Nuevos argumentos, y algunos viejos, contra la propuesta del decrecimiento en el capitalismo

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Presentación

Al capitalismo no se le pueden poner/imponer normas, y menos morales, como si fuese un ser humano. Al capitalismo, o lo destruyes o te/nos destruye. Es por ello que sigo sosteniendo que crecimiento, no, pero capitalismo, tampoco. Porque el crecimiento es un pleonasmo del capitalismo y viceversa. Pero también podría decir, de forma similar, que el decrecimiento sería como un antibiótico aplicado a una gripe del sistema, cuando no se contempla ni se es consciente que el crecimiento es como la sangre que nutre, o el nervio que estructura, el capitalismo.

Por esto, cuando digo que voy a utilizar algunos argumentos nuevos contra la propuesta del decrecimiento, pero otros que son viejos, es que unos y otros están tomados de mi primera lectura / encuentro con la propuesta de frenar el crecimiento capitalista, y de mi posterior seguimiento de la difusión que hacen los seguidores que defienden esta iniciativa. Porque es curioso que, más allá de las pocas nuevas explicaciones aportadas por Serge Latouche (SL), de las cuales él mismo advierte que “la casi totalidad de las ideas y las formulaciones [que aparecen en su nuevo libro en castellano] habían sido ya presentadas en el conjunto de [sus] libros precedentes”,[1] no hay ningún desarrollo o modificación aportada por parte de estos divulgadores. Da la sensación que, como hacen siempre los partidarios o apóstoles de una nueva idea, van repitiendo incesantemente lo que les parece que dice/dijo el maestro. Sin embargo, da la impresión que SL sí resiente la crítica, aparte de sus propias dudas, que las tendrá, pero sigue sin reconocer las objeciones básicas, o las enmascara a base de maquillar y reciclar con adjetivos los conceptos que en trabajos anteriores rechazó, distinguiendo ahora entre el desarrollo malo y el bueno, al que maquilla como posdesarrollo; el crecimiento malo o bueno, al que recicla como lento, y después sereno;[2] cambiando el nombre y el contenido de los marginados, los excluidos y los parados, a quienes convierte en náufragos. Porque más allá del aspecto semántico, ¿qué diferencia objetiva hay entre el término de bienestar y el de buena vida o vivir bien?

De todas formas, para recordar al lector que no haya leído mi primer posicionamiento en contra del decrecimiento,[3] decía en aquella ocasión, y aún lo sostengo, que la propuesta tenía un gran valor, en la medida que venía a sumarse a “la idea de cómo poder sobrevivir en otra sociedad con dignidad sin necesidad de mantener la defensa de modelos en los que hay que seguir creciendo o desarrollándose. Qué para las gentes anticapitalistas, que estamos preocupados por encontrar procesos y aplicar instrumentos que transformen el capitalismo en otro modelo de sociedad sin clases, la propuesta de SL que hace en la De la descolonización del imaginario económico a la construcción de una sociedad alternativa, nos parecía lo suficientemente atrayente como para dedicarle un espacio de reflexión. Es decir, leyendo el trabajo de SL, nos encontrábamos a favor de muchos de los argumentos que utilizaba el autor para rechazar el desarrollo, lo que ocurre que también nos encontrábamos con otros muchos que son negativos porque argumentaba en contra del desarrollo sin tener en cuenta que tal crecimiento se ha dado en sociedades clasistas y, más concretamente en el momento actual, en el seno del capitalismo. Porque, en el capitalismo, el desarrollo forma parte de la lógica de acumulación del sistema. Al ignorar SL intencionadamente como funcionan las leyes económicas del capital, puede pasar por alto que el desarrollo no es ni una causa ni una consecuencia del mismo, sino uno de los objetivos fundamentales de la estructura sistémica del capitalismo.Miguel Amorós añade algo más elementos a la crítica y dice que “la ideología basada en el crecimiento económico como panacea, el desarrollismo, se convertirá en el eje de todas las políticas nacionales, tanto de derechas como de izquierdas, tanto parlamentaristas como dictatoriales. La primacía del crecimiento económico sobre el objetivo político caracterizó durante los años cincuenta y sesenta los discursos de los representantes de la dominación. La libertad fue asimilada a la posibilidad de un mayor consumo, del acceso a un mayor número de mercancías, gracias al crecimiento. Y quedó garantizada por los pactos sociales de posguerra entre las administraciones, los partidos y los sindicatos, al permitir el pleno empleo y la mejora del poder adquisitivo de los trabajadores asociada a la productividad”.[4]

Como para mí tales leyes cuentan, puedo afirmar que sin crecimiento o desarrollo, el sistema se muere. Por tanto, algo que más abajo argumentaré, siendo el crecimiento/desarrollo una característica intrínseca al sistema, su aceptación o rechazo supone una aceptación o rechazo del propio sistema. Es decir, no se puede estar a favor del capitalismo y contra el desarrollo/crecimiento, así como no se puede estar contra el capitalismo sin estar contra el crecimiento/desarrollo. Una condena del desarrollo/crecimiento conlleva un rechazo del capitalismo. Sostener lo contrario es una incoherencia”. Una incoherencia que el propio SL cometía y se ha visto obligado a matizar últimamente, o más bien a modificar su primera condena absoluta contra el crecimiento y lo que llama desarrollismo. Para ello, ha tenido que redefinir la primera propuesta del decrecimiento en estos términos:

“El decrecimiento, para nosotros, no es el crecimiento negativo, oxímoron absurdo que traduce fielmente la dominación del imaginario del crecimiento. Sabemos que la simple desaceleración del crecimiento [producción] hunde a nuestras sociedades en el desasosiego [capitalismo], aumenta las tasas de desempleo y precipita la renuncia a programas sociales, sanitarios, educativos, culturales y medio ambientales que garantizan el mínimo indispensable de la calidad de vida [fondo de consumo]. ¡Nos imaginamos la catástrofe que engendraría una tasa negativa de decrecimiento! Así como no hay nada peor que una sociedad trabajadora sin trabajo [sin empleo asalariado = capitalismo], no hay nada peor que una sociedad de crecimiento [capitalismo] en la que el crecimiento [más apropiación de riqueza mediante el beneficio] no esté al orden del día. Si no cambiamos de trayectoria [transformamos el capitalismo], lo que nos espera es precisamente esta regresión de la sociedad [capitalista] y de la civilización [o valores de este sistema]. Por todas estas razones, el decrecimiento se puede plantear [redefinir] solamente en una <<sociedad de decrecimiento>> [sin clases], es decir, en el marco de un sistema basado en otra lógica [que no sea la del capitalismo]. La alternativa entonces es: ¡decrecimiento o barbarie!”.[5]

Por tanto, crecimiento no, pero capitalismo tampoco. Más abajo explicaremos como “el capitalismo y su orden, al fin y al cabo, están enteramente basados en el principio de que los individuos permanecen en el estado de individuos y se rigen por sus propios intereses”,[6] imitando a los capitalistas. De hecho, no deberíamos subestimar el papel que desempeñan “los que Louis Althusser denominaba «aparatos ideológicos de Estado», que operan cada vez más a través de los medios de comunicación en la formulación y la movilización de esos sentimientos” [7] masivos de individualismo. Otro tema es cuál será el modelo de sobre vivencia en una sociedad sin clases, sin barbarie, en la que seguramente el crecimiento o el desarrollo no tenga las mismas características exigidas por el sistema capitalista o por las sociedades anteriores: lasprecapitalistas”.[8] Si reflexionamos sobre la naturaleza de estos futuros modelos de sociedad, nos encontraríamos que la propuesta del decrecimiento, sea lento o sereno, se convierte en un falso debate, un debate que no se plantea el ir más allá del capitalismo, ya que ni siquiera lo menciona, sino como conseguir un capitalismo verde, con desarrollo sostenible, o con decrecimiento sostenible, término este que se ha puesto de moda en círculos ecosocialistas y socioecologistas. Es decir, proponer salir de la “economía de mercado para entrar en la sociedad del decrecimiento”[9] es como criticar las consecuencias del sistema sin condenarlo explícitamente, ¿no nos lleva a apoyarlo implícitamente?

Por tanto, y para situarnos más allá del capitalismo, en este trabajo avanzaremos algunas características que perfilen más claramente los rasgos de esa sociedad sin clases; al final de estas reflexiones añado la sugerencia de debatir los modelos alternativos de tipo comunal, lo que SL añora como “un sistema basado en otra lógica”, pero sin definirla.[10] Es decir, y repito, esto nos lleva a considerar cuál será el modelo de sobre vivencia en una sociedad sin clases. En este trabajo, en la medida que voy perfilando más claramente los rasgos de esa sociedad sin clases, al final del mismo añadiré la sugerencia de debatir los modelos alternativos de tipo comunal, un modelo que viene inspirado por experiencias históricas, como sugiere Alain Badiou: “Nuestro siglo no va a hacer moviola para repetir el siglo pasado. Y por eso la Idea, [el Acontecimiento] es fundamental, porque su naturaleza ordenará los episodios venideros. Yo sigo llamándola Idea [o Acontecimiento] comunista, porque es una palabra que sería una pena abandonar. Tiene una larga historia, complicada. Cierto: hubo los estados comunistas. Pero antes había habido Espartaco, François Noel Babeuf y Karl Marx. Ahora cobrarán forma nueva. Podemos considerar [la] aprobación de una violencia creativa y social,[11]forma parte del proceso de reconstitución de la Idea”.[12]



[1] Serge Latouche. Decrecimiento y posdesarrollo. El Viejo Topo. Barcelona 2009. La publicación de este artículo fue rechazada por la revista El Viejo Topo porque, según la opinión de su director, “en febrero publicamos un librito de Latouche. Sería raro que al mismo tiempo que publicamos un libro defendiendo el decrecimiento publicáramos también un artículo que lo critica (aunque sea relativamente)”. Yo no tengo ningún reparo en añadir aquí la portada del mencionado libro. En una revista plural, deberíamos poder contrastar propuestas, por muy ‘relativamente’ opuestas que sean. Y el lector saldría beneficiado de esta pluralidad de enfoques.

[2] En estos momentos se publica en castellano un libro de Serge Latouche, Pequeño tratado del decrecimiento sereno. Icaria. 2009, el cual analizaremos y comentaremos en un próximo trabajo. Observe el lector que aquí el autor sustituye el término crecimiento lento por decrecimiento sereno.

[3] Ver José Iglesias Fernández. Serge Latouche o el reciclaje del sistema capitalista, en Decrecimiento. El vano intento de poner a dieta a la bestia. Cuadernos nº 9, Baladre/Zambra,

o en http://www.kaosenlared.net/noticia/teoria-decrecimiento-vano-intento-poner-dieta-bestia

[4] Miguel Amorós. “Crecimiento y decrecimiento”. Resquicios, Año IV, Número 6, Abril de 2009, y en CGT. “Sobre / Contra la crisis”. Materiales, Número 17, julio del 2009.

[5] Serge Latouche. Pequeño tratado del decrecimiento sereno. Icaria. Barcelona 2009. Esta es una de las tantas expresiones que modifica el autor; supongo que a todos nos suena la expresión de ¡socialismo o barbarie! de Rosa Luxemburgo. Las palabras entre paréntesis que aparecen en el párrafo son mías, intercaladas para demostrar la realidad sistémica que subyacen debajo de cada una, y que el autor maquilla empleando diferentes palabras. Toda su obra está camuflada utilizando nuevos términos.

[6] Andrés Pérez. “Entrevista a Alain Badiou”. Público. 20 abril del 2009.

[7] Citado por Alain Badiou. La hipótesis comunista. http://www.newleftreview.org/?getpdf=NLR28302;pdflang=es

[8] Ver José Iglesias Fernández, ¿Hay alternativas al capitalismo? La Renta Básica de los iguales. Baladre editorial. Xátiva, 2006. Puede leerse un resumen del libro en www.kaosenlared.net

[9] Serge Latouche. La apuesta por el decrecimiento. Icaria. Barcelona 2008.

[10] Ver José Iglesias Fernández, ¿Hay alternativas al capitalismo? Trabajo citado.

[11] Se puede decir que, con este espíritu, se mueven los del Comité invisible: La insurrección que viene. Melusina 2009.

[12] Andrés Pérez. Entrevista citada.


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