con la apertura, si es que se logra, de los archivos personales del caudillo, que pueden enmierdar más si cabe su figura…ante lo cual se da un-prieta-las-filas por parte de ciertas fuerzas políticas, la Iglesia católica y algunas franjas de la sociedad hispana… aspecto que Ángel Viñas minimiza, el auge de la extrema derecha en sintonía con la oleada que recorre el Viejo Continente, al considerar risible su expresión rancia en el caso hispano…No sé.

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