Obama, la guerra de Vietnam y el “incidente” del Golfo de Tonkín

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El presidente Barack Obama, en su reciente visita a Vietnam (llegada el 19 de mayo) antes de estar en Japón, tampoco ha pedido perdón por la guerra de agresión de los EEUU a Vietnam que se justificó en base al llamado incidente del Golfo de Tonkín que fue una mentira americana.

No se puede condenar la manipulación del suceso y sin embargo aprobar la guerra de EEUU contra Vietnam porque sólo ese “incidente” le daba una justificación, por lo demás abusiva hasta lo inaceptable y, para colmo, falsa del todo.

Ahora me tocaba publicar la parte II de mi artículo “Estado democrático-burgués, Ejército, CIA y ciencia monstruosa”, del 3 de junio en Kaos, pero al profundizar en un asunto, me ha llevado a otro y a otro, y al final me he encontrado estudiando y escribiendo sobre este tema que me ha parecido muy intersante. Además he comprobado que en la web, en los documentos más consultados, sigue habiendo un nivel de imprecisión y confusión enorme, cuando no deliberada intoxicación. Así que he decidido publicarlo ahora, porque tiene en común con las bombas atómicas sobre Japón (tratadas en la parte I), que el mismo presidente Obama que se ha negado a pedir perdón allí en su reciente visita, unos pocos días antes tampoco lo ha hecho en Vietnam. Y a la actual generación, que es muy probable que ignore mucho de aquello, le conviene conocer lo que relato y sacar también sus conclusiones sociales y políticas.

Pero antes quiero recordaros que hasta el domingo 12 de junio (¿inclusive?) podéis ver en tve2 un excelente documental que os servirá como introducción y complemento a la prevista II parte del mencionado. Se titula “Las cobayas de la CIA”, incluido en el doble programa titulado “El ejército invencible”, y lo veréis aquí: http://www.rtve.es/alacarta/videos/la-noche-tematica/

Tenéis la oportunidad de poder copiar la transcripción de las voces que viene a la derecha, para repasar su contenido cuantas veces queráis, aunque no aparecen los subtítulos con los nombres y datos de las personas que hablan. Ponéis en marcha el video, esperáis a que justo comience el documental, inmediata pausa, definís, copiáis y pegáis la transcripción en un archivo de texto.

Caso de que haya desaparecido de TVE2, probad si lo cuelgan en http://www.documaniatv.com/ porque suele haber algunos de La Noche Temática.

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Las secciones de este artículo son: I.- La GUERRA de VIETNAM, una GUERRA de AGRESIÓN por parte de un ESTADO DEMOCRÁTICO-BURGUÉS, IMPERIALISTA. II.- La VERDAD sobre la MENTIRA del INCIDENTE en el GOLFO de TONKÍN y el PRETEXTO para la GUERRA de AGRESIÓN. III.- “REPRESALIAS” ANTES de que DÉ TIEMPO a PENSAR e INVESTIGAR. IV.– Las FUERZAS ARMADAS y sus PROYECTOS de GUERRA, MUCHO ANTES del “incidente” del golfo de TONKÍN. V.- La complicidad del CONGRESO, de las Fuerzas Armadas y del conjunto del Estado de los EEUU, como representantes de la clase capitalista. VI.- Fuentes relevantes

I.- La GUERRA de VIETNAM, una GUERRA de AGRESIÓN por parte de un ESTADO DEMOCRÁTICO-BURGUÉS, IMPERIALISTA

Expondré muy sucintamente el contexto político, porque de esto hay mucha información y datos precisos en internet.

Los Estados Unidos (EEUU), pese a su discurso anticolonialista, apoyaron a Francia cuando quiso recuperar su dominio colonial en Indochina (incluía Vietnam) tras la derrota de Japón en la Segunda Guerra Mundial. Derrotados también los imperialistas franceses por el movimiento independentista vietnamita liderado por Ho Chi Minh, EEUU quiso ocupar su lugar en el control de Vietnam.

Para ello se impuso primero la división provisional de Vietnam en dos estados (Vietnam del Norte “comunista” y Vietnam del Sur “demócrata”), aunque con el compromiso de que se reunificaría mediante unas elecciones democráticas. Ante el temor bien fundado de que las elecciones previstas para 1956 las ganarían limpiamente y por goleada las fuerzas que se identificaban con Ho Chi Minh (nacionalistas de izquierda y “comunistas”), EEUU hizo todo lo posible para que no fuese así (violando los acuerdos de Ginebra que astutamente tampoco había llegado a firmar). Para impedirlo definitivamente se dedicó a una guerra de agresión (primero a través de asesores, etc., luego con el envío masivo de tropas) contra el movimiento sudvietnamica contrario al régimen “títere” y brutal de Saigón y pro-unificación de Vietnam, en el que predominaba el Frente Nacional para la Liberación de Vietnam del Sur (FNLVS, denominado despectivamente vietcong), con una ideología más nacionalista-popular que “comunista”, y que contaba con el apoyo político y también material de Vietnam del Norte, aunque era muy capaz de conseguir medios militares por sí mismos tomándolos del Ejército de Saigón y de los yanquis (aunque fuese reciclando bombas que no habían estallado).

Para la propaganda de de los EEUU, los del vietcong no serían más que una expresión de la agresión infiltrada del Norte, como si no fuese el mismo país al que EEUU (sobre todo) estaba imponiendo la división, y no tuviese el FNLVS una firme base social en la rebelión campesina y el descontento imperante en el Sur

EEUU empezó apoyando y controlando (de ahí lo de “títere”) al gobierno de Vietnam del Sur (VS), un Estado reaccionario plagado de militares que se daban mutuamente golpes de estado, defensor de los terratenientes que exprimían a los campesinos, criminal y corrupto hasta la médula, que de “demócrata” solo tenía una careta de quita y pon. Pero eso no era suficiente. Como la oposición al gobierno de VS y a la imposición de la división del país, crecía desde los más amplios y diversos sectores sociales e ideológicos, y también la lucha armada contra él (desde 1958), los EEUU querían aplastar el movimiento de resistencia en VS, obligar a Vietnam del Norte (VN) a renunciar a la unificación del país, dejar de apoyar al FNLVS, y castigarles todo lo posible por “comunistas”.

No trataré aquí las cuestiones más políticas sobre qué clase de “comunismo” era el de VN, sin duda de corte estalinista, por tanto orientado hacia el Capitalismo de Estado, y que a la larga habría sido rechazado por el pueblo como ha ocurrido en otros países. Me centraré en la cuestión del incidente del Golfo de Tonkín porque resulta extremadamente revelador no sólo para saber lo que de verdad ocurrió en Vietnam, sino los métodos imperialistas que de un modo u otro son aplicables a múltiples situaciones, y que conviene conocer para desconfiar siempre de las versiones que dan de los acontecimientos, y comprender el comportamiento de la democracia capitalista y su Estado en el país más representativo para ello.

Para justificar esa agresión criminal, los EEUU se ampararon en el falso y menos que nimio motivo que constituyó el “incidente” naval en el Golfo de Tonkín (4 agosto 1964), en la parte norte de Vietnam afectando sobre todo a su costa, por el supuesto ataque sufrido por dos buques de guerra norteamericanos a manos de patrulleras torpederas norvietnamitas. Hasta dirigentes de entonces (como McNamara, Secretario de Defensa) o agentes de inteligencia (Ray McGovern, analista de la CIA durante 27 años, que dijo en 2004 “Este hecho me recuerda la guerra de Vietnam y el falso incidente del golfo de Tonkín de 1964”, recogido en El País), lo han reconocido como inexistente, además de las pruebas documentales de los oficiales “papeles del Pentágono” que mencionaré luego. En realidad eran los EEUU los que en esos días estaban atacando a Vietnam del Norte con operaciones de guerra encubierta, y la presencia naval de los EEUU en el golfo de Tonkín lo sabía perfectamente. Pero el gobierno de los EEUU quería lanzarse a la guerra con ataques a gran escala imposibles de encubrir con operaciones clandestinas, así que le vendría bien encontrar un pretexto, por pequeño que fuese, que le diese un empujón al plan.

Concluye Oliver Stone en su libro que luego mencionaré, página 489 “En agosto de 1964, Johnson [Presidente de los EEUU] y McNamara [Secretario de Defensa; equivalente a ministro] se valieron de un incidente inventado en el golfo de Tonkín, el ataque contra unos destructores norteamericanos, como excusa para proseguir la escalada. McNamara y otros […] dijeron que los supuestos ataques habían sido “deliberados, en absoluto provocados”, y la prensa lo repitió hasta la saciedad.”. Años después, McNamara desmentiría sus palabras, porque “sus” papeles habían dejado el asunto lo suficientemente claro (NOTA 1).

Aunque los confusos hechos hubiesen sido como alegó EEUU, sólo deberían haberse entendido como un incidente serio pero en el que los buques yanquis ¡ni siquiera sufrieron un rasguño ni hubo ni un sólo herido norteamericano!, pero no como motivo para represalias totalmente desproporcionadas y con víctimas (también americanas), y declarar de hecho una guerra que ¡ni siquiera lo fue oficialmente por el Congreso! (en un sentido jurídico estricto, EEUU nunca estuvo en guerra con Vietnam del Norte como sí lo estuvo con Japón o Alemania).

El enorme poder de los EEUU le permitió pasarse por el arco del triunfo hasta las convenciones internacionales (burguesas) para la justificación de una guerra. Estaba claro que los EEUU estaban desesperados por encontrar alguna bobada que sirviese para montar un numerito propagandístico, conseguir del Congreso una resolución para “responder a los ataques”, y embarcar al pueblo norteamericano en una guerra de agresión criminal. Detrás de la propaganda engañosa, lo que había era objetivos económicos generales y geopolíticos, muy importantes para los intereses del capitalismo imperialista norteamericano; y pasaban, si era preciso, por masacrar a los pueblos que se opusiesen.

La guerra contra Vietnam costó la vida de 57.939 norteamericanos (militares); para los vietnamitas las cifras resultan más complicadas, pues oscilan entre las más reducidas de dos millones, a los 3.800.000 que reconoció McNamara (entre guerrilleros, militares, y sobre todo civiles, página 569 del libro de Oliver Stone que mencionaré) y las de organismos internacionales con el gobierno de Hanoi (VN), que ascenderían a entre 3,8 y 5,7 millones de personas, civiles sobre todo (datos de la Wikipedia, según informe de Hanoi de 1995). En el libro de Oliver Stone se da la cifra de 4 millones. Sin embargo en los EEUU la versión oficial y más popularizada sólo conduce a mirarse el ombligo y lamerse sus heridas, pasando olímpicamente por el daño que tanto contribuyeron a provocar a los vietnamitas, que además no terminó con la guerra, a causa de la deforestación y la contaminación con defoliantes como el agente naranja (con resultado de nacimiento de niños con gravísimas deformaciones y discapacidades) o por la presencia de miles de minas y bombas sin explotar, y la falta de reparación y ayuda económica por parte de los EEUU, como si los vietnamitas, los rebeldes del Sur y el Estado del Norte que buscaban la prometida reunificación, fuesen los verdaderos agresores y hubiesen invadido los EEUU.

Desgraciadamente, con el tiempo, el imperialismo norteamericano y sus asociados, han conseguido ir superando el “síndrome de [la derrota de] Vietnam”, falseando los hechos, borrando de la memoria colectiva las pruebas de las atrocidades cometidas contra Vietnam, tanto del Sur como del Norte

Esas atrocidades no se limitan ni mucho menos al programa de asesinatos y terror generalizado llamado Phoenix (Fénix) o similares, o que se tuviese a presos políticos encerrados en las “jaulas de tigre” (por su altura, pues no se podía estar de pie). Se recurrió a la expulsión de 8,5 millones campesinos de sus aldeas para recluirlos en las llamadas “aldeas estratégicas” (7.205) estrechamente vigiladas de modo que no pudiesen prestar apoyo a la guerrilla del FNLVS; al bombardeo de los campos del Sur con napalm y defoliantes, destruyendo 9 mil de las 15 mil aldeas ¡el 60%! y de los pueblos y las ciudades del Norte (destruidas por completo sus 6 ciudades industriales y arrasadas 28 de sus 30 ciudades de provincias y 96 de sus 116 capitales de distrito; página 569 del libro de Oliver Stone; ¿qué población de los EEUU tuvo un destino semejante por ataque vietnamita?), que en junto superaron en poder explosivo a todas las bombas arrojadas por todos los bandos durante la Segunda Guerra Mundial (se dice fácil, sólo les faltó cumplir sus amenazas –y deseos de Nixon- de arrojarles bombas atómicas), y la contaminación dejada en el medio natural vietnamita con graves consecuencias también para los seres humanos.

EEUU envió así a todos los pueblos del mundo el mensaje de su inmenso poder militar, capacidad de destrucción, y su decisión de llevarla hasta el final (ya lo hizo en Japón) cuando lo considerase oportuno. A mantener esta capacidad de intimidación le llamaban “preservar el prestigio” de los EEUU (NOTA 2).

En aquellos años, los “malos de la película” oficiales en Occidente, eran los Estados mal llamados “comunistas”. No seré yo quien los defienda. Pero el Estado que realmente se llevaba la palma y se “pasaba muchos pueblos” (por encima de los pueblos) en militarismo y destructividad, en discurso hipócrita a cuenta de la democracia, la libertad, la paz, el progreso, etc., era los EEUU. Que todo eso no era un mero accidente sino que está estrechamente ligado al capitalismo, lo prueba que no era un país subdesarrollado, sino la primera potencia económica capitalista del mundo, la más avanzada, y la que nunca había dejado de ser “democrática”. Su comportamiento criminal ya tenía precedente en la guerra supuestamente más noble (contra el militarismo fascista japonés), con los bombardeos sobre el Japón (os remito a mi artículo “Estado democrático-burgués, Ejército, CIA y ciencia monstruosa (I)”, con enlace al final), y en la de Corea (leed en el libro de Oliver Stone, el resultado de los bombardeos sobre Corea del Sur y del Norte, páginas 374-6).

Por todo esto, para la generación más joven, es imprescindible recuperar ese conocimiento, al menos con libros como los recomendados. La prueba de su actualidad, porque algo así podría volver a repetirse, es que el presidente de los EEUU, Barack Obama, en su reciente visita a Vietnam (llegada el 19 de mayo) antes de estar en Japón, tampoco ha pedido perdón por lo que hicieron, para no restarle legitimidad, ni poner medios para que no vuelva a ocurrir, ni verse obligado a reparar en alguna medida el daño causado.

II.- La VERDAD sobre la MENTIRA del INCIDENTE en el GOLFO de TONKÍN y el PRETEXTO para la GUERRA de AGRESIÓN

Los EEUU llevaban años interviniendo de forma encubierta o declarada en Vietnam. Pero 1964 supuso un salto cualitativo en la agresión norteamericana.

La “Operación Plan 34A” contra Vietnam del Norte, organizada por recomendación de McNamara, Secretario de Defensa, al Presidente Johnson (que la autorizó), empezó el 1 de febrero de 1964. Incluía guerra psicológica (por ejemplo, emisiones de radio con mítines de falsos disidentes de VN), bombardeos, sabotajes de vías férreas y puentes, y secuestros, todo ello en Vietnam del Norte (VN). En mayo de 1964, se detallaron planes eligiendo objetivos a los que atacar y se preparó un borrador para una resolución de Congreso que daría luz verde a los ataques abiertos contra VN, señalando también los objetivos para los bombardeos masivos, lo que tomó forma en el Plan de Operación 37-64”, militar pero incluyendo una vertiente política, el llamado “programa de treinta días”, con un detallado calendario de actuaciones (aunque sin fecha de inicio), para “vestir el muñeco” de la agresión con bombardeos a gran escala a VN previamente decidida, con un disfraz de aparente inocencia para engañar a todo el mundo, implicar a otros estados, como Reino Unido, Australia, Nueva Zelanda… (¡puro maquiavelismo!) (libro de Anthony Austin que más adelante indicaré, página 208).

Si este “programa de treinta días” no fue aprobado por McNamara y cía. no es porque no estuviesen de acuerdo con sus objetivos y en sus líneas generales, sino porque de él resultaba un calendario vulnerable por excesivamente rígido que, además, ya se encargó de arruinar con su precipitación el bocazas del presidente de VS (el general Khanh; un bestia criminal -como sus colegas-, del que EEUU sabía que no tenía nada que hacer en unas elecciones de verdad democráticas frente al FNLV y otros.). Pero aprovecharon de él todo lo que pudieron, como la elaboración ya en mayo de 1964 de un borrador de resolución del Congreso que autorizase al Presidente iniciar de hecho la guerra contra Vietnam. Y en la realidad todo salió mejor que en ese programa porque el objetivo primero, conseguir una Resolución del Congreso, fue enormemente facilitado por el “incidente” de Tonkín. Esto nada tenía que ver con un plan de defensa, ni siquiera de represalias después de una agresión, sino una conspiración en toda regla de los EEUU para una guerra de agresión contra otro país que no había hecho absolutamente nada contra ellos, algo por lo que también fueron condenados los dirigentes nazis en el proceso de Núremberg.

En la medianoche del 30 a 31 de julio de 1964, comandos navales (lanchas) de Vietnam del Sur, siguiendo el Plan 34A y bajo dirección norteamericana, atacaron dos islas costeras (Han Me y Hon Ngu) de VN en el golfo de Tonkín. Esas lanchas habían sido compradas por la CIA en Noruega. Como consecuencia, lanchas de VN buscan en el golfo a los causantes en previsión también de posteriores ataques. El 1 de agosto, cuatro aviones norteamericanos (pilotados por tailandeses mercenarios) ametrallan un puesto fronterizo y una aldea de VN muy próxima a la frontera con Laos, aunque no hubo daños personales.

El domingo 2 de agosto de 1964, tres patrulleras de VN se encuentran con el destructor norteamericano Maddox al que ya habían identificado desde tierra el 31 julio, y que llevaba dos días entrando y saliendo de las aguas territoriales de VN, paseándose muy cerca de una de las islas atacadas. Los de VN se preguntan qué hacía por ahí, tan próximo al lugar de las agresiones.

La explicación. Siguiendo el clandestino “Programa DeSoto”, un buque de guerra yanqui patrullaba por el golfo de Nankín, cerca de las costas de VN, con la misión de espiar electrónicamente las comunicaciones por radio, instalaciones de radar y defensas de VN, además de fotografiar todo lo que pudieran, para facilitar los ataques del Plan 34A, y también para pavonearse e intimidar, lo que cualquier militar con dos dedos de frente sabe que puede acabar en una provocación; por eso, el buque espía era un destructor. Como todos los asuntos de este calibre, el Programa DeSoto había sido autorizado personalmente por el Presidente Johnson.

El comandante del Maddox, capitán John Jerome Herrick, conocía la existencia del Plan 34A, y teniendo en cuenta su misión, que sus labores de espionaje debían serle útiles. Como es lógico, no tenía por qué saber los detalles de esas operaciones (una regla de cajón en cualquier actividad clandestina: lo saben los imprescindibles y lo imprescindible), pero sí estaba enterado de que se iba a realizar o se estaba realizando una, porque recibía instrucciones sobre la ruta que podía seguir, para no interferir en ella e incluso desviar, con su presencia, la atención de VN de la zona del ataque y recorrido de los agresores navales, tanto hacia su objetivo, como de vuelta a VS. Esto está demostrado sin lugar a ninguna duda por el cable recibido por Herrick y otros, desde el almirantazgo en Hawai, inmediatamente después del incidente del día 2 de agosto (libro de Anthony Austin, página 182). Así que sí lo sabía la Marina, que está bajo la autoridad de los altos jefes de los Ejércitos, y por consiguiente el Secretario de Defensa, por tanto el Gobierno y su Presidente. Porque el Plan 34A no se lo había sacado de la manga un sargento que iba “por libre”, pues por sus objetivos, magnitud, recursos, delicadísimas implicaciones militares, políticas y diplomáticas, sólo podía nacer contando con el visto bueno de la presidencia, que lo autorizó como ya he dicho (NOTA 3).

Para realizar bien su misión de espionaje y para “tocar las narices” a los norvietnamitas, se encontraban en aguas territoriales de VN, es decir dentro del límite de las 12 millas, a menos de 12 millas de la costa. Los EEUU, para darse una tapadera legal, se amparaban en que hasta el 1 de septiembre de 1964 (tras tanto incidente), VN no reclamará oficialmente las doce millas, lo que es falso (NOTA 4), que sin embargo daba por sentadas ya que se trataba de un Estado soberano reconocido internacionalmente (con embajadas, etc.), al que es absurdo pretender (como EEUU) seguir aplicándole las 3 millas que regían durante la administración colonial francesa ¡una tomadura de pelo! Incluso este argumento demuestra la mentalidad de los EEUU que quiere seguir aplicando a VN el trato propio para una colonia, y de hecho así considera a “su” Vietnam del Sur, aunque formalmente fuese independiente. Esta intrusión en las aguas jurisdiccionales de VN ya se podría considerar en sí toda una provocación, aunque ese no fuese su objetivo prioritario.

Pues bien, las patrulleras torpederas de VN persiguen al Maddox que entiende que será atacado (aguas territoriales de VN y la captación de las conversaciones vietnamitas por radio). Pide apoyo al portaaviones Ticonderoga que dio la casualidad de que estaba de maniobras por allí. Sin que haya habido ningún disparo desde las embarcaciones de VN, a las 15:08 horas el Maddox, con sus seis cañones, dispara a dar. Es lo que dicen marineros testigos, se concluye de la ordenanza de la Armada de los EEUU, del derecho internacional, y lo que interpretaron los patrulleros de VN; no existen en esas circunstancias y modos, los disparos de “advertencia” como pretenderá el comandante Herrick, el informe oficial y se sigue leyendo en la web (libro de Austin, páginas 228, 142). Pero fallan por la movilidad de las patrulleras. Nuevamente el Maddox vuelve a abrir fuego (supuestamente todavía en aguas de VN). Y al rato (una vez consiguen acercarse lo suficiente) las patrulleras responden con fuego de sus ametralladoras y torpedos. Un sólo proyectil de bala de ametralladora (calibre de 14,5 milímetros) impacta en el Madoxx, produciendo muy escasos daños (destroza el pedestal del cañón de popa –Austhin pag 230-, “agujero de bala” – idem pag 291-). Pero no hay ni un herido. Entonces (según la versión de VN, ya en aguas internacionales) aparecen los cuatro aviones que disparan a las lanchas, dañando y averiando a dos, y el Maddox impacta en una, incendiándola y se supone su hundimiento. El combate terminó a las 15:30. El informe de Hanoi, en un ejercicio claro de propaganda de guerra para consumo interno, ocultará los daños sufridos por ellos e incluso se atribuirá el derribo de un avión y daños en otro. El enfrentamiento se inició en aguas de VN pero cerca del límite de las 12 millas, por lo que según escapa y se persigue al Maddox, terminaría en aguas internacionales.

El Gobierno de los EEUU, en su comunicado oficial, dio la versión de que el Maddox sólo disparó después de que lo hiciesen la patrulleras, lo que se sabe es completamente falso, incluso por el testimonio del comandante Herrick. Saben que el incidente es tan nimio que ni siquiera mencionan el impacto de bala, y tampoco expresamente a VN. Pero tampoco pueden explicar el asombroso comportamiento de VN pues deben ocultar las agresiones clandestinas por parte de EEUU. Hanoi denuncia los ataques de los días 30 y 1, y EEUU niega tener algo que ver. Esa denuncia confirma que no es oportuno utilizar el choque del día 2 para justificar “represalias”

El Presidente Johnson recibe presiones para que aproveche el caso para bombardear VN, pero vistas las circunstancias y como no había heridos, se niega. Después de este incidente, los mandos de la Marina y Johnson, quieren dejar bien sentado su “derecho” a estar en aguas territoriales “internacionales” (en realidad, de VN) y a demostrar que nadie les puede atacar y salir bien librado, pese a que ellos dirigen las agresiones clandestinas a VN. Así que vuelven a penetrar en la zona, pero esta vez con la orden de situarse a 11 millas, es decir, por debajo pero próximos al límite de las 12 millas, para facilitar el amparo de aguas reconocidas mundialmente como internacionales ¿y alegar en su caso que han sido atacados en aguas internacionales aunque el choque se produzca o se inicie en las de VN?.

En la noche de 3 de agosto el Maddox, acompañado esta vez por el Turner Joy, prosigue la patrulla de espionaje. Hacia las 24 horas se inicia una nueva incursión desde lanchas con otros dos ataques clandestinos del Plan 34A, esta vez no contra islas (como el 2 de agosto), sino contra fuerzas en el continente (bombardeo de una instalación de radar y de un puesto militar). Las lagunas en los cuadernos de bitácora permiten sospechar que el Maddox (el que tenía los equipos de espionaje) pudo estar cerca de las zonas atacadas para realizar su labor que facilitaría el posterior ataque nocturno. El caso es que VN, que venía siguiendo sus movimientos por radar, enseguida interpretó que el Maddox y cía. estaban implicados de alguna manera en los ataques. El Maddox y el Turner Joy son avisados de que esa noche se realizarán ataques y que deben alejarse de la zona para no parecer implicados ¿y de paso desviar la atención de la vigilancia VN hacia ellos para facilitar el atacante y la huída?. A las 1 horas del día 4 de agosto (noche del 3 al 4) reciben el mensaje de que no deben acercarse a determinada latitud; extrañamente un poco tarde, porque la incursión hacía una hora que se había iniciado. ¿Se quería que VN se reafirmase en su opinión de que tenían algo que ver con la agresión?. En el Maddox, tras la experiencia del 2 de agosto, se temía un ataque porque escuchaban las comunicaciones norvietnamitas. Por eso, el comandante Herrick envío a sus superiores este mensaje revelador:

Evaluación de info. de varias fuentes indican DRV [República Democrática de Vietna, o Vietnam del Norte] considera patrulla [la del Maddox y Turner Joy] directamente envuelta en ops. 34-A. DRV considera barcos USA presentes como enemigos a causa de esas ops., y ha indicado ya su predisposición a tratarnos como tales.”. (Austin, página 183)

Este cable demuestra que Herrick sabía perfectamente la existencia del Plan 34A (esa denominación no la dieron los norvietnamitas), que su misión estaba estrechamente relacionada con esos ataques y que los norvietnamitas habían llegado a la conclusión correcta aunque tal vez si saber exactamente cómo se concretaba. Pero el comandante Herrick no consiguió que se suspendiera su patrulla y se le permitiese salir a aguas internacionales; tampoco la cobertura aérea que solicitaba, cuando ya existía el precedente del día 2 de agosto. Posteriormente el Gobierno negaría que hubiese ninguna relación, ni conocimiento ni nada entre la patrulla y los ataques sudvietnamitas, ni plan 34A, ni DeSoto, ni nada; la rutina del Maddox sería pasearse para observar si había infiltraciones norvietnamitas para atacar en el Sur ¡el mundo alveres! Más adelante se verían obligados a ir admitiendo a regañadientes algunas cosas, y ocultando, confundiendo y mintiendo todo lo posible.

El caso es que el martes 4 de agosto de 1964, las primeras horas, la mañana y el mediodía, transcurrieron sin mayores problemas, pero a primeras horas de la tarde y sobre todo a la noche, se producen toda una serie sucesos extremadamente confusos que fueron convertidos en el llamado “incidente” del ataque a los dos buques norteamericanos. El Maddox y el Turner Joy se encontraban ya en el centro del Golfo de Tonkín, a 60 millas de tierra (aguas internacionales). Para primera hora de la tarde, el tiempo había empeorado; quedaba poco para lo peor de la estación de los tifones (como se llama a los huracanes en esa región). Para cuando se hizo de noche, el tiempo era pésimo, con el cielo totalmente cubierto, tormentas en la zona, fuerte viento, con el mar muy picado, lo que ya de entrada afectaba seriamente a la fiabilidad del sistema de radar y de sonar de los barcos.

los caprichos del radar” “La peculiar idiosincrasia del radar, capaz de reflejarse en las crestas de las olas [cuando el mar está muy agitado puede parecer que hay alguna pequeña nave ahí, como una patrullera], en nubes ionizadas y hasta en la Luna llena cuando asoma por el horizonte, es legendaria legendaria entre los militares” Dice Anthony Austin en su libro (página 262). Esta poca fiabilidad del radar en terminadas circunstancias, la que confirmará un especialista (recogido más adelante en este artículo). Y en cuanto al sonar se puede decir algo parecido. No sé cuán confiables serán hoy día esas tecnología, pero estamos tratando con las de 1964.

Precisamente cuando empiezan supuestamente a ocurrir cosas relevantes es a partir de las 19:30 horas (7:30 de la tarde-noche en Tonkín, 7:30 de la mañana en Washington), cuando ya era de noche, y tan oscura como la boca de un lobo (“como la tinta china”, recuerda el comandante del Maddox), por lo que la visibilidad se reducía a casi nada. Además, el sonar del Maddox había debido repararse y aun así no funcionaba del todo bien, y sin embargo ¡era fundamental para la detección fiable de torpedos!. Tanto el Maddox como el Turner Joy, reciben señales de radar y de sonar que apuntarían a la presencia de al menos una lancha torpedera y el lanzamiento de un torpedo, pero no es seguro, porque durante toda la cadena de sucesos apenas hay congruencia entre las señales del radar y del sonar de cada buque, y entre ambos barcos; lo que detecta un sistema o un buque no lo confirma del todo el del otro. O sea, que no te puedes fiar plenamente de los instrumentos, y tu sentido de la vista apenas cuenta para nada.

Lo que, por prudencia, debe interpretarse como un torpedo, se registró en una cifra que los mismos testigos califican como absurda ¡22 torpedos!. ¿Cómo es posible? Si al problema de fiabilidad de los instrumentos en condiciones de tiempo tan malas, añadido a que el sonar del Maddox no funcionaba a satisfacción después de su arreglo, le sumamos que el Maddox, según captaba señales, realizaba giros bruscos y rápidos para esquivar a los supuestos torpedos, y que esto afectaba a la relación sónica entre las hélices y el timón, el resultado es que se provocaba la multiplicación de la detección de ruidos por el sonar que se interpretaban como torpedos. Cuanto más giraba rápido el Maddox evitando torpedos fantasmas ¡más torpedos se le “lanzaban”!. Bastó que navegase en línea recta, para que las señales de torpedos desapareciesen; y volver a hacer giros bruscos, ¡para que reaparecieran!, y así quedó claro el asunto. Si se hubiesen vuelto aun más histéricos ¿habrían llegado a los ¡100 o 200 torpedos!? Afortunadamente no fue así porque, de lo contrario, EEUU se habría visto justificado para lanzar la bomba atómica sobre Vietnam, y no lo estaríamos contando, seguramente.

Las maniobras y los disparos se hicieron guiándose exclusivamente por el sonar y el radar, aunque ningún blanco verdadero apareció en el radar, disparando al tun tún como mera defensa. Es más, en la confusión y mala interpretación de las señales, faltó poco para que el Maddox disparase seis cañones contra el Turner Joy y lo hundiese ¿lo habrían atribuido a un torpedo norvietnamita?.

Nadie vio que se disparasen proyectiles de ametralladora o cañón contra los destructores. Sí, dos hombres dijeron haber visto explosiones, pero cuando de día se rastreo la zona, no se encontró resto alguno. Pero sí la explicación: “Esos chinos [por los vietnamitas] son capaces de limpiar cualquier cosa” (Contramaestre Jefe del Maddox, Eusebio B. Estrada; Austin, página 145). Ya es mala suerte que el comentario más gilipollas, sea de alguien de origen hispano.

El portaaviones Ticonderoga envió varias aeronaves en auxilio de los destructores “atacados”, pero no pudieron ver ninguna lancha torpedera, pese a que rastrearon la zona ¡durante cuarenta minutos!, hasta agotar su combustible y tener que regresar al portaaviones.

Después de tanto frenesí y paranoia colectiva, no se tenía ni una sola prueba concluyente de haber sido atacados, ni impactos, ni por supuesto heridos.

Era tal el estado de confusión, que Harrieck tenía prevención por las consecuencias que pudiese tener, su responsabilidad ante sí y la que legalmente se le pudiese reclamar, así que decidió enviar un cablegrama

El cablegrama del comandante del Maddox, del 4 de agosto, que McNamara vio decía: “Es posible que en muchos de los informes se hayan considerado efectos anormales de las condiciones meteorológicas sobre el radar y excesos de celo de los encargados del sonar, sin posibilidad de observación visual desde el Maddox. Se sugiere una evaluación a fondo antes de proceder a ninguna otra reacción”. Reproduzco de una información del diario El Mundo que luego comentaré. Este cablegrama, con una traducción un poco diferente sobre todo en lo relativo al celo o excesivo trabajo de los encargados del sonar, figura en la página 256 del libro de Anthony Austin, que luego menciono (NOTA 5). En cuanto al exceso de celo de los encargados del sonar, ni siquiera es verdad, pues ellos avisaban que había señales de “ruido”, y eran los mandos quienes, en parte por precaución y en parte por histeria, concluían que serían torpedos.

Ese cablegrama tenía el carácter Flash, esto es, de prioridad máxima en las comunicaciones para que fuese atendido de inmediato. Llegó a Washington poco después de la 1:30 de la tarde del 4 de agosto cuando McNamara y cía, ya había acordado con el Presidente las medidas de “represalia” para la mañana siguiente horario de Vietnam. Significaba que si no se tenía heridos, impactos de proyectil, restos de naves, cadáveres, ahora puede que no se tuviese ni las evidencia de radar y sonar sobre lanchas y torpedos, ni observaciones visuales. Cayó como un jarro de agua fría porque si se respetaba hundía todos los planes, obligaba a la suspensión o cuando menos al aplazamiento del ataque ya programado, así que se actuó como si se tirase a la papelera o no existiese, porque no se quería dar marcha atrás y proceder, como sugería, a “una evaluación a fondo antes de proceder a ninguna otra reacción”. Todo lo contrario, había que correr para ese mismo día lanzar un ataque de “represalia” y conseguir enseguida la autorización del Congreso para ir en contra los “comunistas” vietnamitas, tanto en el Norte, como en el Sur, que no serían más que agentes infiltrados del Norte.

Pero a pesar de todo, el Gobierno quería tener las espaldas lo mejor cubiertas posibles y que todo el mundo le acompañe en su responsabilidad para no dejarle en un futuro descolgado y “a los pies de los caballos”. De ahí que McNamara llamase al almirante Sharp, comandante en jefe del Pacífico, (NOTA 6), para pedirle la confirmación de que realmente había ocurrido el ataque. Sharp estaba encargado de la organización de las fuerzas de ataque en “represalia”, y era de los más entusiastas partidarios de guerrear contra Vietnam del Norte, pero sin andarse con “contemplaciones” y “medias tintas” propias de “palomas” (línea “blanda”). Hizo su propia interpretación de las informaciones, agarrándose a lo que le interesaba y llamó a las 5:23 de la tarde confirmándolo. McNamara y cía. se sentían muy satisfechos de que el ataque hubiese tenido lugar (Austin, página 267), porque así podían aprovechar la oportunidad y proseguir con sus planes.

Sharp jugó un papel crucial, pues cuando McNamara le pidió que le dijese si había confirmado que el incidente era real, le contestó que sí, pese a que Sharp disponía de medios de sobra para suponer razonablemente que no, pero tenía ganas y prisas en atacar VN. McNamara tampoco estaba interesado en descubrir que no lo era, ni en tomarse tiempo para analizarlo porque ni siquiera había habido daños humanos ni materiales y el cablegrama de Harrick ya ponía en duda hasta los datos del radar y sonar a falta de visuales. Deseaba como fuese agarrarse a la confirmación de Sharp porque era lo que más convenía a sus planes. Sólo quería tener una excusa más para su proceder que sabía que era totalmente deshonesto, y poder ampararse en el testimonio de Sharp caso de que se le exigiese alguna responsabilidad; todos se cubrían y amparaban mutuamente, porque tenían los mismos intereses y objetivos. Porque McNamara conocía muy bien el marcado perfil de halcón (línea dura) de Sharp. Por eso mismo le dio ese mando en junio de 1964, en vez de hacerle jefe de Operaciones Navales, donde temía que le causase dolores de cabeza (Austin, página 258). Así que podía haber aparcado su “confirmación” en espera de unas conclusiones bien fundadas y definitivas que no tardarían a poco de hacer una investigación de verdad seria; Sharp, al fin y al cabo era su subordinado, y no tenía por qué someterse a su criterio. Pero McNamara también tenía en cuenta que por aquella boca no sólo hablaba el sentir de un hombre, sino el de una corriente muy fuerte y poderosa en las fuerzas armadas de los EEUU, con la que coincidía en los objetivos y medios, aunque discrepase en la intensidad y el ritmo. Así que cuando se diga que el almirante Sharp jugó un papel crucial, hay que decir que por mediación de Sharp, la Armada y en general los mandos de todos los ejércitos, jugaron un papel crucial.

Los militares y el Gobierno querían un caso. El Presidente había considerado que lo del día 2, sin heridos y con el comunicado de Hanoi por medio, era insuficiente. Pero ahora tenían el precedente del 2 y este supuesto ataque del 4 aparentemente más serio, con un montón de torpedos (fantasmas). Así que pensaron que esta vez sí podían tener su oportunidad. Al comienzo querían la verdad porque creían que les sería útil, y explotar al máximo todos los detalles; al final, tendrían que andarse con más cuidado, procurando eliminar todo aquello que dificultase la presentación del caso. Porque en realidad no perseguían la verdad, sino la agresión contra VN.

El Presidente Johnson tenía prisa para llevar adelante los planes elaborados desde mayo, incluyo ya tenía preparado el borrador para la resolución del Congreso, sólo necesitaba algunos retoques como cambiar el comienzo: en vez de referirse a las “agresiones de VN a VS” tan difíciles de probar, le bastaba hacerlo a los “reiterados ataques a navíos USA en aguas internacionales”.

Las máximas autoridades creyeron lo que querían creer y ellas mismas estaban construyendo, interpretándolo todo según más convenía a sus deseos. Si alguien hubiese podido demostrar que no había pasado nada y que el caso era impresentable, se habrían detenido porque tampoco se podían arriesgar al bochorno internacional (sería contraproducente con sus objetivos agresivos), pero esa no era la cuestión. Su deseo de disponer de un caso, pero su endeblez eran tales, que parecía como si la carga de la prueba no correspondiese (como en un juicio) a quienes debían demostrar que había habido una agresión sino a quien pretendiese que no había pasado nada porque, para empezar, ni siquiera existía impacto, ni víctimas, ni nada. Por eso, para tomar represalias sangrientas, cuando no habían tenido ni un sólo herido, y declarar de hecho la guerra a quien no la quería, no necesitaron considerar el “ataque” por VN como “seguro, hecho probado”, etc., sino como meramente “probable”. ¿Cuándo se ha dictado alguna sentencia judicial condenatoria por un crimen violento sólo porque es “probable” que se sea culpable –esto es lo que se necesita para procesar a un sospechoso, no para condenarlo-, cuando el principio es que no haya nuda razonable de la culpabilidad, porque existen pruebas como el móvil, cuerpo del delito, arma utilizada, etc.?

Con tan poco material objetivo, y aprovechando que durante ese tiempo los buques norteamericanos se encontraban a 60 millas de la costa (por tanto, muy lejos incluso del límite de las 12 millas), o sea, claramente en aguas internacionales, el gobierno de los EEUU elaboró, echándole imaginación, una obra de ficción para justificar lo que desde hacía meses venía buscando: un pretexto para poder lanzarse a la guerra abierta en Vietnam también contra el Norte. McNamara tuvo en este asunto, como Secretario de Defensa, una enorme responsabilidad. Volvió a ratificarse en 1968, pero en una entrevista (en el diario inglés The Guardian, creo) en abril de 1999, exigió que se publicase el siguiente párrafo:

Nadie, que yo sepa, ha declarado que los que tomaron la decisión, dentro del Gobierno de Johnson, no tuvieran datos suficientes para sacar la conclusión de que era probable, no seguro, sino probable, que hubiera tenido lugar el segundo de los ataques [se refiere al supuesto ataque del 4 de agosto]. Está claro lo que yo creo: a) el ataque no tuvo lugar; b) hicimos grandes esfuerzos para averiguar si lo hubo, sobre la base de que creíamos que era muy probable que lo hubiese habido; c) nosotros no logramos responder al primero de los ataques, que creíamos que era una provocación [se refiere al del 2 de agosto y sigue mintiendo porque quien primero disparó y a dar fue el Maddox y si hubo alguna provocación fue por parte norteamericana al violar las aguas territoriales de VN y espirar para actos de agresión clandestinos] y d) por tanto, pensábamos que teníamos que responder a un segundo ataque que entonces creíamos altamente probable” [publicado en el diario El Mundo, el domingo 18 de abril de 1999 en el recuadro “Teníamos que responder”]

O sea, declarar de hecho la guerra por un ataque no demostrado, que sólo era “probable” porque no tenían el menor interés en investigarlo a fondo y comprobar su irrealidad (como él mismo confiesa), sino a partir de él fabricar “un caso” para hacer lo que en realidad deseaban; por eso rápidamente antes de dar tiempo a pensar y a que su castillo de naipes se empezase a desmoronar, tomaron medidas de ataque “en represalia”, y el Presidente convocó con carácter de urgencia al Congreso para que firmase una resolución que daba autorización al Presidente para que, de hecho, hiciese lo que le viniese en gana contra Vietnam; una declaración de guerra informal en la que el Congreso hacía dejación de su responsabilidad.

McNamara acabó desdiciendo lo que durante años había defendido con el celo de un perro guardián, dedicándose a marear, confundir, ocultar, obstaculizar, zancadillear, mentir, ningunear, desacreditar y aislar a los críticos, y engañar al pueblo.

Aunque no se puede decir que la presencia de los buques espías (Plan DeSoto) tuvo una misión expresamente provocadora (al menos como objetivo principal), sí es verdad que posteriormente los militares quisieron que volviesen esos buques al Golfo de Tonkín para atraer más ataques que diesen excusas a una escalada de “represalias”. Pero el Presidente Johnson no lo aceptó porque ya no se necesitaba (tenía la Resolución del Congreso) y el espionaje electrónico se podía efectuar mejor mediante aviones, sobre todo tierra adentro.

Todos los ataques norteamericanos (utilizando a tailandeses o survietnamitas) previos a los incidentes del día 2 y 4, tanto aéreos como del Plan 34A, fueron ocultados a la opinión pública, pero aireados los choques reales o imaginarios con las patrulleras de VN. ¡Aquellos fueron el verdadero incidente en los días del falso incidente Maddox del golfo Tonkín!. Gracias a ese montaje, pudieron aprovechar el borrador de resolución preparado ya en mayo y consiguieron que el Congreso autorizase atacar a VN, casi en términos de declaración de guerra. Todo estaba previsto, sólo necesitaban inventarse la excusa.

Hay en el libro de Anthony Austin muchos detalles que van desmontando toda la historia. Como reproducirlos haría de este artículo algo excesivamente extenso hasta para mí, me limitaré a comentar tres. Uno, tiene que ver con lo que más adelante menciono también del informe sobre la manipulación de las grabaciones de las comunicaciones del ejército de VN. Dice: “La supuesta orden [norvietnamita] de ataque hablaba de enviar dos Swatow y sólo una lancha PT [torpedera] [condicional] estaba lista a tiempo. Y las Swatow no tienen torpedos.” (página 255), por tanto no era tanto una orden de ataque, como de que estuviesen preparados, en particular para salir para seguimiento y vigilancia de los buques, lo que en las condiciones meteorológicas que se presentaron sería improbable, como aclara más adelante (en éste artículo) un analista de la CIA. Otro que tiene que ver con un par de marines (no marineros) a bordo de Maddox que dijeron haber visto luces (de lanchas), cruzando junto al barco, pero a quienes el mismo comandante Herrick y la tripulación marinera daban muy poco crédito, porque en aquellas aguas es muy común el fenómeno de la fosforescencia de las olas al romper (supongo que por microorganismos en su superficie) (página 264). Y por último, desde el Turner Joy ya se informó también que no había habido ningún contacto visual de barcos o de estelas (página 261 y 264). Sin embargo surgió el testimonio de cuatro tripulantes del Turner Joy de que habían visto la estela de un torpedo. Pero esto lo declararon varios días más tarde cuando llegaron dos funcionarios del Departamento de Defensa para conocer los detalles, enviados por los almirantes. Teniendo en cuenta que para entonces ya se habían tomado “medidas de represalia” (bombardeos 5 de agosto) contra VN poniéndose en primerísimo plano el Presidente Johnson, y estaba cantada la aprobación de la Resolución del Congreso (si no lo había sido ya), sería comprensible que hubiesen contestado en la línea de lo que sabían que sus superiores, empezando por el Presidente, querían oír, dándoles así la “prueba” más “sólida” y “permanente” (habían visto, en el agua, una estela de torpedo en una noche muy oscura, y no se pudo confirmar, obviamente, cuando se hizo de día), pese a que ningún barco había recibido impacto alguno ni eran consistente ningún testimonio de haber vista ninguna lancha, etc. (página 263). Aunque es secundario, me pregunto si quienes contestaron a la encuesta en ese sentido, sabían que entre los almirantes que la enviaban estaba Sharp (comandante en jefe del Pacífico, nada menos), y de su talante, ya comentado, lo que tampoco invitaría a llevar la contraria a lo que se sabría era su inclinación y lo que le gustaría encontrar en las respuestas.

Afortunadamente guardo todavía la página del diario El Mundo del 18 de abril de 1998, con una información de Peter Lennon (The Guardian/ El Mundo), con el gran titular de “Golfo de Tonkín: el ataque que nunca existió”, con las siguiente frases por encima “La Casa Blanca aseguró que se lanzaron 43 torpedos contra dos barcos norteamericanos en 1964. Johnson ocultó que EEUU ordenó operaciones secretas con intenciones de provocación”; y debajo el titular “Un misterioso incidente fue utilizado para que EEUU entrara en guerra con Vietnam”.

Incluye dos informaciones muy interesantes. El analista jefe de la sección de radar de la CIA, Gene Poteat, declaró que a partir de los fragmentos de información que inicialmente le aportaron ya era imposible llegar a una conclusión, y que después de analizar todos los registros de radar (recurrió a contactos privados porque oficialmente sólo le ofrecían fragmentos), concluyo que no hay pruebas de la presencia de lanchas torpederas ni de torpedos.

Varios meses después, fuentes no oficiales me ayudaron a obtener información meteorológica y de radar sobre lo que de verdad vieron los operadores del radar aquella noche. Caí en la cuenta de que quizás no hubiera por allí ninguna lancha torpedera, simplemente porque el tiempo era atroz”. “Por lo que se refiere a las señales registradas por los radares, me di cuenta de que ninguna de ellas estaba en la formación que correspondería si fueran a lanzar un ataque por aquella zona”. “La conclusión a la que llegué era que, en modo alguno, resultaba posible que los destructores constituyeran un objetivo, en absoluto. Más aún, los ecos del sonar no son válidos en esa clase de condiciones meteorológicas”.

Y en cuanto a su reacción al conocer los pasos que estaba dando el Presidente dice: “Es bastante obvio que el presidente y McNamara ya habían tomado la decisión de lo que iban a hacer. Querían ir a la guerra. Me quedé de piedra cuando leí el periódico al día siguiente y los ataques aéreos ya habían comenzado. En mi opinión, no hay nada malo en confirmar los datos antes de actuar. Habría sido fácil determinar de manera rotunda si se trataba o no de un ataque en serio, y hacerlo con bastante rapidez.

La otra información es el cablegrama del comandante del Maddox, del 4 de agosto, que arrojaba un jarro de agua fría y que antes he comentado.

No sé si esta noticia de El Mundo estará en internet. No me molesto en buscar porque de todos modos está prohibido poner aquí el enlace, pero podéis hacer la prueba.

Todo lo que circula todavía queriendo dar alguna credibilidad al pretexto de Tonkín o a la actuación del Presidente y del Gobierno no es más que seguir propalando la mentira, intoxicación deliberada o ignorancia.

Todavía en 2008, el teniente comandante de la Armada de EE.UU., Pat Paterson, afirmó que “es evidente que no se produjo un segundo ataque, pero no tenemos constancia de que Johnson o McNamara -secretario de Defensa- desinformaran intencionadamente”, cuando precisamente desde la publicación en 1971 de los “Documentos del Pentágono” (informe McNamara o papeles del Pentágono), e incluso antes (1968) está archidemostrado que engañaron deliberadamente. Sabían que no había pruebas concluyentes (por eso luego decían “probable”, y no “probada”) de ninguna agresión el día 4 de agosto; novelaron, y ocultaron la relación del primer incidente (que sirvió de modo capital para tener un precedente que diese credibilidad al segundo inexistente) con las agresiones del plan secreto norteamericano 34A y el papel jugado ahí por el Maddox (Programa DeSoto) y que incluso en ese, quienes primero abrieron fuego, fueron los norteamericanos (a dar), habiendo invadido aguas territoriales de VN, y ocultando la existencia del cablegrama del comandante Herrick poniendo en reserva todo el asunto (radar, sonar, visual, etc.) y llamando a una comprobación a fondo antes de tomar ninguna medida de represalia.

McNamara presentó el 20 de febrero de 1968 testimonio con unas grabaciones de las comunicaciones norvietnamitas interceptadas que, supuestamente, mostrarían que hubo un combate el 4 de agosto. Pero Anthoy Austin demuestra que en su parte clave, lo que se hace es presentar como del día 4, grabaciones que son del 2 de agosto, cuando sí hubo combate (página 287).

Seguramente se refiere a esto el siguiente testimonio: “El más significativo de los documentos desclasificados es un informe escrito en 2001 por Robert Hanyok, historiador de la Agencia Nacional de Seguridad de EEUU [NSA la misma que controla las comunicaciones telefónicas, por internet, etc., o sea, que saben lo que hacen], donde se afirma que los responsables del espionaje “distorsionaron deliberadamente” los datos, demostrando la inexistencia del ataque. Según Hanyokm los informes contenían “cambios en las traducciones sin explicación y la mezcla de mensajes sin relación en una sola comunicación”. El 90% de las comunicaciones relevantes interceptadas ese día a los norvietnamitas fueron omitidas, recortando y pegando las otras para que dieran el resultado, deseado pero irreal, de un ataque contra dos destructores norteamericanos. En realidad, tal y como confirma Hanyok, los supuestos atacantes ni siquiera sabían la localización de los destructores americanos USS Maddox y C. Turner Joy.” (de la Wikipedia, Resolución del Golfo de Tonkín)

Hay que seguir insistiendo en este asunto de Vietnam, porque los jóvenes (y sobre todo los norteamericanos) de hoy en día apenas saben nada de todo aquello, y lo poco que saben es la versión mentirosa y patriotera, justificadora, lacrimosa por sus muertos, supuestamente santurrona sobre las siempre buenas intenciones de los EEUU y totalmente insensible sobre todo el daño que hicieron en Vietnam, la gigantesca matanza y destrucción, crímenes de guerra y contra la Humanidad. Durante varias décadas, tanto los republicanos como los demócratas, han hecho un gran esfuerzo por silenciar y reescribir la historia, para maquillar el verdadero rostro de la democracia norteamericana, facilitar las presentes y futuras agresiones imperialistas, y consolidar el poder del Capital y de su Estado.

III.- “REPRESALIAS” ANTES de que DÉ TIEMPO a PENSAR e INVESTIGAR

El segundo incidente en el Golfo de Tonkín tuvo lugar desde las 7:30 de la tarde-noche, siendo en Washington todavía las 7:30 de la mañana del mismo día martes 4 de agosto. En la capital, los mensajes urgentes de Tonkín empezaron a llegar poco antes de las 8 de la mañana, produciéndose una gran agitación.

Esa misma mañana, el Presidente se reúne durante el desayuno con los líderes del Partido Demócrata en el Congreso. Con la información disponible, les dice que es necesario tomar medidas de represalia y rápidas, y que pedirá al Congreso una resolución para más actuaciones. Todos estuvieron de acuerdo. En el transcurso del día continúan los contactos políticos, también con el Partido Republicano.

El territorio de los EEUU no había sido atacado, ni se habían sufrido daños materiales ni personales, y aun así están conformes en tomar represalias rápidamente. Esto es lo que les conviene a todos para no profundizar en el asunto y comprobar su inconsistencia. Una vez se haya atacado, hechos consumados, se centra la atención en otras cosas, y ya se arreglaría (mediante la ocultación y falsificación) lo que hiciese falta. Lo importante es hacer una demostración de la arrogancia, prepotencia e impunidad de los EEUU para intimidar a todos y en particular Vietnam, China y URSS.

A las 11:37 de la noche del martes 4 de agosto, Johnson emitió un mensaje por televisión de seis minutos para dar su versión de los dos incidentes de Tonkín y que de inmediato se lanzarían ataques en “represalia” contra VN. “Esta firmeza será siempre mesurada. Su objetivo es la paz” dijo, cuando ni la mesura ni la paz estaban presentes en esa decisión precipitada, desmedida, injusta y agresiva.

El miércoles 5 de agosto, entre las 1:15 del mediodía y las 4 horas de la tarde (horario del Golfo de Tonkín), desde dos portaaviones se efectúan un montón de salidas para atacar las bases de lanchas patrulleras y contra un depósito de combustible muy importante para VN en el puerto de Vinh, con gran destrucción, y la base de Hon Gay, muy próxima a China. Se creía que un piloto podía estar muerto y otro desaparecido. Desconozco los datos sobre las víctimas norvietnamitas que seguro fueron muy superiores. El hecho de que las lanchas resultasen destruidas porque no se habían movido de sus bases y en estas ni siquiera se hubiese adoptado medidas extra de protección, era un indicador más de que no temían ninguna represalia por parte de EEUU porque no habían participado en el “incidente” del 4 de agosto, como enérgicamente venían negando.

IV.- Las FUERZAS ARMADAS y sus PROYECTOS de GUERRA, MUCHO ANTES del “incidente” del golfo de TONKÍN

Anthony Austin sacó a la venta su libro muy poco después de que el diario The New York Thimes lo empezase a hacer el 13 de junio de 1971 con “Los documentos del Pentágono. (El “Informe McNamara”)” popularmente más conocidos como los “papeles del Pentágono”. En la página 202 de su libro, Austin aporta una información en extremo relevante sobre lo que cuando menos seis meses antes del “incidente” estaban planeando para Vietnam las Fuerzas Armadas de los EEUU.

Y dice en las notas a pie de página 3 y 4. “3. Sin embargo, este capítulo es producto de la investigación independiente [de la investigación sobre los “papeles del Pentágono”] del autor y de las entrevistas realizadas antes del espectacular golpe del Thimes, que se produjo cuando el manuscrito estaba ya en imprenta. Por tanto, aunque se citan algunos de los documentos publicados por el Thimes, el relato es del autor exclusivamente.“4. El material utilizado en este capítulo sobre el telón de fondo de los incidentes del golfo de Tonkín fue recogido por el autor de diversas fuentes que prefiere mantener en el anonimato.”

Pasa a relatar cómo ya para enero de 1964, la Junta de Jefes de Estado Mayor, o sea, el máximo organismo de las Fuerzas Armadas, presentó al Gobierno una propuesta a partir de las conclusiones a las que había llegado. Si se quería vencer en Vietnam del Sur, conseguir que el FNLVS, renunciase a luchar, evitando enviar a cientos de miles de soldados norteamericanos (lo que finalmente también se hizo), lo que había que hacer era doblegar a Vietnam del Norte. ¿Por qué? Pese a conocer perfectamente el rechazo y odio popular al Gobierno de VS que ellos apoyaban con su ayuda económica (fuente de una gigantesca corrupción) y armamentística, con asesores militares, dirigentes del Programa 34A, etc., el desprecio que sentían por un pueblo pobre y asiático (tan menuditos ellos) como el vietnamita, les llevaba a creer que la gran fuerza del FNLVS no respondía sobre todo a una rebelión campesina y popular, sino al poyo e “infiltración” de fuerzas desde VN. Por tanto, si doblegaban a VN, éste cesaría su “infiltración” en VS, y ordenaría al FNLVS que depusiese las armas.

¿Y cómo doblegar a VN? Pues evidente, mediante lo que mejor saben hacer los militares: bombardear masivamente VN y causarle unas pérdidas gigantescas. Y ya tenían fijados objetivos: destruir el aeropuerto de Hanoi y sus aviones de guerra, continuar con la destrucción sistemática de la industria del país y la red de comunicaciones (instalaciones ferroviarias, puentes, etc.), y aunque se expresaba de forma vaga, como luego efectivamente ocurriría, los centros de población (ciudades).

Tanto por los objetivos claramente expuestos (estaciones ferroviarias, puentes, fábricas, todos situados en ciudades) como por los no tanto (ciudades expresamente) y por los medios a usar (los superbombardeos B-52 que arrojaban toneladas de bombas desde muchísima altura, y que cuya estampa impresionante y siniestra se hizo tristemente famosa aquellos años, incluso durante las Navidades), era evidente hasta para el más tonto, que aquello era lo más alejado de una “ataque selectivo y de precisión”, y que costaría la vida como mínimo de decenas de miles de personas, además de arrasar buena parte del país y hundir su economía. No importaba esto y que ni siquiera Vietnam hubiese atacado a los EEUU y muchos menos sus ciudades. Todo valía con tal de que el imperialismo norteamericano impusiese sus reales donde le diese la gana.

Las fuerzas armadas de los EEUU ya habían acumulado una enorme experiencia en esta tarea criminal tanto en Alemania, como en Japón y luego en Corea, y sabían perfectamente cuáles serían los resultados para la gente y el país. No les importaba. Los resultados que tuvo los conocemos bien y los he expuesto en la sección I de este artículo.

Todo esto se estaba tramando a espaldas del Congreso de los EEUU. Pero eso no quiere decir ni mucho menos que con su oposición, porque llegado el momento no la hubo, sino todo lo contrario, como se vio con la aprobación de la Resolución para dar carta blanca al Presidente en la guerra contra Vietnam, la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado y sus partidas para la guerra, y todo el apoyo político que dio a los sucesivos gobiernos durante toda la campaña de agresión a Vietnam, tanto por parte de los halcones, como de las palomas.

Teniendo esto en cuenta, se entiende mejor que por parte del ejército no hubiese tampoco el menor interés por escarbar un poco en todo el asunto del “incidente”, pese a que disponían de todos los recursos necesarios para aclararlo rápidamente. Al contrario. Se dedicaron al secretismo y la obstrucción todo lo que pudieron.

También se comprende que cuando el almirante Sharp, dio su confirmación a McNamara de que el “incidente” había sido real, no hablaba sólo por sí mismo, sino que representaba en verdad la intención de las Fuerzas Armadas. Y que si McNamara tragó tan fácilmente con aquello era porque, además de compartir el objetivo y desear aprovechar la ocasión, sabía eso y conocía perfectamente (¡era el Secretario de Defensa y por tanto miembro del Gobierno!) los proyectos y propuestas comentados de las Fuerzas Armadas.

Por tanto, tanto el Gobierno como las Fuerzas Armadas, pese a sus diferencias, suspicacias, amistades u odios personales, eran una “familia” y estaban de acuerdo en lo fundamental, y por eso fueron uña y carne en esta farsa.

Sólo le quedaba por jugar su papel a los parlamentarios del Congreso, a los “representantes de la soberanía popular”.

V.- La complicidad del CONGRESO, de las Fuerzas Armadas y del conjunto del Estado de los EEUU, como representantes de la clase capitalista

Generalmente, cuando desde posiciones democrático-burguesas, se denuncia el falso incidente del Golfo de Tonkín, se pone “a caldo” merecidamente al Presidente y al Gobierno, y también al Ejército y la CIA por no velar suficientemente por la verdad, la paz, y bla bla bla. Pero se suele olvidar el papel jugado por el Congreso. Recordemos las últimas palabras del analista jefe, de la CIA, Gene Poteat: “Habría sido fácil determinar de manera rotunda si se trataba o no de un ataque en serio, y hacerlo con bastante rapidez”.

El Congreso de los EEUU (la unión del Senado y de la Cámara de Representantes), se mostró muy dispuesto y diligente a la hora de dar luz verde (prácticamente carta blanca) al Presidente, olvidándose de lo que supuestamente son sus más importantes responsabilidades, como la de velar por la verdad, la justicia, la libertad, etc., y controlar férreamente al Gobierno. ¿Os acordáis la que se montó porque el presidente Clinton tuvo una aventurilla sexual con su becaria; lo exigentes que se pusieron para que lo confesase, y el escándalo porque había mentido, pues que un Presidente mienta es pecado mortal en los EEUU (al menos en cuestiones de oralidad sexual, porque por lo demás, engañan a todas horas), pero que lance bombas atómicas, no? ¿No se montan comisiones parlamentarias de investigación por asuntos incomparablemente menores que una, en la práctica, declaración de guerra?.

Si el Presidente Johnson había terminado su transmisión televisada a todo el país anunciando el inmediato ataque de “represalia” diciendo “Su objetivo es la paz”, los parlamentarios no se quedaron atrás. Además de loas a la serenidad, prudencia y firmeza del Presidente en esos momentos tan críticos, llovieron los discursos patrioteros, llamadas a salvar la bandera, el honor de la Nación, la libertad y la paz de los pueblos, la defensa del mundo libre y de la madre que los parió (porque si avanzaba el comunismo hasta América y se acababa el “modo de vida americano”, sus madres no podrían seguir preparándoles las típicas tartas de manzana que tanto les gustaban). Y en vez de mirar la mierda que estaba pisando el Gobierno, le besaron las botas obsequiosamente (y por mediación de él, a los militares), y sin taparse las narices, no fuese que delatasen la existencia de algún problema en todo aquello.

Sólo dos senadores votaron en contra de la resolución: Wayne Morse, por el estado de Oregón, y Ernest L. Gruening, por el de Alaska. A favor 503 (o 504); en contra 2. Menos de un 0,40% en contra. El sistema parlamentario norteamericano se retrató como lo que sobre todo es: una caja de resonancia del voto capitalista-imperialista.

Gruening denunció la injerencia e hipocresía de los EEUU que sostenía a un régimen dictatorial y podrido como el de VS. Morse tenía noticias del ataque naval clandestino de la noche del 30 de julio por lanchas survietnamitas (en realidad, dirigidas por EEUU), y que junto con la misión y localización del Maddox, indicaban una actuación provocadora por parte de EEUU en el Golfo de Tonkín, y se lo planteó a McNamara en una sesión secreta del Congreso celebrada el 6 de agosto: “¿Estaba la marina de los EEUU manteniendo la guardia mientras los navíos de VS bombardeaban VN?”. Y McNamara, haciéndose el indignado, contestó con mentiras y medias verdades, que no hace falta que os detalle. Durante los debates en el Congreso (días 6 y 7 de agosto) para la aprobación de la Resolución (día 7 de agosto), Morse se opuso con argumentos de sentido común, pero el día 6 lo dejaron casi solo en el Senado aprovechando que se estaba dando fin a la reunión; y el 7, aunque estuvo hablando durante más de una hora, su personalidad le llevó a la dispersión, a la charlatanería parlamentaria, y no fue al meollo del asunto ni planteó lo que en ese momento hacía falta. En realidad no era muy distinto de los demás porque, como dijo, a él no le ganaba nadie en aversión al comunismo, así que eso limitó mucho de entrada su audacia y campo de denuncia, hasta donde estaba dispuesto a llegar en ese asunto. Así que nadie hizo nada contra un Congreso en su casi absoluta totalidad plenamente predispuesto a aprobar la resolución, sin tomar la decisión correcta que podía: rechazarla y exigir una investigación a fondo, pues había indicios de serios problemas ya no sólo con la intervención de Morse, sino porque ni los buques ni las tripulaciones habían sufrido daño alguno el 4 de agosto (sólo un pequeño impacto, sin víctimas, el día 2), y porque Hanoi no sólo no había reivindicado el combate (a diferencia del día 2) sino que lo había negado totalmente tachándolo de maniobra de engaño y cobertura para actos ilegales contra VN (noticia en el diario New York Times del 6 de agosto).

Más idiota que el común de los mortales tendría que ser un parlamentario norteamericano para no darse cuenta de que semejante “incidente” sin ni siquiera un herido yanqui, ni destrozo alguno, sin restos de lanchas supuestamente destruidas, ni cadáveres norvietnamitas en el agua, ni nada de nada, y con rotunda negativa de la parte acusada, no puede justificar dar carta blanca a una superpotencia nuclear contra un Estado incomparablemente más débil económica y militarmente que los EEUU. Por eso, en realidad, el Presidente no engañó al Congreso; sólo se lo puso lo más fácil posible para que pudiese votar Sí. Se trataba para todos de una oportunidad que se les ofrecía en bandeja (aunque cogida con pinzas), y no querían dejarla pasar, y los militares menos. Matonismo social y político.

Si será esto cierto que 27 senadores estaban al tanto de parte de la verdad de lo que había ocurrido los días 30 de julio (que navíos survietnamitas habían atacado) y 2 de agosto (que el Maddox estaba a menos de 11 millas de la costa), porque se lo habían comunicado McNamarra y otros dos altos cargos, en una reunión secreta celebrada en la tarde del 3 de agosto (Austin, páginas 33-34). Para colmo, el diario New York Times, ya había publicado la cronología oficial sobre el 2 de agosto, en la que queda clarísimo que el Maddox disparo con sus cañones (a dar), antes de que las torpederas hiciesen ningún disparo ni de ametralladora ni de torpedos (Austin, página 71). Así que eso, más la posición de Morse, ya daba pistas más que de sobra para que no dos, sino 29 parlamentarios se hubiesen mostrado, por mera cautela ante una decisión de tamaña trascendencia, en contra de votar a favor de la Resolución y a favor de exigir una investigación a fondo (con resultados rápidos, según Gene Poteat), lo que habría sido suficiente para paralizar la iniciativa del Gobierno que por su naturaleza necesitaba de un claro espíritu de unidad nacional, cierre de filas, casi unanimidad. Pero no era la verdad lo que querían.

Un indicador de que el Congreso no sólo no representaba los intereses populares, sino ni siquiera su parecer, es que de los telegramas que estaban llegando al Congreso expresando la opinión de los electores ¡salvo dos insultantes, todos estaban del lado de Morse y de Gruening y en contra de que se votase a favor de la Resolución dando carta blanca a un Presidente que podría llevarlos a la guerra!; o sea, lo contrario de la posición de la casi totalidad de sus supuestos “representantes” parlamentarios.

Como los periodistas preguntaban a miembros del Gobierno cómo es que los norvietnamitas se habían atrevido a semejante ataque y en aguas internacionales, y desde el Gobierno no se podía dar una explicación creíble, se llegó a decir que es que los comunistas eran incomprensibles, casi como si no fuesen humanos (sobre todo si son asiáticos ¿no?) “Ellos ven lo que nosotros creemos el mundo real en términos completamente diferentes. Incluso sus procesos lógicos son distintos.” (el secretario –ministro- Rusk; Austin, pág 74).

Los EEUU eran los menos interesados en llevar el asunto a las más altas instancias internacionales, no porque sean merecedoras de gran confianza (una cueva de piratas en conflicto), sino porque su asunto era impresentable y podían echarlo abajo rápidamente.

Que EEUU, con sus “represalias” y la Resolución, se estuviese pasando por el arco del triunfo impunemente, una vez más, los acuerdos de Ginebra con respecto a Vietnam, la legalidad internacional y la Carta de ONU, haciendo un uso totalmente torticero del artículo 51 (legítima defensa de urgencia) cuando nadie había atacado el territorio de los EEUU y se trataba de un incidente en el quinto pino (Golfo de Tonkín) que afectaba a un par de buques y sin daños materiales ni humanos, no supuso ningún problema para los miles de puntillosos juristas y leguleyos yanquis, ni para su altísimos tribunales (tan celosos guardianes de la ley), ni para la prensa (tan inquisitiva e investigadora), etc.

La gran mayoría de los medios de comunicación, en manos de la clase capitalista, en vez de investigar y plantear todos los interrogantes que a cualquier inteligencia objetiva planteaba un asunto que apestaba a la legua, cerraron filas con el Estado, y apretaron el culo (en esos momentos críticos para el honor de la Patria ¡no había que cagarla con preguntas incómodas!). Se dedicaron a publicar las versiones oficiales y a recrearlas con animados relatos para hacerlas más atractivas y creíbles. Algunos quisieron generar la histeria patriotera, como si se estuviese viviendo un Pearl Harbour en miniatura, pero los casos no eran comparables y la gente en general se tomó el asunto con bastante distancia, aunque sin cuestionar nada, sin intuir lo que se les vendría encima (tal vez enviar a sus hijos a la guerra para retornar su féretro, eso sí, cubierto de una hermosa bandera y el agradecimiento por su servilismo).

No hace falta insistir más. Menos para quien se chupe el dedo, es evidente la complicidad del Congreso en lo ocurrido. Y sólo se explica porque el Congreso de los EEUU, con sus congresistas de los Partidos Demócrata y Republicado (el “turnismo de la casta”, podríamos llamarlo, porque en los hechos apenas hay diferencias entre unos y otros), el sistema electoral norteamericano anti-proporcional, que haya que tener muchísimo dinero para competir en esas elecciones, los valores capitalistas que protege en sus documentos básicos y en toda sus legislación, y, lo más importante, la propia realidad social de los EEUU (una potencia capitalista y por tanto imperialista, por consiguiente con la clase capitalista como clase dominante económica, política e ideológicamente), hacen que el Congreso sea ante todo un órgano de representación de los intereses capitalistas, tanto más descarado si tenemos en cuenta el papel que juegan ahí los lobbies (o grupos de presión capitalistas), y que no pueda ser de otra manera.

Y la Resolución del Congreso y todo su comportamiento durante la guerra contra Vietnam (hasta que fue más que evidente que se había perdido, que suponía una auténtica sangría económica y que era contraproducente al interior del país al impulsar la protesta popular y deslegitimar el sistema), en realidad no es más que la continuación de lo que venía haciendo desde siempre; sin alejarnos más en el tiempo, no cuestionando el lanzamiento de las bombas atómicas sobre Japón, ni la carrera armamentística, ni la nuclear, ni las agresiones imperialistas a otros pueblos, abierta o secretamente (CIA, etc.). Tenéis en el libro de Oliver Stone una buena guía de lo que viene siendo desde comienzo del siglo XX (y podríamos retroceder más) suficientemente reveladora incluso sin ir al fondo del asunto: el capitalismo y su Estado.

¿Y cuál fue la reacción de los gobiernos “democráticos” del “mundo libre”? Pues la del apoyo en diversos grados a las “medidas de represalia” y a la Resolución del Congreso. Se retrataron como cómplices, en mayor o menor medida.

Así que desde un punto de vista político, el falso incidente del Golfo de Tonkín, a lo que nos lleva es a un cuestionamiento de la democracia no sólo americana, sino mundial, porque el capitalismo está detrás de todas ellas, y el americano es desde hace más de un siglo, la expresión más “avanzada” y acabada de ese sistema social y además en su versión “democrática”.

Obama no quiere pedir perdón a Vietnam; y la Cámara de Representantes y el Senado (el Congreso en conjunto), tampoco ha presionado jamás para que se haga, porque no quieren hacerlo. Y todo ello, pese a que ya es absolutamente incuestionable que lo que justificó el lanzamiento de los EEUU a la agresión total contra Vietnam (del Sur y del Norte) fue un falso caso, montado deliberadamente por sus dirigentes militares y políticos.

Por eso vale muy poco que muchos congresistas hayan dicho durante años que el voto de la Resolución es del que más se arrepienten. Empezaron a reaccionar cuando ya era evidente que los EEUU se habían metido, en Vietnam, en un pantano del que no sabían cómo salir, con un gran coste económico, también de vidas, presionados porque había protestas en la calle, cuestionamiento del sistema político y de partidos yanqui, y rechazo a los EEUU en gran parte del mundo, y en particular en Europa. Fue el caso del senador Fulbright que, con su prestigio, había prestado un gran apoyo a la Resolución, pero que en julio de 1967 decidió destaparse la nariz, atender a ciertos datos, recordar lo que ya advirtió el senador Morse, e investigar haciendo frente a muchísimos obstáculos que le fue poniendo el Gobierno y el Ejército. Eso permitió que fuese saliendo a la luz lo que os he relatado, pero no sin que McNamara continuase con su labor obstruccionista con respecto al “incidente”, pues aunque ya tenía sus problemas con respecto a la guerra de Vietnam, era más fácil reconocer que era un error continuarla que admitir que nunca debió empezarse y menos con una mentira.

El Estado no dudo en recurrir a los trucos del secretismo (clasificación de documentos, grabaciones, etc., a un nivel en la escala de secreto y posibilidad de acceso que resultaban vetados incluso casi a los comités parlamentarios –Austin página 188) e incluso de la intimidación y las represalias (el comandante de la Armada, Jack Cowles, había tomado contacto con el senador Fulbright para contarle lo que había descubierto de las comunicaciones del Maddox, la inexistencia del ataque; enterado el ejército, fue presionado para internarlo en un psiquiátrico militar, invitado a la jubilación voluntaria, y luego desplazado en el servicio, sin destino, sin permitirle ascensos y jubilado obligatoria y precipitadamente a los 51 años –Austin, página 153-4).

Mejor que nada la labor de Fulbright, pero demasiado tarde, porque todo el mal ya estaba hecho (sobre todo a los vietnamitas), e iba a remolque del cuestionamiento popular a la guerra, en el fondo, para recuperar la credibilidad del sistema “representativo” parlamentario, que una y otra vez volvería a las andadas, porque no puede evitarlo, está en su naturaleza burguesa. Ni Fulbright ni ningún otro parlamentario estaban dispuestos a llevar al asunto hasta el final, porque eso suponía no sólo poner en peligro sus carreras políticas (se les echarían encima sus colegas, militares, etc.), sino desvelar demasiado la verdadera naturaleza de la democracia, del Estado, los intereses de quiénes realmente representan.

Porque no se podía tratar sólo de explicar la verdad del “incidente” sino cómo era posible que semejante farsa hubiese llegado hasta el final, y se hubiese sostenido durante tanto tiempo y a semejante coste de vidas humanas (sobre todo vietnamitas); el papel que habían jugado no sólo el Gobierno, y el Congreso, sino la presión de las Fuerzas Armadas que llevaban tiempo planeando en secreto (a espaldas del Congreso) la guerra a gran escala contra Vietnam, los intereses de la industria armamentista, los del capitalismo norteamericano en general y de su Estado, con su posición de superpotencia que veía en Vietnam una cuestión de “prestigio” insoslayable para mantener su hegemonía en el mundo (o sea, imponer miedo porque “soy yo quien manda”), y la actitud de tantos estados democráticos (“mundo libre”) que no se habían mostrado no ya críticos, sino ni siquiera prudentes, y habían sido serviles, cómplices económico-militares o apoyos políticos durante todo el período de la guerra contra Vietnam.

Por tanto, los parlamentarios burgueses, por muy demócratas y personas decentes que fuesen (en el sentido de no corruptos, no mentirosos compulsivos, etc.) no podían hacer esa auditoria al sistema y representar para el pueblo norteamericano (y vietnamita) el papel del “cobrador del frac” reclamando esa deuda ante el Capital y el Estado de los EEUU y del mundo.

Por eso, los golpes de pecho, no han tenido consecuencias prácticas mínimamente satisfactorias, empezando porque el Congreso de los EEUU reconozca de la forma más solemne posible no sólo la falsedad del incidente sino la indecencia de su agresión imperialista, pida perdón y promueva las reparaciones de guerra que se prometieron en los acuerdos de paz, y luego se incumplieron, y toda una serie de medidas en el campo educativo, de los medios de comunicación, cine, etc., sobre la guerra de Vietnam para revertir el enorme retroceso padecido desde hace años en la conciencia de los estadounidenses. Pero no. Tal vez dentro de un siglo, cuando el tema ya sea totalmente inocuo, sólo importe a los historiadores, y quede bien hacer algún gesto para que de paso la gente bajemos la guardia y nos puedan asestar algún golpe similar.

Concluyendo: El incidente era falso, por eso no había justificación ni para represalias ni declaraciones de guerra encubiertas. Y aunque no lo hubiese sido, fue tan inocuo, que tampoco habría habido justificación. Ni siquiera con muertos norteamericanos, porque para enfrentar eso existen medios legales internacionales, y más para una superpotencia que tiene garantizado que se la haga caso, en lugar de embarcarse en una guerra monstruosa. Pero tratándose del capitalismo y de su Estado (democrático o no), y más de una gran potencia, es inevitable que escojan el mal camino. La guerra contra Vietnam fue totalmente injusta en todo su desarrollo, y desde sus orígenes, basada en una mentira, de principio a fin.

VI.- FUENTES relevantes

Lo que os relato está sobre todo extraído por mí de la lectura del libro publicado por el diario The New York Times, que comenta y presenta los documentos secretos de “los papeles del Pentágono” que comento en la nota 1. Del exhaustivo estudio de Anthony Austin en su libro “La guerra del Presidente. La historia de la Resolución del Golfo de Tonkín y de cómo los EEUU fueron atrapados en Vietnam” 300 páginas, redactado después de la publicación de los “papeles el Pentágono”, y editado en España por Dopesa (desaparecida hace muchos años), en marzo de 1972 (todavía en pleno franquismo tardío, viviendo Franco y Carrero Blanco); este libro, por sí solo, se basta para desmontarlo todo; no he podido leer todas sus páginas por falta de más tiempo, pero estoy segura de que no me he perdido ninguna información crucial; no sé sí todavía se podrá comprar algún ejemplar de segunda mano en internet, pero vale la pena que os enteréis y rápido antes de que se agoten. Y de la mencionada noticia de El Mundo.

NOTAS

NOTA 1.- Son desconocidos para la actual generación, los en su día famosísimos “papeles del Pentágono” o “documentos McNamara” (1971), consistentes en una voluminosa historia secreta (que Daniel Ellsberg filtró a la prensa) de la guerra del Vietnam compuesta de un relato y la ordenación de documentos oficiales clasificados, encargada por el entonces Secretario de Defensa, Robert S. McNamara. Allí quedaba en evidencia que la propaganda oficial, lo que se dice en público y se deja que el pueblo sepa, tiene muy poco que ver con lo que realmente piensan y se cuece en las alturas, con el grado de ocultación, secretismo, mentiras, cinismo e inmoralidad que alcanzan los altos dirigentes que, sin embargo, presentan sus actuaciones con total indiferencia, como si de meros problemas técnicos se tratase, sin el menor conflicto moral, aunque supongan la matanza de muchísima gente que lucha por sus derechos. Una diferencia tan grande como lo que hacen los papás en su dormitorio y el cuento de la cigüeña de París para los niños. Pues bien, esos documentos oficiales, entre muchísimas otras cosas, muestran cómo, desde seis meses antes del asunto de golfo Tonkín, el Gobierno de los EEUU había estado montando ataques militares clandestinos contra Vietnam del Norte mientras trataba de obtener del Congreso una declaración que pudiese utilizar como de guerra contra Vietnam del Norte. A la vez que se ocultaba al mundo lo que se estaba haciendo ya contra los vietnamitas, se las daban de pobrecitas víctimas de la maldad de los “comunistas”, inventándose una agresión que no existió, para así justificar los bombardeos masivos sobre Vietnam del Norte y la entrada a saco en Vietnam del Sur. “Los documentos del Pentágono. (El “informe McNamara)” 1971 Plaza&Janés.

En la Wikipedia https://es.wikipedia.org/wiki/Pentagon_Papers

Video documental (1,30 hora) sobre Ellsberg, su transformación personal y los papeles “El hombre mas peligroso de america los papeles del pentágono” https://vimeo.com/22160660

NOTA 2.- En el libro “Los documentos del Pentágono” se puede leer que, más que la “teoría del dominó” (Vietnam comunista y termina todo Asia cayendo como fichas de dominó en manos del comunismo), en lo que pensaban el Presidente y sus colaboradores era en el “prestigio” de los EEUU, y lo de menos era lo que les pasase a los vietnamitas: “el éxito en Vietnam demostraría la voluntad y la capacidad de los Estados Unidos de imponer su criterio en los asuntos mundiales” “McNaughton [alto cargo del Estado] en un memorándum a McNamara [lo expresaba así]: Un 70 por ciento para evitar una humillante derrota estadounidense (para nuestra reputación como fiador). Un 20 por ciento para mantener a Vietnam del Sur (y territorios adyacentes más tarde) libres de la influencia china. Un 10 por ciento para permitir que el pueblo sudvietnamita disfrute de una vida mejor y más libre. También para salir airosamente de la crisis sin mácula alguna por los métodos empleados. (NO para ayudar a un amigo, aunque sería difícil quedarse si nos exigieran que nos marcháramos)”. Más claro, imposible. Y esto en 1964, cuando EEUU apenas había invertido su “prestigio” en Vietnam, por lo que su retirada no supondría la imagen de impotencia y derrota que ocasionó años después, cuando se había volcado totalmente en la tarea de aniquilación y destrucción, con el único límite del uso de la bomba atómica.

NOTA 3.- De “Los documentos del Pentágono”: “Los ataques 34A eran un esfuerzo militar bajo el control en Saigón, del Gen. Paul D. Harkins, jefe de la Comandancia de Ayuda Militar de los EEUU. Él los dirigía a través de una rama especial de su comandancia, llamada Grupo de Estudios y Observaciones. Este redactaba los esquemas mensuales anticipados, para su aprobación por Washington. Los planes eran trazados conjuntamente con los sudvietnamitas, y eran éstos o el “personal alquilado”, seguramente mercenarios asiáticos, quienes hacían las incursiones; pero el jefe era el general Harkins.”

NOTA 4.- Todo eso no era más que una argucia porque todo el mundo sabía que VN reclamaba las 12 millas. También lo había hecho el 28 de julio de 1964, cuando acusó a barcos de VS de haber irrumpido en sus aguas territoriales tres días antes para raptar a unos pescadores norvietnamitas, a nueve millas de la costa (Austin, página 181). Me pregunto si ese rapto no formaría parte del Plan 34A que incluía ese tipo de operaciones. Para colmo, Cyrus Vance, vicesecretario de Defensa, el 8 de agosto de 1964 reconoció que VN reclamaba las 12 millas, oponiéndose al límite de 3 millas.

NOTA 5.– La redacción en el libro, con un estilo más cablegráfico, es la siguiente: “Revisada acción parecen dudosos múltiples contactos detectados y torpedos disparados. Los efectos del mal tiempo y el exceso de trabajo operadores sonar pueden haber sido la causa, Ningún contacto visual por Maddox. Se sugiere completa evaluación antes de ulteriores acciones.” (página 256)

Lo envió el comandante John Jerome Herrick, preocupado por las consecuencias, aunque él creía que sí había habido al menos una lancha y que se había lanzado un torpedo, si bien nada impactó en ninguno de los dos destructores norteamericanos.

NOTA 6.- Sharp, comandante en jefe del Pacífico, con motivo del enfrentamiento del día 2 ya había hecho declaraciones a la prensa en una línea mucho más dura, agresiva, que la oficial y del Presidente; y para 1965 ya se había convertido en enemigo de McNamara (le odiaba) por considerarlo ¡un blando! ya que Sharp era partidario de utilizar cuanto antes toda la fuerza contra Vietnam del Norte; era uno de los más agresivos halcones. Los políticos y militares yanquis, aunque todos eran imperialistas, se dividían entre halcones –belicistas a tope- y palomas –de la paz, pero mucho menos, porque Johnson y McNamara estaban entre ellas-; y el problema que siempre tenían las palomas es que no querían quedar como unas gallinas ante la opinión publicada y pública presionada por los halcones, entre otras cosas, porque eso siempre tenía costes electorales.

RECOMIENDO

Pese a que ninguno de ellos trata con algo de detenimiento la cuestión de incidente del Golfo de Tonkín, para conocer la guerra de Vietnam son muy importantes los siguientes libros.

Aunque no comparto su orientación demócrata-liberal de izquierda, un libro muy recomendable porque es una auténtica mina de información, muy documentado, que también dedica mucha atención (no merecía menos) a la guerra contra Vietnam (también Laos y Camboya) es el de Oliver Stone y Peter Kuznick “La historia silenciada de Estados Unidos” La Esfera de los libros. 2015, 1050 páginas (muy bien aprovechadas por el tamaño del tipo de letra), que transcribe y amplía muchísimo lo relatado en la serie documental de Oliver Stone “La historia no contada de los EEUU”, emitida dos veces por Televisión Española. Su interés se extiende a muchísimos más temas que el de Vietnam, pero en cuanto a éste, creo que no menciona el programa Phoenix (Fénix).

Los videos de la serie de tv https://vimeo.com/search?q=la+historia+no+contada+de+estados+unidos

El que me parece es el mejor libro publicado en España sobre la guerra contra Vietnam. El de Jonathan Neale “La otra historia de la guerra de Vietnam” El Viejo Topo 2003.

En el terreno más específico de las matanzas, aunque apenas se detenga en el programa Phoenix, imprescindible el libro “Dispara a todo lo que se mueva” de Nick Turse, Editorial Sexto Piso, 2014 donde demuestra, y cojo de la contraportada, “con total claridad que las matanzas y atrocidades cometidas contra la población civil por parte de las tropas estadounidenses no fueron de ningún modo accidentales, sino que formaban parte de una estrategia militar detallada y cuidadosa.”.

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