Obama y la politica de la esperanza.

Obama y la política de la esperanza.

La prensa escrita de EE.UU. ha definido al próximo presidente Barack Obamacomo un nuevo tipo de político capaz de lograr grandes cosas y actualizarlas esperanzas del pueblo americano por un nuevo futuro que transformara al país y al mundo. Su mensaje de cambio y renovación ha energizado el ambiente político y provocado lágrimas de felicidad en sus partidarios que no veíamos por mucho tiempo. La misma prensa también considera a Obama como el senador más liberal del partido demócrata. Si todo esto es así… ¿que podemos esperar de su política exterior?

Criticando la política norteamericana un profesor de la Universidad de Harvard mencionaba la limitación de las libertades cívicas, la detención sin defensa, el asalto al Estado de Bienestar, elapoyo al rico, la aceptación de la desigualdad económica global, el cambio de la doctrina estratégica en las relaciones internacionales y la transferencia del controlpolítico a las manos del Presidente. Pero, continuaba, a pesar de ello, EEUU continua siendo una democracia liberal. Frente a esto uno podría preguntarse… si, a pesar de esto, EE.UU.continua siendo una democracia liberal ¿no será, entonces, la democracia liberal el problema?

&nbsp Michael C. Desch en un reciente ensayo hace notar que si no fuerapor la tradición liberalEEUU vería la amenaza del terrorismo global en forma mucho menos alarmista y adoptaríapolíticas mas restringidas como respuesta a su amenaza. Incluso, dice, la actitud política predominante en el gobierno de George W. Bush tiene profundas raíces en la mismatradición liberal.

Dentro de EE.UU. el absolutismo liberal alimenta la ambición de extender el liberalismo más allá de sus bordes. El origen de esta ambición es posible encontrarlo en la influencia de Kant. Según el una sociedad justa y prospera en uno o pocos países no es posible a largo plazo. Para hacer al mundo seguro para las democracias occidentales uno tiene que hacera todo el mundodemocrático. Un país con un buen orden presuponebuen orden en todos los países y entre todos los países. La intervención exterior para cambiar un régimen tiránico se justifica por la necesidad de actualizar la hegemonía global del sueno liberal.La presencia de estados no liberales es una amenaza y el liberalismo kantiano puede servir de justificación filosófica para la intervención y la hegemonía. John Rawls, uno de los mayores exponentes del liberalismo del siglo XX, justifica la expansión del liberalismo, no solo por razones defensivas, sino como una obligaciónpolítica natural del principio liberal. Las sociedades liberales están obligadas a dejar el estado natural y someterse, junto con otras, a la regulación de una ley razonable y justa. Para obtener esto, afirma, las sociedades pueden, incluso, emplear la fuerza militar.

El liberalismo, en principio, es tolerante de regímenes no liberales. Pero, en la práctica, los únicos regímenes no liberales que la sociedad liberal puede tolerar son los que adoptan valores liberales. Los Estados Liberales, entre 1871 y 1965, iniciaron el 65% de las guerras menores en contra de estados más débiles (Melvin Small y David Singer). La paradoja de la tolerancia liberalse rebela en su impulso expansionista. El presidente Wilson expande la democracia liberal en Europa después de la Primera Guerra Mundial, mayormente,a través de acuerdos y organizaciones internacionales.En cambio, tomo una aproximación diferente en América Latina en donde uso la fuerza militar en siete ocasiones diferentes (Cuba 1917. Republica Dominicana, 1916-24. Haití, 1914, 1915-17, 1918-24 y México, 1916-24) lo que ilustra en que medida su capacidad hegemónica, su superioridad militar, determinan la forma en que la tradición liberal se va a manifestar.

El presidente G.W.Bush no ha sido ajeno a esta tradición liberal norteamericana. Liberales y neoconservadores son mas parecidos de lo que están dispuestos a admitir en sus ambiciones ideológicas y en sus justificaciones morales. La diferencia entre intervensionistas liberales e intervensionistas neoconservadores es una cuestión de grado más que de principio. En relacion a las instituciones internacionales los neoconservadores son más unilaterales que los liberales,que creen que la política exterior se debe conducir dentro de un marco multilateral y bajo los auspicios de instituciones internacionales. Pero, a pesar de esta diferencia, ambos tienen en común lo suficiente para ubicar a los neoconservadores en la tradición liberal norteamericana. La administración de Bush, por ejemplo, participa de las premisas claves de la tradición liberal…“creo que EEUU es el farol de la libertad en el mundo. Y creo que tenemos la responsabilidad de promover la libertad,que es tan solemne como la responsabilidad de proteger a la Nación, porque las dos van juntas” (en entrevista con Bob Woodward). “La libertad de Irak será un ejemplo para la región y el pueblo americano estará mas seguro”. La administración de Clinton y la de Bush han compartido la misma idea. “Mientras mas democracia y liberación política y económica haya en el mundo mas segura estará nuestra nación y mas prospero será nuestro pueblo” (Clinton’s NationalSecurityStrategy, 1999)

ParaJimmy Carter “la expansión de la democracia es más importante que mantener la estabilidad”, y es esta creencia la que lo llevo a empujar a los aliados de Norteamérica a respetar los derechos humanos y llamar a elecciones durante la guerra fría, incluso, cuando eso podía significar la perdida del poder de esos aliados. El mismo compromiso es posible ver en la administración de Bush en Irak después de la caída de S. Hussein, en las elecciones en Gaza y, recientemente, en Pakistán, a pesar de los resultados adversos. Paradójicamente, esta misma creencia liberalhaayudado a producir muchas de las políticas iliberales del presidenteBush.Es a través del lente del liberalismo, por ejemplo, que EE.UU. ha rechazado la política de la contención o cualquier otra estrategia en favor de la eliminación del enemigo de una vez por todas. Es esta misma creencia la que alimenta la tendencia iliberal a la búsqueda de la hegemonía, la guerra preventiva, la restricción de las libertades cívicas e, incluso, el uso de la tortura. Exagera la amenaza que los Estados no liberalespresentan a la Nación y sub estimaeldesafío asociado con la insistencia de expandir el liberalismo más allá de sus fronteras.

Bush no ha sido una excepciónen la búsqueda de la hegemonía de EE.UU. en el mundo. El presidente B. Clinton también afirmaba que EE.UU. “tiene una responsabilidad especial en proveer dirección global” (National Security Strategy, 1996). Madeline Albright declaro en Europa que “nosotros somos la Nación indispensable. Sobresalimos. Y miramos mas lejos dentro del futuro”. Por ello, cuando C. Rice declaro en el ano 2002 que EE.UU. era “el guardián del mundo” (Office of the Press Secretary, National Security Advisor Speaks at Texas A&M)no constituyo un alejamiento dramático de la administración anterior. Y, hace un ano atrás, el presidente electo B. Obama afirmo que “América esla ultima, la mejor esperanza de la Tierra” (Remarks of Senator Barack Obama to Chicago Global Affairs Council,» Chicago, Illinois, April 23, 2007) Este excepcionalismo contenido en el liberalismo norteamericano, al unirse con los intereses de las corporaciones,irónicamente, setransforma en un nuevo mito imperialista. Al comentar la invasión a Irak Tony Judt decía… “Hoy día, los liberales americanos son los tontos útiles de la política internacional iliberal de la Administración de Bush”.

El ambiente político norteamericano, ciertamente, se compone de múltiples tradiciones. Pero el liberalismo ha sido, y continua siendo, la ideología mas consistente e influyente en la historia del país. La derecha evangelista, en los últimos anos, ha tenido un notable resurgimiento, adoptando una posición moral teológica que desafía el relativismo cultural neoliberal. Pero, esta también contiene la misma ambición de dominio, esta vez, en lenguajeteológico. La visión hegemónica de la política americana, ya sea en su versión liberal o evangélica,no es solo un agregado externo a sus ambiciones militares, sinola queimpulsa estas ambiciones.La vacilación liberal entre aislacionismo, cuando no puede cambiar el mundo, y el mesianismo, cuando puede hacerlo revela el hecho de que no puede vivir confortablemente con lo que es diferente o ajeno a su visión y que no puede afirmar su interés nacional sin tener que rehacer el resto delmundo a su imagen.

No hace mucho B. Obama sugirió que bajo su presidencia EE.UU. podría iniciar acciones unilaterales en contra de los militantes concentrados en Pakistán si el gobierno no lo hacia (Foreignaffairs.org, September 20, 2007), indicando con ello que el tambiénparticipaba del consenso en mantener y usaruna fuerte presencia militar en el mundo. A pesar del reconocimiento de los problemas que esta política ha causadocomparte el mismo optimismo en la continuación de la hegemonía mundial de EEUU. Si el legado de Irak pudo haberproveído algún equilibrio y una nueva base a la políticaexterior norteamericanadel siglo XXIeste no ha sido el cambio de fines. Solo el cambio en los medios a emplear. Ambos partidos, a pesar de las diferencias de detalle, empiezan a favorecer una política multilateral y una mayor apreciación del papel de las instituciones internacionales para recuperar cierta legitimidad en la persecución de los mismos fines. La convergencia filosófica entre Obama, el partido demócrata y el partido republicanopareciera ser mayor de lo que la retórica electoral expresaba.

Mirando las lágrimas de regocijo por el triunfo de Obama, que trae la promesa de un mundo mejor, uno quisiera suspender la duda y el cinicismo político y unirseal sueno de que un nuevo mundo se nos abre… Después de todo no olvidemos que Obama también es parte de otra corriente de luchas sociales que nace con los esclavos y da origen al movimiento cívico de los 60s con lideres como Malcom X que desarrolla una de las mas lucidas criticas al imperialismo norteamericano y M. L. King con su poderoso llamado a la lucha por la igualdad y justicia económica y que hoy continua en la “Teología Negra”. Nos preguntamos… ¿Cual de estas narrativas ocupara un lugarcentral en las decisiones de esta extraordinaria figura política? ¿Los millones de electores que exigen un nuevo mundo serán espectadores pasivos oempujaran con toda su participaciónpara que esto ocurra? Y… ¿Por cuanto tiempo podremos suspender el escepticismo?

Nieves y MiroFuenzalida.

Ottawa, Noviembre 2008.

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