¡Oh!bama, quiere ser el Gorbachov perestroiko para Cuba

Decía Pedro Campos[1] en: “Alerta Cuba: EE.UU. puede cambiar su táctica política, no sus fines estratégicos.La ofensiva no será con tanques, aviones ni helicópteros. No habrá bombardeos masivos sorpresivos o dirigidos. No se utilizarán bayonetas, armas de fuego, cohetes inteligentes, ni nucleares. No habrá desembarco de tropas. Los cañonazos van a ser de millones de dólares. No será una guerra en el plano militar, será una guerra de capacidades en lo ideológico, político, económico, social y cultural.” [2]

Dice en: Las “trampas” de Obama. El gobierno cubano se aferró a la defensa del estatismo asalariado burocrático y centralizado, la esencia del “socialismo” estalinista y a que siempre sería muy improbable que el Imperialismo levantara alguna vez el bloqueo. Alguna izquierda internacional siempre complaciente con la dirección cubana, decía lo mismo”. [3]

&nbsp

Pedro Campos respecto al peligro que apunta en el primer párrafo sobre la batalla ideológica, tiene mucha razón, existe un antecedente histórico muy reciente, valga la experiencia de lo sucedido con el llamado “Socialismo Real”, sobre todo en la URSS como máximo exponente de aquel socialismo que supervivió durante siete decenios pero que terminó cayendo.

Los que tuvimos la oportunidad de conocer la URSS en tiempos de la dictadura en España, y después en la “democracia” -controlada-, pudimos apreciar cómo se produjo aquella transición. Cómo debido a la falta de comprensión ideológica marxista sobre la función histórica del Estado, después de la revolución y tras la muerte de Lenin, se propició el alejamiento entre el pueblo y el gobierno, o más bien con el PCUS que de hecho era el partido organizado como clase dominante, era un poder en manos de la casta privilegiada que se superpuso sobre el conjunto del pueblo, disfrutando de los privilegios que este no gozaba. Teóricos de libro, de hecho con una moral capitalista en su práctica que se manifestaba en la imagen que proyectaban, y que creían justificar por la interpretación dogmática de considerar estar en la fase socialista, -a cada cual sobre lo que produce-, y ser ellos los que más hacían a favor de la revolución y por lo tanto los máximos disfrutadores de privilegios, en vez de ser ejemplo moral del nuevo ser comunista que se debió forjar.

Algunos creímos que Gorbachov, dada la estructura burocrática existente durante tantos años, se planteó desde arriba modificar aquel derrotero a través de la perestroika y la glasnov como formas de apertura, que rompieran con el burocratismo existente y permitiera al pueblo ejercer el protagonismo que hasta entonces ejercía el partido. Pero nos equivocamos, tras la apertura política tendente a terminar con la guerra fría, y abriendo las puertas al turismo, lo único que se consiguió es que se abrieran los ojos de un pueblo que los tenía cerrados desde la férrea propaganda que ejercía el partido, y que hacía ver al occidente capitalista como lo que en realidad era y es, un sistema agresivo basado en la insolidaridad y la violencia entre los ciudadanos de sus propios países y de los demás países. Pero el mito de que todos los del otro lado eran malos, gente horrible, cayó, los turistas parecían gente normal, portaban superfluos artilugios que el pueblo “soviético” no tenía, lo que les llenaba de asombro dada su limitada mente, y con la imagen del alienante y falso consumismo estúpido que les era trasmitido, atrapador de tantas pobres mentes, sustento y base de la ideología capitalista dominante, finalmente toda aquella influencia, con la colaboración del borracho subido al tanque, anunciando la vuelta al paraíso capitalista, terminó derrumbando el socialismo burocrático.

La imagen de las tiendas a las que tenía acceso el conjunto del pueblo con unos escaparates medio vacíos, viejos, destartalados, (no las berioskas, tiendas exclusivas para el consumo de los turistas, y los aparatichis que disponían de dólares) a los que procedíamos de la vieja Europa, nos proyectaban una imagen de pobreza extrema. Algo que no era cierto, te encontrabas con un pueblo que tenía cubiertas sus principales necesidades como son el derecho a un trabajo fijo, educación, sanidad, vivienda (aunque algunas muy lamentables) con calefacción y teléfono, cuyo coste medio suponía el 10% del salario. Un pueblo con una preparación técnica y cultural que no teníamos muchos de los que les visitamos. Unas calles donde no se veía lo que ahora se puede ver, gente pidiendo, niños abandonados dopándose con pegamentos que esnifan, al mismo tiempo que se ven grandes tiendas llenas de luces al estilo occidental.

Tanto es así que recuerdo cómo en uno de mis viajes a Moscú, invitado por el Comité Soviético de Defensa de la Paz, conocí a un italiano que gracias a unos cuantos pantalones vaqueros que se había llevado y revendía a los ilusionados moscovitas, con los rublos que sacaba se pasaba unas vacaciones de ¡puta madre!.

Sobre el segundo párrafo de Pedro Campos, estando de acuerdo con el fondo antiburocrático que le anima, me sugiere estas matizaciones que en anteriores ocasiones, de alguna forma, ya le he realizado. Si en la sociedad socialista, que consideramos es la fase de transición del capitalismo al comunismo, donde desaparecen las condiciones materiales que dan lugar a la explotación del hombre por el hombre, y por lo tanto debe desaparecer el trabajo enajenado capitalista, sin embargo, no desaparecen viejos hábitos y prejuicios del viejo orden capitalista, como es, -a mi juicio el más grave-, la delegación de la responsabilidad política del conjunto de los ciudadanos en la llamada clase política que se ejerce cada equis años a través del denostado sufragio universal que tanto criticaran Marx, Engels y Lenin, y que de hecho impide el control y la revocación de forma directa y permanente sobre los mandatarios por los propios trabajadores.

Si además estamos de acuerdo desde el materialismo histórico, cuando se analizan los procesos históricos, cómo la nueva sociedad se va forjando en la vieja sociedad, no solo por la estructura económica sino por la superestructura que es en definitiva la que sustituye la vieja maquinaria estatal, veremos que en el caso de Cuba y en los demás países del llamado Socialismo Real, -salvo en Rusia tras la experiencia del soviet de 1905, que no llegó a desarrollarse en 1917-, fueron procesos revolucionarios o electorales no soviéticos los que llevaron el socialismo a esos países. No se forjaron previamente las nuevas formas de poder alternativo al dominante capitalista. Los partidos comunistas y mucho menos los trabajadores no tenían conciencia del protagonismo revolucionario que les competía ejercer tras la caída del capitalismo, ejerciendo directamente el poder sin intermediarios aparatichis. Trataron de perfeccionar la maquinaria estatal burguesa en vez de mandarla al basurero de la historia, sustituyéndola por la de los trabajadores organizados como clase dominante.

No basta con que en situaciones de crisis capitalista se produzcan procesos revolucionarios que hagan caer los sistemas capitalistas, para que esos procesos no retrocedan del socialismo al capitalismo, tiene que haberse producido previamente un grado de conciencia comunista en un grupo suficiente de ciudadanos con capacidad de incidir en el conjunto de los trabajadores, con una moral y conocimiento sobre la nueva forma de poder que tiene que darse tras la revolución basado en la democracia directa y permanente de abajo arriba ejercida por el conjunto de los ciudadanos, con capacidad de acabar con el trabajo enajenado y que permita a los nuevos dueños de los medios de producción sentirlos suyos, y poder ejercerlos directamente, en vez desde el llamado “Estado celestial” en manos de aparatichis a los que se les denomina “clase política”, que reduce al conjunto de los trabajadores bajo el subterfugio justificativo y sumiso, considerarles “sociedad civil”, para que ellos, los tribunos, hagan y deshagan lo que les venga en gana, aunque digan que es para el bien del pueblo pero sin el pueblo.

El propio Che decía: “Nosotros tenemos una gran laguna en nuestro sistema; (refiriéndose a Cuba) cómo integrar al hombre a su trabajo de tal manera que no sea necesario utilizar eso que nosotros llamamos el desestímulo material, cómo hacer que cada obrero sienta la necesidad vital de apoyar a su revolución y al mismo tiempo que el trabajo es un placer; que sienta lo que todos sentimos aquí arriba.” Para seguidamente decir: “… se nos critica el que los trabajadores no participan en la confección de los planes, en la administración de las unidades estatales, etc., lo que es cierto, pero de allí concluyen que esto se debe a que no están interesados materialmente en la producción. El remedio que se busca para esto es que los obreros dirijan las fábricas y sean responsables de ellapara nosotros es un error pretender que los obreros dirijan las unidades;… En una planificación centralizada… no puede depender de una asamblea de obreros…” [4] (Los subrayados son del autor de este artículo)

Es evidente la disociación o incomprensión que se hace, por una parte sobre la creencia en la capacidad de entrega revolucionaria de los trabajadores, sobre la idealización del Estado Popular y sobre la planificación centralizada, cuando solo esta es posible desde el centralismo democrático, no con el centralismo burocrático impuesto desde arriba y sin la participación de los directamente interesados, es decir, con la participación de los trabajadores de abajo arriba, controlando el proceso productivo y político al mismo tiempo, que es la única forma de acabar con la enajenación que sufren los trabajadores en el capitalismo, tanto en lo que se refiere al trabajo productivo enajenado como al de la actividad política, creyendo descansar en los reyes y tribunos de turno esas responsabilidades.

En el socialismo los trabajadores tienen que estructurarse de forma que puedan ejercer el control y la revocación de los mandatarios en todo momento. Los elegidos no tienen por que serlo por equis años, sino para el cumplimiento de un mandato, para que cumplan determinados compromisos consensuados democráticamente por los trabajadores en cada ámbito de responsabilidad política o productiva.

Por poner un ejemplo de que ello es posible veamos cómo en las sociedades cooperativas de viviendas, los trabajadores se unen con el objetivo de conseguir una vivienda, para ello, reunidos en asamblea elijen una Junta Rectora entre los asociados que más confianza suscitan para que dirijan el proyecto. Lo que no supone que los miembros de la Junta sean arquitectos, ni dispongan de los conocimientos técnicos que requiere un objetivo de esa envergadura. La Junta Rectora a su vez contrata a los técnicos especialistas para la ejecución del proyecto, que son controlados por esta de forma permanente. Si el proyecto funciona y todos los asociados reciben la información necesaria en cada momento que lo solicitan, si se cumplen los plazos establecidos, los asociados confirman a los elegidos hasta el fin del proyecto, de no cumplirse los asociados en cualquier momento unidos en asamblea pueden revocar a los mandatarios si estos son responsables del incumplimiento del mandato recibido, eligiendo una nueva Junta. Cualquier asociado puede denunciar las malas acciones que haya podido observar y todos los asociados reunidos en asamblea adoptar las resoluciones que consideren oportunas.

Ese ejemplo sirve para que en el socialismo los trabajadores nombren las Juntas Rectoras de cada fábrica entre los compañeros de mayor confianza, y que estos controlen el cumplimiento del objetivo asumido por la asamblea. A su vez cualquier trabajador podrá denunciar ante la Junta Rectora cualquier anomalía como pueden ser que determinados elementos antisociales roben cualquier producto que fabrica la empresa donde laboran, tabaco, gasolina, etc., así como proponer propuestas que mejoren el funcionamiento productivo.

Algunos intelectuales como Heinz Dieterich confían para Cuba y Venezuela un socialismo del Siglo XXI, basándose en: El éxito del Partido Comunista de China (PCCh) atrae a Cuba y Venezuela. China llena crecientemente el vacío paradigmático de desarrollo para los países del Tercer Mundo, que dejó la implosión de la Unión Soviética. El factor clave en ese paradigma de transformación es la calidad de los cuadros de la clase dirigente.[5]

Tal vez a este intelectual no le importe que capitalistas chinos puedan ser miembros del PCCh, ni que China destronó a Japón como primer país acreedor de Estados Unidos, y en diciembre poseía bonos del Tesoro por valor de 727.400 millones de dólares.[6] Y después de la crisis financiera capitaneada por los americanos, no se replantee el seguir comprando bonos, y muchos menos desprenderse de los que dispone, confía en la salvación del tesoro americano.

En las Reflexiones del compañero Fidel “Poncio Pilatos se lavó las manos”aludiendo a la reunión de la OEA, Fidel Castro dice: «… derogar la resolución que decidió la expulsión de la Isla, por razones ideológicas. Tal argumento es verdaderamente risible, cuando importantes países como China y Vietnam, de los cuales el mundo actual no puede prescindir, están dirigidos por Partidos Comunistas que se crearon sobre las mismas bases ideológicas».[7]

Estas referencias de Fidel Castro sobre esos dos partidos comunistas, conociendo la tradición revolucionaria del Comandante en Jefe, deben interpretarse como una réplica a la argumentación ideológica en la que se basó el imperio para expulsar a Cuba de la organización en 1962, no que el partido cubano vaya a seguir el ejemplo evolucionista de esos partidos. En el PCC no existen capitalistas, ni mucho menos piensen conseguir un gran desarrollismo económico que les permita llegar a invertir en bonos del Tesoro.

Es de confiar, que entre todos los cubanos y sobre todo los más conscientes, ante la moderna amenaza a la que se tienen que enfrentar contribuyan a consolidar la verdadera conciencia del pueblo cubano, y que los problemas internos existentes en Cuba se resolverán de forma positiva; que la “perestroika Obama” sea un nuevo fracaso del imperio ante la Cuba revolucionaria, y no solo ante Cuba, sino ante todos los pueblos necesitados de liberarse del capitalismo en su fase imperialista, autodestructiva como estamos comprobando con la crisis financiera y la destrucción del entorno ecológico.

&nbsp



[1] Pedro Campos Santos. 1949. Holguín. Lic. en Historia. Ex-Diplomático cubano, con misiones en México y ante la CDH en Ginebra. Analista de política internacional. Investigador Jefe de Proyecto en el CESEU (Centro de Estudios sobre Estados Unidos) de la Universidad de La Habana. Autor de decenas de artículos y ensayos sobre el Socialismo, Cuba, Estados Unidos y América Latina.

[2] 29-8-2007 http://www.kaosenlared.net/noticia.php?id_noticia=40293

[3] 26-4-2009 http://www.kaosenlared.net/noticia/las-trampas-de-obama

[4] Ernesto Che Guevara: Apuntes críticos a la Economía Política. Pgs.16-17 (Editorial de Ciencias Sociales – La Habana 2006).

[5] Cuba y Venezuela en el Nuevo Orden Mundial G-2http://rebelion.org/noticia.php?id=83882

[6] http://www.eleconomista.es/economia/noticias/1096788/03/09/China-esta-inquieta-con-sus-bonos-del-Tesoro-e-insta-a-EEUU-a-cumplir-su-palabra.html

[7] http://www.insurgente.org/modules.php?name=News&file=article&sid=16552

NOTICIAS ANTICAPITALISTAS