Nunca o casi nunca segundas partes fueron buenas: los decepcionantes resultados griegos

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Comicios helénicos repetidos y con desenlace un poquito o un muchito deprimente. Era difícil que el Partido Comunista Griego, a pesar de su larguísima andadura desde que fuera fundado,  estuviese cerca de la victoria, o mejorase su peso en el Parlamento griego a partir del nada desdeñable número de 26 escaños tras los comicios celebrados en mayo. Ahora sólo tendrá 12, menos de la mitad.

Las esperanzas de gran parte de Europa, la Europa de los trabajadores, de los, más que euroescépticos, antieuristas, la Europa hambrienta de importantes cambios económicos y sociales, se han visto truncadas con una mayoría, aunque no aplastante, del neoliberalismo heleno encarnado en Nueva Democracia, la cual ni es innovadora, sino muy tozudamente reaccionaria, ni tampoco servidora de los principales intereses del pueblo.

Oligarcas recalcitrantes, plutócratas de oscuras y profundas convicciones, las más pesadas instituciones financieras internacionales, la Comisión Europea, Wall Street (¿cómo no?), la Casa Blanca, parecían días y semanas atrás no pegar ojo por lo que pudiera pasar el 17 de junio en Grecia. Se pregonaba en todos los medios de comunicación que Syriza tenía muchas papeletas (nunca mejor o peor dicho) a su favor, y que dicha coalición de izquierdas de tendencia “radical” era un claro reflejo de lo que la mayoría, o un sector considerable de la población con creciente descontento, quería lograr para su país en un futuro más o menos inmediato, y a la velocidad requerida y permitida por las circunstancias.

Pero no, no va a ser así. Se escapó el tren esta vez. El señor Samaras llega o roza el treinta por ciento de los sufragios, por delante de la formación liderada por Alexis Tsipras y por delante de los socialistas del PASOK. Estos últimos, muy parecidos a un PSOE, por ejemplo, es decir, progresistas de cara a la galería, proclaman ahora que no quieren ser llave para la formación de un nuevo Gobierno de la República. Dicen que desean gobernabilidad con la presencia de Syriza y de Izquierda Democrática. Ya veremos si se mantienen tan firmes pasado un tiempo, y si Venizelos se muestra tan (aparentemente) íntegro como en este momento.

Mientras tanto, la voz de la apisonadora germana no ha tardado en hacerse oír, y ha aprovechado la coyuntura para meterle más prisas a Grecia para que siga adelante con los terribles ajustes hasta culminarlos. La hegemónica presencia de los conservadores en Europa, junto con las presiones del gendarme estadounidense se unen al coro de los impacientes por ver con la soga al cuello a una nación que nunca debió entrar en el juego de las Comunidades Europeas, antecesoras de la actual Unión Europea, a su vez culpable de los desastres que son consecuencia de la Unión Económica y Monetaria. La brecha de la desigualdad se ensancha. El temor de no pocos ciudadanos griegos a desembocar en el Apocalipsis por causa de la salida de Grecia de la zona euro ha debido de ser determinante a la hora de acudir a las urnas.

Pagarán aún más el pato los desempleados, los jubilados, los estudiantes y los inmigrantes que residen en tierras griegas. Y como siempre han existido los chivos expiatorios, aumentarán los epiosodios de odio y rechazo hacia ellos, en vez de señalar sin vacilación al verdadero culpable de los males nacionales: el voraz capitalismo neoliberal que se ceba con los que menos tienen y no para de comprometer soberanías, derechos y libertades allí por donde impone sus desatrosos dogmas.

No es demasiado extraño que los neonazis helénicos se hayan convertido en la cuarta fuerza política, si tenemos en cuenta lo expuesto en el párrafo anterior. Pero es sumamente triste que, después de los palos que le ha dado el fascismo a Grecia a lo largo de la Historia Contemporánea, los ultraderechistas encuentren espacio donde no debieran tener ni presencia testimonial siquiera.

Definitivamente, van a tener razón los que sostuvieron y sostienen que la UE es un sueño hitleriano hecho realidad. A menos que abortemos la pesadilla y consigamos que la realidad experimente todo un giro copernicano.

Frente a las adversidades, hagámonos más fuertes y vengámonos arriba. No todo está perdido, por mucho que una batalla más signifique el fin de una constante lucha: la lucha de clases, de la mano de la lucha de los pueblos. De Europa y del mundo.

El auténtico rescate es nuestra propia Liberación.

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