Ocio, drogas e izquierda transformadora

Con este artículo pretendo hacer un análisis del modelo de ocio de la sociedad actual y cómo en amplios sectores de la izquierda (entiéndase movimientos políticos y sociales, grupos transformadores, antifascistas, anarquistas, comunistas, etc.) se toma este modelo sin que haya un replanteamiento serio de qué están legitimando al adoptarlo y si es consecuente con su autodenominada función transformadora de la sociedad hacia un modelo más justo, libre y sano (en todas las facetas en que este adjetivo se pueda aplicar a la sociedad y su relación con la Naturaleza).

Antes que nada, apuntar que no me centraré en las contradicciones “económicas” de consumir cualquier tipo de droga en los modelos de ocio actuales; es decir, no me centraré en que al consumir droga estamos yendo en contra de aquello por lo que luchamos, ya que el negocio de la droga es de los más boyantes de la economía capitalista, como ponen en evidencia diversos análisis y artículos[1]. Para ello, y para ver cómo precisamente esa droga la utiliza el propio sistema como medida de alienación social y desestructuración de luchas sociales, hay amplios documentos y artículos[2]. Por otra parte, como evidencia Erich Fromm, el capitalismo utiliza una dinámica desde hace décadas en la que centra la existencia del ser humano en la soledad y la vacuidad, para luego llenar dicha existencia mediante “…el trabajo burocrático y mecánico…; la rutina de la diversión, la consumición pasiva de sonidos y visiones que ofrece la industria del entretenimiento; y…la satisfacción de comprar siempre cosas nuevas y cambiarlas inmediatamente por otras. […] Divertirse significa la satisfacción de consumir.”[3] Como es lógico, la droga se encuentra dentro de estos elementos de consumo. Es necesario tener en cuanta estos análisis para enriquecer y asimilar un discurso lo más holístico posible en cuanto no se pueden aislar las diferentes contradicciones.

Por lo tanto, en este artículo intentaré indagar en las contradicciones morales dentro de un sector de la sociedad (“la izquierda radical”) que se supone quiere transformar la sociedad y acabar con las desigualdades, pero legitima (en muchos casos inconscientemente) modelos de ocio nocivos y alienantes para el ser humano.

Antes de comenzar, debo añadir que esta reflexión se basa en experiencias personales y vividas en amplios movimientos sociales de mi entorno y que estas conductas se encuentran generalizadas (aunque a diferentes escalas) en dichos movimientos tan diversos como el antifascista, okupa[4], estudiantil o grupos políticos de la izquierda radical. Pretende ser un análisis de una realidad que, por otros escritos, sé que se vive en todo el estado español y que trata de servir como inicio de una reflexión que intenta ayudar a ir cambiando conductas, pequeños comportamientos que, por su función lúdica y relajante, no los habíamos analizado en profundidad desde nuestra óptica transformadora de la sociedad. Por lo tanto, no se trata de una guía ortodoxa de actuación.

Comenzaré definiendo conceptos que están en la raíz de la cuestión y que son necesarios para construir un discurso coherente, tanto en sí mismo como con una actividad que permita acabar con las desigualdades del capitalismo y la alienación de la población.

Cuando se tratan temas como el del ocio o las drogas (términos ambos que están íntimamente ligados en la práctica del capitalismo actual), siempre sale a colación el que se trata de un discurso “moralista”. Por lo tanto, empezaremos definiendo este concepto y poniéndolo en relación con el tema que tratamos.

La moral se puede definir como un conjunto de normas que orientan acerca del bien y el mal (es decir, de cómo obrar o actuar). Esta definición, aséptica, debe contextualizarse en la sociedad actual. Como diría Engels: “toda teoría moral hasta ahora fue &nbsp producto, en última instancia, de la &nbsp situación económica de cada sociedad.[5] Y es que, desde una óptica materialista dialéctica, la moral, como elemento ideológico, ha surgido fruto de unos intereses de clase que, en el contexto actual, se dividen en burgueses y proletarios.

Ahora bien, los movimientos “transformadores” (a partir de aquí utilizaré esta palabra para agrupar a los grupos antes citados) en principio luchan por conseguir mayor libertad para el pueblo y acabar con su explotación; además de fomentar y crear una moral que podríamos llamar proletaria, es decir, contraria a la burguesa (aunque a veces sea de forma inconsciente). De este modo, se van acabando con modelos organizativos jerárquicos, implantando la organización asamblearia; o se van inculcando ideas de igualdad entre razas-géneros-sexos-pueblos, etc., atacando de lleno la ideología del sistema capitalista que ha promovido estas desigualdades; asimismo, se cultivan valores como los de la solidaridad, autogestión, etc. Todo esto va formando un corpus moral que es antagónico al burgués, aunque a menudo sea asimilado por el sistema (en muchos casos por la propia dinámica histórica de dichos valores); en este sentido, se va creando una moral que podríamos llamar proletaria o del pueblo, una moral que se busca para la sociedad del futuro, la sociedad igualitaria, que supere la explotación humana.

Dentro de estas ideas morales, o de valores, hay aspectos como el ocio que, si bien son secundarios en relación con los anteriormente nombrados, es necesario analizarlos y tratarlos para igualmente superar los comportamientos y formas de actuar que, como pueda ser la organización jerárquica, el racismo o el machismo, son alienantes para el ser humano en concreto y la sociedad en general.

Ahora bien, hay que ver, ¿el modelo de ocio está bien visto por la moral capitalista?

La moral capitalista se basa en la alienación, la explotación, el beneficio y la ganancia. De este modo, casi todo aquello que genere beneficios a las grandes empresas, que fomente el consumismo, etc. será aceptado por esta sociedad. Por lo tanto, cualquier consumo masivo de sustancias, como pueda ser el alcohol, la industria cinematográfica o la cocaína, interesa al estado y no va a dejar de fomentarlo. Además, este ocio y las drogas que lo sustentan sirve para alienar a las masas y como forma de control, como ya se ha demostrado ampliamente en las referencias anteriores. Pero a esto hay que superponer las presiones sociales que alertan de lo perjudicial de estos hábitos y hacen que el estado tenga que alternar en su discurso medidas coercitivas de práctica de este ocio (por presiones vecinales, médicas, de familiares de afectados, etc.) con una defensa a ultranza del mismo, ya que se sitúa en el fondo mismo de sus intereses: las ganancias con la venta de productos industriales.

Desde los sectores transformadores de la izquierda suele darse un discurso simplista de “lo contrario de lo que quiere el sistema es lo bueno”. Esta reducción, mecanicista y que no parte de un análisis serio de las circunstancias sociales e históricas que mueven los intereses de clase, puede verse invalidada por varios ejemplos, como puede ser el ecologismo o el feminismo. Aunque sea en grados menores, desde el estado nos inculcan ideas ecologistas como puedan ser el reciclar: desde esta óptica simplista y mecanicista, diríamos, si el estado quiere que reciclemos, es que es bueno para “ellos”, así que no lo haré. Sin embargo, está claro que reciclar es positivo y que como valor, dentro de una moral futura, el reciclar o reutilizar deben estar presentes. Lo mismo ocurre con otras cuestiones, como es el caso de la droga. Desde el estado se suelen mandar mensajes de condena de las drogas (aunque, como está más que demostrado y por lo que no pienso entrar a desentrañarlo, se beneficie de ella y sea un lucrativo negocio) o de condena de modelos de ocio actual (botellona, etc.); asimismo se da la existencia de drogas que son ilegales. En este caso, como en los temas anteriores (feminismo o ecologismo) esta condena es superficial ya que en el fondo legitima este modelo y socialmente se está promoviendo. Por lo tanto, como hay cosas que el estado condena, hay una parte de la izquierda transformadora que la toma como suya propia, sin detenerse a analizar en qué le beneficia a ella y a la sociedad que quiere construir o ayudar a conseguir.

Podemos resumir diciendo que la máxima “lo contrario de lo que quiere el sistema es lo bueno” no debe utilizarse mecánicamente en ningún tema, sino que debe hacerse un análisis de los diferentes aspectos sociales para ver qué actitud-comportamiento-valor-etc. es el que más beneficia a los intereses de clase que defendemos y queremos impulsar.

En este punto, podemos tocar otro tema peliagudo dentro del discurso: la noción de libertad y cómo ésta se encuentra también integrada en una sociedad concreta y con divergencias según se aplique a miembros de una clase social u otra. Según el modelo de libertad marxista, “La libertad es la comprensión de la necesidad[6] y por lo tanto, obrar en consecuencia a esa necesidad, que se entiende como una dialéctica entre el individuo y la sociedad. De este modo, podemos aplicarla a nuestra situación concreta: como movimientos que queremos transformar la sociedad hacia algo mejor, erradicando la explotación de clases (como forma de explotación principal, entendiendo que no se obvian las secundarias: sexo-género, nacional, natural, etc.), debemos tener claro cuáles son nuestras necesidades para llevar a cabo estas tareas. El hecho de formar parte de dicho movimiento ya hace que seamos libres: hemos visto la injusticia del sistema y hemos comprendido que necesitamos cambiarlo, conscientes de que el individualismo capitalista no es beneficioso y de que hay que comprender los problemas sociales para superarlos. Pero para llevar a cabo dicho cambio, necesitamos otras cosas: en primer lugar lo básico para la existencia del ser humano: como personas, comer, beber, relacionarnos, y como personas conscientes, la función política-social de transformación. Sin embargo, no debemos separar la persona natural (es decir que cumple funciones básicas de alimentación, relación, etc.) de la “política”, diciendo que “ahora estoy militando, pero ahora me tomo un descanso en mi militancia”, porque la militancia es la propia forma de vida.

En este engranaje de necesidades humanas, entra el tiempo de ocio, punto central del texto. El ocio siempre se ha visto y defendido como momento de descanso, de dejar de trabajar, etc. Sin embargo, hay diferentes tipos de ocio. Desde el punto de vista social, el ocio se puede dividir en ocio individual o en grupo. En este primer punto, está claro que hay que intercalar ambos tipos, según sea la actividad que queramos hacer y el fin que queramos alcanzar con el mismo. No obstante, ambos tipos están relacionados y tanto el ocio en grupo repercute en la persona que lo practica, como el individual en el grupo en que se inserta ese individuo. Por otro lado, de forma general se podrían dividir en ocio constructivo y ocio destructivo. En este segundo punto, está claro que los adjetivos constructivos y destructivos son totalmente subjetivos, y que por lo tanto, dependerá el darle uno u otro apelativo a los intereses que muevan a esa persona y la moral que esa persona siga. Para los grupos sociales a los que me estoy refiriendo “izquierda transformadora”, los intereses están claros y sus fines también. Por lo tanto, un ocio constructivo deberá ser aquel que ayude y permite alcanzar sus fines. Mientras que el destructivo será aquel que le impida hacerlo o que frene el proceso para conseguirlo. Aquí, hay que matizar bien qué es lo destructivo y, de este modo, vamos a introducir directamente las drogas en el discurso.

El modelo de ocio actual se basa, en casi todos los casos, en el consumo de drogas: entendemos de forma amplia por droga algo que genera adicción. En la sociedad actual, muchos elementos pueden generar adicción y casi todos ellos se asocian al mundo del ocio: consumismo, alcohol, “drogas duras”, ludopatía, etc. Y todos ellos deben ser evitados como drogas por estos miembros de la izquierda, en cuanto serán los agentes transformadores de la sociedad e inculcan valores con sus propias actuaciones. Por lo tanto, no deben reproducir comportamientos adictivos y, en consecuencia, &nbsp alienantes.

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Veremos, de forma breve y esquemática, diferentes tipos de drogas, ante los que habría que tomar diferentes medidas:

1) Está el caso de las sustancias llamadas ilegales. La adicción que generan (perjudicial, ya que no hace libre al que la toma) se mezcla con los problemas físico-psíquicos derivados y la dependencia económica. En el caso de las “drogas duras”, éstas causan un desembolso económico que podría destinarse a la acción político-social y crean en la persona un estado que es negativo ya que lo mina física y psicológicamente y lo imposibilita para hacer actividades constructivas. Como veremos más adelante, estas drogas y su consumo se dan en contextos nocivos (perpetuando modelos de opresión de género-sexo, social, etc.) y como señalamos al principio, su introducción en la sociedad (juventud, más concretamente) se debe a pautas de alienación y control por parte del estado de un sector de la población potencialmente peligroso[7].

2) En el caso de las sustancias legales, como puedan ser el alcohol, siempre dependerá del grado de consumo. Aquí deberé matizar que no incluyo pautas de comportamiento diarias. Es decir, que trato el alcohol en cuanto se consume de forma abusiva por motivos de ocio. En este caso sí es perjudicial para la actividad política. No entraré a ver el consumo habitual de tabaco o el consumo habitual de alcohol en comidas, ya que no se trata de momentos de ocio, aunque pueda ser igualmente criticados en otro plano por afectar a la salud, como puede ser, entre otras cosas, el comer más carne de la cuenta o no llevar a cabo prácticas saludables (tanto para la persona como para la sociedad) como abusar del uso del coche y no de la bicicleta o transportes públicos, etc.

3) En último lugar, veremos otras actividades de ocio que también podrían denominarse drogas (dentro del concepto amplio antes citado), todas ellas unidas íntimamente al concepto de consumismo. Aquí entrarían elementos diversos como es la televisión, la industria del sexo (única “revolución” sexual posible en el sistema capitalista[8]), la industria del fútbol o el Internet. Todos estos casos llevan consigo el consumo de algo, que ha perdido bajo su inclusión en la lógica capitalista su función principal. Así, en el caso del fútbol, como deporte y forma de socialización, es positiva, mientras que el mercado fabuloso que ha creado, el fanatismo en amplias capas sociales (y políticas de izquierda), es nocivo y alienante. &nbsp De este modo, volveré a decir que la adicción a cualquiera de estas actividades debe ser evitada, por la propia alienación que conlleva. Como ejemplo que aúna varias de las drogas antes citadas y que podríamos considerar un paradigma del ocio tan extendido, veremos las zonas de baile y socialización (como las del botellón y de movida de la juventud actual). Así, estas zonas se han convertido en los escenarios de drogadicción de amplias capas de la población; además de ser sitios donde se ponen en práctica modelos represivos tanto sexuales (mujer como objeto sexual y que debe subordinarse a atraer a los hombres, insensibilidad de éstos para ser bien vistos como verdaderos “machos”) como racistas (maltrato a personas diferentes, de otras razas, etc.) o sociales (la necesidad del aparentar ser de una manera para ser aceptado y encajar en el grupo, etc.), modelos que precisamente estos “movimientos de izquierda” rechazan y combaten en sus círculos políticos y de actuación “militante”. Además, esta actividad va íntimamente relacionada con la desidia generalizada por el esfuerzo y el trabajo (algo que fomenta el propio sistema ya que de esa manera es más fácil mantener dóciles a las masas), al convierte en la vía de escape de aquellas personas que sólo viven para llegar al fin de semana y emborracharse, liberados por fin de la fuerte carga que supone sus obligaciones laborales, estudiantiles, políticas, sociales, etc. durante la semana[9]. &nbsp Por lo tanto, en la actualidad hay que ir condenando espacios y actividades que se unen al consumo de drogas y a estos valores perjudiciales como si fueran parte intrínseca de las mismas, cuando no son más que un añadido que una sociedad enferma en tantos aspectos como la actual le ha dado.

La práctica de estas forma de ocio nocivas que hemos tratado, con todos los matices dichos, resta tiempo de ocio que se podría emplear en otras actividades constructivas, muy diversas, que pueden ir desde leer, escribir, hacer ejercicio físico, discutir, tocar música, ver una película, hacer trabajos manuales, dar charlas, hacer actividades sociales, ambientales, etc.

Debemos construir un ocio diferente, que contribuya a seguir transformando la sociedad, que sirva para implantar nuevos valores en la juventud, nuevas formas de relacionarnos en marcos igualitarios, horizontales, no alienantes y constructivos en cuanto creemos espacios (físicos o no) donde seguir avanzando en la lucha, donde poder mejorar como personas con necesidades políticas claras, donde no ataquemos nuestra salud física y/o mental para dar lo máximo de nosotros en nuestro movimiento respectivo.

Esto, por supuesto, es una actitud que no es fácil de aplicar, por la dinámica social en que nos hayamos inmersos, y por la propia costumbre de asociar al ocio con el “no hacer nada” o “hacer lo que quiero”, cuando una actividad de descanso del trabajo habitual puede ser otra actividad que ayude a cambiar la sociedad o a autoformarnos como personas y así ayudar y dar más al movimiento en el que nos hallemos inmersos o seguir profundizando en la lucha de las diferentes contradicciones que muestra el sistema.


[1] Desde una óptica materialista histórica, Iñaki Gil de San Vicente hace una buena síntesis del engranaje del negocio de la droga en los intereses capitalistas en su artículo: Del narcocapitalismo al narcoimperialismo. http://www.rebelion.org/docs/17305.pdf

Fragmento: “Vemos entonces que el capitalismo es de suyo, obligatoriamente, una “economía criminal” y a la vez “narcocapitalismo” y actualmente “narcoimperialismo”, todo junto; pero en su funcionamiento concreto, época a época y país a país, tenemos que considerar los diferentes niveles, contextos y circunstancias, fuerzas e intereses sociales enfrentados en estos procesos. Ahora bien, en el momento de realizar estos análisis concretos de las situaciones concretas, sin los cuales nunca sabremos nada de nada, debemos tener siempre presente la existencia del Estado burgués, que no es una cosa pasiva, inerme, un instrumento exclusivamente técnico y administrativo. El Estado burgués es una fuerza sociopolítica activa sin la cual no hubiera existidos nunca el capitalismo tal cual lo padecemos a diario, el realmente existente, porque centraliza estratégicamente el conjunto de dinámicas parciales que intervienen en la explotación de la mayoría por la minoría, asegurando su efectividad, vigilando y reprimiendo a las masas, ayudando a su alienación y poniendo orden dentro de las clases dominantes en

una interacción con sus distintas fracciones siempre atendiendo a la situación interna e internacional.

Cuando decimos que el Estado ayuda a la alienación de las masas explotadas queremos decir que el capitalismo genera por su propia actividad una alienación básica, una de cuyas manifestaciones más nocivas es la creación de personalidades indefensas, dependientes, frágiles, obedientes, sumisas, crédulas, pasivas… Sobre esta base consustancial al sistema capitalista, intervienen los aparatos del Estado, desde la educación hasta el parlamentarismo pasando por los partidos y sindicatos reformistas, etc., que ayudan a mantener, adaptan y refuerzan esa alienación básica. En los problemas de las drogas esta precisión es crucial porque si algo debe quedar claro desde el principio es que todo lo relacionado con las drogas es eminentemente político, además de económico. La política de clase, de sexo-género y de nación, impregna y condiciona todo lo relacionado con el consumo de las drogas al igual que la explotación de la fuerza de trabajo por la burguesía impregna y condiciona fatalmente la calidad de vida

de las masas trabajadoras.”

[2] http://www.kaosenlared.net/noticia/drogas-y-movimientos-sociales

Importante es la obra de Iñaki Gil de San Vicente en este sentido, analizando dicho problema en la juventud abertxale en concreto y vasca en general:

http://www.cajei.cat/documents/formacio/problematiques/drogodependencies/Las%20drogas,%20una%20industria%20capitalista%20y%20opresora,%20y%20la%20juven.pdf

[3] Erich Fromm, El arte de Amar, Paidos Studio, 1959, Pág. 87

[4] Breve texto de los compañeros de RASH Madrid sobre la función alienante de la droga y de cómo ésta se ha introducido en los Centros Sociales Okupados (CSOs): http://www.nodo50.org/rashmadrid/docs/hoja_rash_24.pdf

[5] F. Engels, Anti-Dühring, Editorial Claridad, Buenos Aires, 1939, Pag. 104

[6] F. Engels, Anti-Dühring, Editorial Claridad, Buenos Aires, 1939, Pag. 125

[8]Un aspecto crucial relacionado con el (…) de la emancipación de la mujer pero que va más allá (…) es el mito de la supuesta y falsa revolución sexual en el capitalismo actual, con el VIH y otras enfermedades venéreas en aumento, con el consumismo sexo-pornográfico machista potenciado por la industria &nbsp burguesa del sexo, con sus relaciones con las drogas, con sus conexiones con la innegable crisis del instrumento coercitivo matrimonio-familia, con la tolerancia controlada y vigilante de otras prácticas sexuales, etc. En estas cuestiones ha habido un relativo cambio, pero también el sistema patriarco-burgués, con el apoyo del irracionalismo fundamentalista de las religiones y su terrorismo ético-moral, está lanzando una inhumana contraofensiva que está desbordando a las izquierdas. No ha habido ni puede haber revolución sexual en el capitalismo porque este modo de producción genera en cada una de sus fases históricas los códigos y formas sexuales que necesita para facilitar el aumento de sus beneficios. La sexualidad, en el capitalismo, siempre es una práctica funcional e integrada en el sistema, aunque dentro de ellas existan diferencias, y aunque fuera de ella y contra ella se practique otra sexualidad. Sólo en un contexto revolucionario puede iniciarse una verdadera revolución sexual masiva y su suerte dependerá, al final, de la marcha global del proceso revolucionario como totalidad”.

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&nbsp Extraído del punto 24 del artículo de Iñaki Gil de San Vicente Independencia juvenil contra juventud envejecida http://www.rebelion.org/noticia.php?id=1848

Más reflexiones sobre el tema en el punto 2 del artículo del mismo autor: Presente y perspectivas para la juventud vasca. Boltxe http://www.boltxe.info/berria/?p=10006

[9]La "diversión" se convierte (…) en el momento de desagüe y descarga de todas las tensiones acumuladas y que en su mayoría no son vividas conscientemente. Por ello resulta tan fácil la expansión del consumo de nuevas drogas y el aumento de nuevos comportamientos grupales caracterizados por otras formas de agresividad, sustitución, compensación, sublimación, etc., diferentes a las anteriores, cuando la vida cotidiana y los mecanismos de control y represión eran diferentes.”

Extraído del punto 2 del artículo de Iñaki Gil de San Vicente Presente y perspectivas para la juventud vasca. Boltxe http://www.boltxe.info/berria/?p=10006

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