Otra Europa y única posible: la de los pueblos

              

Todo este tinglado industrial y bancario – que otra cosa no es- llamado Unión Europea está muy lejos de una  idea de Europa de los pueblos, pues la que tenemos  hasta hoy ha sido incapaz de superar su politiqueo de baja estopa,  sus nacionalismos, y hasta sus regionalismos;  donde se amalgaman repúblicas y monarquías, gobiernos laicos con gobiernos proteccionistas de las Iglesias, y donde no se ve a ninguno con ánimo de apostar en beneficio de los ciudadanos europeos  por  unos Estados unidos de Europa, que sería el viejo sueño de los verdaderos europeístas desde el siglo pasado al menos. De modo que la idea no solo no es nueva sino que ahora mismo parece hasta más utópica que nunca a la vista de la que está cayendo. ¿Y qué es lo que está cayendo? Estamos a punto de saberlo: un Tratado de Libre Comercio entre Europa y  los Estados Unidos, país de origen de una tempestad  destructiva en Europa. Me refiero a la crisis provocada en primer lugar y perfectamente programada por etapas por los defensores del dólar con la complicidad  de los banqueros alemanes y del BCE para arruinar al viejo continente, desmantelar sus instituciones públicas, poner de rodillas a todos los pueblos con sus gobiernos y parlamentos, acabar con las clases medias y las pequeñas y medianas industrias y negocios y empobrecer a los trabajadores  hasta la desesperación tras acabar con elementales derechos laborales conquistados con muchos sacrificios y muertos y con  el estado del bienestar parcialmente conseguido tras muchas luchas sociales.

Las privatizaciones de los servicios públicos como la sanidad o la educación, el fracking, los transgénicos sin control o la eliminación de leyes medioambientales para propiciar negocios forman también parte importante de sus señas de identidad. Todo esto es una hábil, sucia e inmoral  jugada del mundo rico que no parece tener fin hasta hoy, pero aunque no nos sirve de consuelo, a la postre habrá de traer consecuencias negativas para ellos mismos, pues quien escupe al cielo no puede esperar ver caer manzanas. Y todos estos sujetos que dirigen el mundo en la sombra y sus amas de llaves en gobiernos e instituciones   no cesan de escupir al cielo en todos los sentidos: el material y el espiritual. Pero eso vendrá luego.

Desde hace años veníamos observando los europeos los esfuerzos que se realizaban  desde los mercados financieros en complicidad con la gran banca norteamericana para que el euro se viniera abajo a medida que iba  adquiriendo prestigio internacional  sustituyendo  al dólar como moneda de referencia en los intercambios comerciales de  muchos países. Si no se ha conseguido aún tal cosa es debido a las jugadas del Gobierno  y banqueros estadounidenses con sus famosas agencias de calificación de riesgos ad-hoc y a las numerosas deudas que el sur de Europa tiene en euros con los banqueros alemanes y que estos necesitan cobrar con urgencia. De ahí los agresivos planes de ajuste a que obliga  el gobierno alemán a sus países deudores, caiga quien caiga, y con el tiempo ellos mismos, pues quien arruina a un deudor difícilmente puede exigirle que le pague. Incluso Francia  se encuentra ya presionada por la apestosa troika en el comienzo de sus planes de austeridad. En definitiva, estamos ante una guerra económica comenzada por el neoliberalismo made in usa con la complicidad  de los ricos de Alemania, Inglaterra y Francia vía Bruselas y Banco Central Europeo, contando con el servilismo de sus endeudados gobiernos deudores. Estos  han sido convertidos en correas de transmisión entre los usureros financieros internacionales y sus propios pueblos. Por esta y otras razones han perdido legitimidad de representación, si es que la tenían anteriormente, pues ¿quién elige a los señores que toman las decisiones del Banco Central Europeo? Lo que es evidente es   el interés de todos estos gobiernos capitalistas  por terminar con las democracias tradicionales – y con ello con la posible influencia de la opinión ciudadana sobre sus parlamentos- como efecto secundario bien calculado de antemano. Existe claramente una conspiración de los ricos para   instituir estados policiales sobre naciones arruinadas y acabar con los derechos adquiridos por las clases trabajadoras, a las que  quieren esclavizadas como en el modelo chino al que buscan imitar.

Una guerra contra el euro no puede ser una guerra declarada abiertamente – pero sí  encubierta-por el Departamento del Tesoro USA con la ayuda – como ya la ha habido- de los Goldman Sachs o los Rockefeller, los Morgan y sus manipuladoras agencia de calificación de riesgos, un gran invento este subvencionado para poner en tela de juicio la solvencia del país que interese y desatar la caja de Pandora de la deuda, los recortes y el ahogo de los derechos y libertades públicas. En mi opinión se quiere acabar con el euro, pero primero arruinar a Europa y hacerla dependiente de los EEUU y su moneda.

Para ahogar lentamente a los más pobres de los países  europeos gobernados por administradores corruptos-  han ido siendo  precisas hasta hoy  grandes jugadas de póker norteamericano con muchos faroles, pero venidas de manos de jugadores con prestigio de los que lo último que cabría esperar eran cartas marcadas y fichas tóxicas puestas sobre el tablero,  disfrazadas de solvencia.

Una repugnante manera de enriquecerse unos pocos a costa de los muchos en las transacciones financieras ha terminado por poner en movimiento enormes cantidades de dinero ficticio que son los activos tóxicos de los que todos oímos hablar a diario y fueron, como sabemos, el detonante de la crisis, de los rescates bancarios posteriores, de la falta de créditos a las empresas y de los recortes sucesivos: un estudiado “efecto dominó” en manos de hábiles jugadores de póker político-financiero.

Como muchos europeos – incluyendo la gente corriente del pueblo seducido como consumidor – son tan proclives a imitar lo yanqui, tampoco podían faltar  entidades  financieras pasándose unas a otras las patatas calientes de la burbuja financiera, hasta el punto de que ahora mismo ningún banco se fía de otro a la hora de prestarse dinero entre ellos. Y eso forma parte de la estudiada jugada para empobrecer a los países impidiendo que el dinero fluya desde el sector financiero al productivo, y arruinando sus posibilidades de desarrollo, ya que este se fundamenta en las empresas medianas y pequeñas  a los que se les niega el crédito y  se ven obligados al cierre. ¿En beneficio de quién?  De los pueblos, no. Y tampoco está del lado del pueblo la corrupción que se fue fraguando al hilo de estas jugadas de póker, en la que tantos dirigentes políticos están vergonzosamente implicados en España hasta unos niveles inauditos.

Las cuestiones que surgen inmediatamente entre cientos, son algunas como estas: ¿ por qué no es más eficaz y rápida la justicia con los que roban al pueblo? ¿Por qué no devuelven de una vez lo que han robado banqueros, defraudadores y políticos? ¿Por qué  la mayoría de españoles no exigen la dimisión inmediata de su gobierno? ¿Por qué los representantes políticos de los pueblos de Europa no ponen de relieve con la máxima contundencia la necesidad de unos Estados Unidos de Europa y buscan la complicidad ciudadana para exigir que no se ponga  en marcha el Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos?

Y finalmente ¿por qué no son capaces los pueblos de Europa hasta hoy mismo unidos para exigir una democracia participativa y con ella exigir justicia contra los corruptos sin excepción alguna, conseguir la condonación de las deudas hipotecarias  que tan cruelmente se exige cumplir a familias social y laboralmente excluidas y cambiar este vergonzoso compadreo parlamentario por unas democracias reales donde sea la voluntad del pueblo sencillo – y no la de sus enemigos – la que determine el funcionamiento de cada país europeo y especialmente de los del sur? …

Tal vez con lo que estos parásitos sociales y sus capataces en los gobiernos – la clase política- no contaban es con la progresivamente alta capacidad de respuesta de los ciudadanos, cada vez más vergonzosa e injustamente  colocados contra las cuerdas. Pero estas se acabarán por romper, que es lo que está comenzando a suceder, aunque no con el ritmo, amplitud y contundencia que exigen las circunstancias. Pero tiempo al tiempo, partido a partido, como se viene diciendo.

NOTICIAS ANTICAPITALISTAS